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«La única economía viable»: István Mészáros
Introducción
Alguna vez el modo de producción capitalista representó un gran avance sobre todos los otros modos precedentes, a pesar de lo problemático y en definitiva destructivo que este avance histórico terminaría -y debía terminar- siendo. Al romper la muy antigua pero limitativa relación directa entre uso humano y producción para reemplazarla por la relación mercantil, el capital abrió ocultas posibilidades de expansión aparentemente irresistibles para las cuales -desde el punto de vista del sistema del capital y de sus personificacionesno existirían límites concebibles. Pues la paradójica y en definitiva bastante endeble determinación intrínseca del sistema productivo del capital es que sus productos mercantilizados son para su poseedor no-valores de uso y valores de uso para los no poseedores. He aquí porqué unos y otros tienen que darse constantemente la mano. Este apretón de manos forma el cambio, el cual versa sobre valores que se cruzan y se realizan como tales valores. Por lo tanto las mercancías tienen necesariamente que realizarse como valores antes de poder realizarse como valores de uso. [1]
«El redescubrimiento del Imperialismo»: John Bellamy Foster
Durante casi todo el siglo XX, el concepto de “imperialismo” fue excluido del conjunto de los discursos políticos aceptables para los círculos dominantes del mundo capitalista. Cualquier referencia al “imperialismo” durante la Guerra de Vietnam, sin importar cuán realista fuese, casi siempre era tenida como una señal de que el autor estaba en el lado izquierdo del espectro político. En 1971, en el Prefacio a la edición estadounidense de Imperialism in the Seventies de Pierre Jalée (1971), Harry Magdoff apuntaba: “Como regla, los corteses académicos prefieren no usar el término ‘imperialismo’. Lo encuentran de mal gusto y no-científico.
«Globalización o Apartheid a escala global»: Samir Amin
La confusión creada por el discurso dominante entre los conceptos de «economía de mercado libre» y «capitalismo» es la causa principal de la peligrosa tendencia a relajar las críticas hacia las políticas que se están poniendo práctica. «Mercado», término que evidentemente hace referencia a la competencia, no es igual a «capitalismo», cuyo contenido está específicamente definido por los límites impuestos a la competencia implícitos en el monopolio de la propiedad privada, incluyendo el control oligopólico que ejercen ciertos grupos mediante la exclusión de otros. «Mercado» y «capitalismo» son conceptos diferentes, siendo el capitalismo real justo lo contrario de lo que constituye el mercado imaginario.
«La globalización y el mito del libre comercio»: Anwar Shaikh
«El mundo hoy está asediado por una pobreza general y una desigualdad persistente. Algunos países en desarrollo han logrado avanzar pese a estos obstáculos, muchos otros no han podido y otros han retrocedido (pnud, 2002, cap. 1). ¿Cómo debemos proceder frente a estos problemas? ¿Qué papel debe cumplir el comercio internacional en todo esto? Es obvio que el acceso a los recursos internacionales puede ser de gran provecho para el desarrollo económico. Pero es igualmente evidente que puede causar muchos “perjuicios colaterales”. ¿Cómo debe proceder entonces una nación para aprovechar los beneficios potenciales al tiempo que evita los peligros potenciales?
«Un Marx imposible: el marxismo sin teoría laboral del valor»: Diego Guerrero
«El marxismo no está hoy de moda. Pero entre los que guardan alguna relación con él – marxistas, exmarxistas, pseudomarxistas, premarxistas, postmarxistas, marxianos, paramarxistas y marxólogos- sigue habiendo un marxismo «à la mode» que es, antes que cualquier otra cosa, una lectura imposible del marxismo. Aunque no se debe confundir Marx con marxismo, es inevitable ligar el pensamiento económico marxista con el pensamiento económico de Marx, y es lo que me propongo hacer en este trabajo, con la intención de descubrir la novedad o no de las tendencias actuales en el pensamiento económico marxista.
«Teoría del derecho y marxismo democrático en la filosofía política de Adolfo Sánchez Vázquez»: José Cepedello Boiso
Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo español exiliado en México tras la Guerra
Civil, es uno de los más insignes representantes del marxismo contemporáneo. Su obra se caracteriza por un estudio profundo del pensamiento de Marx y por un intento de mantener vigentes, en la actualidad, sus tesis esenciales.
En el presente trabajo, estudiaremos de qué forma los principios fundamentales de su teoría sobre el derecho sirven como basamento para una concepción democrática de la filosofía marxista. Para Sánchez Vázquez, democracia y marxismo son dos términos intrínsecamente unidos, a pesar de las derivaciones no democráticas de la práctica política marxista durante todo el siglo XX. Por esta razón, entiende que la revalorización de los aspectos democráticos del marxismo es un elemento imprescindible para que la teoría marxista pueda mantener su vigencia en el mundo actual. De ahí que dedique un gran número de páginas en sus obras a dos labores esenciales: por un lado, rastrear las raíces democráticas de la concepción política marxista y, por otro, estudiar detenidamente de qué forma la deriva de los principales intentos prácticos de llevar a cabo esas ideas condujo, en la mayor parte de los casos, a un abandono de sus cimientos democráticos.
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«La noción de totalidad en las ciencias sociales»: Henri Lefebvre
La noción de totalidad es una noción filosófica. Tal vez se le deba considerar como una “categoría” de la filosofía. No hay un filósofo digno de este nombre que no haya contribuido a elaborarla. No hay un filósofo digno de este nombre que no se haya esforzado en alcanzar una representación del Universo como totalidad. El empirismo, el pluralismo, en la medida en que permanecen siendo filosofías, no escapan a esta constatación.
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«Una teoría marxista del neoliberalismo»: Gérard Duménil y Dominique Lévy
RESUMEN
Encontramos en Marx importantes fundamentos teóricos que permiten analizar el neoliberalismo: las teorías del Estado (su relación con la estructura de clase), las de las transformaciones de las formas que reviste la propiedad de los medios de producción (la separación de la propiedad y la gestión, el capital de préstamo), y las del capital bancario como administrador del capital de préstamo. Estos marcos teóricos permiten analizar el papel del Estado en el neoliberalismo y el poder de las finanzas. Hay que añadir a esto el análisis del capital financiero de Hilferding y de Lenin. El constante aplazamiento de una superación definitiva del capitalismo forzó a los marxistas a concebir periodizaciones largas, como la teoría del capitalismo monopolista o de las ondas largas. Pero la herencia de los fundadores los deja relativamente inermes ante la sucesión del compromiso keynesiano de la posguerra y del neoliberalismo.
«Marx y el Marxismo»: Gabriel Vargas Lozano
El marxismo en la actualidad está formado por un vasto y complejo mundo de interpretaciones y corrientes que se contradicen y entrecruzan sin cesar. Este hecho no tendría nada singular si se tratara tan sólo de diferencias fácilmente salvables por la apelación al texto original. Si así fuera, bastaría abrir los manuscritos económico-filosóficos, los Grundrisse o El capital, en tal o cual página, para comprobar el acierto o el error de una consideración. Lo que ocurre, empero, en el proceso de tránsito que va de Marx al marxismo, es un fenómeno más profundo en el cual están involucrados dos aspectos que aunque están fuertemente relacionados, guardan entre sí una autonomía relativa: la forma específica en que se presenta el pensamiento de Marx y la relación que guardan sus tesis con las interpretaciones puestas en práctica por los partidos o movimientos revolucionarios que se identifican con el marxismo.
«Filosofía política y crítica de la sociedad burguesa: el legado teórico de Karl Marx»: Atilio A. Boron
I. A modo de introducción
Sólo los espíritus más ganados por el fanatismo o la ignorancia se atreverían a disputar el aserto de que Marx fue uno de los más brillantes economistas del siglo XIX, un sociólogo de incomparable talento y amplitud de conocimientos y uno de los filósofos más importantes de su tiempo. Pocos, muy pocos, sin embargo, se atreverían a decir que Marx también fue uno de los más significativos filósofos políticos de la historia. Parece conveniente, en consecuencia, dar comienzo a esta revisión de la relación entre Marx y la filosofía política tratando de descifrar una desconcertante paradoja: ¿por qué razón abandonó Marx el terreno de la filosofía política –campo en el cual, con su crítica a Hegel, iniciaba una extraordinaria carrera intelectual– para luego migrar hacia otras latitudes, principalmente la economía política?
«Las necesidades del capital frente a las necesidades de los seres humanos»: Michael A. Lebowitz
Al igual que otros socialistas del siglo XIX, la visión de Karl Marx de una buena sociedad era aquella que permitiese el pleno desarrollo del potencial humano. “ ¿Cuál es el objetivo de los comunistas?”, preguntaba el camarada de Marx, Friedrich Engels, en su primer borrador del Manifiesto comunista. “Organizar la sociedad de tal manera que cada uno de sus miembros pueda desarrollar y utilizar su potencial y sus facultades en completa libertad y, por lo tanto, sin desnaturalizar la esencia básica de esa sociedad”. En la versión final de Marx del Manifiesto, esa nueva sociedad se presenta como una “asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos”. Esta idea del desarrollo del potencial humano está presente en toda la obra de Marx -la posibilidad de seres humanos ricos con necesidades humanas ricas, el potencial para producir seres humanos lo más ricos posible en cuanto a sus necesidades y capacidades.
«Marxismo versus Sociología. Las ciencias sociales como instrumento del imperialismo»: Iñaki Gil de San Vicente

1.
PRESENTACIÓN
En los últimos años varios colectivos y personas hemos mantenido diversos debates sobre las transformaciones que está sufriendo el imperialismo, y sus efectos contra las clases y los pueblos, contra las mujeres, contra toda serie de colectivos explotados. Una de las cuestiones que iban apareciendo con especial insistencia trata sobre el error cometido por la izquierda revolucionaria en las últimas décadas al no haber prestado a la sociología y a las «ciencias sociales» la necesaria atención crítica.
«La China (1421-1800). Razones para cuestionar el eurocentrismo»: Enrique Dussel
Al almirante Zheng He, que condujo el descubrimiento de los cuatro continentes. A los almirantes Hong Bao, Zhou Men y Zhou Wen que “descubrieron” nuestro continente americano en 1421.
Intentaré mostrar la falsedad de algunos aspectos de la pretensión del eurocentrismo, todavía prevalente en México (en especial en algunos círculos de la SEP). Se piensa que Europa fue el centro de la historia mundial desde el final del siglo XV porque descubrió América –punto de apoyo para el descubrimiento del Africa occidental-, cuya superioridad terminó por manifestarse en la revolución industrial, hecho científico-tecnológico que tiene su lejano origen en el milagro griego, cuna exclusiva de la cultura occidental. Por supuesto, para el eurocentrismo, China nada tiene que ver con todo esto.
«El marxismo y el curso de la historia»: Ellen Meiksins Wood
Hubo un tiempo, no hace mucho, en que una de las críticas más graves y frecuentes dirigidas contra el marxismo era la de que suscribía una visión simplista y mecanicista de la historia según la cual todas las sociedades están predestinadas a pasar por una única e inexorable secuencia de estadios, desde el comunismo primitivo a la esclavitud, el feudalismo y, finalmente, el capitalismo, que inevitablemente dará paso al socialismo. Lo que estaba en entredicho no era simplemente el valor del marxismo como teoría de la historia y su supuesta incapacidad para explicar la diversidad de modelos históricos desplegados en el mundo, sino también la viabilidad del propio proyecto socialista. Puesto que el marxismo estaba tan claramente equivocado en cuanto al curso unilineal de la historia, sin duda lo estaba igualmente en cuanto a la inevitabilidad ―e incluso la posibilidad― del socialismo.
Ahora que esta visión de la historia ha sido generalmente repudiada por marxistas no sólo del Oeste sino también del Este, ahora que muchos marxistas han reconocido en ella una aberración que tenía menos que ver con la teoría marxista que con el dogma stalinista y que fue siempre incompatible no sólo con la idea de la historia del propio Marx, sino también con los principios fundamentales del materialismo histórico y su concepción de la lucha de clases, el terreno de la crítica ha variado. Ahora se nos dice que el marxismo no puede existir sin una historia unilineal y mecánicamente determinista. Al haber abandonado su salvavidas, su concepción de la historia, aunque profundamente errónea, el marxismo ha muerto. Y con la historia marxista, también el proyecto socialista, ya que no puede seguir habiendo motivos para creer que 1a historia ha sentado las bases del socialismo.
«Las ideas y la acción política en el cambio histórico»: Perry Anderson
¿Cuán importante ha sido el papel de las ideas en las convulsiones políticas que marcaron grandes cambios históricos? ¿Son ellas meros epifenómenos de procesos sociales y condiciones materiales más profundas, o poseen un poder autónomo decisivo como fuerzas de movilización política? Contrariamente a las apariencias, las respuestas dadas a estas preguntas no dividen fuertemente a la izquierda de la derecha. Muchos conservadores y liberales han exaltado, naturalmente, la significación sobresaliente de nobles ideales y valores morales en la historia, denunciando a aquellos radicales que insisten en que las contradicciones económicas son el motor del cambio histórico, como sostienen los materialistas. Ejemplares modernos y famosos de tal idealismo de la derecha incluyen figuras como Friedrich Meinecke, Benedetto Croce o Karl Popper. Entre estos pensadores, Meinecke utiliza una metáfora pictórica al decir que las ideas, llevadas y transformadas por personalidades vivas, constituyen el lienzo de la vida histórica. Pero podemos encontrar otras figuras notables de la derecha que atacan las ilusiones racionalistas que adjudican importancia a las doctrinas artificialmente creadas. Estas figuras esgrimen contra tales ilusiones las costumbres,tradiciones e incluso instintos biológicos como instancias mucho más duraderas y significativas. Friedrich Nietzsche, Lewis Namier y Gary Becker fueron –desde distintos puntos de vista– teóricos de los intereses materiales, resueltos a desacreditar irónicamente las reivindicaciones de valores éticos o políticos. La teoría contemporánea de la elección racional, hegemónica sobre extensas áreas de la ciencia social anglosajona, es el paradigma contemporáneo más conocido de este tipo.
























