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Archive for the ‘Teoría crítica acumulada’ Category

Carta de Karl Marx a Sigfrid Meyer y August Vog

05/03/2019 Deja un comentario

Londres, 9 de Abril de 1870

 

… Pasado mañana (11 de abril) les enviaré los documentos de la Internacional que tenga a mano. (Es demasiado tarde para enviarlos por correo hoy). Igualmente, enviaré un poco más de los [informes] de Basilea.

 

Entre el enviado también encontrarán algunas de las resoluciones del Consejo General del 30 de noviembre sobre la amnistía irlandesa, que yo mismo escribí, al igual que un folleto irlandés sobre el tratamiento de los convictos fenianos.

 

Tenía la intención de introducir nuevas resoluciones sobre la necesaria transformación de la actual Unión (es decir, la esclavitud de Irlanda) a una federación libre e igualitaria con Gran Bretaña. El progreso de este asunto ha sido suspendido por el momento, en lo que respecta a las resoluciones públicas, debido a mi forzada ausencia del Consejo General. Ningún otro miembro del Consejo General tiene suficiente conocimiento sobre los asuntos irlandeses ni suficiente autoridad entre los miembros ingleses del Consejo General como para reemplazarme en esto. Leer más…

“Lo nacional-popular y el marxismo latinoamericano”: Revista Religación

05/03/2019 Deja un comentario

Nº 12 • VOL 3 • DICIEMBRE 2018

TABLA DE CONTENIDOS

PRESENTACIÓN DOSSIER / INTRODUCTION TO THE SPECIAL ISSUE:

Lo nacional-popular y el marxismo latinoamericano

Marcelo Starcenbaum

Editor invitado

ARTÍCULOS  / ARTICLES / DOSSIER

Posmarxismo: entre el populismo y lo nacional popular en América Latina

Posmarxism: between populism and the popular national in Latin America

Martín Retamozo

Álvaro García Linera: aportes teóricos sobre el Estado y la transición en el Siglo XXI latinoamericano

Álvaro García Linera: Theoretical contributions on the State and the transition in the Latin American XXI Century

Andrés Tzeiman    Leer más…

“Karl Marx: Homenaje en tres actos (políticos)”: Felipe Lagos Rojas

26/11/2018 Deja un comentario

¿Cómo pensar hoy, desde y con Marx, la posibilidad por él abierta de una política proletaria, comunista, como solución a la explotación del capital sobre el trabajo y sus portadoras y portadores? ¿Cómo superar la explotación armada de violencias y desposesiones, de separaciones y jerarquizaciones (artificiales, fetichistas e igualmente violentas) entre estado y sociedad, producción y consumo, producción y reproducción, uso y valor, instaladas por el propio capital y sobre las cuales se acumula, expande y reproduce? Y, al mismo tiempo, ¿cómo distinguir el impulso original de Marx de la historia del “marxismo”, historia que suele llegarnos en dos formatos: la narrativa épica de la teoría del proletariado, o el thriller de los totalitarismos burocráticos?

Sería arrogante intentar responder a cabalidad estas preguntas; después de todo lo escrito y actuado en nombre de Marx, de sus escritos y su legado, incluso aventurar claves de lectura pudiera parecerlo. Tal vez fue esto mismo lo que llevó a Althusser a comenzar su Para leer el capital diciendo que, puesto que no hay lecturas inocentes, hay que comenzar reconociendo de qué lecturas somos culpables. En este caso, y para mantener el lenguaje cristiano que Althusser recoge, aquí confesamos una lectura política de Marx. Para esto, nos valdremos del reciente film El joven Karl Marx (2018), del director haitiano Raoul Peck, y por cierto con el apoyo de en algunas lecutras.

(Nota mental: el biopic es lo suficientemente ajustado a la biografía de Marx – con lo cual ciertamente Peck renuncia a algunas libertades propias del género – para que esto, a su vez, nos libere del peso de la “culpa” o ansiedad que provocan los spoilers).  Leer más…

“Marx, la historia y los historiadores Una relación para reinventar”: Enzo Traverso

26/11/2018 Deja un comentario

Marx no «ha vuelto» en el mundo de la historia y los historiadores. La «posmodernidad» no parece suficiente para explicar el retroceso del marxismo en la historiografía. Este se debe más bien a causas políticas, al peso de una derrota más general del socialismo sobre una corriente con concepciones teleológicas y totalizadoras de la historia. Si las luchas del presente se alimentan del recuerdo de los combates perdidos, hay ahí una vía para recuperar un marxismo capaz de descifrar el pasado con menos certezas, pero más atención a las acciones y los combates humanos.*

El «retorno a Marx» iniciado en los últimos años –muy visible en lo que suele llamarse el nuevo pensamiento crítico– no alcanzó a la historia. Para la mayoría de los jóvenes historiadores, Marx constituye una suerte de terra incognita; para los mayores, una figura olvidada, cuando no proscripta. Desde luego, muchos historiadores marxistas siguen siendo activos y prolíficos, sobre todo en el mundo anglófono, pero la historiografía en su conjunto aún no ha dado vuelta la página de la «crisis del marxismo». Eric Hobsbawm, uno de los más célebres historiadores marxistas, observaba este fenómeno con lucidez: «Los 25 años siguientes al centenario de la muerte de Marx fueron los más oscuros en la historia de su legado»1. En Francia, Thierry Aprile trazaba un cuadro más sombrío. En su reconstrucción de la trayectoria del marxismo en la historiografía, señaló, ante todo, su reconocimiento, que comenzó en la década de 1930 y que continuó tras la Segunda Guerra Mundial –sobre todo, gracias a la Escuela de los Annales, con su entrada, todavía tímida, en el campo universitario–, luego su hegemonía –Aprile no duda en hablar de «dominio»–, que se establece en las décadas de 1960 y 1970, cuando acompaña el auge del estructuralismo, antes de comenzar, a partir de mediados de los años 70, un ocaso que lo llevaría, finalmente, a desaparecer a lo largo de la década siguiente, con su deceso simbolizado por el giro de 1989. Se inicia entonces un periodo durante el cual, según Aprile, «incluso la referencia al marxismo podría significar descalificación»2.     Leer más…

“Para Althusser, la filosofía debe sacudir las cosas”: Entrevista a Warren Montag

26/11/2018 Deja un comentario

Warren Montag es profesor de literatura británica y filosofía política en el Occidental College de Los Ángeles (Estados Unidos). Es también uno de los principales especialistas en el ámbito de los estudios althusserianos, editor de la revista décalages y autor de diversos libros sobre Adam Smith, Spinoza y Althusser.

En esta entrevista, Juan Dal Maso conversa con él acerca del desarrollo de los estudios y debates sobre Althusser durante los últimos años, a partir de la publicación de su obra póstuma. Repasan también las claves de interpretación del pensamiento del filósofo argelino-francés, expuestas por Montag en su libro: Althusser and his contemporaries. Philosophy’s perpetual War (Duke University Press, Durnham y Londres, 2013).

Tenemos diferencias con su lectura de Althusser en dos aspectos. El primero es que si bien no se lo puede asimilar sin más a la política del Partido Comunista Francés en la segunda posguerra, Althuser siempre se mantuvo dentro del PCF sin elaborar una posición claramente diferenciada, por lo que no resulta posible postularlo como un alternativa frente a aquel. El segundo es que el “materialismo del encuentro” característico sobre todo del Althusser tardío, si bien se separa de una lectura “estructuralista” rígida del marxismo, contiene una posición en la que la historia y la política se vuelven totalmente contingentes, por lo que –desde nuestra óptica– la falta de alternativas estratégicas del Althusser temprano se mantiene también en el tardío. Leer más…

“Thinking Matter, Thinking Body, Talking Hands”: Emanuel Almborg, Maria Chehonadskih, Alexei Penzin

26/11/2018 Deja un comentario

Talking Hands is presented here in full until 11/05/18.

“Thinking Matter, Thinking Body, Talking Hands” is a film and discursive program relating to the work of Marxist philosopher Evald Ilyenkov. The evening featured a lecture by philosopher Alexei Penzin on Ilyenkov’s essay “Cosmology of the Spirit,” followed by a screening of artist Emanuel Almborg’s film Talking Hands (2016), and a conversation between Almborg and philosopher Maria Chehonadskih.

Penzin’s lecture takes llyenkov’s early speculative work on the “entropic death of the universe” as a starting point from which to salvage the powers of “thinking matter,” while Almborg’s film and conversation with Chehonadskih engages with llyenkov’s later work on pedagogy, theories of (dis)ability, and the “thinking body”. While both lecture and film propose a materialist understanding of thinking outside the individual, one is located in matter and the universe, and the other in sensuous activity with objects and between people, leading to unique understandings of communism.
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“Crítica de Rosa Luxemburgo del feminismo burgués y de la primera tentativa de teoría de la reproducción social”: Ankica Čakardić

18/09/2018 Deja un comentario

Ankica Čakardić es profesora auxiliar en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Zagreb y directora del departamento de Filosofía Social y Filosofía del Género. El foco de sus investigaciones incluye la crítica marxista de la teoría social del contrato, la crítica política del marxismo, el feminismo marxista, la crítica luxemburguiana de la economía política y la historia de las luchas de las mujeres en Yugoslavia. Actualmente está ultimando un libro sobre la historia social del capitalismo, Hobbes y Locke. Una versión más larga de este artículo fue presentada en la conferencia de Historical Materialism de Londres en 2017, publicada en el número 25.4 como “De la Teoría de la Acumulación a la teoría de la Reproducción Social: Un ejemplo del feminismo Luxemburguiano”, disponible aquí.

La acumulación del capital

Luxemburgo no escribió muchos textos sobre la llamada “cuestión de la mujer”.1 Sin embargo, eso no significa que su trabajo deba ser omitido de la historia del feminismo revolucionario. Por el contrario, sería erróneo afirmar que sus trabajos, específicamente, su crítica de la economía política carecen de referencias para el desarrollo de una política feminista progresista y la emancipación de las mujeres, a través de la historia y hoy en día. A partir de varios ensayos de Luxemburgo sobre “la cuestión de la mujer” y varias tesis clave de su obra La acumulación del capital, intentaremos llevar la teoría de Luxemburgo un poco más lejos. ¿Es posible hablar de un feminismo Luxemburguista? ¿Qué utilidad tiene la crítica de Luxemburgo del feminismo burgués?

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, tras cerca de quince años de preparación, Rosa Luxemburgo publicó La acumulación del capital (Berlín, 1913), su trabajo teórico más acabado y uno de los trabajos más relevantes y originales de los clásicos de la economía marxista.2 La acumulación del capital: Una contribución a una explicación económica del imperialismo representaba la continuación de su Introducción a la economía política que Luxemburgo escribió preparando sus conferencias sobre economía política, impartidas entre 1906 y 1916 en la escuela del Partido Socialdemócrata alemán.3 Exponiendo brevemente, La acumulación del capital pretendía estudiar y explicar científicamente las condiciones del proceso de monopolización del capital, la reproducción ampliada y el imperialismo, teniendo en cuenta la relación dinámica entre la espacialidad capitalista y no capitalista. Luxemburgo sostenía que Marx había descuidado la determinación espacial del capital, centrando su crítica del capital exclusivamente en la cuestión temporal, es decir, únicamente en el “tiempo” de la dinámica interna de la reproducción capitalista. En cambio, el enfoque de Luxemburgo intentaba demostrar que el núcleo interno del capital consiste en la impulsión a consumir lo externo a él: los estratos no capitalistas.4 La meta de Luxemburgo era articular su propia teoría de la reproducción ampliada y de la crítica de la economía clásica, que contendría no sólo una dimensión temporal sino también el “análisis de la dimensión espacial”. Esta determinación espacial de la acumulación capitalista Peter Hudis la ha llamado “la dialéctica de la espacialidad”.5 Leer más…

“¿Qué es la teoría de la reproducción social?”: Tithi Bhattacharya

18/09/2018 2 comentarios

Una de las acusaciones más comunes contra el marxismo es que como teoría está enfocado en la “clase” a expensas del género.

Es importante establecer desde el principio que la historia de las organizaciones que dicen ser “marxistas” no siempre ha sido positiva en lo que respecta a las categorías de opresión, como el género y la raza. Todo el mundo conoce a alguien a quien un hombre “marxista” le ha dicho que los asuntos “menores” como el sexismo o el racismo se resolverán “después de la revolución”, por lo que, mientras tanto, todos debemos ponernos manos a la obra y trabajar en nuestra lucha de clases. Los incidentes de acoso sexual por parte de hombres marxistas desafortunadamente tampoco son raras en las organizaciones de izquierda, tanto en el pasado como en el presente.

Las mujeres se han sentido descartadas, socavadas y rechazadas institucionalmente dentro de sus organizaciones. Las voces de mujeres activistas como las comunistas indias involucradas en la histórica lucha de Telengana de 1947, comunistas británicas como Doris Lessing, o Peggy Dennis, miembros destacadas del Partido Comunista de los Estados Unidos, cuentan historias desalentadoras de sexismo y desilusión en las organizaciones que ellas veían como el trabajo de su vida y fuente de esperanza.

Este registro es particularmente terrible porque muchas de nosotras nos convertimos en marxistas precisamente porque se supone que los marxistas revolucionarios son los más intolerantes a la opresión de género. Nos unimos a las organizaciones revolucionarias porque pensamos en el marxismo como una teoría insurgente, que lucha por -pero nunca queda satisfecha con- cualquier reforma que ofrezca el sistema, y que exige una demolición completa del capitalismo. Por lo tanto es una de las mejores armas para luchar por la liberación de las mujeres y la justicia de género. Hay dos aspectos, mutuamente contradictorios que tenemos que considerar de la historia del marxismo si realmente somos revolucionarios serios y no predicadores dogmáticos irreflexivos. El primero es el daño ocasionado a la causa revolucionaria de la justicia de género en nombre del marxismo, y el segundo es cómo el marco marxista, a pesar de los muchos errores históricos en su nombre, sigue siendo la mejor manera de entender la opresión bajo el capitalismo, y por lo tanto proporciona indicios sobre cómo terminarlo. Leer más…

“El rechazo de Marx a la teoría laboral del valor”: David Harvey

18/09/2018 1 comentario

Se cree generalmente que Marx adaptó la teoría laboral del valor de Ricardo como un concepto fundamental para sus estudios sobre la acumulación del capital. Dado que la teoría laboral del valor ha sido desacreditada de manera general, se ha sostenido a menudo con autoridad que las teorías de Marx no merecen la pena. Esa teoría corresponde a Ricardo, que reconoció que era profundamente problemática, aun mientras insistía que la cuestión del valor era crítica para el estudio de la economía política. En las pocas ocasiones donde Marx comentó este asunto[1] se refiere a la “teoría del valor” y no a la teoría laboral del valor. Así pues, ¿en qué consistía la teoría del valor distintiva de Marx, y cómo difiere de la teoría laboral del valor?

La respuesta (como es usual) es complicada en sus detalles, pero sus lineamientos pueden ser reconstruidos a partir de la estructura del libro primero de El capital.[2]

Marx comienza esa obra con un examen de la apariencia superficial del valor de uso y del valor de cambio en el acto material del intercambio de mercancías, y postula la existencia del valor (una relación inmaterial pero objetiva) tras el aspecto cuantitativo del intercambio de valor. Este valor es tomado inicialmente como un reflejo del trabajo social (abstracto) cuajado en las mercancías (capítulo 1). Como una norma regulatoria del mercado, el valor puede existir, según Marx, sólo cuando y donde el intercambio de mercancías se ha convertido en “un acto social normal”. Esta normalización depende de la existencia de relaciones de propiedad privada, individuos jurídicos y mercados perfectamente competitivos (capítulo 2). Un tal mercado puede funcionar sólo con el surgir de formas monetarias (capítulo 3) que faciliten y lubriquen las relaciones de intercambio de manera eficiente, a la vez que provean de un vehículo conveniente para almacenar valor. El valor no puede existir sin su representación. En el capítulo 4 [*] Marx muestra que sólo en un sistema donde el fin y el objeto de la actividad económica es la producción de mercancías el intercambio se convierte en necesario y a la vez en un acto social normal. Es la circulación del dinero como capital (capítulo 5) la que consolida las condiciones para la creación de la forma de valor distintiva del capital como una norma regulatoria. Pero la circulación del capital presupone la existencia previa del trabajo asalariado como una mercancía que puede ser comprada y vendida en el mercado (capítulo 6). Cómo el trabajo se convirtió en una tal mercancía antes del surgimiento del capitalismo es el tema de la sección 7 de El capital, que trata de la acumulación primitiva u original. Leer más…

“De la Revolución de Octubre al ecocomunismo del siglo XXI”: Michael Löwy

18/09/2018 Deja un comentario
La Revolución de Octubre 1917 ha abierto un horizonte emancipador que no se ha agotado, a pesar de las traiciones, las decepciones y, finalmente, la brutal restauración capitalista. Se puede aplicar a la Revolución Rusa lo que escribía Kant en 1798 (en “Las disputa de las facultades”) acerca de la Revolución Francesa:

Pues un fenómeno tal en la historia de los hombres ya no se olvida, pues ha revelado una disposición y una facultad para lo mejor en la naturaleza humana […]. Pero aun cuando no se hubiera alcanzado ahora la finalidad que se procuraba lograr en este acontecimiento, aun si la revolución o la reforma de la Constitución de un pueblo haya fracasado […] aquella profecía filosófica no pierde nada de su fuerza. Pues aquel acontecimiento es demasiado grande, está demasiado entretejido con el interés de la humanidad y, de acuerdo con su influencia, demasiado difundido por el mundo, en todas sus partes, como para que no emerja en el recuerdo de los pueblos, en cualquier ocasión con circunstancias propicias, y como para que no deba ser despertado con vistas a la repetición de intentos de este tipo (Kant, 1983: 361).

Los proyectos alternativos del siglo XXI no empiezan desde cero: pueden apoyarse en las grandes conquistas del Octubre Rojo. La Revolución Rusa nos enseña que, para cambiar la sociedad, es necesario romper con el capitalismo, establecer la propiedad colectiva de los grandes medios de producción y organizar la planificación de la actividad económica. Esto no quiere decir que no hayan existido límites, problemas y contradicciones, aun en los primeros tiempos heroicos del poder soviético. En su opúsculo La Revolución Rusa (1918), redactado en una prisión alemana, Rosa Luxemburg se solidarizaba con los bolcheviques “que han salvado el honor del socialismo internacional”, pero criticaba varias de sus decisiones y orientaciones practicas. Algunas de estas criticas –acerca de la cuestión nacional y de la distribucion de la tierra a los campesinos – son bastante discutibles, pero otras, en particular sobre la democracia y la libertad de expresión, son profundamente acertadas. Con profética intuición, Rosa Luxemburg previo que la supresión de la democracia y de las libertades en los soviets llevarían a la burocratización y la dictadura. El triunfo de la burocracia estalinista à partir del 1924 es la trágica confirmación de esta advertencia.

Los revolucionarios y comunistas del siglo XXI no pueden, entretanto, limitarse a retomar los grandes principios del Octubre del 1917 en una versión más democrática y libertaria. Problemas nuevos han surgido, no previstos ni por Lenin ni por Trotsky; ni siquiera por Rosa Luxemburg, a pesar de su sensibilidad naturalista. Entre estos problemas, imprevistos y imprevisibles en 1917-1923, la cuestión ecológica es quizás el más importante para una reformulación, en nuestra época, del programa revolucionario. Necesitamos de un proyecto comunista alternativo al capitalismo; pero este proyecto tiene que incluir, de forma central, la relación de las sociedades humanas con el medio ambiente, con la naturaleza. El marxismo revolucionario es un pensamiento y una praxis en proceso permanente de transformación, reformulación, desarrollo. Limitarse a repetir, de forma dogmática y mecánica, los escritos de Marx o Trotsky, o tratar de copiar las experiencias revolucionarias del pasado, es un callejón sin salida. El mismo Marx nos da una lección, al transformar profundamente sus concepciones acerca del Estado o del proceso histórico, en función de nuevas experiencias, como la Comuna de París del 1871.

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“Karl Marx: textos inéditos”: García Linera, Néstor Kohan

18/09/2018 Deja un comentario

KARL MARX: TEXTOS INEDITOS (García Linera, Néstor Kohan, presentación en La Paz, Bolivia, 2018)

Presentación del volumen KARL MARX 200 AÑOS. TEXTOS INÉDITOS (COMUNIDAD, NACIONALISMOS Y CAPITAL). Álvaro García Linera, Néstor Kohan. Banco Central de Bolivia, La Paz, mayo de 2018. Leer más…

“Imposible volver a Dublín: vida y teoría de Bolívar Echeverría”: Mateo Martínez Abarca

18/09/2018 Deja un comentario

Me contaba hace algunos años Isaac García Venegas, gran amigo y colaborador cercano de Bolívar Echeverría, que poco antes de su muerte Carlos Monsiváis concedió una entrevista en la que, entre muchos otros temas, disertó sobre la diferencia entre el intelectual público y el académico. Para Monsiváis el intelectual público se encuentra actualmente en “etapa de extinción”, siendo sustituido por el segundo y subrayó además que todos los países han tenido al menos uno: Borges en Argentina, Cabrera Infante en Cuba y Bolívar Echeverría en Ecuador. Desde entonces, como ecuatoriano que afectivamente se siente también mexicano, siempre me he preguntado acerca de la relación entre el trabajo intelectual o artístico y la posibilidad de reclamar su pertenencia a una “cultura nacional”, o atribuir unos rasgos específicos, por ejemplo, de “ecuatorianidad” o “mexicanidad” a los mismos.

Sobre todo, en un pensador transterrado como Echeverría (nacido en Ecuador, formado en Alemania y cuya vida y trabajo teórico se desarrollaron mayoritariamente en México), que pensaba que la izquierda debía proponerse rescatar las promesas universales de la modernidad y buscar la constitución de una sociedad universal, no encerrada en guetos o “comunidades arcaicas nacionales.” En este sentido, me pregunto por qué Monsiváis, amigo personal e (y este sí) intelectual público mexicanísimo donde los hay, nos devolvió a Bolívar Echeverría a los ecuatorianos, a pesar de que su itinerario vital le llevó desde joven lejos de Ecuador, país donde nunca más volvería a habitar permanentemente.

Mientras investigaba su obra en México junto a muchas personas que le fueron cercanas, descubrí que la identidad de este gran pensador, que tuvo a la modernidad como horizonte reflexivo; que llevaba dentro de sí el recogimiento tímido, silencioso y la mirada pícara de los pueblos andinos; el sobrio instrumental teórico de la tradición crítica alemana y la celebración de la vida (del valor de uso, podría decirse) hasta en la muerte que es propia del pueblo mexicano, era mucho más amplia y compleja que la reducción simple a un pueblo, a un país. Me parece innegable entonces, tras varios años de pensarlo, que la experiencia vital de Echeverría fue un factor decisivo en su obra, quizá apuntando a lo que describe Gloria Anzaldúa con su idea de “teorías encarnadas”, en donde lo que prima no es un habla académica sino más bien una que proviene de la experiencia y del cuerpo. Vale la pena seguir su trayectoria vital para intentar dilucidar si Monsiváis tenía razón o si Echeverría fue y sigue siendo actualmente uno de los mayores interlocutores de la izquierda mexicana contemporánea. Leer más…

“Josep Fontana: una selección”: Sin Permiso

18/09/2018 Deja un comentario
Josep Fontana murió el pasado 28 de agosto. Se han escrito muchos obituarios en pocos días: algunos resaltan sus méritos académicos, otros su proyección internacional, otros su compromiso con la lucha de autodeterminación nacional de Cataluña, otros su compromiso con el marxismo. Según interese más o menos al redactor o redactora. Es lo que ocurre con los grandes, tocan muchas teclas y las tocan muy bien para que cada uno se sienta más o menos contento en su parcela de interés. Y es lícito que así sea, pero como siempre tratándose de un grande, lo mejor es leerlo directamente. A fondo. Y por este motivo hacemos una breve selección con sus correspondientes enlaces de algunos de los 46 artículos y entrevistas que hemos publicado de Josep Fontana en Sin Permiso, un número de materiales bien respetable. Hemos copiado una breve porción de cada entrevista o artículo.Josep Fontana fue miembro del consejo Editorial de Sin Permiso desde sus inicios. Rojo y catalanista, como él mismo se definió, y por ello tuvo la antipatía tanto de los postfranquistas y derechistas en general como de los españolistas y de los izquierdistas que consideran que “lo único importante es lo social” o que “no se puede ser independentista y de izquierdas”. Pero lo dicho, lo importante es leerlo y de ahí esta pequeña selección del maestro de historiadores Josep Fontana. Descanse en paz. SP   Leer más…

“La relevancia contemporánea de Marx”: Claudio Katz

18/09/2018 Deja un comentario
La conmemoración del 150° aniversario de El capital ha renovado el debate sobre las contribuciones legadas por Marx a la comprensión de la sociedad actual. El texto continúa suscitando apasionadas adhesiones y fanáticos rechazos, pero ya no ejerce la enorme influencia que tuvo en los años 60 y 70. Tampoco padece el olvido que acompañó al desplome de la Unión Soviética. Ningún investigador de peso ignora actualmente el significado del libro y las relecturas traspasan la academia e influyen sobre numerosos pensadores.

El interés por Marx se verifica entre los economistas que resaltan su anticipación de la mundialización. Otros descubren una precoz interpretación de la degradación del medio ambiente y vinculan la ausencia de soluciones al desastre ecológico, con la crisis civilizatoria que previó el teórico germano.

Su obra es retomada con mayor frecuencia para caracterizar la etapa neoliberal. Varios autores indagan las semejanzas de ese esquema con el “capitalismo puro” y desregulado que prevalecía en la época de Marx.

En un período de privatizaciones, apertura comercial y flexibilización laboral se transparentan rasgos del sistema que permanecieron ocultos durante la fase keynesiana. Los diagnósticos del pensador alemán recuperan nitidez en el siglo XXI.

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“Hay que reorganizar la producción y el consumo con criterios exteriores al capitalismo”: Michael Löwy

26/06/2018 Deja un comentario

—Michael, en tu libro El marxismo en América Latina señalás tres periodos en la historia del marxismo en la región: un “periodo revolucionario”, desde los años 20 hasta mediados de los años 30, en el que sobresalen el aporte teórico de Mariátegui y la experiencia de insurrección en El Salvador, en 1932; un “periodo estalinista”, iniciado a mediados de los años 30 hasta 1959, marcado por la hegemonía soviética; y un tercero que denominas «nuevo periodo revolucionario», iniciado con el triunfo de la revolución cubana. Continuando con esa clasificación, ¿cómo denominarías la etapa del marxismo en América Latina de los últimos 25 años y cuáles serían sus principales características?

Buena pregunta… Es difícil saber si el periodo revolucionario abierto por la Revolución Cubana sigue hasta hoy, de alguna forma, o si se acabó, luego de 1990 (derrota de los Sandinistas, Acuerdos de Paz en El Salvador). Quizás el futuro nos dará la respuesta. Otra hipótesis es considerar cerrado el capítulo iniciado en 1959 y definir los últimos 25 años como «la batalla anti-neoliberal»: es un periodo en el cual se ensaya, en varios países del continente, salidas del infierno neoliberal. Una hipótesis más optimista sería hablar de un periodo de «socialismo del siglo 21», pero este es, hasta ahora, más bien un horizonte de esperanzas que una realidad social. Lo que caracteriza este periodo es: 1) la gran dispersión de la referencia marxista, que ya no es limitada a las corrientes «clásicas» de la izquierda; 2) la victoria electoral de la izquierda en la mayoría de los países, pero con una diferenciación muy clara entre los gobiernos social-liberales (Brasil, Uruguay, Chile) y los anti-imperialistas (Venezuela, Bolivia, Ecuador), con varias situaciones intermedias. Leer más…