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«La única economía viable»: István Mészáros

Introducción

Alguna vez el modo de producción capitalista representó un gran avance sobre todos los otros modos precedentes, a pesar de lo problemático y en definitiva destructivo que este avance histórico terminaría -y debía terminar- siendo. Al romper la muy antigua pero limitativa relación directa entre uso humano y producción para reemplazarla por la relación mercantil, el capital abrió ocultas posibilidades de expansión aparentemente irresistibles para las cuales -desde el punto de vista del sistema del capital y de sus personificacionesno existirían límites concebibles. Pues la paradójica y en definitiva bastante endeble determinación intrínseca del sistema productivo del capital es que sus productos mercantilizados son para su poseedor no-valores de uso y valores de uso para los no poseedores. He aquí porqué unos y otros tienen que darse constantemente la mano. Este apretón de manos forma el cambio, el cual versa sobre valores que se cruzan y se realizan como tales valores. Por lo tanto las mercancías tienen necesariamente que realizarse como valores antes de poder realizarse como valores de uso. [1]

Esta auto-contradictoria determinación interna del sistema, que impone una brutal sumisión de las necesidades humanas a la necesidad alienante de expansión del capital, es lo que descarta la posibilidad de un control racional completo de este dinámico sistema productivode. Lo que acarrea peligrosas y potencialmente catastróficas consecuencias a largo plazo, transformando al final un gran poder positivo de desarrollo económico, previamente inimaginable, en una desvastadora negatividad, por la total ausencia de una necesaria restricción reproductiva.

Lo que es sistemáticamente ignorado -y debe ser ignorado, debido a inalterables imperativos fetichistas y a los intereses creados del mismo sistema del capital- es el hecho inevitable de que vivimos en un mundo finito, con sus literalmente vitales límites objetivos. Durante un largo tiempo de la historia humana, incluyendo varios siglos de desarrollo capitalista, esos límites pudieron ser -y realmente fueron- ignorados con relativa seguridad.

Sin embargo, cuando estos límites se manifiestan, como enfáticamente deben hacerlo en nuestra irreversible época histórica, ningun sistema irracional y desvastador por dinámico que sea (de hecho, mientras más dinámico, peor), puede escapar a las consecuencias. Sólo puede no tomarlos en considracion durante algún tiempo mediante su propia reorientación hacia hacia una rígida justificación del más o menos abierto imperativo destructivo de preservar el sistema a cualquier costo: predicando la visión del «no hay alternativa», y con ese espíritu apartando o suprimiendo incluso brutalmente incluso las mas obvias advertencias de esas anticipaciones de un futuro insostenible.

La única economía viable

Revista Herramienta

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