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«Modernidad filosófica y libertad en Marx»: Levy del Águila Marchena
La modernidad filosófica situó al sujeto como centro de sus preocupaciones y escindió la realidad en una dimensión mental y otra extra-mental. Este divorcio fundamental planteó la exigencia de que la reflexión sobre cualquier problema filosófico partiera de una consideración primera acerca de la certeza del conocimiento; como consecuencia de ello, la filosofía moderna pasó a identificarse en buena cuenta con la epistemología y la teoría del conocimiento. Esta circunstancia quedó expresada en las preocupaciones centrales de Descartes, los empiristas ingleses (Locke, Hume) y Kant: lo que debe hacer la filosofía es establecer cuáles son los fundamentos del conocimiento; es decir, sobre qué podemos estar seguros. Cualquier otra preocupación filosófica, de carácter moral, político o estético, solo puede atenderse previa respuesta a aquella primera cuestión.
Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que las preocupaciones en torno de las certezas a las que el sujeto puede aspirar son, asimismo, la forma a través de la cual se vehiculiza la preocupación más general acerca de cuáles son las posibilidades que se abren a la vida de los hombres en el marco de la sociedad moderna, una vez desarrollados los procesos de individuación y definición no tradicional y/o sustancial del sentido de la acción humana, una vez dada la pérdida de referentes externos para guiar nuestra actividad, y una vez que, por consiguiente, surge un nuevo tipo de antropocentrismo.
«Dominación, derecho, propiedad y economía política popular»: Antoni Domènech
“Si algo enseña la historia es que las olas de los grandes movimientos populares y los grandes ideales socialmente encarnados, como las olas oceánicas, tienen una fuerza proporcional a su longitud de recorrido. Las que vienen de muy lejos, aparentemente calmas en superficie, rugen invisibles en las zonas abisales y terminan abatiéndose inopinadamente con una potencia indescriptible sobre las playas y los arrecifes de destino.”
Intervención de Antoni Domènech en Coloquio Miradas sobre la Historia, organizado en homenaje académico al historiador Adolfo Gilly por la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y el Colegio de México el pasado 17 de Noviembre.
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«Marx y sus Manuscritos de 1844: bases antropológicas en su concepción del hombre libre»: Levy del Águila Marchena
Desde ojos liberales y, en particular, a partir del marco de las disputas ideológicas que caracterizaron a la Guerra Fría, el marxismo ha sido caracterizado como una filosofía y un discurso legitimador de tiranías bajo las cuales la libertad de los individuos habría de perderse, como efectivamente ocurriera en torno de los regímenes de la órbita soviética y china que asumieron al marxismo como ideología estatal y fuente explícita de sus discernimientos, decisiones y conductas políticas. Detenerse en el planteamiento originario de la obra de Karl Marx, en cambio, permite ver las cosas desde otra perspectiva. Así, la representación del comunismo a la manera de un “reino de la libertad” en el cual los individuos puedan vivir por encima del “reino de la necesidad” y del sometimiento a poderes sociales (económicos, políticos) y naturales ajenos es un lugar común de la obra marxiana, cuando menos desde 1844 en adelante.
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«Economic crisis and socialist revolution: Henryk Grossman’s Law of accumulation, its first critics and his responses»: Rick Kuhn
Abstract
Henryk Grossman was the first person to systematically explore Marx’s explanation of capitalist crises in terms of the tendency for the rate of profit to fall and to place it in the context of the distinction between use and exchange value. His The law of accumulation and breakdown of the capitalist system remains an important reference point in the Marxist literature on economic crises. That literature has been plagued by distortions of Grossman’s position which derive from early hostile reviews of his book. These accused Grossman of a mechanical approach to the end of capitalism and of neglecting factors which boost profit rates. Grossman, in fact, contributed a complementary economic element to the recovery of Marxism undertaken by Lenin (particularly in the area of Marxist politics) and Lukács (in philosophy). In both published and unpublished work, Grossman also dealt with and even anticipated criticisms of his methodology and treatment of countertendencies to the tendency for the rate of profit to fall. Far from being mechanical, his economic analysis can still assist the struggle for working class self-emancipation.
«Anti-Capitalism: A Marxist Introduction»: Alfredo Saad-Filho
Introduction
«The need of a constantly expanding market … chases the bourgeoisie over the whole surface of the globe … All old-established national industries … are dislodged by new industries … that no longer work up indigenous raw material, but raw material drawn from the remotest zones; industries whose products are consumed, not only at home, but in every quarter of the globe. In place of the old wants, satisfied by the productions of the country, we find new wants, requiring for their satisfaction the products of distant lands and climes … The bourgeoisie, by the rapid improvement of all instruments of production, by the immensely facilitated means of communication, draws all … nations into civilisation … It compels all nations, on pain of extinction, to adopt the bourgeois mode of production; it compels them to introduce what it calls civilisation into their midst, i.e., to become bourgeois themselves. In one word, it creates a world after its own image» (The Communist Manifesto)
CAPITALISM AND ANTI-CAPITALISM
The Communist Manifesto rings even truer today than it did in 1848. Key features of nineteenth-century capitalism are clearly recognisable, and even more strongly developed, in the early twenty-first century. They include the internationalisation of trade, production and finance, the growth of transnational corporations (TNCs), the communications revolution, the diffusion of Western culture and consumption patterns across the world, and so on.
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«¿De qué socialismo hablamos?»: Adolfo Sánchez Vázquez
¿Qué entender hoy por socialismo? La pregunta se hace desde nuestro presente, aunque lo que nos ocupa o preocupa ahora es el socialismo del futuro o el futuro del socialismo. Pero cabe preguntarse a su vez: ¿por qué no el socialismo para hoy? Respuesta al canto: porque el socialismo como objetivo visible y viable no está al orden del día. No lo está para los movimientos, fuerzas o partidos que han inscrito ese objetivo en sus programas o banderas. Afirmar esto es sencillamente registrar un hecho. Como lo es también el contraste de su ausencia actual con su presencia estratégica en el largo pasado, que, arrancando de mediados del siglo anterior, se extendería a las décadas de los sesenta o setenta de nuestro siglo. Ya sea que en ese pasado se privilegiara una de las dos vías tradicionales: las llamadas reformista o revolucionaria, socialdemócrata o leninista, el socialismo se ha presentado, durante siglo y medio, como un objetivo estratégico, provisto de ciertas señas de identidad.
«Computadores y democrácia económica»: W. Paul Cockshott y Allin Cottrell
Hace cuarenta años las socialistas tenían pocas dudas de que la planificación era el camino al futuro. Esto era corroborado por el rápido avance de las economías planificadas, que con el Sputnik y Gagarin parecían dejar atrás la estorbosa ineficiencia de las economías capitalistas. Hoy, por supuesto, el panorama es diferente.
Ante al colapso del poder soviético a finales de los ochenta, los autores de izquierda no parecían tener una respuesta. Sin embargo, los avances de la informática que se usan para simbolizar el triunfo del mercado tienen aun más potencial para un socialismo racional y democrático. Si reflexionamos, el movimiento por la democracia económica está empezando a entender esa promesa.
«Construyendo a partir de los defectos: Una interpretación errónea de la Crítica al programa de Gotha de Marx»: Michael Lebowitz
“El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado” Se ha repetido tantas veces esta conocida declaración de la Crítica Al Programa de Gotha de Marx que se ha convertido en dogma de fe. ¿Y, por qué esta insistencia? Siempre por la misma razón. El objetivo es respaldar el argumento de que sería un error muy grave el intento prematuro de proceder hacia la construcción de una sociedad igualitaria y solidaria.
Idealismo, utopismo, igualitarismo pequeño burgués —estos son los epítetos que algunos han lanzado contra los que no logran comprender el argumento de Marx de que, en primer lugar hay que desarrollar las fuerzas productivas si queremos avanzar hacia un mundo mejor y que el deseo de los productores de recibir un equivalente (es decir, de recibir de acuerdo con su trabajo) es el camino hacia ese mundo.
«El marxismo del Che Carlos»: Tablada
A inicios de los noventa era posible aún hacer creer al ciudadano de a pie que el neoliberalismo podía aportarle mejoría a él y a su familia. A inicios de 2005, es evidente que el modelo neoliberal hace agua como modelo civilizatorio, pues globaliza la injusticia, la desigualdad y la pobreza a niveles explosivos para todo el sistema Occidental. Cada día, nuevos representantes del establishment reconocen que si no introducen urgentemente cambios en las políticas, los daños al Medio Ambiente serán irreversibles, y que la estabilidad del mismo sistema Occidental será muy frágil y dará paso a situaciones incontrolables, porque particularmente EE.UU. está desarrollando políticas económicas que conducen a cientos de millones de personas a condiciones de vida infrahumanas; además —y no menos grave— sus políticas agreden la dignidad individual y colectiva, de naciones, de pueblos enteros, desarrollando en Occidente una intolerancia brutal hacia otras culturas y religiones. Las ideologías neoliberal, posmodernista y de la globalidad, esto es, el pensamiento único, tampoco garantizan el bienestar del Norte, ni producen un desarrollo de la espiritualidad, de la ética, de la cultura en función de la individualidad y de las comunidades, sino que lanzan a las personas al individualismo, al egoísmo más brutal y deshumanizado hasta hoy conocido.
«Capitalismo – Mercado – Socialismo»: Jacques Bidet
Hace ya tres años que terminé» de escribir este análisis de las categorías de El capital. Con la retrospectiva que permite el transcurso del tiempo, hoy aparecen eiertas conclusiones adicionales que se refieren a esta constatación: la forma determina el contenido; la forma de exposición de El’capital determina la definición de su objeto: «el capitalismo».
Marx parece unir correlativamente capital y mercado del mismo modo que une socialismo y plan. Dé acuerdo con el orden de su exposición y con toda su estrategia de escritura, Marx tiende a hacer dé las relaciones de producción mercantiles (o de la estructura cohcurrencial) una determinación: propia de la sociedad capitalista y, ál mismo tfempq, no las sitúa en el «núcleo esencial» de ésta, sino más bieni en su «superficie». Su metodología totalizadora valoriza como esencia la relación entre las clases y coloca en segundo plano la mediación interindividual de la relación de clases.
«La única economía viable»: István Mészáros
Introducción
Alguna vez el modo de producción capitalista representó un gran avance sobre todos los otros modos precedentes, a pesar de lo problemático y en definitiva destructivo que este avance histórico terminaría -y debía terminar- siendo. Al romper la muy antigua pero limitativa relación directa entre uso humano y producción para reemplazarla por la relación mercantil, el capital abrió ocultas posibilidades de expansión aparentemente irresistibles para las cuales -desde el punto de vista del sistema del capital y de sus personificacionesno existirían límites concebibles. Pues la paradójica y en definitiva bastante endeble determinación intrínseca del sistema productivo del capital es que sus productos mercantilizados son para su poseedor no-valores de uso y valores de uso para los no poseedores. He aquí porqué unos y otros tienen que darse constantemente la mano. Este apretón de manos forma el cambio, el cual versa sobre valores que se cruzan y se realizan como tales valores. Por lo tanto las mercancías tienen necesariamente que realizarse como valores antes de poder realizarse como valores de uso. [1]
«Teoría del derecho y marxismo democrático en la filosofía política de Adolfo Sánchez Vázquez»: José Cepedello Boiso
Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo español exiliado en México tras la Guerra
Civil, es uno de los más insignes representantes del marxismo contemporáneo. Su obra se caracteriza por un estudio profundo del pensamiento de Marx y por un intento de mantener vigentes, en la actualidad, sus tesis esenciales.
En el presente trabajo, estudiaremos de qué forma los principios fundamentales de su teoría sobre el derecho sirven como basamento para una concepción democrática de la filosofía marxista. Para Sánchez Vázquez, democracia y marxismo son dos términos intrínsecamente unidos, a pesar de las derivaciones no democráticas de la práctica política marxista durante todo el siglo XX. Por esta razón, entiende que la revalorización de los aspectos democráticos del marxismo es un elemento imprescindible para que la teoría marxista pueda mantener su vigencia en el mundo actual. De ahí que dedique un gran número de páginas en sus obras a dos labores esenciales: por un lado, rastrear las raíces democráticas de la concepción política marxista y, por otro, estudiar detenidamente de qué forma la deriva de los principales intentos prácticos de llevar a cabo esas ideas condujo, en la mayor parte de los casos, a un abandono de sus cimientos democráticos.
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«La fenomenología de la alienación y la crítica del fetichismo en el pesamiento de Hegel y Marx»: Francisco Piñón G.
1. El fenómeno y el término de alienación
La alienación ha llegado a ser un fenómeno global. El hombre se ha perdido. Se ha extrañado de sí mismo y de la naturaleza. Los demás hombres le son ajenos. Y no sólo se ha alienado dentro de las formas económicas y sociales, sino también dentro de la técnica que él mismo ha construido. Hoy más que nunca el hombre se ha convertido, como dijera Marx, en ese apéndice de carne encerrado en una maquinaria de acero.
La alienación en la sociedad industrial, ya criticada por Marx y antes por Hegel no ha perdido su actualidad, sigue siendo objeto de estudio en los diversos campos del saber. Ni siquiera a filósofos, sociólogos, psicólogos, antropólogos. Es un hecho social que no puede encerrarse dentro de los entrechos límites de la moral individualista. No es solamente «europea» ni tan sólo un fenómeno propio de la sociedad «occidental», ni se circunscribe a un determinado sistema político o social. Pero, por otra parte, es un fenómeno histórico.
«Marx y el Marxismo»: Gabriel Vargas Lozano
El marxismo en la actualidad está formado por un vasto y complejo mundo de interpretaciones y corrientes que se contradicen y entrecruzan sin cesar. Este hecho no tendría nada singular si se tratara tan sólo de diferencias fácilmente salvables por la apelación al texto original. Si así fuera, bastaría abrir los manuscritos económico-filosóficos, los Grundrisse o El capital, en tal o cual página, para comprobar el acierto o el error de una consideración. Lo que ocurre, empero, en el proceso de tránsito que va de Marx al marxismo, es un fenómeno más profundo en el cual están involucrados dos aspectos que aunque están fuertemente relacionados, guardan entre sí una autonomía relativa: la forma específica en que se presenta el pensamiento de Marx y la relación que guardan sus tesis con las interpretaciones puestas en práctica por los partidos o movimientos revolucionarios que se identifican con el marxismo.
«Filosofía política y crítica de la sociedad burguesa: el legado teórico de Karl Marx»: Atilio A. Boron
I. A modo de introducción
Sólo los espíritus más ganados por el fanatismo o la ignorancia se atreverían a disputar el aserto de que Marx fue uno de los más brillantes economistas del siglo XIX, un sociólogo de incomparable talento y amplitud de conocimientos y uno de los filósofos más importantes de su tiempo. Pocos, muy pocos, sin embargo, se atreverían a decir que Marx también fue uno de los más significativos filósofos políticos de la historia. Parece conveniente, en consecuencia, dar comienzo a esta revisión de la relación entre Marx y la filosofía política tratando de descifrar una desconcertante paradoja: ¿por qué razón abandonó Marx el terreno de la filosofía política –campo en el cual, con su crítica a Hegel, iniciaba una extraordinaria carrera intelectual– para luego migrar hacia otras latitudes, principalmente la economía política?
























