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«Ideología y marxismo contemporáneo»: Gabriel Vargas Lozano
La temática de la ideología ha mostrado ser hoy una de las más ricas, complejas y vastas. L’a ideología impregna la totalidad de la realidad y se cuela a través de los intersticios de todas las actividades humanas. Se relaciona con la ciencia natural, con la ciencia social (economía, sociología, psicología, política, estética, comunicación, semiótica, etc.) con la filosofía y con la vida cotidiana. Se manifiesta con el plano teórico y práctico. Está presente en el condicionamiento social del conocimiento, en la finalidad de las investigaciones científicas, en los aparatos de hegemonía del Estado, en las creencias populares y en las estructuras económicas y políticas.
«La única economía viable»: István Mészáros
Introducción
Alguna vez el modo de producción capitalista representó un gran avance sobre todos los otros modos precedentes, a pesar de lo problemático y en definitiva destructivo que este avance histórico terminaría -y debía terminar- siendo. Al romper la muy antigua pero limitativa relación directa entre uso humano y producción para reemplazarla por la relación mercantil, el capital abrió ocultas posibilidades de expansión aparentemente irresistibles para las cuales -desde el punto de vista del sistema del capital y de sus personificacionesno existirían límites concebibles. Pues la paradójica y en definitiva bastante endeble determinación intrínseca del sistema productivo del capital es que sus productos mercantilizados son para su poseedor no-valores de uso y valores de uso para los no poseedores. He aquí porqué unos y otros tienen que darse constantemente la mano. Este apretón de manos forma el cambio, el cual versa sobre valores que se cruzan y se realizan como tales valores. Por lo tanto las mercancías tienen necesariamente que realizarse como valores antes de poder realizarse como valores de uso. [1]
«Teoría del derecho y marxismo democrático en la filosofía política de Adolfo Sánchez Vázquez»: José Cepedello Boiso
Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo español exiliado en México tras la Guerra
Civil, es uno de los más insignes representantes del marxismo contemporáneo. Su obra se caracteriza por un estudio profundo del pensamiento de Marx y por un intento de mantener vigentes, en la actualidad, sus tesis esenciales.
En el presente trabajo, estudiaremos de qué forma los principios fundamentales de su teoría sobre el derecho sirven como basamento para una concepción democrática de la filosofía marxista. Para Sánchez Vázquez, democracia y marxismo son dos términos intrínsecamente unidos, a pesar de las derivaciones no democráticas de la práctica política marxista durante todo el siglo XX. Por esta razón, entiende que la revalorización de los aspectos democráticos del marxismo es un elemento imprescindible para que la teoría marxista pueda mantener su vigencia en el mundo actual. De ahí que dedique un gran número de páginas en sus obras a dos labores esenciales: por un lado, rastrear las raíces democráticas de la concepción política marxista y, por otro, estudiar detenidamente de qué forma la deriva de los principales intentos prácticos de llevar a cabo esas ideas condujo, en la mayor parte de los casos, a un abandono de sus cimientos democráticos.
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«La fenomenología de la alienación y la crítica del fetichismo en el pesamiento de Hegel y Marx»: Francisco Piñón G.
1. El fenómeno y el término de alienación
La alienación ha llegado a ser un fenómeno global. El hombre se ha perdido. Se ha extrañado de sí mismo y de la naturaleza. Los demás hombres le son ajenos. Y no sólo se ha alienado dentro de las formas económicas y sociales, sino también dentro de la técnica que él mismo ha construido. Hoy más que nunca el hombre se ha convertido, como dijera Marx, en ese apéndice de carne encerrado en una maquinaria de acero.
La alienación en la sociedad industrial, ya criticada por Marx y antes por Hegel no ha perdido su actualidad, sigue siendo objeto de estudio en los diversos campos del saber. Ni siquiera a filósofos, sociólogos, psicólogos, antropólogos. Es un hecho social que no puede encerrarse dentro de los entrechos límites de la moral individualista. No es solamente «europea» ni tan sólo un fenómeno propio de la sociedad «occidental», ni se circunscribe a un determinado sistema político o social. Pero, por otra parte, es un fenómeno histórico.
«Filosofía política y crítica de la sociedad burguesa: el legado teórico de Karl Marx»: Atilio A. Boron
I. A modo de introducción
Sólo los espíritus más ganados por el fanatismo o la ignorancia se atreverían a disputar el aserto de que Marx fue uno de los más brillantes economistas del siglo XIX, un sociólogo de incomparable talento y amplitud de conocimientos y uno de los filósofos más importantes de su tiempo. Pocos, muy pocos, sin embargo, se atreverían a decir que Marx también fue uno de los más significativos filósofos políticos de la historia. Parece conveniente, en consecuencia, dar comienzo a esta revisión de la relación entre Marx y la filosofía política tratando de descifrar una desconcertante paradoja: ¿por qué razón abandonó Marx el terreno de la filosofía política –campo en el cual, con su crítica a Hegel, iniciaba una extraordinaria carrera intelectual– para luego migrar hacia otras latitudes, principalmente la economía política?
«Ser genérico, esencia genérica en el joven Marx»: Isabel Monal
«La esencia genérica (Gattungswesen) es uno de los conceptos claves utilizados por Marx, sobre todo en el período de juventud, y más específicamente en la etapa posterior a los artículos de la Gaceta renana (Rheinische Zeitung) hasta las Tesis sobre Feuerbach. Se trata precisamente de la etapa de fuerte y decisiva influencia feuerbachiana en el pensamiento de Marx el cual lo condujo a adoptar, junto con la crítica a la filosofía idealista de Hegel, parte del aparato conceptual utilizado por Feuerbach, aunque en él esa terminología tome un giro propio.
En su antropologismo naturalista, Feuerbach hace pivotear parte importante de sus análisis sobre los conceptos de Gattung (especie, género) y Entfremdung (enajenación). A mediados de la década del cuarenta existía en Alemania una atmósfera de búsqueda de una nueva filosofía, y el Mensch (el hombre), para Feuerbach, debía ser el fundamento de esa filosofía. Feuerbach descolló en este empeño y se adentró en una crítica a fondo de la filosofía especulativa y abstracta, en particular de Hegel. Al subrayar el nexo de toda filosofía especulativa con la teología y la religión y manifestarse contra todo el Wissen (el saber) apriorístico y especulativo, sentaba las bases para un nuevo tipo de reflexión a la cual no sería indiferente el joven Marx.»
«Las necesidades del capital frente a las necesidades de los seres humanos»: Michael A. Lebowitz
Al igual que otros socialistas del siglo XIX, la visión de Karl Marx de una buena sociedad era aquella que permitiese el pleno desarrollo del potencial humano. “ ¿Cuál es el objetivo de los comunistas?”, preguntaba el camarada de Marx, Friedrich Engels, en su primer borrador del Manifiesto comunista. “Organizar la sociedad de tal manera que cada uno de sus miembros pueda desarrollar y utilizar su potencial y sus facultades en completa libertad y, por lo tanto, sin desnaturalizar la esencia básica de esa sociedad”. En la versión final de Marx del Manifiesto, esa nueva sociedad se presenta como una “asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos”. Esta idea del desarrollo del potencial humano está presente en toda la obra de Marx -la posibilidad de seres humanos ricos con necesidades humanas ricas, el potencial para producir seres humanos lo más ricos posible en cuanto a sus necesidades y capacidades.
«El marxismo y el curso de la historia»: Ellen Meiksins Wood
Hubo un tiempo, no hace mucho, en que una de las críticas más graves y frecuentes dirigidas contra el marxismo era la de que suscribía una visión simplista y mecanicista de la historia según la cual todas las sociedades están predestinadas a pasar por una única e inexorable secuencia de estadios, desde el comunismo primitivo a la esclavitud, el feudalismo y, finalmente, el capitalismo, que inevitablemente dará paso al socialismo. Lo que estaba en entredicho no era simplemente el valor del marxismo como teoría de la historia y su supuesta incapacidad para explicar la diversidad de modelos históricos desplegados en el mundo, sino también la viabilidad del propio proyecto socialista. Puesto que el marxismo estaba tan claramente equivocado en cuanto al curso unilineal de la historia, sin duda lo estaba igualmente en cuanto a la inevitabilidad ―e incluso la posibilidad― del socialismo.
Ahora que esta visión de la historia ha sido generalmente repudiada por marxistas no sólo del Oeste sino también del Este, ahora que muchos marxistas han reconocido en ella una aberración que tenía menos que ver con la teoría marxista que con el dogma stalinista y que fue siempre incompatible no sólo con la idea de la historia del propio Marx, sino también con los principios fundamentales del materialismo histórico y su concepción de la lucha de clases, el terreno de la crítica ha variado. Ahora se nos dice que el marxismo no puede existir sin una historia unilineal y mecánicamente determinista. Al haber abandonado su salvavidas, su concepción de la historia, aunque profundamente errónea, el marxismo ha muerto. Y con la historia marxista, también el proyecto socialista, ya que no puede seguir habiendo motivos para creer que 1a historia ha sentado las bases del socialismo.
«La Comuna de París»: Henri Lefebvre

La insurrección del 18 de marzo y los grandes días de la Comuna que siguieron, suponen la apertura ilimitada hacia el porvenir y lo posible, sin prestar atención a los obstáculos y a las imposibilidades que pueden atajar el camino. Una espontaneidad fundamental separa los sedimentos depositados por los siglos: el Estado, la burocracia, las instituciones, la cultura muerta. Una efervescencia volcánica alza las escorias acumuladas. En ese movimiento suscitado por los elementos negativos -por lo tanto creadores, de la sociedad existente: el proletariado- la práctica social se quiere y se hace libre, liberada de las cargas que pesan sobre ella. Se metamorfosea de un salto en comunidad, en comunión, en el seno de la cual el trabajo, la alegría, el ocio, la satisfacción de las necesidades -y ante todo de las necesidades sociales y de las necesidades de sociabilidad- no se separarán más. La cotidianeidad se transforma en fiesta perpetua.
«Tradición y cultura crítica»: Néstor Kohan

“He vivido por la alegría, y por la alegría muero.
Que la tristeza no sea unida nunca a mi nombre”
Julius Fucik
cultura crítica
Según Antonio Gramsci las tradiciones político-culturales se conforman y se mantienen vivas a lo largo del tiempo a partir de la continuidad de los grupos intelectuales. ¿Qué sucede cuando determinados colectivos intelectuales han sido disgregados y la mayor parte de sus cuadros políticos orientadores y sus exponentes más radicales han sufrido la tortura, la cárcel, el exilio, el secuestro, el asesinato o directamente la desaparición? ¿Se corta y desaparece la tradición? ¿Es posible recuperarla o recrearla en el transcurso de una nueva fase histórica? ¿En qué términos y bajo qué modalidades?
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«Liberalismo y Socialismo»: Adolfo Sánchez Vázquez
Quisiera concentrar mi atención en la ya larga y vieja polémica entre liberalismo y socialismo. Siguiendo la sana distinción entre lo que una ideología dice ser y lo que efectivamente es, subrayemos de entrada que el liberalismo se tiene a sí mismo por la ideología de la libertad. Leer más…«Marx un siglo después»: Michael Löwy

El término “crisis del marxismo” es más bien un fórmula periodística que un concepto teórico; describe el hecho de que, en ciertos países capitalistas avanzados, sectores significativos de la intelligentsia de izquierda, de origen stalinista y/o maoísta, bajo el impacto simultáneo de la disidencia en la URSS y en Europa Oriental (especialmente las revelaciones de Soljenitsin en el Archipiélago Gulag) y de la crisis del maoísmo en China, han conocido una profunda desmoralización y desorientación, que se manifiesta en particular por el rechazo —a partir de mediados de los años 70— del marxismo como “doctrina totalitaria” (existen también intelectuales de origen no stalinista que han conocido una evolución similar —por ejemplo Castoriadis— pero son más bien una excepción).
«Odio a los indiferentes»: Antonio Gramsci
Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
«Sobre la forma valor y el fetichismo»: Ruy Fausto

El siguiente texto es un extracto reelaborado referido a la forma del valor, de un texto mucho mas largo a propósito del libro de C. Benetti y J. Cartelier Marchands, salariats et capitalistes (Maspero 1980). Debiendo limitar por razones de espacio, a una veintena de páginas un texto que tenia más de un centenar, y que contenia tanto una crítica detallada del libro de Benetti y Cartelier (con relación a Marx), como una serie de desarrollos politicos, nos hemos visto obligados a elegir entre dos posibilidades: o bien privilegiar el análisis propiamente crítico, o bien retener aquellos pasajes en los cuales intentábamos reexaminar los problemas desarrollados por Benetti y Cartelier. Sin sacrificar enteramente el análisis directamente criíico, hemos elegido la segunda solución.
«La resistencia ética al neoliberalismo»: Enrique Dussel
Conferencia del Prof. Enrique Dussell, dictada en la Facultad de Ciencias Sociales, en el mes de junio de 1998.
Es para mí un honor estar aquí. Se dice que nadie es profeta en su tierra. Mi tierra debió ser la Facultad de Filosofía y Letras, pero gracias a Mallimaci doy esta pequeña charla en la Facultad de Ciencias Sociales, me siento mas feliz de estar aquí, que en mi propia patria donde es quizás mas difícil ser acogido.
El lugar de Ética en el liberalismo
Yo acabo de sacar una obra pesada (por su tamaño) que es un ética de la liberación, en la era de la globalización y la exclusión. Me voy a referir entonces a ésta ética. La ética, creo, ha dejado de ser un tema opcional, ya que hasta ahora el planteo respecto a si algo (las acciones, los discursos) era ético o no era ético, no constituía una cuestión central. Es decir, uno hace las cosas importantes de la vida, y lo ético quedaba adscripto a juicios de valor y por lo tanto subjetivos, y como decía Karnap o Ludwing Wittgentein y muchos otros, son sobre juicios de valor y como todo juicio de valor es subjetivo y por lo tanto particular. Creo que la ética ya no es eso. En este momento de la historia de la humanidad, la ética es una cuestión de fondo, parecería que la humanidad va hacia el suicidio colectivo, y no logra hacer que la ética sea como una luz que le impide ese suicidio. De ahí entonces que la repercusión del neoliberalismo en América Latina y la redefinición de la ética desde ese horizonte me parece un tema posible de ser expuesto y al mismo tiempo ser destruido por las objeciones de ustedes.
























