«Capital ficticio y ganancias ficticias»: Reinaldo A Carcanholo y Mauricio de S. Sabadini
«¿Qué características presenta la nueva etapa del capitalismo mundial iniciada a fines de los años 70 y principios de los 80? ¿Cuáles son las perspectivas para su continuidad y para su superación? Esas son preguntas sumament relevantes en la actualidad, y la respuesta adecuada a ellas, como hemos señalado en trabajos anteriores, pasa por el concepto marxista de capital ficticio.
Ese concepto, descrito por Marx en el tercer libro de El Capital, no es de fácilaceptación por parte de aquellos que tienen deudas con las concepciones positivistas y metafísicas, sean de perfil keynesiano o no. Algunos tienden incluso a aceptarlo, dada la intensidad de su existencia y de su predominio en los días actuales, pero lo hacen a “regaña dientes” y, en verdad, no son capaces de entenderlo con propiedad desde el punto de vista dialéctico, perspectiva esa sin la cual el concepto tiende a perder mucho de su capacidad explicativa. El hecho de que el capital ficticio sea, al mismo tiempo, ficticio y real debe parecerles simplemente una contradicción en termos. Y es justamente en esa dialéctica real/imaginaria que el concepto gana toda su pertenencia.
Si por un lado el concepto de capital ficticio no es de fácil asimilación, el de ganancias ficticias no encuentra prácticamente nadie que lo considere aceptable desde el punto de vista teórico, incluso entre aquéllos que verdaderamente se presentan como pertenecientes al campo marxista. En primer lugar, no se trata de un concepto que haya sido desarrollado por Marx y eso puede ser definitivo para muchos. Por supuesto que en la época de ese autor, en la que la idea de un capital ficticio dominante sobre el capital sustantivo2 estaba lejos de ser posible, pensar que una parte de las ganancias no fuera derivada de la plusvalía y ni aún del excedente-valor de formas de producción no salariales se constituía en un contrasentido.»
«Los fundamentos de la economía capitalista»: Jacques Gouverneur
«Esta es la versión final de un texto pedagógico que he ido perfeccionando progresivamente a lo largo de una carrera académica de más de treinta años. A principios de los años 70, un cúmulo de circunstancias favorables me llevó a enseñar el análisis económico marxista del sistema capitalista, primero en la Universidad Católica del Perú, luego en la Universidad Católica de Lovaina. En ambas Universidades la presión estudiantil había forzado a las autoridades a aceptar la creación de tal curso, y éstas me encargaron la enseñanza de la materia. Mi formación previa difícilmente me había dado una iniciación seria al marxismo : ésta se limitaba a algunos breves resúmenes, seguidos por críticas inmediatas cuyo carácter simplista y falaz no podía percibir en aquel momento. Debo agregar que mi formación previa no me había entusiasmado : el divorcio entre las sofisticaciones teóricas y las realidades concretas me causaba un creciente desencanto con el enfoque económico dominante. Cuando comencé a estudiar El Capital, en 1970, comprendí hasta que punto mis opiniones sobre el marxismo eran meros clichés transmitidos por la ideología imperante ; también comprendí de qué forma en el enfoque marxista era posible combinar el rigor del método científico con la atención a los problemas más concretos y cotidianos.
«Valor y productividad en la teoría del valor-trabajo»: Maximiliano Nieto
1. Introducción.
La TVT pretende mostrar cómo se regula el intercambio de los productos del trabajo individual en el sistema mercantil, o lo que es lo mismo, se propone explicar la mecánica del proceso de validación social de los trabajos particulares en una economía de productores independientes. Al hacerlo, descubriendo que no puede haber indeterminación o arbitrariedad en las relaciones de cambio, expone las leyes generales de la producción mercantil capitalista, de tal modo que la TVT constituye, en tanto que teoría de los precios relativos, una teoría general de la dinámica capitalista, que comprende una teoría de la acumulación y la rentabilidad, y una teoría de la distribución en condiciones capitalistas.
«Mathematical Formalism and Political-Economic»: Duncan Foley
Conferencia de Duncan Foley sobre metodología y la economía dominante. Una conferencia sin duda excelente. Vale la pena escuchar cada minuto. Foley discute el papel del formalismo matemático en la economía y hace hincapié en que la razón por la que la economía neoclásica está lejos de la realidad no es por el mal uso de las matemáticas, sino por sus propios fundamentos. Foley también apunta que la hegemonía de los paradigmas económicos es a causa de la lucha de clases y no por la superioridad de los argumentos teóricos.
«La crisis mucho más allá de la Unión Europea»: Eric Toussaint
Incluso si Europa se ve grandemente afectada, la crisis no se limita a la Unión Europea: casi todas las economías de los países más industrializados están en estado semicomatoso. Según los países, el desempleo permanece muy elevado o incluso aumenta. Lo mismo ocurre en los países llamados «emergentes», incluidos los BRIC (Brasil, Rusia, India, China), donde el fuerte crecimiento tiende a disminuir. Las Bolsas del planeta, salvo raras excepciones, han caído considerablemente en 2011 (entre el 1° de enero y el 15 de octubre de 2011, –15 % en la zona euro, en Japón y en China; –4 % en Estados Unidos; –8 % en Gran Bretaña; –22 % en el Brasil; –19 % en Rusia; –17 % en India). El oro, valor refugio en tiempos de crisis, ha subido muchísimo (+20 % entre enero y octubre de 2011).
«El marxismo y el curso de la historia»: Ellen Meiksins Wood
Hubo un tiempo, no hace mucho, en que una de las críticas más graves y frecuentes dirigidas contra el marxismo era la de que suscribía una visión simplista y mecanicista de la historia según la cual todas las sociedades están predestinadas a pasar por una única e inexorable secuencia de estadios, desde el comunismo primitivo a la esclavitud, el feudalismo y, finalmente, el capitalismo, que inevitablemente dará paso al socialismo. Lo que estaba en entredicho no era simplemente el valor del marxismo como teoría de la historia y su supuesta incapacidad para explicar la diversidad de modelos históricos desplegados en el mundo, sino también la viabilidad del propio proyecto socialista. Puesto que el marxismo estaba tan claramente equivocado en cuanto al curso unilineal de la historia, sin duda lo estaba igualmente en cuanto a la inevitabilidad ―e incluso la posibilidad― del socialismo.
Ahora que esta visión de la historia ha sido generalmente repudiada por marxistas no sólo del Oeste sino también del Este, ahora que muchos marxistas han reconocido en ella una aberración que tenía menos que ver con la teoría marxista que con el dogma stalinista y que fue siempre incompatible no sólo con la idea de la historia del propio Marx, sino también con los principios fundamentales del materialismo histórico y su concepción de la lucha de clases, el terreno de la crítica ha variado. Ahora se nos dice que el marxismo no puede existir sin una historia unilineal y mecánicamente determinista. Al haber abandonado su salvavidas, su concepción de la historia, aunque profundamente errónea, el marxismo ha muerto. Y con la historia marxista, también el proyecto socialista, ya que no puede seguir habiendo motivos para creer que 1a historia ha sentado las bases del socialismo.
«Sobre el tiempo del trabajo abstracto»: Werner Bonefeld
Marx aborda el tema del trabajo abstracto en el capítulo I de El capital, y apenas se refiere a él en los posteriores. Su concepto de trabajo abstracto es ambivalente. Lo define en términos fisiológicos, sin vincularlo con lo social, e insiste en que es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostiene que el trabajo abstracto es una “realidad puramente social” que sólo puede aparecer en las relaciones sociales “entre mercancías” (Marx, 1983: 54), y lo define también en términos fisiológicos como “el gasto productivo de cerebro, nervios y músculos del hombre” (ibíd.: 51). Las consecuencias políticas de estas definiciones particulares son tremendas. La tradición marxista ortodoxa desde la segunda y la tercera internacionales hasta los intentos actuales por convertir la crítica de la economía política de Marx en una ciencia económica marxista en general acepta la definición fisiológica de trabajo abstracto. En cambio la tradición crítica marxista, que se guía por el redescubrimiento post 1968 de la teoría del valor hecho por Rubinstein, considera que el trabajo abstracto es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostengo que la categoría de trabajo abstracto es histórica. Las conclusiones que se derivan de esta postura tienen implicancias políticas
«La determinación de los precios de producción»: Paolo Giussani
La característica común a todas las criticas que, desde finales del siglo pasado, se han dirigido incesantemente al procedimiento de la llamada transformación de las magnitudes de valor de las mercancías en magnitudes de precio, basadas en el supuesto de una tasa de beneficio uniforme para todas las industrias —procedimiento expuesto en el capítulo 9 del libro III de El Capítal de Marx—, es la ausencia de transformación de las magnitudes de valor de los medios de producción y de la fuerza de trabajo (los inputs). Cuando se corrige esta aporía, argumnentan todos los críticos, se ve inmediatamente que las dos ecuaciones fundamentales de la transformación marxiana (suma de los precios = suma de los valores; suma de los beneficios = suma de los plusvalores) no pueden mantenerse simultáneanuente, con lo que resulta que la tasa general de beneficio no puede ya calcularse según la ley del valor de Marx, y las propias magnitudes de valor dejan de desempeñar función alguna en el calculo de los precios de produccíon.
«La Comuna de París»: Henri Lefebvre

La insurrección del 18 de marzo y los grandes días de la Comuna que siguieron, suponen la apertura ilimitada hacia el porvenir y lo posible, sin prestar atención a los obstáculos y a las imposibilidades que pueden atajar el camino. Una espontaneidad fundamental separa los sedimentos depositados por los siglos: el Estado, la burocracia, las instituciones, la cultura muerta. Una efervescencia volcánica alza las escorias acumuladas. En ese movimiento suscitado por los elementos negativos -por lo tanto creadores, de la sociedad existente: el proletariado- la práctica social se quiere y se hace libre, liberada de las cargas que pesan sobre ella. Se metamorfosea de un salto en comunidad, en comunión, en el seno de la cual el trabajo, la alegría, el ocio, la satisfacción de las necesidades -y ante todo de las necesidades sociales y de las necesidades de sociabilidad- no se separarán más. La cotidianeidad se transforma en fiesta perpetua.
«Financialised capitalism: direct explotation and periodic bubbles»: Costas Lapavitsas

1. Introduction: The many dimensions of financialisation
The storm that has gradually engulfed the US economy since August 2007 is a fully-fledged crisis of financialised capitalism. It is also the latest in a succession of financial crises during the last three decades: from Mexico in 1982, to Japan in 1990, to East Asia in 1997, the list is long. Bubbles and crises are a regular feature of financialised capitalism.
The US crisis has not sprung out of a malaise of production, though it could
well lead to disruption of accumulation. Rather, it has resulted from the
financialisation of personal income during the last two decades, that is, from the
increasing penetration of formal finance into the transactions of ordinary life: housing, pensions, insurance, consumption, and so on. By the same token the crisis has revealed the extent to which contemporary finance relies on drawing profits directly from the personal income of working people and others across society. This is direct exploitation, a characteristic feature of financialised capitalism.

Al igual que otros socialistas del siglo XIX, la visión de Karl Marx de una buena sociedad era aquella que permitiese el pleno desarrollo del potencial humano. “ ¿Cuál es el objetivo de los comunistas?”, preguntaba el camarada de Marx, Friedrich Engels, en su primer borrador del Manifiesto comunista. “Organizar la sociedad de tal manera que cada uno de sus miembros pueda desarrollar y utilizar su potencial y sus facultades en completa libertad y, por lo tanto, sin desnaturalizar la esencia básica de esa sociedad”. En la versión final de Marx del Manifiesto, esa nueva sociedad se presenta como una “asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos”. Esta idea del desarrollo del potencial humano está presente en toda la obra de Marx -la posibilidad de seres humanos ricos con necesidades humanas ricas, el potencial para producir seres humanos lo más ricos posible en cuanto a sus necesidades y capacidades.
«Marx’s Method» by David Harvey. A Colloquium Talk presented on October 7, 2010, at the Department of Geography, UC Berkeley.
Al almirante Zheng He, que condujo el descubrimiento de los cuatro continentes. A los almirantes Hong Bao, Zhou Men y Zhou Wen que “descubrieron” nuestro continente americano en 1421.
¿Cuán importante ha sido el papel de las ideas en las convulsiones políticas que marcaron grandes cambios históricos? ¿Son ellas meros epifenómenos de procesos sociales y condiciones materiales más profundas, o poseen un poder autónomo decisivo como fuerzas de movilización política? Contrariamente a las apariencias, las respuestas dadas a estas preguntas no dividen fuertemente a la izquierda de la derecha. Muchos conservadores y liberales han exaltado, naturalmente, la significación sobresaliente de nobles ideales y valores morales en la historia, denunciando a aquellos radicales que insisten en que las contradicciones económicas son el motor del cambio histórico, como sostienen los materialistas. Ejemplares modernos y famosos de tal idealismo de la derecha incluyen figuras como Friedrich Meinecke, Benedetto Croce o Karl Popper. Entre estos pensadores, Meinecke utiliza una metáfora pictórica al decir que las ideas, llevadas y transformadas por personalidades vivas, constituyen el lienzo de la vida histórica. Pero podemos encontrar otras figuras notables de la derecha que atacan las ilusiones racionalistas que adjudican importancia a las doctrinas artificialmente creadas. Estas figuras esgrimen contra tales ilusiones las costumbres,tradiciones e incluso instintos biológicos como instancias mucho más duraderas y significativas. Friedrich Nietzsche, Lewis Namier y Gary Becker fueron –desde distintos puntos de vista– teóricos de los intereses materiales, resueltos a desacreditar irónicamente las reivindicaciones de valores éticos o políticos. La teoría contemporánea de la elección racional, hegemónica sobre extensas áreas de la ciencia social anglosajona, es el paradigma contemporáneo más conocido de este tipo.






















