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“Aportaciones metodológicas de V. Volóshinov”: Cristian Bota

Resumen: Este artículo aborda algunos aspectos centrales del enfoque de Volóshinov, entendido como contribución a una metodología general de las ciencias humanas. En la primera parte, el artículo recuerda el contexto de crisis de las ciencias humanas en los inicios del siglo XX, subrayando que Volóshinov se adhería claramente a la corriente interaccionista social, y muestra que su enfoque de “psicología objetiva” se apoyaba sobre la firme delimitación del estatus ontológico del psiquismo. La segunda parte trata de la indisociabilidad propuesta por Volóshinov entre las diversas formas de las actividades humanas y sus condiciones de existencia socio-históricas, apuntando el doble anclaje de los fenómenos “ideológicos”, en las obras colectivas y en la actividad psíquica individual. La tercera parte insiste en el rol central que Volóshinov otorgó al lenguaje como “medio objetivo” a través del cual se construyen y se desarrollan a la vez la historia social y la conciencia individual. Por último, se plantean algunos problemas de este enfoque.

Palabras clave: psicología objetiva; materialismo; psiquismo; interacciones sociales; ideología; interacciones verbales; “medio objetivo”.

El punto de partida de este artículo es una interrogación sobre el estatus del enfoque que durante mucho tiempo tan sólo fue “atribuido” a Volóshinov, pero que hoy debe ser considerado sin duda como resultado del trabajo original de este autor. Sin volver sobre este debate, señalamos que existen al menos dos razones para oponerse a la identificación de Volóshinov con Bajtín. Primeramente, los documentos conservados en los archivos de la Academia de las Ciencias de San Petersburgo muestran claramente que Marxismo y filosofía del lenguaje ([1929] 1992) es un volumen producto de la tesis doctoral que Volóshinov presentó en 1926 al Instituto de estudio comparativo de la literatura y la lengua occidentales y orientales (cf. Ivanova, 2003). Además, el análisis comparativo de las concepciones de los dos autores muestra que se adhieren a programas epistemológicos radicalmente diferentes y que los temas que tienen fama de ser de Bajtín como los géneros del discurso, la actitud responsiva-activa y el dialogismo son un producto del trabajo de Volóshinov y no guardan su significación real más que dentro del marco interaccionista social desarrollado por este (cf. Bota y Bronckart[2008] 2010 y Bronckart y Bota [2011] 2013). La resistencia a admitir o a tomar medidas sobre esta situación ha acabado aislando los trabajos de Volóshinov en una especie de “purgatorio” (‘Bajtín se habría ocupado también de psicología’), desviando la atención de su valor efectivo. Esto constituye una razón más para insistir en su originalidad.

Calificado por su autor como “psicología objetiva”, este enfoque está relacionado esencialmente con los debates y objetivos de la construcción de las ciencias humanas en los años 1920-1930 e intenta elaborar una metodología general del estudio del pensamiento y la conciencia que integra en su seno dimensiones sociales, “ideológicas” y lingüísticas. Sin embargo, esta tentativa de integración a dado lugar a cortocircuitos terminológicos y a una casi indiferenciación entre social e ideológico, ideológico y semiótico, social y psíquico, aspectos de los que intentaremos explicitar su estatus a la luz del proyecto del autor. Primero examinaremos el objetivo general de su proyecto y sus principales opciones epistemológicas; después destacaremos algunas dificultades con las que tropieza este enfoque.

1. EL ESTATUS DE LA “PSICOLOGÍA OBJETIVA”

1.1 LA CRISIS DE LAS CIENCIAS HUMANAS

Como muestran las dos obras que Volóshinov publicó en vida, El freudismo ([1927] 1980) y Marxismo y filosofía del lenguaje ([1929] 1992), su trabajo fue una contribución a la construcción de las ciencias humanas y representó un posicionamiento firme en el interior de sus debates, en particular en relación a los problemas de la psicología. Es interesante observar que en vista a las remodelaciones que propone Volóshinov en la orientación de esta disciplina, la psicología no aparece más como ciencia de los “procesos psíquicos/interiores”, de lo “mental”, etc. sino como ciencia del “hombre integral” (1980, p. 201). Su adhesión a esta (nueva) disciplina es el síntoma de una contestación al fraccionamiento positivista de las ciencias humanas, un rechazo de la división de las ciencias basado en la existencia de tantos objetos “autónomos”, de ordenes diferentes: psíquica, social, verbal, afectiva, etc. Esta contestación fue común a otros autores de la época como Vigotsky ([1934] 1997), Mead (1934) o Dewey (1929), que compartían la convicción de que los procesos de construcción social y los procesos de construcción de las capacidades del pensamiento eran indisociables y pertenecían a un solo y mismo proceso de desarrollo humano, y que, por consecuencia, las ciencias humanas no podían seguir disociando estas dimensiones sino que debían tratarlas en el interior de un solo marco unificado (Bronckart, 1997).

De manera más general, los debates de la época sobre la especificidad de las ciencias humanas dieron lugar a un diagnóstico de “crisis”. En psicología, esta crisis fue debida precisamente a la persistencia de un modelo de ciencia positivista y a la divergencia en cuanto a las alternativas posibles a este modelo (cf. Bronckart y Friedrich, 1999). Las dos grandes opciones que se perfilaron, aunque totalmente opuestas entre ellas, tenían en común esta oposición. Una primera corriente, la psicología empírica o descriptiva, se inspiraba en la filosofía de Brentano, que consideraba los fenómenos psíquicos conscientes como perteneciendo a la “experiencia interior” de cada sujeto y como radicalmente separados de todo fenómeno material. No obstante, podían ser accesibles a la percepción interior y ser objeto de una descripción. Es sobre esta base que se desarrolla el método de la introspección. Las aportaciones ulteriores de la fenomenología de Husserl han radicalizado esta perspectiva, recusando la posibilidad de un estudio empírico de la conciencia. Esta ha sido relegada a un plano trascendental en el que las dimensiones ontológicas son enteramente asimiladas en los fenómenos. Una segunda corriente, hoy calificada de interaccionismo social (cf. más arriba), recusaba la posibilidad de explicar el funcionamiento humano a partir de capacidades mentales/espirituales consideradas como “originarias”. Partiendo de un posicionamiento monista materialista adosado al marxismo, esta corriente sostenía que las capacidades de pensamiento activo de los humanos se derivan de la reintegración en cada organismo de las propiedades de la vida social, en sus aspectos de creación de instrumentos y de “obras”, y de cooperación en el trabajo y el lenguaje.

En este contexto, Volóshinov se inscribió claramente en la corriente interaccionista social y desarrolló un enfoque del que analizaremos algunos aspectos a continuación.

1.2 LA OBJETIVIDAD DEL PSIQUISMO

Volóshinov consideró que la alternativa al positivismo y al dualismo solo podía ser construida por una clarificación del estatus ontológico del psiquismo1, que debía dar cuenta del rol efectivo del pensamiento y de la conciencia en el conjunto de conductas y de vida humanas. Este estatus fue “puesto entre paréntesis” por las corrientes de inspiración fenomenológica y, si los psicólogos conductistas adoptaron un posicionamiento materialista, ellos dejaron rápidamente de lado el aspecto “psíquico” en beneficio de un estudio solo de los aspectos observables del comportamiento.

Los fenomenólogos asimismo ontologizan los pensamientos ideológicos, al admitir la existencia de una esfera independiente del ser ideal. ([1929] 1992, p. 58)

La psicología objetiva se ve amenazada por un peligro indudable y muy serio: el peligro de caer en un materialismo mecanicista ingenuo. […] En psicología, un materialismo mecanicista simplista puede resultar desastroso. Es ese giro hacia el materialismo primitivo y su simplificación concomitante de las tareas de la psicología objetiva lo que puede detectarse en los conductistas estadounidenses y los reflexólogos rusos. ([1927] 1999, p.70)

La apuesta de esta clarificación de la “esfera de la realidad” que ocupa la conciencia era establecer la “objetividad” que debe encarar el estudio científico de los hechos psíquicos. Esta “objetividad” presenta dos aspectos que deben tenerse en cuenta a fin de establecer el sentido del problema central del pensamiento como proceso objetivo:

El psiquismo subjetivo no puede reducirse a los procesos que se llevan a cabo en un organismo natural y animal. Los procesos que determinan en general el contenido del psiquismo no se desarrollan dentro del organismo sino fuera de éste, aunque con la participación del organismo individual. […] La primera tarea fundamental que se plantea desde este punto de vista es la de una definición objetiva de la “experiencia interna”. Es preciso incluir la “experiencia interna” en la totalidad de la experiencia exterior objetiva. ([1929] 1992, p. 51-52)

En primer lugar, el hecho psíquico es objetivo en un sentido comúnmente aceptado de “independiente del proceso de conocimiento”, en el sentido de que tiene una existencia real. Esto supone también que el hecho psíquico sea accesible por el estudio, que pueda tener una “aprehensión objetiva”. Pero por si mismo, este primer significado es insuficiente, por el hecho que los “objetos” positivistas podrían también ser considerados como independientes del proceso de conocimiento. Volóshinov precisa entonces que un hecho psíquico es objetivo también, y sobre todo, por su inscripción en un conjunto de relaciones “causales” y por su rol específico en este conjunto. Y es por esa razón que un hecho “objetivo” no puede derivar del organismo individual, que es únicamente una parte de las relaciones objetivas constituidas por las interacciones sociales.

La conciencia en cuanto expresión material organizada (…) es un hecho objetivo y una enorme fuerza social. Es verdad que la conciencia no se encuentra por encima de la existencia ni lo puede determinar constitutivamente, pero en cambio es una parte de la existencia, juega un papel en la arena de la existencia. (ibid., p. 126-127)

El objetivo de Volóshinov es comprender esta realidad psíquica dentro de sus relaciones objetivas de las cuales no se puede separar. Es en estas relaciones que reside su naturaleza propia y son ellas las que determinan su “alcance” (ibid.). Sin embargo, esta exigencia de mostrar cuales son los efectos que producen el pensamiento y la conciencia en el comportamiento no puede ser satisfecha sin una explicitación del estatus de las propiedades psíquicas frente a las propiedades materiales observables2. En este objetivo Volóshinov se adhiere al monismo materialista inspirado en la Ética de Spinoza ([1677] 1965), para después derivar la función propia del psiquismo a partir de este posicionamiento.

Octobre 1924. Assis, de gauche à droite : M.V. Judina, M.M. Bakhtine, L.V. Pumpjanskij, P.N. Medvedev, A.I. Vaginov; debout : N.A. Vološinova, V.N. Vološinov, E.A. Baxtina, K.K. Vaginov.

1.3 EL PSIQUISMO, PROPIEDAD DE LA MATERIA

Una de las apuestas centrales del enfoque de Spinoza fue apartarse le las aporías del dualismo cartesiano (Descartes, [1637] 1992), que atribuía a las dimensiones psíquicas de los humanos una existencia autónoma, independiente de sus dimensiones físico-corporales y de cualquier aspecto material. Esta perspectiva hacía imposible o misteriosa la explicación de las condiciones de coexistencia de lo físico con lo psíquico, o la “composición de relaciones” entre materia y espíritu. Descartes había postulado que el alma “comunica” con el cuerpo a través de un órgano especial (él mismo bien material) que es la famosa glándula pineal. En la posición de Spinoza, lo físico y lo psíquico no son ya concebidos como dos substancias autónomas, ontológicamente separadas, sino como dos propiedades solidarias de una sola y única substancia, la materia del universo. Esta materia es continua y en permanente actividad, dotada de una infinidad de propiedades; debido a las limitaciones del conocimiento humano, esta materia no puede ser comprendida en su totalidad, sino únicamente de manera “discreta” y fragmentaria. Aparece entonces como poseedora de propiedades físicas (observables y concernientes a laextensión) y de propiedades psíquicas (inobservables de manera directa y concernientes al pensamiento). Lo físico y lo psíquico son entonces diferenciados en el conocimiento, pero son ontológicamente dos dimensiones de esta única materia infinita. Volóshinov se inscribe claramente en esta perspectiva3:

Lo psíquico es sólo una de las propiedades de la materia organizada y, por lo tanto, no se puede situar en oposición a lo material en virtud de un principio hermenéutico especial. Por el contrario, es esencial aclarar, operando enteramente sobre la base de la aprehensión material externa, qué tipo de organización y qué grado de complejidad de la materia generan esta nueva cualidad (lo psíquico), que es una propiedad de la materia misma. ([1927] 1999, pp. 68)

Este posicionamiento permite realmente abordar el problema de las condiciones bajo las cuales se constituyen las propiedades psíquicas “objetivas” y las condiciones bajo las cuales estas propiedades producen efectos en la realidad. Este es el problema que las diferentes versiones del dualismo habían eludido o habían “resuelto” milagrosamente. Para Volóshinov, la función específica de esta nueva propiedad de la materia es el reflejo de las propiedades de esta misma materia. Más particularmente, el autor insiste en el hecho que un “reflejo objetivo” no puede realizarse desde el individuo y “en” el individuo, sino que es el producto de las interacciones sociales y que está necesariamente anclado en el medio socio-histórico. Y es esto lo que le condujo a analizar las modalidades de construcción y las formas de existencia de este reflejo, que definió como “ideológicas”, semióticas y verbales.

2. EL REFLEJO PSÍQUICO Y SUS PUNTOS DE ANCLAJE

La problemática central de la “ideología” está relacionada con la necesidad de comprender las producciones “ideales” de los humanos o las producciones dotadas de significados en tanto que realidades que forman parte del medio humano. De hecho, Volóshinov abordó, bajo la denominación de “ideológico”, al menos dos aspectos que conviene distinguir. En primer lugar, este término se refiere a las “obras” humanas dotadas de significado:

Cualquier producto ideológico es parte de una realidad natural o social no sólo como cuerpo físico un instrumento de producción o un producto de consumo, sino que además, a diferencia de los fenómenos enumerados, refleja y refracta otra realidad, la que está más allá de su materialidad. ([1929] 1992, p. 31)

En segundo lugar, designa un conjunto de juicios sociales atribuyendo valores y operando indexaciones de los diversos aspectos de la actividad humana, en este caso los signos:

A todo signo pueden aplicársele criterios de una valoración ideológica (mentira, verdad, corrección, justicia, bien, etc.). (…) Donde hay un signo, hay ideología. (ibid., p. 33)

Por eso todos los acentos ideológicos, aun cuando los produzca una voz individual (por ejemplo, en la palabra) o, en general, un organismo individual, aparecen como acentos sociales que pretenden lograr un reconocimiento social y que se imprimen en el exterior, sobre el material ideológico, únicamente para obtener tal reconocimiento. (ibid., p. 48)

Volóshinov parecía buscar un término general que englobara signos, obras y representaciones colectivas (cf. Durkheim, [1898] 1951) y el término “ideología” parece haber cumplido esta función. Como para otros representantes del interaccionismo social, para Volóshinov son estas adquisiciones socio-históricas las que constituyen el medio específico al que se confronta todo individuo desde su nacimiento y es entonces, de la apropiación y de la interiorización progresiva de esas experiencias que se construyen las capacidades específicamente humanas, en un “segundo nacimiento”:

Fuera de la sociedad y, en consecuencia, fuera de las condiciones socioeconómicas objetivas, no hay nada que sea un ser humano. Sólo como parte de un todo social, sólo en y a través de una clase social, la persona humana se vuelve históricamente real y culturalmente productiva. Para entrar en la historia no basta con nacer físicamente. Los animales nacen físicamente, pero no entran en la historia. Se necesita, por así decirlo, un segundo nacimiento, un nacimiento social ([1927] 1999, p. 58).

La problemática de la ideología es indisociable del problema del psiquismo y de su cambio radical de estatuto. Esto no puede seguir atribuyéndose al individuo y situándole exclusivamente en el interior del organismo individual: en tanto que reflejo objetivo de propiedades de la materia es el resultado de las interacciones sociales y su primer lugar de existencia son precisamente estas interacciones así como sus productos (el conjunto de obras, de normas y de valores construidos y movilizados en la actividad humana). Y el individuo representa un segundo lugar de anclaje del psiquismo o de las entidades psíquicas colectivas. Volóshinov afirma entonces que no existe ninguna diferencia de esencia o de naturaleza entre los procesos que caracterizan la conciencia, implementados por un individuo, y los procesos socio-históricos fijados en las obras, y más particularmente en los textos, tratándose de una sola y misma esfera gnoseológica:

Por eso, desde el punto de vista del contenido en un principio no hay frontera entre el psiquismo y la ideología, sino tal sólo una diferencia de grado (…). Insistimos en que aquí no existe una diferencia cualitativa de principio. El conocimiento de los libros, de los discursos ajenos, y el conocimiento en la mente de uno pertenecen a una misma esfera de la realidad, de modo que las diferencias que siempre existen entre lo que tenemos en la mente y el libro no conciernen el contenido del conocimiento. ([1929] 1992, p. 61)

La coincidencia de estas “fronteras” no se refiere a una eventual coincidencia del individuo con lo social. Concierne a la esencia misma del reflejo, reflejo que puede ser comprendido en ocasiones en el plano colectivo bajo forma de ideología, otras veces en el plano individual, bajo forma de psiquismo (pensamiento, conciencia). Por consiguiente, este reflejo tiene una sola y misma naturaleza, pero, en razón de su modo de producción, es ipso facto inscrito en dos “extensiones” diferentes, con sus propias modalidades de organización. La conciencia y el pensamiento se presentan como propias de lo “psíquico” construido en las interacciones sociales e inscritos en la “extensión” individual. El individuo desarrolla un psiquismo “objetivo” sólo después de la apropiación-transformación de las entidades establecidas en las interacciones colectivas y fundamentalmente en el lenguaje.

Es para analizar las formas de construcción y de existencia de estas entidades que Volóshinov introdujo las nociones de “ideología”, de “semiótica” y de “verbal/lingüístico”, concibiendo tendencialmente lo semiótico4 como un conjunto específico de lo ideológico, y lo verbal como el prototipo de toda significatividad ideológica-semiótica.

Como sabemos, todo signo se estructura entre los hombres socialmente organizados en proceso de su interacción (ibid., p. 46)

Pero no se puede explicar lo ideológico en cuanto tal desde las raíces suprahumanas, infrahumanas o animales. Su lugar auténtico se encuentra en el ser: en el específico material sígnico y social creado por el hombre. Su especificidad consiste justamente en el hecho de situarse entre los individuos organizados, de aparecer como su ambiente, como un medio de comunicación. El signo sólo puede surgir en un territorio interindividual. (ibid., p. 35)

La palabra es el fenómeno ideológico por excelencia. Toda la realidad de la palabra se disuelve por completo en su función de ser signo. En la palabra no hay nada que sea indiferente a tal función y que no fuese generado por ella. La palabra es el medio más puro y genuino de la comunicación social. (ibid., p. 37)

Sobre esta base, la concepción del lenguaje que dio fama a Volóshinov aparece como indisociable del conjunto de su programa epistemológico y esencialmente articulado al problema de las interacciones permanentes entre conciencia/representaciones individuales y representaciones colectivas:

Las fundamentaciones de ambos problemas deben presentarse simultáneamente y en base a una relación mutua. Consideramos que una misma llave abre el acceso objetivo a las dos esferas. Esta llave es la filosofía del signo, esto es, la filosofía de la palabra en cuanto signo ideológico por excelencia. El signo ideológico es el territorio común tanto para el psiquismo como para la ideología; es un territorio material, sociológico y significante. (ibid., p. 60)

3. EL LENGUAJE COMO “MEDIO OBJETIVO”

Entre los aspectos del lenguaje abordados por Volóshinov, tres nos parecen definitorios y centrales en su programa. En primer lugar, el estatus general acordado al lenguaje es el de un “medio objetivo” en el que se construyen y se transforman el conjunto de significados humanos, tanto en el plano colectivo como en el plano individual:

El contenido de la psique humana (consistente en pensamientos, sentimientos, deseos) se da en una formulación realizada por la conciencia y, en consecuencia, en la formulación del discurso humano. El discurso –no en su sentido lingüístico estrecho, sino en su sentido sociológico amplio y concreto- es el ambiente objetivo en el cual es presentado el contenido de la psique. Es allí donde se componen y adquieren expresión externa los motivos de la conducta, los argumentos, las metas y las evaluaciones. Es también allí donde surgen los conflictos entre ellos. ([1925] 1999, p. 155-156).

En segundo lugar, la realidad primera de este lugar intermedio son las interacciones verbales, siempre articuladas en las diferentes formas de la actividad social y configuradas por esta actividad en sus propiedades “genéricas”. En el análisis de estos fenómenos conviene respetar un orden metodológico descendiente, que se focaliza, primero, sobre las formas de actividad social en las que se articulan las interacciones lingüísticas, a continuación, sobre las formas de enunciación que materializan estas interacciones (los “géneros” de discurso) y, finalmente, sobre el funcionamiento de los signos en el seno de estas formas textuales (cf. [1929] 1992, p. 47 y 133-134; [1930] 1981, pp. 288-289).

Un tercer aspecto importante en vista del objetivo general del enfoque de Volóshinov reside en el potencial de interiorización del signo verbal, condición principal de la constitución del pensamiento. En primer lugar, en el conjunto de fenómenos semióticos-ideológicos, los signos verbales son los únicos dotados de “neutralidad” ([1929] 1992 p. 37-38), es decir, que no están articulados en una esfera de actividad determinada, siendo los otros signos inseparables de los dominios donde se producen5. Los signos verbales funcionan en todas las formas de actividad social y sirven para comentar los otros significados sociales. En segundo lugar, además de su ubicuidad y su autonomía en relación a las esferas de la actividad humana, las entidades verbales son objeto de una apropiación al mismo tiempo dentro de sus propiedades físicas y de sus propiedades psíquicas, es decir, que los individuos pueden a la vez (re)producir los signos verbales a través de sus propios órganos de fonación e integrarlos, hacerlos funcionar, en el conjunto de sus representaciones individuales.

A pesar de que la realidad de la palabra, como la de cualquier otro signo, se ubica entre los individuos, la palabra al mismo tiempo se produce mediante los recursos de un organismo individual sin intervención alguna de cualesquiera instrumentos materiales o extracorporales. Debido a ello, la palabra llegó a convertirse en el material sígnico de la vida interior, esto es, de la conciencia (el discurso interno). ([1929] 1992, p. 38)

En virtud de sus propiedades, los signos verbales se convierten en “la base, el esqueleto de la vida interior” (ibid., p. 56) y adquieren un estatus de auténtico “útil de la conciencia”: en tanto que reflejo del reflejo, o en tanto que reflejo verbal del reflejo ideológico, la “palabra” es el instrumento fundamental del análisis de significados socio-históricos:

Este exclusivo papel de la palabra, el de servir como medio ambiente para la conciencia, determina el hecho de que la palabra acompaña, como un ingrediente necesario, a toda la creación ideológica en general. (ibid., p. 39)

Finalmente, se debe destacar que uno de los aspectos centrales de la originalidad del programa de Volóshinov (prueba también de su actualidad) reside en atribuir al lenguaje un estatus de “medio objetivo”, caracterizado a su vez como proceso. Este proceso es intermediario entre las representaciones colectivas fijadas en el mundo socio-histórico y las formas efectivas de organización de la actividad social. Y es en esta forma verbal-procesal que se construyen, se materializan primariamente y se transforman en permanencia las representaciones sociales. Es el conjunto dinámico de estas representaciones que Volóshinov ha llamado “psicología social”.

La llamada psicología social (…) es el eslabón transitivo entre una formación político-social y una ideología en el sentido restringido (la ciencia, el arte, etc.), se presenta en términos reales, materiales como la interacción discursiva. Tomada fuera de este proceso real de la comunicación e interacción discursiva (y, en general, de la comunicación semiótica), la ideología social se convertiría en un concepto metafísico o mítico (el “alma colectiva” o la “psique interior colectiva”, el “espíritu del pueblo”, etc.). (ibid, p. 44)

La psicología social es precisamente aquel medio ambiente que, compuesto de las actuaciones discursivas más variadas, abarca multilateralmente todas las formas y aspectos de la creación ideológica: conversaciones privadas, intercambio de opiniones en el teatro, en un concierto, en las diferentes reuniones sociales, simples pláticas eventuales, la manera de reaccionar verbalmente a los actos éticos vitales y cotidianos, la manera intraverbal en que uno concibe a sí mismo, y su posición en la sociedad, etc. La psicología social se manifiesta preferentemente en las formas muy variadas del enunciado, en formas de los pequeños “géneros discursivos”, internos y externos, que hasta ahora no han sido estudiados en absoluto. (ibid., pp. 44-45)

Es al estudio de esta “psicología social” a lo que se dirige el aparato creado por el autor para analizar los textos-discursos.

4. ALGUNOS PROBLEMAS

La dificultad mayor con la que choca este enfoque parece ser la adopción simultánea de dos perspectivas metodológicas, que pueden ser formuladas del siguiente modo. Por una parte, una perspectiva genética o genealógica que, según expresión de Vigotsky, comprende la esencia de los fenómenos en su desarrollo, consistente en atribuir a ciertos fenómenos un estatus de “causa” y a otros un estatus de “efecto”. Por otra parte, una perspectiva funcional que comprende sincrónicamente las interacciones ulteriores entre los efectos así constituidos y sus causas iniciales, interacciones en las cuales los efectos se transforman ellos mismos en causas.

Es el psiquismo el que debe derivarse de la ideología. (…) La palabra primero tuvo que originarse y madurar en el proceso de la comunicación social entre los organismos, para después introducirse en un organismo y convertirse en palabra interior. ([1929] 1992, p. 68)

La misma conciencia individual está repleta de signos. La conciencia sólo deviene conciencia al llenarse de un contenido ideológico, es decir sígnico y, por ende, sólo en el proceso de interacción social. (ibid., p. 34)

Entre la psique y la ideología existe entonces una interacción dialéctica indisoluble: el psiquismo se anula al convertirse en ideología, mientras que la ideología se anula al convertirse en psiquismo. (ibid., p. 68)

El signo ideológico sobrevive gracias a su realización psicológica, de la misma manera como la realización psicológica se sostiene gracias a la plenitud ideológica. (ibid.)

Esta superposición y la comprensión de los efectos como causas han conducido al autor a identificar las propiedades específicas de los efectos con propiedades de causas iniciales. Dicho de otro modo, esta superposición hace confusa la diferenciación que interviene entre el modo de existencia de las entidades psíquicas en el plano colectivo, en las interacciones sociales y en la obras, y su modo de existencia individual, en la actividad psíquica “interior”. Que esta dimensión sea menos tratada, no se traduce en una ausencia de preocupación por la especificidad del funcionamiento individual. En El freudismo (cf. pp. 104-105), Volóshinov analizó los conflictos de significados entendidos y organizados de manera coherente con los significados vividos, o los conflictos de “zonas verbalizadas del comportamiento” con las zonas no verbalizadas, e identificó estos conflictos como un aspecto definitorio de la dinámica permanente del funcionamiento psíquico individual.

En efecto, esta discusión hace posible una diferenciación entre el nivel del “mundo vivido”, específico a cada individuo, y el de su “objetivación” lingüística y semiótica. Pero esta misma discusión no considera las diferentes fases a través de las cuales las operaciones psicológicas se emancipan en relación a sus condiciones de construcción verbales y semióticas. Esta cuestión se puede explicitar en dos problemáticas. Tratando la cuestión del “lenguaje interior”, Volóshinov no insiste suficientemente en la transformación cualitativa del lenguaje durante su interiorización. Como mostró Vigotsky en Pensamiento y lenguaje (cf. Friedrich, 2001), el lenguaje interior posee una estructura y una función propias. Volóshinov parece haber comprendido esta función (cf. el signo verbal como herramienta de la conciencia), sin embargo no consigue sacar conclusiones sobre las consecuencias de la interiorización del lenguaje en el lenguaje mismo. Sin ello, el “lenguaje interior” corre el peligro de ser considerado como una transferencia mutatis mutandis de significados sociales “externos” al individuo, que aparecería entonces como un “modelo reducido” de lo social. Por otro lado, Volóshinov tampoco aborda el problema de la construcción de un dominio psicológico formado por operaciones desprendidas de sus condiciones de construcción semióticas. Como mostró posteriormente Piaget (1967), la implementación de procesos cognitivos heredados (asimilación, acomodación, equilibración, generalización) permite a cada individuo transformar las entidades psíquicas recibidas del colectivo en unidades representativas con propiedades tendencialmente universales y organizándose en un pensamiento también tendencialmente “puro” (cf. Bronckart [2006] 2007).

Contribuyendo a esta “psicología del hombre integral”, Volóshinov no parece haber realizado investigaciones experimentales que le hubieran permitido considerar aspectos como los que acabamos de mencionar. Sin embargo, estas insuficiencias no pueden considerarse como “errores” epistemológicos y no inciden en el enfoque fundamental del autor. Más generalmente, Volóshinov parece haber preferido profundizar en las modalidades fundamentales por las que los diferentes aspectos del funcionamiento humano serian accesibles al estudio científico en su unidad socio-semiótica, ya se trate de textos-discursos, del pensamiento o de obras de arte.

Traducción de Ivan Gordillo para Marxismo Crítico

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——, [1929] 1992 Marxismo y filosofía del lenguaje. Madrid, Alianza Editorial.

——, [1930] 1981 : «La structure de l’énoncé», in Todorov T. (éd.) Mikhaïl Bakhtine et le principe dialogique, p. 287-316

1 Con el término “psiquismo” Volóshinov se refiere siempre a “formas psíquicas superiores” (conciencia, pensamiento), y no al psiquismo primario, o a las capacidades comunes de los organismos vivos de conservar trazas internas de sus interacciones con el medio (sobre este punto cf. Leontiev, 1976). El término “psiquismo” tiene un segundo sentido en Volóshinov, aquel de “mundo vivido”. Las interacciones entre estas dos formas de psiquismo fueron uno de los temas predilectos del autor.

2 Este cuestionamiento se despliega en dos aspectos, epistemológico (concerniente al estatus de las propiedades psíquicas) y metodológico (concerniente a los procesos por los cuales estas propiedades son accesibles al análisis empírico). Este último es extensamente explorado en El freudismo, donde Volóshinov concluye que el acceso debería retomar las modalidades mismas de la construcción y de la manifestación de las entidades psíquicas conscientes y esto no puede ser más que a través del lenguaje. Una de las tareas principales de la psicología es “plantear la cuestión de las reacciones verbales y de su significado en la conducta humana como un todo” (p. 70).

3 Volóshinov ha mostrado también las “consecuencias fatales” de un materialismo reduccionista como el de Watson, que reduce la materia a su único aspecto observable (físico/fisiológico), y que lleva a la eliminación del problema de la conciencia y del significado del campo de estudios científico ([1927] 1980, p. 104). Para ser coherente, y servir de base al enfoque interaccionista social, el posicionamiento monista materialista debe ser completado por dos otros principios, aquél del paralelismo psicofísico y el de la dinámica permanente de la materia universal (cf. Engels, [1925] 1952).

4 No habiendo desarrollado trabajos de semiología, Volóshinov se vio abocado en diversas ocasiones a tratar todos los fenómenos ideológicos como semióticos; considerando como semiótico el conjunto de fenómenos humanos que presentan “dos caras” (productos o procesos materiales presentando un significado). Esta opción es problemática por la extensión casi infinita de estos fenómenos. En esta presentación, hemos adoptado la primera solución del autor (o sea: lo semiótico como conjunto específico de lo ideológico). Sin embargo, si bien no clarificó las diferencias entre las múltiples categorías de fenómenos semióticos-ideológicos, Volóshinov se focalizó de entrada en la especificidad del lenguaje de entre estos fenómenos (cf. más arriba).

5 Cf. 1992, p. 33: la representación en el arte, el símbolo religioso, la fórmula científica, la forma jurídica.

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