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«Non-linear Processes and the dialectic»: Andy Blunden
Most writers and researchers in the humanities speak of something like “dialectical processes” or “dialectical thinking” and use a number of metaphors to characterise the complex and nuanced processes of reality in contrast to what may be called “linear” or “mechanical” processes or thinking.
In his exposition of dialectics in the Logic, Hegel dealt with this problem in great length and detail from a conceptual point of view. Six distinct forms of the dialectic can be abstracted from Hegel’s work.
I shall briefly review the metaphors and forms of words used in popular and scientific discourse and then outline the concepts Hegel introduced for these same problems.
Popular conceptions of linear and non-linear processes
The idea of characterising processes or someone’s conception of a process as ‘linear’ has its origin in mathematical representations of processes in natural science. Here there is a dependent and an independent variable (possibly time), and this relation may be represented by a line on a graph; given appropriate measures for each variable or combination of variables, this graph may take the form of a straight line. In this case, the same change in the independent variable produces the same change in the dependent variable (add an extra kg to the pan and the spring always extends by one cm.), and the change is reversible (remove one kg from the scales and the spring retracts by one cm.)
This is the archetype of the ‘linear process’: a cause always has the same effect and is reversible. The ‘linear effect’ is thus independent of how many times it is applied, and in this specific sense is independent of previous history and context. A process can still be ‘linear’ in the strict sense while being context- and repetition-dependent, but this dependence on context and history is usually taken as one of the characteristics of ‘non-linear’ processes: a certain stimulus always produces a certain response, but suddenly one more stimulus produces a different response – the straw that broke the camel’s back. Irreversibility is also taken as a characteristic of ‘non-linear’ processes: “you can’t unscramble an egg.”
«Gramsci & Hegemony»: Peter D Thomas
Gramsci & Hegemony | Peter D Thomas | Counterforum | London | 3 May 2010«Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder»: Néstor Kohan
Nota introductoria del autor a la segunda edición
Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder constituye la segunda edición (aumentada) de aquella que apareció por primera vez con el título Ernesto Che Guevara: Otro mundo es posible. Hemos decidido que el volumen aparezca con este otro título, que nombra alguno de sus capítulos, porque expresa y sintetiza mejor los debates fundamentales del pensamiento político y filosófico contemporáneo que intentamos abordar. Se trata de una doble discusión.
En torno al poder, horizonte y desafío central de los movimientos sociales y políticos que se oponen al capitalismo; y en torno a la dialéctica, método de pensamiento de los sujetos sociales que continúa siendo útil para comprender críticamente el sistema capitalista mundial como una totalidad concreta. Los ensayos aquí reunidos pretenden aportar argumentos desde una posición crítica tanto frente a quienes eluden o evaden el problema fundamental de cualquier cambio social radical como frente a quienes promueven un abandono de toda perspectiva dialéctica y humanista en aras del posmodernismo y otras variantes filosóficas análogas.
«Estranhamento e Exploração: A Ontologia de Marx nos Grundrisse»: Mario Duayer
Mario Duayer foi um dos tradutores dos Grundrisse de Marx direto do original em alemão para o português, agora publicado pela editora Boitempo. Como parte do lançamento do livro, Duayer foi convidado a discutir esta importante obra escrita entre os anos de 1857 e 1858, mas que veio a público somente no século XX. Entre os temas discutidos, Duayer colocou especial ênfase na subordinação, no pensamento de Marx nos Grundrisse, da exploração ao estranhamento social. Exploramos uns aos outros porque em primeiro lugar nos estranhamos socialmente. É a alienação como sociabilidade que permite a existência da exploração. A ontologia de Marx, portanto, não é somente uma ode ao fim da exploração, mas propriamente ao fim do estranhamento ou da alienação, ou do outro que me é externo e indiferente. Duayer aproveita também para comentar o relativismo ontológico de Thomas Khun sobre a co-existência de diferentes paradigmas, e mostra como as ideias de Marx, Lúckacs, Roy Bhaskar e Moishe Postone oferecem uma visão que contrasta com os recentes avanços de epistemologias pós-modernas.
«Sociedad civil o sociedad burguesa. Ambivalencia o dialéctica de un concepto clave»: Wolfgang Fritz Haug
1. Introducción
Pocos conceptos, sin duda, han sido utilizados en el último siglo y medio de una manera tan ilusoria por unos y equívoca por otros como el de sociedad civil. Pero, ¿qué se sigue de esto? ¿Es así pues inservible como concepto analítico? ¿Habría por tanto que prescindir de él en la elaboración de orientaciones y proyectos emancipatorios? Creo que antes de regalárselo a la ideología neoliberal a la vista de las posibilidades de uso impropio que ofrece, deberíamos detenernos un momento a examinar el catálogo de conceptos de los que más se ha abusado en nuestra época.
Porque resulta que cuando se llevan a cabo guerras de agresión contrarias al derecho internacional en nombre de los derechos humanos y de la democracia, estos mismos conceptos -derechos humanos y democracia- se sitúan justo en el encabezamiento de ese catálogo. O cuando, en nombre de la seguridad, se promueve la “globalización de la inseguridad” (Altvater/Mahnkopf), el concepto de seguridad se hace merecedor también de un lugar muy destacado en la lista, justo al lado del de libertad e incluso del de justicia, concepto este del que se ha hecho una caricatura blasfema con la llamada infinite justice. ¿Y qué pasa con las ideas de “responsabilidad, efectividad, flexibilidad e iniciativa” que adornan el catálogo de virtudes del neoliberalismo?
Entrevista a Bolivar Echeverría por Fernando Rojas
Entrevista a Bolivar Echeverría por Fernando Rojas
«Modernidad y capitalismo (15 Tesis)»: Bolívar Echevarría
¿Por qué la cuerda, entonces, si el aire es tan sencillo?
¿Para qué la cadena, si existe el hierro por sí solo?
César Vallejo
Los hombres de hace un siglo (ya inconfundiblemente modernos) pensaban que eran dueños de la situación; que podían hacer con la modernidad lo que quisieran, incluso, simplemente, aceptarla —tomarla completa o en partes, introducirle modificaciones— o rechazarla —volverle la espalda, cerrarle el paso, revertir sus efectos. Pensaban todavía desde un mundo en el que la marcha indetenible de lo moderno, a un buen trecho todavía de alcanzar la medida planetaria, no podía mostrar al entendimiento común la magnitud totalizadora de su ambición ni la radicalidad de los cambios que introducía ya en la vida humana. Lo viejo o tradicional tenía una vigencia tan sólida y pesaba tanto, que incluso las más gigantescas o las más atrevidas creaciones modernas parecían afectarlo solamente en lo accesorio y dejarlo intocado en lo profundo; lo antiguo o heredado era tan natural, que no había cómo imaginar siquiera que las pretensiones de que hacían alarde los propugnadores de lo moderno fueran algo digno de tomarse en serio. En nuestros días, por el contrario, no parece que el rechazo o la aceptación de lo moderno puedan estar a discusión; lo moderno no se muestra como algo exterior a nosotros, no lo tenemos ante los ojos como una terca incógnita cuya exploración podamos emprender o no. Unos más, otros menos, todos, querámoslo o no, somos ya modernos o nos estamos haciendo modernos, permanentemente. El predominio de lo moderno es un hecho consumado, y un hecho decisivo.
«Para leer a Spinoza»: Francisco Fernández Buey
Baruch Spinoza nació en Ámsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. Procedía de una familia de judíos sefardíes inmigrantes de la península ibérica y fue educado en la comunidad judía de la ciudad holandesa en una época de considerable influencia del calvinismo. En su juventud leyó a algunos de los escolásticos españoles y las obras de la filosofía judía medieval. Pero en su formación entran también la lectura de Descartes y de Hobbes, cuya influencia se percibe respectivamente en lo que serían su ontología, su teoría del conocimiento y su teoría política. También se relacionó con algunos representantes de las heterodoxias judías españolas. Debido a esto último, en 1656, Spinoza fue expulsado de la comunidad judía ortodoxa y desterrado de la ciudad. Se tiene noticia de una Apología para justificarse de su abdicación de la sinagoga, escrita en español ese mismo año, que se ha perdido.
Después de la expulsión de la sinagoga Spinoza vivió primero en las afueras de Ámsterdam. Allí, para ganarse la vida, trabajó en el pulido de lentes para observaciones astronómicas y entró en relación con cristianos liberales también considerados heterodoxos. Para ellos o por la solicitud de estos librepensadores cristianos, entre los que tuvo varios discípulos, escribió Spinoza, hacia 1660, su primera obra conocida: una Tratado corto sobre Dios, el hombre y la salvación de su alma. Este Tratado corto avanzaba, aunque con una forma distinta (en parte dialogada), algunas de las ideas centrales de lo que sería su Ética. Al parecer, se lo dictó a algún alumno discípulo y el Tratado corto quedó inconcluso. No se publicó en vida de Spinoza, aunque circularon copias entre los próximos.
«Gramsci: reminiscencia de la autonomía ideológica como verdadero objetivo de la lucha política»: Lucio Óliver, Massimo Modonesi y Elvira Concheiro
El pensamiento gramsciano es fundamental para comprender la vitalidad de la lucha contrahegemónica civil. Así se coincidió en la mesa redonda Homenaje a Gramsci, organizada por el doctor Lucio Óliver, y en donde participaron el maestro Massimo Modonesi, coordinador del Centro de Estudios Sociológicos y la doctora en sociología Elvira Concheiro.
«Acerca de la Teoría Crítica y el Legado del Marxismo del Siglo XX»: Göran Therborn
Los estudiantes de la historia parlamentaria están familiarizados con la idea de ‘La Leal Oposición A Su Majestad’. El Marxismo, como fenómeno histórico social, ha sido la Oposición a Su Moderna Majestad la modernidad. Siempre crítico de y luchando contra sus regímenes predominantes, pero nunca cuestionando la legítima majestad de la modernidad y, cuando menester, explícitamente defendiéndola. Como muchas oposiciones, el Marxismo tuvo sus pasadas por el poder, pero sus instantes de gobierno han sido breves en su atractivo y creatividad, más bien propensos a producir duda y desilusión, y sólo mediante el ejercicio del pragmatismo del poder han logrado persistir.
El Marxismo es sin embargo la mayor manifestación de la dialéctica de la modernidad, en un sentido sociológico así como teórico. Como fuerza social, el Marxismo fue un descendiente legítimo del capitalismo moderno y la cultura de la Ilustración. Para bien o para mal, correcta o erróneamente, los partidos, movimientos y corrientes intelectuales Marxistas llegaron a ser, por casi cien años desde el siglo diecinueve tardío al veinte tardío, la forma más importante de abrazar la naturaleza contradictoria de la modernidad. Afirmó simultáneamente los rasgos positivos, progresistas del capitalismo, la industrialización, urbanización, alfabetización masiva, el mirar hacia el futuro en lugar del pasado y el mantener el ojo puesto en la tierra del presente, y, de otro lado, denunciar la explotación, la alienación humana, la mercantilización y la instrumentalización de lo social, la falsa ideología, y el imperialismo inherentes al proceso modernizador.
«Francisco Fernández Buey como filósofo de la ciencia»: Salvador López Arnal
Texto leido en la Universidad Pompeu Fabra el 13 de diciembre de 2012. “Homenaje a Francisco Fernández Buey”.
Algunos aspectos de la obra del profesor Francisco Fernández Buey [FFB] tal vez no han merecido suficiente atención. Pienso, por ejemplo, en sus aportaciones y sugerencias en el ámbito de la filosofía de la ciencia, en sus reflexiones y propuestas sobre la problemática de la tercera cultura o en su programa para una política de la ciencia humanista, republicana y sostenible.
Me centro en el primer vértice. Tres de sus libros tienen relación directa con él (y hay numerosos huellas en otros), al igual que muchos de sus numerosos artículos (sobre todo en estos últimos años) y una cantidad en absoluto desdeñable de sus seminarios y cursos de doctorado.
Al autor de Albert Einstein. Ciencia y consciencia le gustaba mucho el cine. Había pensado escribir un guión para una película en su honor: “La epistemología de FFB: ‘E la nave va”, podía ser el título. No me ha salido. Sólo he logrado hilvanar algunas escenas.
Si mi intervención tuviera algún interés, me gustaría dedicársela a su memoria, a la memoria del profesor FFB y de Neus Porta, su compañera.
«De ídolos e ideales» E. V. Ilyenkov
El problema del ideal es complejo y polifacético. En primer lugar, naturalmente, surge la pregunta sobre el lugar que ocupa el concepto del “ideal” en la teoría del reflejo: cómo aquél puede ser interpretado desde el punto de vista de esta teoría. En todo caso, la teoría del reflejo nos enseña que es correcto y verdadero sólo aquel conocimiento que refleja lo que hay en la realidad. Y en el ideal se expresa no lo que es, sino lo que debe ser, o lo que el hombre quiere ver. ¿Se puede, acaso, interpretar lo deseado o lo debido, desde las posiciones de la teoría del reflejo? En otras palabras, ¿puede, acaso, ser “verdadero” el ideal?.
La filosofía hace mucho vio aquí una dificultad y también hace mucho que trató de resolverla.
Los materialistas de épocas pasadas insistieron sobre este problema en el curso de su lucha contra las doctrinas idealistas de la iglesia, contra el ideal religioso, y pretendieron resolverlo de acuerdo, por un lado, a la teoría del reflejo y, por otro, a las exigencias de la vida real. Pero, lograr esto, sólo pudieron Carlos Marx y Federico Engels: y, precisamente, porque ellos fueron no sólo materialistas, sino materialistas dialécticos.
Veamos cómo ocurrió.
«Lukács’ Critical Ontology and Critical Realism»: Mário Duayer and João Leonardo Medeiros
ABSTRACT: This paper intends to put forward the late work of G. Lukács, The Ontology of Social Being, as an indispensable contribution to ontological investigation in general and particularly to the understanding of social reality. As the ontology of Lukács is quite unknown even by authors and currents which have been (properly) dealing with ontological issues in the last decades it seems to be extremely fruitful to bring it into discussion. Comparing the analysis of Lukács with the ontology of Critical Realism, for instance, it is not only possible to identify obvious convergences but also to shed light on many questions that still demand a proper treatment from an ontological perspective.
Introduction
By the beginning of the 1960s, after the publication of the first two volumes of his (unfinished) Aesthetics, Lukács set out the project of developing a Marxist ethics. For this purpose he had been collecting a huge amount of material since the late 1940s. It is in connection with this work that his concerns regarding ontology were most openly stated, though what many authors refer to as the ‘ontological turn’ of Lukács’ thought could be tracked down to the early 1930s. (Oldrini, 2002: 54) Since, for Lukács, there is no ethics without ontology, his Marxist ethics could only be elaborated on the basis of a Marxist ontology of social being. Thus his voluminous work, The Ontology of Social Being, published in German after the author’s death in 1971, is the end result of the attempt to develop an ontological foundation for an ethics that unfortunately could not be accomplished.
Entrevista a la Dra. Diana Fuentes sobre el Discurso Crítico y sus Referentes
La Dra. Diana Fuentes ha sabido aprovechar como pocos la posibilidad de estudiar con marxistas de la talla de Adolfo Sánchez Vázquez, Bolívar Echeverría y Michel Löwy. Ello se nota en la calidad de sus exposiciones y de su ejercicio docente en la universidad. La necesidad de pensar críticamente el mundo moderno con el propósito de transformarlo nos llevan a reflexionar sobre la naturaleza del discurso crítico y sobre la impronta del marxismo crítico producido en México, marcado sin duda por la obra de Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría. En esta tarea los referentes clásicos del “marximo occidental” son indispensables: György Lukács, Karl Korsch, Antonio Gramsci, Max Horkheimer, Theodor Adorno y Walter Benjamin entre otros.«Hegel, Marx, Lenin y la Revolución en el pensamiento y la pasión de Raya Dunayevskaya: ¿cuál es su relevancia para la América Latina del siglo xxi?» Eugene Gogol
Este año se celebra el centenario del natalicio de Raya Dunayevskaya (1910 – 1987). Los tiempos actuales, a finales de la primera década del siglo xxi, son muy diferentes de aquellos que Raya Dunayevskaya enfrentó en la primera mitad del siglo xx. Ya ha colapsado el imperio ‘capitalista de estado’ soviético, que había surgido con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, desafiando a los Estados Unidos durante cuatro décadas en el dominio hegemónico del mundo. Ya no estamos más en presencia del mundo bipolar que Dunayevskaya constantemente estudió, sino en un mundo unipolar regido por una superpotencia hegemónica. Se ha disipado la posibilidad de la subjetividad revolucionaria, como fue expresada en los movimientos sociales y revoluciones de izquierda, vibrantes en las décadas del cincuenta, sesenta y setenta, mientras que muchos movimientos religiosos fundamentalistas están en auge. A diferencia de la época en la cual las ideas del marxismo eran debatidas abiertamente y con entusiasmo, mucho del pensamiento posmoderno refuta la idea de la revolución, censura cualquier cometido revolucionario del pensamiento dialéctico y se cuestiona la existencia de la subjetividad revolucionaria.
Si examinamos brevemente las tres dimensiones que caracterizan los tiempos actuales: 1) un desenfrenado capitalismo globalizado bajo la Pax Americana; 2) la amenaza de un oscurecimiento del pensamiento dialéctico y 3) la falta aparente de un concepto de la subjetividad revolucionaria, entonces el ‘nuevo comienzo’ que Dunayevskaya estuvo forzada a buscar seis décadas atrás, parece ser necesario para estos tiempos.
























