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“Difusión y recepción de los Grundrisse en el mundo”: Marcello Musto

Introducción
1858-1953: 100 años de soledad


Después de haber abandonado los Grundrisse en mayo de 1858 para dedicarse a trabajar en Una contribución a la crítica de la economía política, Marx usó fragmentos de los primeros para componer este último texto, pero luego casi dejó de hacerlo. En realidad, si bien tenía la costumbre de citar a sus propios estudios previos, incluso transcribiendo párrafos enteros de ellos, ninguno de los manuscritos preparatorios para El capital, con excepción de aquellos de 1861-1863, contienen referencia alguna a los Grundrisse. Éstos quedaron entonces entre todos los demás borradores que no tuvo ninguna intención de utilizar, ya que lo absorbió la necesidad de resolver problemas más específicos que los tratados en dichos textos.


No existe una certeza absoluta sobre este asunto, pero es probable que ni siquiera Friedrich Engels haya leído los Grundrisse. Como se sabe, Marx apenas había logrado completar el primero de los tomos de El capital cuando falleció. Engels seleccionó y editó para su publicación los manuscritos incompletos para el segundo y el tercer tomo. En el curso de esta actividad, debió haber examinado docenas de cuadernos que contenían borradores preliminares de El capital. Es posible suponer que, cuando estaba tratando de poner cierto orden en esa montaña de papeles, haya hojeado los Grundrisse y haya llegado a la conclusión de que se trataban de una versión prematura de la obra de su amigo, anterior incluso a Una contribución a la crítica de la economía política de 1859; y que por lo tanto no podían ser usados para sus propósitos. Es más, Engels jamás mencionó los Grundrisse  ni en sus prefacios para los dos tomos de El capital que hizo publicar ni en ninguna de su vasta colección de cartas.


Después de la muerte de Engels, gran parte de los textos originales de Marx se depositaron  en el archivo del Partido Social Demócrata de Alemania (SPD) en Berlín, adonde se los trató con mucha negligencia. Los conflictos políticos internos del Partido impidieron la publicación de muchos materiales importantes que Marx había dejado; hasta  llegaron a dispersarse los manuscritos y esto impidió durante mucho tiempo sacar una edición completa de sus obras. Nadie asumió tampoco la responsabilidad de inventariar el legado intelectual de Marx, con el resultado de que los Grundrisse quedaran enterrados con sus demás papeles.


La única parte que vio la luz durante este período fue la “Introducción” que Karl Kautsky publicó en 1903 en Die Neue Zeit [Los Nuevos Tiempos], junto a una nota breve que los presentaba como un “borrador fragmentario” fechado el 23 de agosto de 1857. Argumentando que se trataba de una introducción a la ópera magna de Marx, Kautsky le dio el título de Einleitung zu einer Kritik der politischen Ökonomie [Introducción a una crítica de la economía política] y sostuvo que “a pesar de su carácter fragmentario ofrecía una gran cantidad de nuevos puntos de vista” (Marx 1903: 710 n.1). Hubo un interés considerable por este texto: las primeras versiones en otras lenguas fueron en francés (1903) y en inglés (1904) y rápidamente recibió mayor atención después de que Kautsky lo publicara en 1907 como apéndice de Una contribución a la crítica de la economía política. Siguieron luego más y más traducciones, incluyendo al ruso (1922), al japonés (1926), al griego (1927) y al chino (1930), hasta convertirse en una de las obras más comentadas de toda la producción teórica de Marx.


Aunque la suerte acompañó a la “Introducción”, los Grundrisse, sin embargo, no fueron conocidos durante un largo tiempo. Es difícil creer que Kautsky no haya descubierto todo el manuscrito junto con la “Introducción”, pero nunca lo mencionó. Y un poco más tarde, cuando decidió publicar algunos escritos previamente desconocidos de Marx entre 1905 y 1910, se concentró en una colección de materiales de 1861-1863, a los cuales puso el título de Teorías de la plusvalía.


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