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“El trabajo vivo fuente creadora del plusvalor (Dialogando con Christopher Arthur)”: Enrique Dussel

Es con suma atención, y no menor gusto, que he leído las páginas del comentario que Christopher Arthur (en adelante CA) ha escrito sobre mi obra traducida al inglés en 2001 (publicada en la edición española hace ya dieciséis años[2]). Deseo no entablar un debate, como efectúan los sofistas (que intentan meramente defender su posición teórica en cuanto tal), sino comenzar un diálogo, porque acepto plenamente muchas de sus sugerencias contrarias a mi interpretación, cuando sea necesario, aunque explicaré más claramente mis posiciones cuando opino que no han sido entendidas (como honestamente lo expresa en algunos casos, y es explicable, dado que el contenido de muchas categorías usadas por mí corresponden a las explicadas en el primer tomo que dediqué a los comentarios de las cuatro redacciones de El capital[3], y que se desarrollan más acabadamente en el tercer tomo[4]). De todas maneras mis aclaraciones, seguramente, darán motivo a nuevas distinciones de su parte, y por ello intento un diálogo y no meramente un debate académico, diálogo que, además, interesa para el desarrollo actual del pensamiento de Marx en las actuales circunstancias mundiales, donde el capital ha alcanzado un grado de explotación salvaje del trabajo vivo, en especial en el Sur del planeta.

Iré respondiendo en el mismo orden de los comentarios de CA, para referirme en el punto II a la cuestión central.

I

Es necesario observar que el término “exterioridad” propone una metáfora espacial, que indica semánticamente la trascendentalidad del sujeto, aquello que no es meramente estructural ni está “fundado” como momento interno de un “sistema” (un sistema en el sentido de N. Luhmann), de una “totalidad” (a lo Hegel, Lukács o Heidegger, y tal como la describe críticamente Emmanuel Levinas[5]). Intentar explicar lo que significa “exterioridad” presupone señalar, en primer lugar, a) lo “sistémico” y su “fundamento”. Tomando un ejemplo de Wittgenstein, el juego de ajedrez (lo empírico, lo sistémico) se “funda” en sus reglas. En este caso las reglas son el “fundamento” (Grund), el “ser” (Sein) y lo “ontológico”; todo lo que se refieren a la “totalidad”. Mientras, que, en segundo lugar, b) lo que trasciende lo “sistémico” será denominado “el Otro” (Autrui, por Levinas), lo que no se agota en el “sistema”, en la “totalidad”. Corresponde al sujeto, a la viviente corporalidad humana (Leiblichkeit para Marx, desde los Manuscritos del 44 hasta la última redacción de El capital). Por la “subsunción” (la subsumtion en etimología latina corresponde a la Aufhebung en etimología germana)[6] el sujeto corporal viviente es constituido como momento de un sistema; es incluido en una estructura dentro de la cual juega una función (una determinación). De esta manera el “trabajo vivo”, subjetividad siempre trascendental en último término a toda posible función sistémica (por ejemplo, ser “trabajo asalariado” en el capital como sistema), guardará siempre antes, en y después de la subsunción en el sistema una cierta “exterioridad” que habrá que saber definir.

Sin poder repetir lo escrito en otros trabajos[7], puede entenderse que cuando CA (pág. 252) escribe: “Dussel dice metafísicamente, pero no logro entonces la diferencia” con ontológicamente, está refiriéndose a un vocabulario que uso dentro de una cierta tradición. Una consideración ontológica corresponde a la Totalidad, al fundamento, al ser, a la Lógica de Hegel, al Capital de Marx. Mientras que metafísicamente es lo que está más-allá (metá- en griego) el orden de la Totalidad (-physis en griego). Lo de meta-físico en esta terminología es lo ético, lo crítico, lo que se origina desde la “exterioridad” del sistema. El sistema, que se funda en su propio ser (Sein), no es la realidad (Wirklichkeit) de la complejidad empírica extra-sistémica de todos los sujetos humanos (la comunidad humana indeterminada, como cuando Marx escribe en El capital: “imaginémonos una asociación de seres humanos libres […]”), que trasciende en último término todo sistema funcional posible (aunque pueda desempeñar dentro de los sistemas funciones precisas). El “trabajo vivo” no es el ser del capital, sino la realidad. La diferencia entre “ser” y “realidad” (véase CA, págs. 254 y ss.) es sugerida por Schelling (en Filosofía de la revelación), Sartre (en Crítica de la razón dialéctica), E. Levinas (en Totalité et Infinit), X. Zubiri (en Sobre la esencia), y Marx -según mi interpretación- cuando habla del “trabajo vivo” en tanto “existente como abstracción de estos aspectos de su realidad real (reale Wirklichkeit)”[8].

Es interesante que CA indique que no doy el paso teórico de considerar el “concepto” (tercera parte de tratado de la Lógica de Hegel) en mi interpretación de El capital, pero debo aclarar que, ciertamente, no considero el “concepto” como lo hace CA en su ponencia en el Congreso de Nápoles (“Sulle tracce di un fantasma”, abril de 2004), “Hegel’s Logic and Marx’s Capital”, donde “La transformación del dinero en capital” de Marx, se piensa como algo semejante al “pasaje de la esencia al concepto” en Hegel, y esto lo lleva a no entender que si la cualidad en Hegel es el valor de uso en Marx, y la cantidad el valor de cambio, la “medida” (la cantidad que mide la cualidad) de Hegel debe ser ya el dinero de Marx (un valor de cambio que mide al valor de uso): CA lo sitúa al final del tratado de la esencia, como la “realidad” (Wirklichkeit), haciendo incomprensible así la analogía entre la Lógica de Hegel y El capital de Marx[9].

Acepto, en parte, las aclaraciones de CA (págs. 254 y ss.) sobre la imposibilidad de un origen exclusivo de la crítica de Feuerbach a Hegel a partir de las conferencias de Schelling de 1841[10], conferencia que, sin embargo, impactó a otros como en el caso de Kierkegaard, por ejemplo. De todas maneras, sean antes o después, hubo una cierta influencia de “filosofía positiva” de Schelling, como indica CA (y que debieron comenzar al menos desde 1826 por las clases de Schelling en Munich), llegando a los oídos de Feuerbach, y dando argumentos para la formación de la generación posthegeliana (que de todas maneras partía de Hegel).

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