Prólogo al libro ‘Marxismo: Aquí y Ahora’ de Carlos Pérez Soto
La provocación de un título como Marxismo: Aquí y Ahora exige la aclaración de ciertas perspectivas sobre el sentido del marxismo en Chile.
Primero, que el marxismo no ha sido una fuente epistemológica homogénea que se haya adecuado como una matriz única a distintas formas analíticas. Cuestión expresada en las diferentes lecturas y fuentes de las cuales se nutren, por ejemplo, la llamada historiografía marxista clásica chilena, la teoría de la dependencia de los años ’60 y ’70, la “Nueva Historia Social”, y las diversas variaciones críticas provenientes desde varios puntos de las ciencias sociales.
Pero esto no es una situación puramente nacional, si no que fue y es una realidad experimentada, a lo largo del siglo XX y comienzos del siglo XXI, sobre todo a nivel internacional. Dentro de los marcos de la extensa multiplicación de perspectivas marxistas, han sido perfectamente defendibles lecturas marxistas radicalmente opuestas entre sí. Así, fue posible sostener y argumentar tanto un marxismo revisionista cristalizado en las experiencias socialdemócrata alemana de comienzos del siglo XX , como la defensa de perspectivas marxistas-leninistas fundamentadas en las disputas reales por el poder institucional entre mencheviques y bolcheviques en la Rusia pre-soviética. A pesar de todas las diferencias tácticas, estratégicas, lógicas y conceptuales, es posible decir que por un periodo de tiempo determinado –haya sido éste de 10 o 70 años, respectivamente– una forma particular del marxismo operó en la realidad. El desastre político de la socialdemocracia alemana y la debacle del proyecto soviético deben ser juzgados, en retrospectiva, mediante aproximaciones diferentes. Homologar la situación alemana de comienzos del siglo XX a la situación histórica en Rusia no sólo carece de asidero teórico, sino que más importante aún, carece de toda perspicacia política.
Otro problema que se desprende de esta multiplicación de perspectivas, es la posibilidad de un marxismo puramente “teórico”. Reflexiones marxistas que carezcan de la pretensión de vincularse con la realidad política de los movimientos populares no debe generar extrañeza, pues su misma historia las ha ofrecido. Por ello, en 1976, el célebre historiador británico Perry Anderson explicaba esta ruptura del vínculo entre teoría y práctica gestada con gran fuerza en la tercera generación de marxistas, como consecuencia de las derrotas políticas del proletariado en el siglo XX . Según él, tanto las contribuciones marxistas enfocadas en el psicoanálisis, la lingüística y el estructuralismo, entre otras tendencias de esta generación, tuvieron como característica común, una prioridad en los problemas estéticos, culturales y filosóficos, por sobre los problemas económicos y político-estratégicos revolucionarios, como había sido la constante en la primera y segunda generación de marxistas.
Esto nos lleva a una segunda consideración sobre el marxismo, que más allá de los debates y críticas entre los marxismos, ha sido la misma realidad quien ha puesto en jaque la eficacia de las premisas teóricas restrictas y de las praxis políticas erigidas desde ellas sobre las organizaciones marxistas. Reiteramos que, en un sentido estricto, es perfectamente posible defender la coherencia analítica de diversas posiciones conceptuales del marxismo; pero, en un sentido radical, esta misma coherencia es puesta en tela de juicio por la cotidianeidad de una realidad en disputa. Leer más…