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“Reseña de ‘El Capital en el Siglo XXI’ de Thomas Piketty”: Mick Brooks

Mick Brooks 1 de julio de 2014.

La obra de Piketty parece un trabajo monumental, que analiza el desarrollo del capitalismo a los largo de siglos. Empleando multitud de datos muestra un perturbador crecimiento de la desigualdad en la distribución de la riqueza y los ingresos en el capitalismo moderno.

Piketty expone a grandes rasgos lo que denomina “la contradicción central del capitalismo”.

“La conclusión global de el presente estudio es que una economía de mercado basada en la propiedad privada, sin impedimentos… conlleva poderosas fuerzas disgregadoras, que son potencialmente amenazantes para las sociedades democráticas y para los valores de justicia social en las que se fundan” (página 571)

Llega a la conclusión de que se ha producido un enorme incremento en la desigualdad en los sistemas capitalistas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y que es probable que se ahonde en el mismo en el futuro. Esa desigualdad tiene un carácter fundamentalmente patrimonial (o lo que es lo mismo parásita), ya que se basa fundamentalmente en la herencia y no en el mérito, bajo cualquier forma en que se lo defina.

Piketty traza una curva en forma de U en la que se aprecia la desigualdad en lo que atañe a la titularidad de la riqueza cayó dramáticamente de 1914 a 1945. Dos Guerras Mundiales y la Gran Depresión destruyeron enormes cantidades de riqueza. Después de que el capitalismo había esquivado estos “shocks” regresó a esa tendencia “natural” a la elevación de la desigualdad que parece intrínseca al sistema.

En concreto observa que la desigualdad parecería estar ascendiendo al nivel observado en las novelas de Balzac y Austen. Se pregunta (en la página 375) si el siglo XXI será todavía más desigual que el siglo XIX.

Sus hallazgos no han sido muy bien recibidos por los economistas del “establishment” y otros sicofantes del capitalismo. El libro de Piketty ha sido extremadamente polémico y controvertido, pero la mayoría de sus críticos, ciertamente, son, por citar a Marx, los “mercenarios bien pagados” del capital.

Piketty como economista neoclásico.

Su libro se ha comparado con la obra magna de Marx, seguramente debido a su título. Pero de hecho Piketty muestra un lamentable desconocimiento del pensamiento de Marx.

Llega a afirmar que Marx “rechazó totalmente la posibilidad de un progreso tecnológico duradero y de una productividad creciente y sostenida”.

No hace falta ser un experto en Marxismo. Incluso una lectura superficial del Manifiesto Comunista muestra que Marx consideraba que en el capitalismo el desarrollo de las fuerzas productivas y de la productividad del trabajo era la fuerza rectora del desarrollo histórico. (1)

El principal problema de la obra de Piketty es que trabaja con conceptos no cuestionados de la economía neoclásica convencional. La finalidad de esta reseña es mostrar como el análisis de Marx aporta a nuestro juicio un fundamento mucho mejor para dar cuenta de los fenómenos económicos.

Capital y riqueza.

El primer error fundamental que entendemos que comete Piketty es que mezcla riqueza y capital:

“A efectos de simplificación, emplearé las palabras “capital” y “riqueza” indistintamente” (Página 47)

Para los marxistas la riqueza es la acumulación de valores de uso (2) Esos valores de uso acumulados pueden ser empleados como capital o no serlo. La titularidad de capital significa la titularidad de medios de producción. Eso permite a los capitalistas apropiarse del trabajo excedente de la clase trabajadora.

Vamos a usar como ejemplo a Jim Ratcliffe como ejemplo. Según la “Lista de millonarios del Sunday Times” de 2014 es la vigesimosexta persona más rica del Reino unido, con una riqueza valorada en 3.200.000.000 de libras Es uno de los principales accionistas de Ineos, que dirige la refinería y la planta química de Grangemouth, en Esocia. Los trabajadores de la planta de Grangemouth producen un mayor valor que el que reciben en salarios, en beneficio de personas como Ratcliffe. Sus acciones en la compañía son capital, y los dividendos que percibe son parte de la plusvalía. Ratchilffe también tiene un yate, que por lo visto vale más de 100.000.000 libras. Eso sin duda es riqueza. Pero en sentido marxista, no es capital. No le permite apropiarse del valor adicional aportado por el trabajo de otras personas. deducidos los salarios. (3)

Por el contrario, el yate se compró con la plusvalía apropiada.

Piketty de hecho metería en un revoltijo el yate y la planta aludida anteriormente como riqueza. Un concepto central de su obra es la tasa de retorno del capital. Deriva esta dividiendo los retornos presentes de los ricos (riqueza a la que no han aportado nada para su producción) por su denominador, que es la riqueza. Mezclando capital y riqueza lo que entiende por “tasa de retorno del capital” en realidad no es nada de eso.

Piketty halla que aproximadamente la mitad de todo el stock de capital es residencial y la mitad capital profesional (página 51) Excluye bienes de consumo duraderos como coches y frigoríficos de su definición, pero incluye otros objetos de valor, como joyas. Asumamos por ahora que el capital profesional realmente es capital en sentido marxista.

¿Son las viviendas capital?

El señor Piketty no ignora que la gran mayoría de la población tiene muy poca riqueza. Y para los que poseen algo la principal forma de riqueza es su vivienda. Eso no es capital por la sencilla razón de que viven en ella. Así que la mitad de lo que Piketty define como capital no es capital en absoluto. Sólo los que adquieren casas para vivir de las rentas que obtienen por alquilarlas pueden considerar sus casas como capital.

El problema de Piketty es que en parte se engaña por su aceptación acrítica de las nociones de la economía académica preponderante. (4)

Los economistas “neoclásicos” hacen correr el ultrajante concepto de que la gente compra “servicios de vivienda” de modo que pueden alquilar el alojamiento… ¡a sí mismos! (p. 213) Así que el valor de la vivienda “se mide por el valor en renta equivalente de las moradas”, o sea una renta enteramente ficticia. Esto es un pensamiento de Alicia en el País de las Maravillas.

La Tasa de Retorno.

Piketty continúa tratando de averiguar la tasa de retorno del “capital” (como lo ha definido) en diferentes países y épocas. Como su definición de capital es incorrecta, dicha tasa resulta, en consecuencia, completamente imprecisa.

Encuentra que la tasa de retorno es notablemente estable en el largo plazo, oscilando en torno al 4 y el 5% desde comienzos del siglo XIX (Las economías francesa y británica poseen las estadísticas más fiables y antiguas) Piketty no trata de explicar porque este debería ser el caso, sino que describe la tasa de retorno del 5% (más o menos) como “razonable”.

Pero la economía francesa y la británica estaban creciendo a mucho menor ritmo que el 4 o el 5% a comienzos del siglo XIX, y durante la mayoría del tiempo desde entonces. Este retorno de capital no era la distribución de los frutos del crecimiento, sino la redistribución de pobres a ricos, de los elementos productivos a los que no aportaban nada. Representaba un firme incremento de la renta nacional que se embolsaban los titulares de la riqueza.

El error sobre la naturaleza del capital también vicia el análisis de Piketty cuando asume, de la manera descuidada corriente en los economistas neoclásicos, que los ahorros se convierten en inversión de manera automática. El ahorro lo llevan a cabo tanto personas como empresas, como ganancia retenida. En el mundo real el ahorro (o lo que es lo mismo, no gastar) y la inversión en la producción se llevan a cabo por diferentes personas y por diferentes razones. Los ahorros pueden o no canalizarse hacia la inversión a través del sistema bancario. Y eso depende de en qué se acaben gastando los ahorros. Debido a su espurio concepto del capital Picketty no distingue entre un incremento en la inversión real (capital) y el inútil acopio de bienes de lujo como las joyas (que son riqueza, pero no capital)

¿Céntimos que caen del cielo?

¿De donde proviene esta taumatúrgica capacidad del capital (incluso si realmente es capital) para generar retornos del 5%, para todos aquellos que no realizan trabajo productivo y útil año tras año y década tras década? Para Piketty deriva de la noción neoclásica de la productividad marginal del capital. En la economía ortodoxa académica, cada factor o insumo de producción recibe su propia “recompensa”. La naturaleza apologética de esta teoría es clara cuando llegamos a la productividad marginal del trabajo. Sin que entremos en muchos dibujos y sutilezas, lo que viene a decir es “te pagan lo que mereces, o lo que aportas”, y esa es la lección que deberíamos extraer. (5)

La aparente creencia de Piketty de que el dinero simplemente engendra dinero se parece a los errores más tempranos sobre el origen de la riqueza. Marx ponía en ridículo las mistificaciones del Doctor Price, que estaba obsesionado con el funcionamiento del interés compuesto. Price declaró:

“Un chelín que se hubiera colocado al 6 por ciento del interés compuesto en la época de la Encarnación de nuestro Señor… se hubiera incrementado hasta una suma más grande que la que podría caber en el sistema solar, suponiendo una esfera igual en diámetro al diámetro de la órbita de Saturno”.

Marx respondía con sorna que Price era más fantasioso que todos los alquimistas juntos. ¿De donde puede venir ese flujo de ingresos si no es del trabajo excedente y no pagado de la clase trabajadora? Y sin embargo en el esquema de Piketty la porción de la renta nacional que va a la ganancia se fija mediante su fórmula y no tiene nada que ver con la porción que percibe la clase trabajadora (o sea, no tiene nada que ver con la tasa de explotación) Divide la renta nacional en renta del capital y renta del trabajo (página 45) pero no parece encontrar conflicto alguno entre las mismas.

Las ecuaciones fundamentales de Piketty.

Sus fórmulas fundamentales (que admite que no son sino identidades contables, o sea, ciertas por definición) son:

A=r x B, donde a es la fracción del capital en la renta nacional, r es la tasa de retorno del capital y B es la ratio capital y renta (por ejemplo, 500% por lo que el capital acumulado es cinco veces la renta nacional en un año)

Digamos que para Piketty r sería a grandes rasgos equivalente a la plusvalía en Marx, que incluye tanto la ganancia sobre el capital invertido más los réditos percibidos por la renta o cualquier otra forma de ingresos no ganados con trabajo productivo.

Aparte de definir mal el capital, Piketty contempla la tasa de retorno como dada en su ecuación, en vez de explicar su origen.
La segunda ecuación fundamental es la siguiente:

B= s/g, donde s es la tasa de ahorro y g la tasa de crecimiento económico.

Si el ahorro de los acaudalados se incrementa a mayor velocidad que la ratio entra capital y renta tenderá a aumentar con el tiempo.
Así que Piketty trata de explicar la ratio capital/renta pero parece sacar la tasa de retorno del aire. Y no puede ser de otro modo ya que hace equivalentes el capital y toda forma de riqueza, y les confiere implícitamente la capacidad de generar una renta para sus dueños. Su definición de ahorro en la segunda ecuación también es equivocada. El gasto en yates y en ordenadores sofisticados es acopio de riqueza (ahorro) pero sólo el último gasto cuenta como acumulación de capital.

La perspectiva marxista.

Para Marx el producto nacional se puede describir así c + v + s donde c es el capital constante (dinero gastado en plantas de producción, maquinaria, materias primas, etc) v es el capital variable (gasto en salarios) y s es la plusvalía (bajo la forma de renta, interés y ganancia) A efectos de simplificar, supondremos que c fue el resultado de la explotación pasada, así que la renta nacional presente es v + s, los nuevos valores producidos en un año.
Es bastante claro que uno de estos sólo puede subir a expensas del otro. Un aumento en salarios, ceteris paribus, reducirá la plusvalía. Esa es la base objetiva de la lucha de clases, un proceso por el que Piketty pasa de puntillas.

Para él el retorno del capital no tiene nada que ver con la porción del trabajo asalariado. La porción de salarios se ve como capital, lo que queda después de que el capital “se ha servido”.

Para Marx la tasa de ganancia se determina por la fórmula s/ (c + v) donde la plusvalía es la ganancia total dividida entre la clase capitalista y el capital constante y variable los costes totales. Así que, ya se gaste el capitalista la plusvalía en mejorar el proceso de producción (nuevas máquinas, etc) o se lo gaste en artículos de lujo, resulta una distinción fundamental. Distinción que no se encuentra en Piketty.

Cuando expone su teoría, Marx niega que el capital constante pueda producir nuevos valores. Puede hacer el trabajo mucho más productivo y contribuir de ese modo a la producción de una masa cada vez más creciente de valores de uso. (6)

Es por esa razón por lo que, forzados por la competencia, los capitalistas tienden a invertir la mayor parte del excedente, más que gastárselo en lujos.

Marx recalca que el capital es una relación social. Al principio supone que el capital (plantas, maquinaria, etc) tiene valores determinados por el trabajo socialmente necesario requerido para producirlos (7)

Pero el capitalismo ha evolucionado. La titularidad del capital cada vez más toma la forma de la titularidad de acciones y otros trozos de papel todavía más esotéricos.

La plusvalía cada vez se divide más entre las diferentes fracciones de la clase capitalista, con sus correspondientes títulos de propiedad. Estos representan una porción de los medios de producción y dan derecho a su portador a un ingreso generado por el trabajo productivo de otros.

Para que esto pueda ocurrir debe haber una clase que no tenga medios para producir de modo independiente (la clase trabajadora) y que por lo tanto sólo pueda ganarse la vida trabajando a cambio de un salario para aquellos que son dueños colectivos de los medios de producción, los capitalistas (8)

Capital ficticio.

Piketty emplea ejemplos de las novelas de Jane Austen y Balzac, que ofrecen descripciones detalladas de las formas que tomaban la riqueza y el capital en sus tiempos. Para ambos autores, los frutos de lo que sólo podía ser el trabajo sin retribuir de otros, goteando sin parar sobre los rentistas, se ven como un proceso natural y establecido por Dios.

La fuente principal de réditos no ganados con trabajo productivo de sus perceptores en tiempos de Austen y Balzac, era la titularidad de las tierras y los bonos del gobierno (prestar dinero al gobierno para el servicio de la deuda nacional) Ambos son ejemplos de lo que Marx llamaba capital ficticio.

La tierra tiene precio pero no tiene valor. Pues al ser un monopolio en manos de los propietarios pueden exigir renta a otras personas para trabajar en ella.

Hemos visto como todo ingreso determinado en dinero puede ser capitalizado, es decir, considerado como el interés de un capital imaginario. Por ejemplo, si el tipo medio de interés es del 5%, también puede considerarse a una renta anual de £ 200 como interés de un capital de £ 4.000. Es la renta capitalizada de este modo la que forma el precio de compra o valor del suelo, una categoría que, prima facie, y exactamente al igual que el precio del trabajo, es irracional, ya que la tierra no es el producto del trabajo, y en consecuencia tampoco posee valor alguno”. (Volumen III de El Capital)

Poseer títulos del gobierno es una forma de prestar dinero. En ambos casos el “valor” del título de propiedad se determina por los ingresos que conllevará, en vez de la tasa de beneficio calculada sobre el capital invertido. Todo parece patas arriba.

Piketty también menciona una empresa más beneficiosa en las novelas que analiza, pero una que tiene más problemas e inconveniencias. En “Mansfield Park” Sir Thomas tiene intereses en una plantación caribeña, a la que tiene que asistir de vez en cuando. La plantación produce algo, seguramente azúcar. Es lo más cerca que estamos de tropezar con el hecho de que las rentas de los ricos se derivan del excedente extraído de los explotados en la producción. Probablemente los esclavos también sufrían ciertas inconveniencias haciendo la fortuna de Sir Thomas, pero esto a Jane Austen no parece preocuparle mucho.

Aunque la información de la literatura de aquellos días resulta interesante, y muestra como había cantidad de acaudalados parásitos en el Reino Unido e Inglaterra en esos días, poca atención se presta por los autores citados a la revolución industrial, que iba a iniciar un proceso que transformaría el mundo.

Para Piketty, “todas las formas de riqueza se evalúan en términos de precios de mercado en un punto dado en el tiempo” (p. 149). Entonces, como ahora, gran parte de la titularidad del capital consiste en tener pedazos de papel, activos financieros más que reales. Como se sabe bien el precio de las acciones y otros títulos de propiedad fluctúa salvajemente. Y como el concepto de capital ficticio sugiere, no hay base objetiva para esa valoración. El precio de estos activos financieros es fantasmagórico y sujeto de un delirio especulativo (Para saber más, ver el Volumen III de El Capital, Capítulo 25, Crédito y Capital ficticio)

Esto debería constituir un enorme obstáculo a la tentativa de Piketty de averiguar la ratio capital/renta.

Aunque menciona el problema en diversos momentos, lo pasa por alto cuando calcula los beneficios en relación con la riqueza en el muy largo plazo, la escala temporal que le interesa en su obra. También se encoje de hombros en el problema de la inflación en su análisis. Lo mismo pasa con las burbujas de los activos, como la burbuja inmobiliaria española, o de los precios de las acciones en Japón a los que se refiere brevemente en la página 193. Esto ciertamente tendría un impacto poderoso en los valores nominales de la riqueza, que denomina capital.

Desigualdad de ingresos.

Después de analizar la desigualdad en la propiedad de riqueza, acomete la de los ingresos. Para él la explosión de los salarios de los directivos a partir de los 80 es un rompecabezas que hay que explicar.

Así que aplica el concepto neoclásico de la productividad marginal del trabajo a las tendencias salariales, especialmente a la explosión de los salarios de los ejecutivos. Ve esto como un fenómeno específicamente anglosajón, y encuentra que el concepto de “productividad marginal no encaja” (9)

“El principal problema… es simplemente que no puede explicar la diversidad de distribución salarial que observamos en diferentes países y en diferentes épocas (página 308)

Piketty concluye que. “Los altos directivos generalmente tienen el poder de fijar su propia remuneración, en algunos casos sin límites y en algunos casos sin ninguna relación evidente con su productividad individual (página 24) Estos super-salarios son muy frecuentemente solo “retribución por la suerte que tienen”. (página 335)

¡La productividad marginal no tiene nada que ver con ello! ¡En efecto está de acuerdo con Marx de que sus elevadísimos salarios de “superintendentes del trabajo” son una porción oculta de la plusvalía! (10)

Conclusiones.

La sección final del libro es la más frágil. Piketty se nos presenta como un socialdemócrata moderado, que se preocupa de la desigualdad creciente pero que no pone en cuestión el sistema capitalista. Propone un modesto impuesto global sobre el capital, que etiqueta rápidamente de “idea utópica. Es difícil imaginar que las naciones del mundo se pongan de acuerdo en algo semejante a corto plazo”. (Página 515)

Describe en detalle el modo en que los intereses de los capitalistas sabotearían ese plan. Mientras que sigan mandando cree que el mundo continuará como predice. Piketty no contempla ningún poder con capacidad de oposición, como la clase trabajadora mundial, que pueda enfrentarse a los intereses dominantes.

¿Por qué debería la desigualdad crecer sin descanso? Piketty ve la “contradicción central del capitalismo” en el un crecimiento desacelerado que hace que el ahorro sea superior al crecimiento (s/g aumenta en su ecuación) Automáticamente esto conducirá a que el capital se embolse más y más de la renta nacional.

En realidad esto solo será el caso si la tasa de retorno del capital permanece inalterada. ¿Realmente no hay límite a tanta codicia y avidez? ¿No resistirán los trabajadores que el capital amenace con absorber toda la renta nacional y les deje con casi nada?

Capitalismo y Crisis.

En tanto el capital se acumula, ¿no caerá la tasa de retorno de cada unidad inevitablemente? Esa es la fundación de la Ley de la Tendencia al Descenso de la Tasa de Ganancia de Marx. (11)

Como hemos visto Piketty define equivocadamente la propiedad inmobiliaria como capital. Se sigue que su tasa de retorno sobre el capital no se corresponde con el concepto marxista. ¿Qué sucede si utilizamos la categoría marxista correcta para analizar los movimientos en la tasa de ganancia a largo plazo sin tomar en consideración los activos financieros y la propiedad inmobiliaria? Esto ya se ha hecho. Aunque la tasa de ganancia sube y baja en el curso del ciclo económico, también muestra una prolongada tendencia a declinar en el curso del desarrollo capitalista.

http://thenextrecession.files.wordpress.com/2014/04/maito-esteban-the-historical-transience-of-capital-the-downward-tren-in-the-rate-of-profit-since-xix-century.pdf

Este estudio confirma la corrección esencial del análisis de Marx. Es de notar, que los hallazgos de Maito se hallan en un artículo académico sobre “La impermanencia histórica del capital”. Roberts hace alusión a ellos a la luz del debate sobre el libro de Piketty:

http://thenextrecession.wordpress.com/2014/04/23/a-world-rate-of-profit-revisited-with-maito-and-piketty/

Piketty, por otro lado, asume que el capitalismo continuará para siempre, por muy sombrías que sean las perspectivas de futuro. Puede parecer injusto criticar a Piketty por aspectos del capitalismo que no se ha propuesto analizar en su libro, pero el cuadro que pinta de un largo plazo en apariencia inexorable no se percata de la naturaleza caótica y llena de crisis del sistema. Casi no hace alusión a las crisis en las 685 apretadas páginas de su obra.
Las crisis recurrentes inevitablemente removerán las conciencias de la clase obrera y las fustigarán a la revuelta. El marxismo aporta un marco mucho más sólido para entender el funcionamiento del capitalismo que Piketty. (12)

Notas del traductor:

(1) Que Piketty dice haber leído, no así todo “El Capital”, lo que tiene guasa, indeed. Ni siquiera en los autores más apostólicamente ultraliberales, y procapitalistas, como los de la Escuela Austriaca, he leído un elogio tan bello y contundente a la capacidad del capitalismo para desarrollar las fuerzas productivas en comparación con anteriores sistemas socioeconómicos como en el Manifiesto Comunista.

(2) Cualquier objeto útil, un coche, un yate, una casa, etc los valores de uso son, en palabras de Marx, el contenido material de la riqueza en cualquier sociedad.

(3) Aunque el autor no lo dice, a menos que lo alquile, con lo cual producirá una renta que le permitirá obtener bienes y servicios producidos por los asalariados, o lo venda y lo convierta en dinero que cambie por medios de producción y fuerza de trabajo. En potencia un yate o cualquier otro artículo de lujo valioso puede ser convertido en dinero, y el dinero en capital.

(4) Este humilde traductor coincide con el autor en que a pesar de la evidente inteligencia e industriosidad del profesor francés (la cantidad de datos aportada es apabullante, con independencia de que sus críticos hallan encontrado algunos errores, a mi humilde juicio de no demasiada importancia para cuestionar sus conclusiones sobre el aumento de la desigualdad) es la metodología lo que le traiciona.

(5) Los economistas convencionales suelen negar la teoría de la explotación acudiendo a este tipo de expedientes: para los economistas austriacos, se trata de un cambio de bienes presentes (salarios) por bienes futuros (los bienes que se producirán por los trabajadores y que transcurrido el proceso de producción el empresario podrá vender o no, lo que supone un riesgo) Dicho en otros términos, tú me pagas 100 porque esperas vender en 130, y yo, como todo el mundo, prefiero 100 euros ahora que dentro de un tiempo. Para el empresario, cuando acabe el proceso de producción y si vendo, obviamente tiene que “sacar más”. No está mal como explicación de la lógica del capitalista pero:

-En el fondo no niega la realidad del trabajo excedente ¿Cómo podría hacerlo?, simplemente lo justifica como remuneración del riesgo y del tiempo.

-No se nos suele pagar antes, sino “después” del trabajo realizado. ¿así que, donde está ese supuesto adelanto?

-Las diferencias de valoración provienen de diferencias en la posición social de los valoradores. Si no tengo nada más que mi trabajo, y no tengo otro empleador que me ofrezca mejores condiciones, claro que voy a valorar más 100 euros ahora, aunque el valor del producto vendido sean 130. Pero estos condicionantes sociales parecen estar ausentes en este tipo de análisis.

-Se le puede dar la vuelta. Evidentemente el capitalista valora más el trabajo que los euros que le paga al trabajador. Si no fuera así, tiene tres opciones o vender sus activos (sólo invertirá además, si saca más (o calcula sacar más) que metiéndolo a interés, pero el interés también es fruto del trabajo ajeno, el dinero no hace dinero, sólo la producción hace dinero, aunque visto superficialmente el dinero parezca en realidad algo mágico) con lo cual no aumentará el valor de los mismos, o no venderlos y dejarlos depreciarse, o comerse las máquinas. Marx ya dio cumplida respuesta (aunque algo faltona, como era su costumbre) a los teóricos de la abstinencia, como es el caso de Senior, que en esencia venían a decir lo mismo que los austriacos o los neoclásicos cuando hablan de la remuneración del riesgo, la función empresarial, etc

-Asimismo, la cuestión del riesgo (o la responsabilidad) es relativa. No sólo porque haya trabajos que conlleven un riesgo que perfectamente se puede considerar que no va parejo con la remuneración recibida (pensemos en mineros, etc) sino porque perfectamente la empresa puede ir mal y el trabajador no cobrar, cosa que suele ocurrir, y tenemos ejemplos en España que servidor no creo que haga falta que cite.

En cuanto a la responsabilidad, nos parece que un médico cirujano que cobra 5000 euros al mes, y hace operaciones de las que depende la vida del paciente no tiene porqué considerarse que tiene más responsabilidad que un CEO que cobra 40.000. La lista podría continuar.

(6) Objetos o servicios útiles y demandados. Si no hay venta no hay valor, el trabajo se valida como “social” en el mercado. Aún así podemos encontrar catedráticos de economía de universidad española, claro, como Huerta de Soto que afirman cosas como “pongan ustedes todo el tiempo de trabajo que quieran en cualquier tontería, que si no tiene demanda subjetiva y no es útil no vale de nada”. No me lo invento, esta en youtube, búsquenlo ustedes.

Evidentemente hay tres opciones: o en una clase dedicada a refutar a Marx (lo cual por supuesto es legítimo y ciertamente hay aspectos de su teoría que pueden ser criticados o pulidos y mejorados a la luz de los conocimientos actuales) no se ha leído el primer capítulo de “El Capital” o habla muy de memoria (lo que indica una negligencia inexcusable) o se lo ha leído pero no lo ha entendido (con lo cual no entendemos como alguien con esos problemas cognitivos puede llegar a ser catedrático en España) o lo ha leído y entendido pero está tratando de engañar a sus sufridos estudiantes en una universidad pública, por cierto. Si se tratara de este último caso, y la lógica más elemental (aunque podemos equivocarnos) nos hace pensar que es este último caso, les dejamos a ustedes calificar al catedrático de la manera que gusten).

(7) Trabajo socialmente necesario es, en la teoría de Marx, tiempo que se necesita para fabricar una mercancía en las condiciones de producción socialmente normales (con la destreza y la técnica promedio).

(8) Podría objetarse, y de hecho se suele objetar, que los trabajadores podrían hacer un fondo común con sus escasos ahorros y crear cooperativas, evadiendo así la explotación capitalista. Y es cierto que se han creado cooperativas, por lo que podríamos esperar que las condiciones laborales en las mismas fueran mejores, y en algún caso esto es innegable. No obstante lo cual, estas operan en el mercado, y están sometidas a la misma necesidad de ser competitivas. Lo que quiere decir que, por mucho que las decisiones sobre los salarios o los beneficios que han de ser reinvertidos se tomen de manera democrática (y no por el capitalista o como resultado de la negociación con el capitalista dependiendo de la relación de fuerzas estructural o institucional) no parece que esto vaya a suponer necesariamente una mejora en las condiciones materiales de los trabajadores, si las necesidades de inversión lo exigen o establecen salarios que las hacen poco competitivas.

Además, en la práctica y en todos los países “capitalistas reales”, las cartas están marcadas institucional y legalmente a favor del gran capital) Y creo que a nadie se le escapa que hacer “un fondo común” con los ahorros y llegar a la muy costosa cantidad de capital necesaria para acometer ciertas empresas, resulta más fácil de decir que de hacer. Es por ello que sin despreciar la forma cooperativa, muchos socialistas consideramos que es preciso cambiar el modelo socioeconómico al completo, si se quiere democratizar la economía y acabar con la explotación capitalista).

(9) Para Piketty los salarios de los directivos no se explican por el expediente: les pagan lo que aportan, o, sus habilidades complejas son escasas en relación a la demanda, son muy listos, la inteligencia se hereda, etc, ver la reseña un tanto jocosa en este blog de “En Defensa del 1%” de Gregory Mankiw realizada por el misterioso Maxim Rukov. Está claro que hay clases en todo, y entre los economistas convencionales también.

(10) Suele ocurrir. Como dice el profesor de economía de la tradición marxista Diego Guerrero, como los economistas mainstream, al menos los más honrados, tienen que analizar la realidad, al final no les queda otra que reflejar la realidad, aunque la denominen de otra manera. Tanto da que digamos “están cobrando mucho más que su productividad marginal” que “se están embolsando una mayor fracción de plusvalía”, al final es lo mismo. El mismo Engels, en los albores de la teoría utilitarista del valor como la conocemos ahora, decía que se podría fundar perfectamente un socialismo vulgar basado en esa teoría).

(11) Aunque el propio Marx reconocía la existencia de contra-tendencias. Para una explicación accesible, ver “Teoría del Desarrollo Capitalista” de Paul Sweezy.

(12) Nadie tiene una bola de cristal, ni Piketty ni el autor del artículo, por lo que (por recordar a Gramsci) aunque apoyamos su optimismo de la voluntad, tampoco podemos olvidarnos del pesimismo del intelecto. El capitalismo ha sido capaz de capear las crisis hasta ahora, y esperemos que no recurra a la última ratio de defensa: el fascismo, que sería aún más tenebroso que el histórico dado el mucho mayor desarrollo de la tecnología. Las crisis, a juicio del que suscribe, son momentos de oportunidad pero también de peligro, y ahora mayor que nunca. De ahí la necesidad de contar con modelos organizativos políticos y con propuestas económicas alternativas sólidas. En ese sentido, y con todas las críticas que pueden hacerse, sólo nos queda agradecer a personas como Paul Cockshott, Allin Cotrell y David Zachariah que no se queden sólo en la crítica y traten de aportar los modelos y propuestas aludidos. Quién sabe, puede que esta vez nos vaya la vida en ello.

Traducción de Antonio Dorado para Rotekeil

Fuente: http://rotekeil.com/

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