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“Adolfo Sánchez Vázquez y los manuscritos de 1844”: Jorge Veraza

Con orgullo hago homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez, hoy, al lado de ustedes. Y para no crear malentendidos por dejar en suspenso mi punto de vista desde el cual hago incluso la semblanza de nuestro autor, comienzo diciendo coloquialmente lo que ya argumentaré conceptualmente: que los “Manuscritos de París” —según los veo— tienen menos imperfecciones de las que él dice. Y más aún, que según lo que entiendo de la Filosofía de la praxis de Sánchez Vázquez, me sorprenden las deficiencias esenciales que él atribuye al texto de Marx de 1844. De hecho, me sorprendió este contraste desde que leí —por vez primera— en 1972 su libro, después de que a fines de 1967 leyera yo el juvenil texto de Marx.

Los “Manuscritos de París”, el radical texto marxiano de crítica a la autoalienación del hombre, sirve de piedra de toque a Adolfo Sánchez Vázquez desde mediados de los cincuentas para ajustar cuentas con el stalinismo, avanzando luego —según nos relata— la propuesta de una estética (1961) abierta por atenta al “carácter creador del trabajo artístico a la vez que [a] su condicionamiento social e ideológico”.

Sorprende, por ello, el que, en 1968, en su Filosofía de la praxis, los Manuscritos de 1844 aunque defendidos contra los ataques althusseria-nos queden, no obstante, situados por Sánchez Vázquez apenas como mero antecedente de la Filosofía de la praxis, es decir, como —premarxista— si lo decimos en términos althusserianos. Del mismo modo tenemos ante nuestros ojos una censura implícita contra los Manuscritos de 1844. Cuando en su  semblanza autobiográfica de 1978, titulada “Mi obra filosófica” escribió: “La praxis es el gozne en que se articula el marxismo en su triple dimensión de proyecto, crítica y conocimiento. Su introducción (desde las tesis a Feuerbach [1845]) produce un cambio radical en la filosofía no sólo en su objeto, sino también en el modo de hacerla”.

Pero no para ahí la cosa, Adolfo Sánchez Vázquez refuerza aquella censura con la autocensura. Y ello no obstante que lo haga para ilustrar su muy loable disposición autocrítica; pues luego de insistir en su crítica al capitalismo y al stalinismo dice así: “Mi propia obra, la someto a un proceso constante de revisión y renovación, como puede verse, por ejemplo, en la superación de ciertas primeras adherencias humanistas en trabajos posteriores“.

Y no obstante el maestro Sánchez Vázquez dice de su vida, y este bien cincelado dicho —que por su sintaxis generosamente nos incluye— vale también para la obra toda de Marx, pues reza así: “nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que desde nuestra juventud hemos anhelado”.

Cabe, ahora, formular con más precisión el problema que nos ocupa. Discutiré un punto esencial de la interpretación que Sánchez Vázquez hace de los “Manuscritos de París” de Marx, quede pendiente comentarla en toda su riqueza.

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