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“Ocho tesis sobre el Neoliberalismo (1973-2013): José Francisco Puello-Socarrás

Resumen

Desde que se anunciara su lanzamiento intelectual con la Sociedad Mont-Perélin más de medio siglo atrás y cuatro décadas más tarde de su aplicación in situ a nivel global, se hace necesario hacer un balance sobre el significado político económico y social-histórico sobre qué es y qué significa el neoliberalismo. A pesar que desde los primeros años del nuevo milenio se vocifera el fin de la llamada Hegemonía Neoliberal, idea reforzada más recientemente con ocasión de la Crisis global por la que atraviesa el capitalismo hoy y que las posturas neoliberales convencionales reinantes durante las últimas décadas del siglo pasado ciertamente han sido desacreditadas  –afortunadamente no desde la teoría abstracta sino desde las realidades concretas–, el neoliberalismo continúa su curso buscando consolidar “nuevos” referentes, sin extralimitar en ningún momento su identidad ideológica fundamental.

El actual trance crítico ha propiciado no sólo la reemergencia de discursividades (algunas de ellas) novedosas y alternativas sino también una reconfiguración al interior del  neoliberalismo –en general inadvertida– pero que viene gestándose a través de la recomposición de la hegemonía del proyecto neoliberal (su ideología y prácticas) con el relevo de las posiciones ortodoxas, en su gran mayoría de inspiración leséferista (laissez-faire, laissez-passer, “dejar hacer, dejar pasar”) activándose la renovación del ideario neoliberal a partir otras perspectivas igualmente neoliberales pero heterodoxas. Este sendero permitiría la reconstrucción del capitalismo neoliberal con el fin de enfrentar las vicisitudes que le plantean los nuevos tiempos y ante los cuales el extremismo ortodoxo no parece ofrecer ya respuestas viables, sobre todo, desde el punto de vista político-económico. Este trabajo intenta proponer 8 tesis generales en perspectiva histórica que sintetizan cambios y rupturas en el neoliberalismo para allanar diagnósticos prospectivos en torno a su superación.

Palabras clave: Neoliberalismo, Nuevo neoliberalismo, Ortodoxia, Heterodoxia, Crisis capitalista

Tesis 1. El Neoliberalismo, etapa “superior” del Capitalismo

Un análisis retrospectivo del neoliberalismo permite establecer dos precisiones en torno a su posible periodización en perspectiva histórica. Por una parte y desde un abordaje de memoria larga, el neoliberalismo no sólo es la última etapa del capitalismo histórico hoy conocido, cronológicamente hablando. La expansión de los mercados, conocida como “globalización”, ilustraría la dimensión espacial-temporal de este punto y se ajusta muy bien a lo que Harvey actualiza, desde la “vieja” pero aún vigente proposición de Lenin, como nuevo imperialismo. Igualmente resulta ser la fase superior del sistema en sentido  cualitativo. El neoliberalismo es la etapa donde se verifica la más pronunciada exacerbación de las lógicas y contradicciones inherentes a la reproducción y acumulación incesante del capital. La explotación económica, la dominación política, la opresión social y la alienación ideológica, en todos los niveles y dimensiones que caracterizan –al decir de Wallerstein– la economía-mundo capitalista, encuentran al día de hoy y al mismo tiempo, su cenit y su ocaso. La denominación coloquial que se le ha venido otorgado al neoliberalismo como “capitalismo salvaje” es tan consistente como descriptiva respecto de la progresiva mercantilización de la vida humana pero sustancialmente de la deshumanización del hombre (en sentido genérico) dentro del capitalismo. El salvajismo se propone como la impronta más distintiva de la actual fase neoliberal1. Las condiciones críticas y las tendencias inéditas que actualmente muestra el sistema rebasan ampliamente el balance de tensiones históricamente conocidas durante toda la evolución del modo de producción capitalista desde sus orígenes.

Las implicaciones que se desprenden de la actual crisis del Capitalismo son radicalmente expresivas de la época de crisis civilizatoria que encarna el neoliberalismo. No hay que olvidar tampoco que la manera como se pretendieron sortear las crecientes contradicciones y la sobrevenida crisis del capitalismo de postguerra, especialmente, el agotamiento del Estado de Bienestar y el modelo de acumulación fordista a nivel planetario (principalmente en los países centrales pero siempre en correlación a las periferias capitalistas) fue articulada bajo la contrarrevolución neoliberal.

Desde la década de 1970 y hasta el día de hoy, el neoliberalismo es, por antonomasia, la estrategia ofensiva del Capital (contra el Trabajo) y reacción, “salida” y “solución” ante la crisis estructural y global del capitalismo tardío. Inclusive, desde la perspectiva de las élites hegemónicas, la actual crisis plantea salidas no sólo en el marco del capitalismo sino peor aún bajo la profundización de las lógicas neoliberales, aunque, como se ha advertido poco, dependiendo de los ritmos y espacios, alrededor de un neoliberalismo nuevo, es decir, una versión de nuevo cuño.

Artículo Completo

Revista Espacio Crítico nº18

  1. Guillermo Figueroa Luna
    28/04/2015 en 06:09

    Valioso análisis de las ideologías y doctrinas económico.políticas de “los neoliberalismos”. Creo muy acertado hablar en plural de las mismas, pues hay que comprenderlas bien en sus fundamentos epistemológicos, sus raíces sociales y sus resultados prácticos en la lucha de clases.

    NO DEBEMOS UTILIZAR LOS TÉRMINOS IDEOLÓGICOS DE LA BURGUESÍA

    Pero, creo que, en la terminología utilizada el autor arrastra una debilidad que comparte con las críticas superficiales y conciliatorias de otros autores.

    Creo que Puello-Socarás no toma en cuenta la recomendación de Lenin, que afirmó algo así como “no se puede comprender a un actor social por lo que él diga de sí mismo”. Por eso, las ciencias sociales forjan sus propias categorías y conceptos. Veamos:

    Los capitalistas generalmente no se llaman a sí mismos capitalistas –y menos imperialistas–, sino “empresarios”, “emprendedores” , “hombres de éxito”. Tampoco se llaman burgueses y sin embargo, en ciencias sociales sí los llamamos así: capitalistas, burgueses, imperialistas, porque hemos forjado autonomía conceptual y teórica.

    Es entonces paradójico que llamemos a sus teorías y doctrinas con el nombre que ellos se pusieron y se obstinan en continuar utilizando: liberalismo. Lo que está ligado a libertad. Tuvo esto tuvo sentido y algo de veracidad cuando aún los burgueses buscaban suprimir los obstáculos feudales, del Antiguo Régimen, contra la producción y circulación de mercancías.

    Pero llegados a la fase monopólica del capitalismo, “toda la ideología liberal ha dejado de ser válida”, como señaló con precisión José Carlos Mariátegui. El monopolio es el fin de la libertad, incluso de la libertad de mercados, es el fin de la libre competencia, que es reemplazada por el poder de los monopolios y por las pugnas inter monopolistas. Si ellos se aferran a la envoltura ideológica de “laissez faire, laissez-passer” es porque el término libertad conserva su prestigio y es utilizada con mayor coherencia por las ideologías y doctrinas socialistas: frentes de liberación nacional, liberación de la humanidad, reino de la libertad, etc.

    Si seguimos dando a sus doctrinas el nombre que ellos dan a las mismas, no contribuimos al desarrollo de la conciencia de los trabajadores, nos dejamos arrastrar por los usos conciliatorios de los reformadores del capitalismo (los del “rostro humano”), que por diversas razones y circunstancias históricas han ocupado y casi monopolizado la crítica académica y hasta política de las últimas décadas.

    Al indicar una de las raíces ideológicas de los “neoliberalismos” (yo siempre pongo este término entre comillas), Puello-Socarrás acierta, pues la caracteriza como FUNDAMENTALISMO DE MERCADO. Es un término que se acerca más a esas doctrinas y sirve más para comprender esas ideologías. Por supuesto, puede haber otras propuestas, pero en ningún caso llamarlas como los teóricos de la burguesía se autodenominan: liberales, liberalismo, etc.

    DIFERENCIAR DOCTRINAS DE FASES

    Creo que tampoco es acertado utilizar el término “neoliberalismo” para denominar la fase de desarrollo capitalista en que está el mundo. Estas fases deben ser denominadas por las relaciones económicas y políticas y no por la falsa conciencia o “inconciencia de clase” (término del historiador Pierre Vilar) de los monopolistas y sus teóricos.

    Puesto que Puello-Socarrás reconoce la vigencia de las teoría sobre el imperialismo como segunda fase del capitalismo, también es necesario precisar los periodos dentro de esa fase. Así, Samir Amín propuso “capitalismo senil”, otros proponen “capitalismo tardío”, etc. En todo caso son esfuerzos que cumplen con el principio metodológico de diferenciar la base económica imperialista, de las ideologías que se refieren a la misma.

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