«Vicente Navarro sobre Marx y Keynes, o las vagas ideas económicas del reformismo»: José A. Tapia
Como dije en otra ocasión, Vicente Navarro es uno de los autores más destacados de los que hacen crítica social en España. Por ello, sus ideas merecen comentarse, tanto más cuando hay razones importantes para discrepar de sus razonamientos. Navarro representa el paradigma de intelectual progresista que a menudo mezcla ideas de tradición anticapitalista con nociones vagamente progresistas de tradición reformista. En términos económicos, Navarro hace una mezcolanza de Marx y Keynes y pretende que se trata de un estupendo café con leche, perfecto para nuestro alimento intelectual. Lamentablemente, la mezcla parece más bien un potaje de lentejas con helado de chocolate porque, pese a Navarro, las ideas económicas de Marx son tan compatibles con las de Keynes como el ateísmo con la religión, o como la defensa de lo s derechos humanos es compatible con el racismo. Por supuesto que, dicho lo anterior, hay que aclarar de inmediato que el rigor intelectual es necesario y que no es admisible que se deformen las ideas de otros o se mezcle eclécticamente esto con aquello; pero mucho más importante —a efectos prácticos y científicos—es que se haga un análisis coherente de los hechos. El análisis de Navarro no lo es y por ello no contribuye al desarrollo de la conciencia crítica, que es una de las pocas cosas que es razonable esperar de la presente crisis. Intentaré mostrarlo en lo que sigue Navarro arguye que en la consideración de las causas de la crisis ha recibido escasa atención la distribución de las rentas entre las derivadas del capital y las derivadas del trabajo, lo que él denomina “el conflicto capital‐trabajo al cual Karl Marx dedicó especial atención”. Ese conflicto habría “perdido visibilidad en los análisis de las crisis actuales, sustituido por los análisis de los comportamientos de un sector del mundo del capital”.Así la generalización de políticas iniciadas por Reagan en EEUU y Thatcher en Gran Bretaña, encaminadas a favorecer las rentas del capital, debilitando el pacto social, determinó “una redistribución de las rentas a favor del capital, a costa de las rentas del trabajo”. Como consecuencia disminuyó la participación salarial en la renta nacional. Eso, según Navarro, creó “un enorme problema de escasez de demanda privada, origen de la crisis económica”. Sin embargo, esa escasez pasó desapercibida debido a dos factores: primero, la reunificación alemana en 1990 y el enorme crecimiento del gasto público resultado de las políticas de integración subsiguientes, que habrían tenido un efecto estimulante de la economía europea; segundo, el enorme endeudamiento familiar y empresaria l “que ocurrió en paralelo al descenso de las rentas del trabajo”. Ese endeudamiento fue facilitado por la creación del euro. Mientras que el sector público estaba en superávit, dice Navarro, el privado alcanzó un enorme endeuda miento consecuencia de la disminución de los salarios.
























