Inicio > Lucha de clases > “¿Cómo puede un pueblo derrotar a un invasor más fuerte o a una potencia ocupante?”: Diarmuid Breatnach

“¿Cómo puede un pueblo derrotar a un invasor más fuerte o a una potencia ocupante?”: Diarmuid Breatnach

La pregunta de cómo una nación es capaz de derrotar a una potencia imperialista o colonial más fuerte que ha invadido su territorio ha ocupado la mente de muchos revolucionarios – principalmente demócratas patriotas (en Irlanda, “republicanos”) y socialistas. La Historia mundial nos muestra algunas victorias en esta lucha, como la de los vietnamitas contra EEUU. No obstante, también muestra victorias parciales, en las que el poder colonial fue forzado a retirarse pero los nuevos gobernantes del país entregan la independencia que ya tenían en sus manos y se convierten en clientes del antiguo poder colonial o en una nueva potencia imperialista.

La historia de la lucha por el socialismo y la de liberación nacional, separada pero conectada de numerosas maneras, nos a entregado muchos ejemplos de los que extraer lecciones generales que puedan ser aplicadas a las luchas de la misma naturaleza en el presente, el pasado, y el futuro.

Los vietnamitas tenían a los franceses prácticamente derrotados cuando fueron invadidos por los japoneses, quienes al perder la Segunda Guerra Mundial tuvieron que devolver la mitad del territorio a los franceses, que a su vez se lo entregaron a EEUU, la nueva superpotencia imperialista que había emergido de la Guerra.

Los vietnamitas, en un país que es más pequeño que el Estado de Virginia, combatieron contra EEUU durante otros veinte años, sufriendo tremendos daños y finalmente derrotándoles. Estados Unidos contaba con el ejército mejor equipado del mundo, con la economía más poderosa y una tecnología en constante desarrollo, con una gran población de la que movilizar soldados y un gran presupuesto militar. Y aun así los vietnamitas vencieron.

Por supuesto que estaban luchando por su tierra natal, por supuesto que eran valientes, inteligentes y se adaptaban. Pero esas virtudes, por sí solas, podrían no haber sido suficientes. Tenían otros factores a su favor. Ya tenían liberado la mitad del país (Vietnam del Norte), y EEUU no podía invadir ese territorio sin arriesgarse a que China o incluso la Unión Soviética entrasen en conflicto directo con ellos. Esa parte del país permaneció durante muchos años como una retaguardia segura para los vietnamitas que combatían en las filas de la guerrilla del VietCong, y para los soldados regulares del Ejército de Vietnam del Norte, de quienes podían conseguir armas y otros materiales.

En el área de las relaciones internacionales, los vietnamitas tenían en respaldo de la República Popular de China, que podía aprovisionarles con armas y equipo.

En política internacional, todas las fuerzas anti-imperialistas les apoyaron, aislando a EEUU políticamente. Ese hecho, combinado con la tasa de mortalidad de los soldados estadounidenses junto con la progresiva radicalización de la juventud, creó un poderoso movimiento contra la guerra imperialista dentro de los propios Estados Unidos que jugó un papel importante minando la moral del personal militar de EEUU destinado en Vietnam.

Los vietnamitas también tenían el apoyo del régimen laosiano y de potentes fuerzas anti-imperialistas en Camboya, quienes proporcionaban pertrechos y rutas de escape alternativas para la guerrilla vietnamita. El territorio de Vietnam es montañoso, con valles y planicies cubiertas de junglas y arboledas de bambú o con “pasto elefante”, una hierba de altura superior a una persona. Escondía perfectamente a la guerrilla y a unidades regulares del ejército.

Y, quizá crucialmente, el monopolio capitalista de EEUU podía permitirse perder la parte sur del Vietnam – no estaba integrado en su territorio, ni siquiera en su “patio trasero” (como suelen pensar de América Latina). La pérdida les costó prestigio, algo importante para una superpotencia mundial, así como moral en su propio país. Su clase dominante estaba decidida a no perder, y combatieron duramente para ganar, pero las consecuencias políticas y las bajas eran tan elevadas que otro sector de esa clase optaba por abandonar. Ése es el verdadero motivo del escándalo Watergate y de la acusación del presidente Nixon.

Irlanda ya no es un país boscoso, y tiene muchas más zonas urbanizadas que Vietnam; no tiene una zona liberada que le sirva de apoyo (el Estado de los 26 condados o “República de Irlanda” es hostil a cualquier movimiento anti-imperialista en su territorio), ni tiene países vecinos que quieran prestar ayuda o hacer la vista gorda ante el uso de su territorio. Tampoco tiene un buen proveedor de armamento (en realidad, el único fue brevemente la Libia de los últimos años de Gadafi). Además, no sólo Irlanda es considerada el “patio trasero” de Gran Bretaña, sino que la isla entera está considerada como un parte integral del “Reino Unido”, la base del monopolio capitalista británico.

Traducción de Miguel Huertas – Red Roja

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