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“Los peligros de los tópicos y eufemismos”: Iñaki Gil de San Vicente

1. DEMOCRACIA Y MENTE PACIFICADAS

2. CRISIS FINANCIERA

3. ESTADO DEL BIENESTAR

4. SECTORES PRODUCTIVOS

5. DEMOCRACIA DIRECTA, PARTICIPATIVA Y REPRESENTATIVA

6. JUSTICIA SOCIAL, REPARTO DE LA RIQUEZA

7. DESARROLLO ENDOGENO Y DESARROLLO SOSTENIBLE

8. SOCIEDAD CIVIL. HEGEMONIA

9. TEORÍA DE LA EXPLOTACION ASALARIADA

10. TEORÍA DEL ESTADO Y DE LA VIOLENCIA

11. TEORIA DEL CONOCIMIENTO Y DE LA PRAXIS

12. TEORIA ÉTICO-MORAL E IDEAL DE VIDA

1. Democracia y mente pacificadas. Entre otras cosas, los tópicos son también las expresiones triviales o vulgares, es decir, las que de tanto usarse sin carga crítica, sin insistir en su contenido político, han terminado por volverse huecas, vacías y manipulables por la ideología dominante, la del poder establecido, que las recarga en su provecho. Los eufemismos son las trampas lingüísticas que el poder hace para destruir la carga peligrosa de un concepto, desnaturalizándolo para hacerlo aceptable al lenguaje de la dominación. Tópicos y eufemismos son dos de los métodos que el poder tiene para imponer la ignorancia tal cual la define R. Levins en la cita anterior, de modo que terminamos creyendo que somos cultos, que estamos formados intelectualmente, cuando en realidad somos dogmáticos -no usar categorías dialécticas, flexibles, no rígidas- e ignorantes.

Bajo la «democracia pacificada» en la que malvivimos, los conceptos radicales, los que tienen el potencial teórico capaz de demostrar que la civilización burguesa se asienta sobre la explotación humana, estos conceptos son sistemáticamente expulsados de los llamados «medios de comunicación» y del sistema educación muy especialmente, de manera que la juventud los desconoce, no llega a oírlos o leerlos hasta muy tarde, y cuando lo hace no los comprende o los malinterpreta porque, además, ha sido educada en el mecanicismo y en el dogmatismo, en la ignorancia de lo que es la dialéctica, la capacidad de penetrar hasta la esencia de un problema para descubrir en ella la permanente unidad y lucha de sus contrarios antagónicos.

La democracia pacificada requiere de mentes pacificadas para su correcto funcionamiento. Con toda razón, se utilizan acertadas expresiones críticas como «figura del Amo», «policía mental», «cadenas de oro», «miedo a la libertad» y otras para mostrar de manera pedagógica cómo el poder se ha introducido en nuestra personalidad pacificándonos desde dentro, castrando nuestra independencia de praxis, de crear cosas y pensamientos nuevos y críticos, inasimilables por el sistema. La pacificación de las mentes se realiza desde el mismo instante en el que empieza a formarse la personalidad humana predisponiéndonos desde entonces a la obediencia. La mente pacificada se caracteriza por la credulidad ante la mentira, por la mansedad ante opresión y por la aceptación normalizada del lenguaje lleno de eufemismos y de tópicos.

Si no sabemos qué es el concepto marxista de clase social, o de pueblo trabajador, o de plusvalía, o de Estado, o de democracia, por ejemplo, seremos incapaces de conocer el sentido y la realidad práctica, material y objetiva, de lo que es una huelga o un cierre de una empresa que condena al paro a sus trabajadores, o cómo y de dónde obtiene la burguesía sus inmensas propiedades, o para qué está la burocracia estatal y el porqué de su ferocidad represiva en determinados momentos, o qué es la opresión nacional, etcétera. No conoceremos estas realidades y otras con ellas unidas, porque el no uso de los conceptos nos impide conocer las conexiones entre los problemas que nos destrozan la vida, entre sus partes sustantivas, cómo forman una unidad de sentido y de significado que nos explica su origen, su evolución y movimiento y sus contradicciones internas, sus conexiones con otros problemas; y menos aún conoceremos sus tendencias internas y las posibilidades que ellas surgen y en las que debemos intervenir para orientarlas en la dirección revolucionaria.

Muy frecuentemente, el reformismo se incuba en la oscuridad de la ignorancia, en esa afirmación de Rosa Luxemburg en su crítica a Bernstein de que el rechazo de la dialéctica marxista y la vuelta a formas de kantismo, a su rigidez y quietud, como lo define Clara Dan, es una constante del reformismo. El empleo común en las conversaciones cotidianas y en los supuestos debates profundos de una mezcla de tópicos, eufemismos, sobreentendidos, falsedades y errores, polisemias, estereotipos, etcétera, es mucho más frecuente de lo que creemos. Si a esta realidad le unimos los años de descrédito de la teoría marxista y de exuberante triunfalismo de todas las modas post -postmodernismo, postmarxismo, postestructuralismo, postcapitalismo,…-, comprendemos por qué muchas de las reflexiones de la izquierda sobre los cambios del capitalismo real no pasan de ser pobres elucubraciones abstractas y formalistas, con inquietantes tendencias subterráneas de deriva reformista. En este sentido, las aclaraciones muy pertinentes que hace J. Petras sobre el contenido real de expresiones como «demandas del mercado», «libre empresa», «libre mercado», «recuperación económica», «privatización» y «eficiencia», se caracterizan por mostrar además de la mentira inherente a la versión eufemística de tales conceptos, sobre todo su dialéctica interna.

Aquí vamos a exponer muy resumidamente sólo unos pocos tópicos y eufemismos que se emplean habitualmente en la izquierda revolucionaria, en la independentista también. ¿Cómo se ha llegado a semejante linealidad y pobreza teórica? La coerción sorda e invisible que la burguesía ejerce sobre el conocimiento humano y en especial sobre el crítico explica en parte el problema, aunque debemos incluirla dentro de los efectos que causa el fetichismo de la mercancía en la inversión del pensamiento humano. También lo explica en parte la desmoralización de muchas fuerzas revolucionarias tras la caída de la URSS y la incapacidad de la «teoría» stalinista para explicar el derrumbe y para responder a las nuevas modas ideológicas burguesas de finales del siglo XX. Pero tampoco debemos olvidar o menospreciar la indiferencia de las organizaciones revolucionarias para volver sistemáticamente a los famosos y siempre necesarios «cursos de formación de la militancia».

Los peligros de los tópicos y eufemismos

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