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“La teoría de la actividad o de la psicología para la formación de la personalidad”: Héctor Antonio Mugas

Introducción

Como consecuencia de la crisis económico-social iniciada a mediados de los años 70 a cuyo desenlace como crisis mundial estamos asistiendo desde el año 2008, el capitalismo inició una serie de medidas económicas y sociales como herramientas contrarrestantes a la Ley de la tendencia de la tasa de ganancia (Marx: 2000)1. Además de medidas específicamente económicas, como la generalización de nuevas formas de cooperación en la industria, conocidas en general como «toyotismo», y del manejo del «stock», con el criterio de «just in time», etc. Otras, en cambio tuvieron como objetivo la transformación del propio productor a través de la reforma masiva de la educación en el mundo. En lo psicológico la reforma educativa significó un cambio del modelo de hombre que con el «fordismo» hallará su fundamento en el conductismo. El «toyotismo» y el objetivo de garantizar una mayor explotación del trabajo vivo requerían de un trabajador flexible, que tomara decisiones autónomamente, que supiera coordinarse con otros de su equipo a través de la comunicación en el propio grupo, etc. Este modelo de productor se asentó, superficialmente, en concepciones psicológicas progresistas y en autores como L. S. Vygotski, J. Piaget, J. Bruner, etc. Decimos superficialmente porque el objetivo era la recuperación de la tasa de ganancia y la producción de valor para el capitalista y no los intereses del productor mismo.

El presente artículo, es un intento por recuperar algunos principios del materialismo dialéctico e histórico y aportes psicológicos fundados en él, con la intención de proponer un modelo centrado en las necesidades concretas del hombre al que la educación debería tender.

I. Sobre la práctica

Intentar contribuir a la formación del hombre con la intención de que en él se desplieguen todas sus potencialidades creadoras, la formación de «el hombre concreto» (Seve: 1975), en contraposición al hombre como productor de valor de cambio, « el hombre abstracto»; requiere de una profunda labor de revisión de los aportes que dan fundamento no sólo teórico sino epistemológico a la tarea de repensar el hombre en el mundo, de su educación y formación como personalidad concreta. Es decir, entender la teoría de la educación y la psicología como función de la acción y no como una mera interpretación del mundo y de las cosas. Por lo que la teoría de la educación y el hombre debe transformarse en herramientas de acción política y social para su transformación y la del mundo.

Para no caer en la mera instrumentación tecnológica, como ha hecho la presente reforma educativa mundial, es necesario reproducir sintéticamente el camino común de la mayor parte de los desarrollos en el pensamiento científico-psicológico marxista y, a través de ellos, recuperar al propio Marx. Para ello, debemos hacer mención a la 1ª y la 6ª Tesis sobre Feuerbach de K. Marx (1957) como paso previo al ahondamiento en la teoría de la actividad que será nuestro objetivo.

Como se sabe, K. Marx redactó sus Tesis sobre Feuerbach como una forma de «saldar cuentas» con sus propios resabios del viejo idealismo hegeliano y a la vez, bosquejar el camino de su futuro desarrollo como filósofo y científico social, por lo que no pueden tomarse como un hecho anecdótico. Esta misma intención, por parte de Marx y de Engels, se puso explícitamente de manifiesto más extensamente luego en La ideología alemana, texto de importancia psicológica fundamental.

En la 1ª tesis, K. Marx resuelve el problema de la separación filosófica entre sujeto y objeto, poniendo a la práctica humana como nexo material entre el hombre y el mundo. Dice Marx:

“El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo (subjetivo) fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal”.

Esta falta de «comunicación» entre el sujeto y el objeto, la resuelve K. Marx reconociendo la práctica como la base material del conocimiento tanto del objeto como del sujeto. Es decir, negando la posibilidad de conocimiento directo del objeto o del sujeto en sí, sino a través de la actividad, de la interacción entre ambos.

A este respecto, S. L. Rubinstein hace una importante aclaración sobre la enorme dimensión psicológica de esta tesis en Marx, subrayando el aspecto de que es el hombre, a través de los sentidos, quien se relaciona con la realidad, su medio de existencia.2 Es decir, el hombre como totalidad. Esta aclaración tiene por objetivo subordinar la condición de sujeto y de conciencia, formaciones históricamente posteriores, a la condición de existencia del hombre, a la de persona integral, y de superar el equívoco idealista de sustituir el hombre por la cognición o la misma subjetividad. Es decir, Rubinstein hace esta aclaración para subrayar y recalcar la idea de que Marx no se está refiriendo a la relación epistemológica sujeto-objeto, sino a la ontogenia material del conocimiento y la personalidad entre el hombre y el mundo a través de la práctica. De allí la importancia radical del trabajo y de la actividad, y la subordinación del sujeto del conocimiento y la propia conciencia como formaciones derivadas de la existencia del hombre en el mundo.

Por lo tanto, a diferencia de las concepciones idealistas y materialistas metafísicas, tanto la realidad interna del hombre (lo perteneciente al sujeto) como la realidad externa (lo perteneciente al objeto) no son inmediatamente cognoscibles en sí mismas. Ambas realidades no se presentan a los sentidos en forma directa o inmediata, como pensaban los materialistas mecanicistas, sino a través de la práctica social e individual: de la «actividad». Con buen criterio, retomará luego A. N. Leontiev (1978) la práctica, la actividad como nexo material entre ambos polos: el subjetivo y el objetivo.

Para el materialismo dialéctico, la actividad, o lo que es lo mismo, el movimiento es absoluto, es eterno e increado. Por el contrario, las formas estables o cristalizadas en las que se corporiza la actividad y el movimiento, son relativas y se transforman unas en otras, según el momento de desarrollo de la actividad de cada sector de la realidad que consideremos.

La teoría de la actividad o de la psicología para la formación de la personalidad

Fuente: http://laberinto.uma.es/

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