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“La inflación en el capitalismo dependiente”: Guillermo Gigliani

En las economías contemporáneas, el dinero y los precios están vinculados con la marcha de la producción como así también con sus contradicciones. De acuerdo a Taylor (1991), existen dos tipos distintos de inflación. Uno de ellos es la inflación por exceso de demanda, que ocurre cuando la producción se encuentra en el límite de la capacidad instalada (cuando el nivel de ocupación de la capacidad u es igual a u*) 1. El funcionamiento de las economías capitalistas tiene lugar a través de ciclos de alzas y bajas de la producción. Cuando el nivel de actividad transpone la capacidad instalada normal, se ingresa a una fase de exceso de demanda en la cual se verifican tendencias al alza de los precios monetarios. Otros autores, entre ellos Olivera, extienden el concepto de exceso de demanda al desequilibrio que se verifica entre oferta y demanda agregadas, cualquiera sea el nivel de utilización de la capacidad instalada (Olivera, 1967) 2.

Varios autores marxistas, como Foley (1986) y Shaikh (2000), han analizado la relación entre el ciclo económico y la inflación. Los economistas postkeynesianos, en cambio, no tienen una opinión uniforme sobre este tipo de inflación. Taylor (1991, 2004) hace un estudio completo sobre los excesos de demanda de bienes en un contexto de oferta monetaria endógena. Otros, como Lavoie (1992) consideran que la producción se desenvuelve por debajo del nivel de la capacidad instalada y ello excluye la posibilidad normal de presiones de la demanda agregada sobre los precios. En su extensa y, en varios aspectos, notable Monetary Economics, Godley y Lavoie (2007) no plantean el caso de la inflación de demanda y hacen referencias muy poco definidas sobre el tema 3 .

El otro modelo es el estructuralista, que analiza los aumentos de los precios cuando existe capacidad instalada disponible (cuando u toma un valor por debajo de u*). Los países industrializados y, sobre todo, los países dependientes registran este tipo de inflación que no puede ser explicado por excesos de demanda sino que se vincula a fenómenos que tienen lugar en el proceso de producción y, asimismo, en las condiciones sociales subyacentes que determinan ese proceso, como por ejemplo, las pugnas entre el capital y el trabajo en torno al ingreso nacional 4.

Existe un tercer tipo de inflación, cuando los aumentos de precios, que muchas veces toman un carácter violento, están vinculados a la crisis fiscal y a la deuda externa (Salama, 1990). Estas inflaciones fueron un flagelo para las economías latinoamericanas durante la década del ochenta y no pueden ser explicadas, por lo menos en forma directa, ni por excesos de demanda, ni por dificultades en el proceso productivo, ni por conflictos distributivos entre capitalistas y trabajadores.

Las explicaciones de la inflación ofrecidas por la teoría crítica se diferencian de la visiones ortodoxas por cuanto éstas últimas sólo aceptan la inflación de demanda. Para los neoclásicos, la inflación es un fenómeno puramente monetario, un concepto defendido por Friedman y sus seguidores. Esta concepción, que se apoya en la ecuación cuantitativa del dinero, tiene implicancias prácticas, por cuanto las recetas monetaristas de estabilización de los precios se basan en medidas contractivas, como las que propone el FMI para los países dependientes.

La idea estructuralista: las causas de la inflación.

La inflación estructural se origina en las condiciones mismas de la producción y en los conflictos entre las clases sociales. Expresado de otra manera, el alza de precios puede originarse en el mercado del producto o en el mercado de trabajo.

La suba de los precios nominales en una economía que se encuentra por debajo de la plena ocupación de su capacidad instalada es un fenómeno recurrente en los distintos países. La escuela estructuralista latinoamericana fue la primera en ocuparse particularmente de esta inflación, en los cincuenta y en los sesenta, debido a la importancia que tenía en los países subdesarrollados. Entre otros, Olivera considera que la inflación estructural se origina en las condiciones de la producción y de la organización económica.

Según este autor, a cada estructura productiva de un país le corresponde un único vector de precios relativos y viceversa. Los cambios que se operen en esa estructura económica, sea por razones de demanda –esto es, por modificaciones en las demandas sectoriales- o por razones de oferta –por cuanto pueden sobrevenir cambios tecnológicos en las condiciones de producción-, van a verificarse a través de una modificación de ese vector de precios relativos (Olivera, 1967).

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