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«Discusiones marxistas sobre tecnología»: Claudio Katz

En dos textos recientes1 hemos definido a la tecnología como un conocimiento científico aplicado a la producción, que presenta tres características: es una fuerza productiva social, actúa por medio de innovaciones sujetas a la dinámica contradictoria de las leyes del capital, y su entendimiento requiere la adopción de una postura social e ideológica distanciada de las clases dominantes. Estos tres postulados constituyen el centro de una interpretación marxista del problema.

La tecnología es ante todo una fuerza productiva, ya que el «conocimiento científico aplicado a la producción» se materializa en máquinas, artefactos, procesos de trabajo y sistemas de organización de la producción. Contribuye a la creación de los medios necesarios para realizar una actividad económica dentro de un modo de producción específico y por lo tanto, forma parte de las fuerzas productivas.

La tecnología es una fuerza productiva social porque implica la utilización de procedimientos científicos bajo el comando del capital. La definición la «fuerza productiva social» subraya esta configuración directa de la tecnología, por las normas de funcionamiento del sistema capitalista. También la ciencia es una fuerza productiva condicionada por los requerimientos del capitalismo, pero su grado de dependencia del proceso de valorización es inferior. Debido a esta mayor autonomía del proceso social
de la acumulación puede ser distinguida de la tecnología y caracterizada como fuerza productiva indirecta.

En nuestra visión partimos de una interpretación del concepto fuerzas productivas, para precisar la doble acción de la tecnología en la generación de valores de uso y en la acumulación de plusvalía. Distinguimos los rasgos universales de la tecnología de sus componentes específicos del proceso de valorización. La función de la tecnología se evidencia en el cambio tecnológico. La mejor forma de comprender la dinámica de este proceso es partiendo de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Del análisis de esta oposición surgen los principios reguladores que imponen las leyes del capital al cambio tecnológico y se derivan también, cuales son los estímulos y las trabas que condicionan el curso de la innovación.

Este marco teórico nos permite resumir los cuatro rasgos centrales de la innovación: 1) La ley del valor trabajo es la principal norma rectora del cambio tecnológico y en última instancia, la causa determinante de su carácter incierto y convulsivo. 2) La introducción de nuevas tecnologías está indisolublemente asociada al aumento de la explotación, debido al papel central que ocupa la búsqueda de mayores tasas de plusvalía en el cambio tecnológico. 3) La innovación vehiculiza las crisis de valorización (caída de la tasa de ganancia) y de realización (estrechamiento del poder de compra en relación al aumento de la producción) del capital, como consecuencia de la dinámica compulsiva que impone la competencia mercantil. 4) Entre la optimización técnica y la maximización del beneficio existe un desequilibrio, que desestabiliza estructuralmente el proceso de acumulación.

Finalmente, nuestro análisis sitúa los estudios sobre la tecnología en un lugar especial dentro de las ciencias sociales, debido a la estrecha relación de esta disciplina con las ciencias naturales. Pero nuestro enfoque se separa radicalmente de los denominados estudios sociales de la tecnología, por la relevancia cognitiva que asignamos a la adopción de una actitud crítica y desmistificadora del fetichismo tecnológico. Consideramos que el marxismo logra un acceso privilegiado al conocimiento de la tecnología como fenómeno social, porque parte de un distanciamiento explícito y conciente del punto de vista de las clases dominantes. Esta postura le permite jerarquizar el análisis del problema de la explotación en el cambio tecnológico y ubicar cuales son las contradicciones de la innovación en el capitalismo.

Las tres conclusiones de nuestro análisis: la tecnología como fuerza productiva social, la dinámica contradictoria del cambio tecnológico bajo las leyes del capitalismo y la ventaja cognitiva de una teoría posicionada en el campo de los oprimidos, surgen de un enfoque particular dentro del marxismo. Esta visión ha sido elaborada en la asimilación y en la crítica de los autores y las escuelas que revisaremos a continuación.

Discusiones marxistas sobre tecnología

Katz, Claudio. «La concepción marxista del cambio tecnológico«, en: Revista Buenos Aires. Pensamiento económico, n 1, otoño 1996, Buenos Aires y «La tecnología como fuerza productiva social«. Texto preparado para las II Jornadas de Sociología de la UBA, Buenos Airees, 11 al 13 de noviembre de 1996

  1. 30/04/2012 a las 17:46

    Dice Katz: «Cuanto más se expanden las fuerzas productivas más decrece el tiempo
    socialmente necesario para fabricar cada mercancía y menor es el rol objetivo del
    tiempo de trabajo como medida de valor. Este proceso contradictorio sienta las bases
    para el socialismo, ya que permite suprimir el sistema de explotación y pasar de una
    economía basada en el trabajo expropiado a otra sostenida en el tiempo libre. Debido
    al crecimiento de las fuerzas productivas resulta cada vez más factible reducir la
    jornada de trabajo y emancipar la sociedad de la tiranía capitalista. »
    De acuerdo con la frase, pero hay reparos: 1) O se reparte el «tiempo necesario» y el Valor-agregado entre todos sin exclusiones ni desigualdades graves, o se promueve la exclusión sistémica. 2) La superexplotación resultante del cambio científico-técnico no es más que una simulación generalizada del modelo de Marx que compara dos situaciones con distintas productividades para momentos distintos, sin detallar el cambio de costos y precios, con niveles de desempleo distintos (o de exclusión) y de salarios reales que pueden variar de muchas maneras. Eso requiere cifras y contextos más claros. Se observa que el precio de mercado de una hora laboral concreta se puede devaluar en estos casos, así se hable de trabajo abstracto -que es valioso pero no medible porque es vida- .
    El foco debería centrarse en el uso de la tecnología: si es para hacer la vida más fácil y digna a todos los humanos, si es para que todos trabajen menos tiempo y a la vez tengan acceso a esos beneficios, si es para fortalecer la obsesión acumulativa capitalista sin tener en cuenta los límites de la naturaleza, de la gente en condición de miseria, si es para diseñar productos de vida breve y estimular el consumismo ante los nuevos modelos, etc. Hay que recordar que la misma gente de ciencia ha alertado sobre sus nuevos límites: calentamiento, pico del petróleo, agotamiento de reservas de agua en Estados Unidos, y varias zonas «desarrolladas» del mundo, riesgos nucleares, desvío hacia los productos bélicos y su consumo en forma de guerras genocidas, tecnologías destructivas en minería, precariedad de la práctica estadística, etc. Pero la responsabilidad no es de la herramienta, es de quién la fabrica, maneja y controla, y decide para qué proyecto y para beneficiar o victimizar a quién, y si se responde por los daños hechos o si se voltea la cara cuando resulta costoso repararlos -y esas personas son las élites mundiales-.

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