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“Psicología cultural soviética”: Andy Blunden

Es 6 de enero de 1924 en Petrogrado, en el Segundo Congreso Ruso de Psiconeurología. En el
primer congreso, celebrado un año antes, Konstantin Kornilov había depuesto a Georgy Chelpanov, el padre de la psicología rusa y director del Instituto de Psicología, y había dirigido el Instituto hacia la creación de una psicología marxista; todos miraban hacia una u otra variedad de conductismo, en el cual el concepto de ‘consciencia’ se entendía, entre otras cosas, como poco científico, ilusorio o un epifenómeno del comportamiento y/o de la fisiología del cerebro. Todas las ciencias estaban en medio de similares revoluciones culturales. Tendría que haber una revolución en el arte, la geología, la agricultura, en todos los campos de la vida social, incluida la psicología. Como Rusia ya ostentaba figuras renombradas tales como Bekhterev y Pavlov, el dominio del conductismo parecía estar asegurado.

Al podio se dirige un joven docente procedente de Gomel, Lev Vygotsky. Vygotsky habla con fluidez y confianza, tomándose su tiempo y sin la ayuda de apuntes (Cole, Luria y Letvin 2006; Kozulin 1990; Letvin 1982). Utiliza el lenguaje de la reflexología de Pavlov y Bekhterev, pero hace un llamado para que la consciencia sea debidamente reconocida como un concepto clave de la psicología (Vygotsky 1997). Si todo es un reflejo, entonces la conciencia no es un reflejo sino la organización de los reflejos, un proceso con un origen social y que el sujeto mismo puede controlar. Luego continuó defendiendo una ampliación del campo de la psicología tal que haría insostenible el manejo de la psicología que existía en el momento. Era, de hecho, una crítica inmanente de la reflexología.

Para muchos de quienes lo escucharon, sus palabras debieron parecer una contrarrevolución encaminada a restaurar la psicología dualista e idealista de Chelpanov, pero aquél era un joven al cual se debía escuchar. Vygotsky fue invitado a Moscú para ocupar un cargo en el Instituto y pronto formó un grupo de investigación (la ‘troika’) con dos jóvenes asistentes de Kornilov: Alexander Luria, quien en esa época fuera un defensor del psicoanálisis, y Alexei Leontyev.

La Revolución Rusa fue más que un cambio de régimen; cada parte de la vida social e intelectual de Rusia fue expuesta a una prolongada, traumática y repetida transformación.
Ciertamente, transformó la vida de Vygotsky.

Vygotsky fue criado en Gomel, dentro de la zona de asentamiento de la Rusia zarista. Era un estudiante brillante y ávido lector de historia y filosofía, y dirigió un grupo de lectura entre sus compañeros de escuela alrededor de temas de historia judía y rusa. Sus lecturas evidentemente incluyeron los escritos del fundador del marxismo ruso, Georgi Plekhanov. Como judío, aun cuando fuera un estudiante merecedor de una medalla de oro, tuvo suerte de ser admitido a Derecho en la universidad en Moscú, en 1913.

Durante su tiempo en Moscú, Vygotsky estuvo profundamente involucrado con las luchas en el dominio de la crítica estética y literaria, en la que Simbolistas y Formalistas batallaban contra Futuristas y Constructivistas. Inmerso en los problemas de la hermenéutica y la semiótica mientras éstos evolucionaban en el entorno europeo, ésta fue la etapa formativa de su vida intelectual, y culminó cuando escribió La psicología del arte (Vygotsky 1971).

Luego de graduarse en 1917, y después de tomar un curso en psicología y filosofía en la “Universidad del Pueblo” de Shanyavsky, regresó a Gomel a enseñar literatura y psicología en la escuela del lugar. También dio clases en un estudio de teatro y dictó conferencias sobre literatura y ciencias. Impulsado por la difícil situación de niños huérfanos y discapacitados, organizó un laboratorio de psicología en la Escuela del Magisterio de Gomel, en donde se ocupó de preparar una nueva generación de docentes y escribió un manual para éstos titulado “Psicología educativa” (Vygotsky 1992), el cual era una revisión algo ecléctica de los temas y manejos centrales al campo en ese momento.

Artículo Completo en PDF

Revista de Estudios Sociales No. 40 rev.estud.soc.
agosto de 2011. Pp. 160. ISSN 0123-885X
Bogotá, pp. 127-134. Traducido por Felipe Estrada

  1. 20/03/2012 en 22:09

    El artículo me enseñó muchas cosas que ignoraba totalmente y me puso a reflexionar sobre los hilos ocultos que nos entrelazan a todos en la vida social, cultural, económica, política e intelectual, no solo a los contemporáneos, sino a las generaciones de hoy, de ayer y del futuro. La verdad, el pensamiento y las ideas son como el agua, uno cree que basta encauzarla en tubos, diques, represas, leyes y normas para lograr su control y limitar el acceso a ella, pero el agua busca sus caminos en silencio, con lentitud, y aparece con el tiempo por algún resquicio, se hace visible, nos llega y enriquece de muchas maneras. A veces se impacienta y aparece como grandes tsunamis e inundaciones.

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