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“Consumo, inversión y crisis: Marx, Keynes y la fábula de la cisterna”: José A. Tapia Granados

9/2010

El presente ensayo presenta un bosquejo de la evolución de las ideas económicas —académicas y socialistas— sobre las crisis y el sistema que las genera. Se discuten diversas explicaciones de por qué la economía capitalista tiende a oscilar entre periodos de expansión y periodos de crisis y se comentan diversas teorías sobre qué variables son más importantes como determinantes del estado de expansión o recesión de la economía, prestando especial atención a las ideas de la escuela keynesiana y de Marx.

I. La fábula de la cisterna

Érase un país muy seco en el que algunos, más emprendedores, habían construido cisternas y depósitos en los que almacenaban agua. Y vino una época de gran sequía y los sedientos querían beber agua de las cisternas y los dueños de las cisternas, a los que llamaban empresarios o capitalistas, dijeron sí, os daremos agua, pero tenéis que convertiros en servidores nuestros. Y la gente sedienta aceptó. Y los capitalistas, que eran sagaces y emprendedores, organizaron a los que estaban a su servicio en distintos grupos, unos que sacaban el agua de las fuentes; otros que la transportaban; otros que construían caminos o hacían otras tareas. Y cada grupo tenía un capataz y luego había jefes de los capataces y supervisores de los jefes y supervisores de los supervisores y así hasta llegar a los gerentes, que trataban directamente con los capitalistas. Y por orden de los capitalistas se construyó una gran cisterna donde se echaba toda el agua. Esa gran cisterna se llamó Mercado.

Los capitalistas y sus gerentes dijeron a la gente que habría que pagar dos peniques por cada cubo de agua que se sacara de la cisterna, y ellos, los capitalistas, pagarían un penique por cada cubo de agua que se echara a ella. Ese penique se llamaría salario, dijeron, y la diferencia de un penique entre el salario por traer al Mercado un cubo de agua y el precio por sacar esa misma agua del Mercado será nuestra ganancia o beneficio y, si no fuera por esa ganancia, el Mercado no existiría, y todos perecerían de sed.

La gente, que era torpe y tenía sed aceptó el arreglo. Y eran muchos y traían a la cisterna más agua de la que consumían ellos mismos, pues por cada litro que recibían tenían que pagar el doble de lo que recibían por cada litro que aportaban. Los capitalistas, que eran pocos, consumían mucha agua, pero el agua cada vez llenaba más y más la cisterna.

Consumo_inversion_y_crisis_-_La_fabula_de_la_cisterna

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