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IV Jornadas de Debate sobre la crisis 2012 «La crisis y los trabajadores: un análisis desde la historia»
Organiza: Red de Apoyo Mutuo de León / Deac MUSAC
Dirigidas a: estudiantes de la Universidad, a personas y colectivos interesados en el debate sobre la crisis actual
Inscripción: Gratuita a través de la web (AQUÍ) o en la recepción del Museo.
Fechas Conferencias y debates: Viernes 3 y Sábado 25 de Febrero, Sábado 24 de Marzo
Proyecciones y debates: Sábados 11 de Febrero, Sábados 3 y 31 de Marzo
Horario: de 18 a 21 horas Salón de Actos. MUSAC
Mediante conferencias, lecturas, proyecciones y debates entre compañeros y compañeras de los colectivos sociales y políticos y gente interesada, pretenden ser una aportación más en el proceso de socialización de una cultura teórica crítica desde la que analizar la realidad de nuestras vidas como parte de las clases populares. El objetivo, procurarnos la formación teórica imprescindible para identificar las causas de la crisis que estamos sufriendo.
Viernes 3 de Febrero
Conferencia. 18h. Salón de Actos MUSAC
«La gran divergencia». A cargo de Josep Fontana i Lázaro (Universidad Pompeu Fabra)
«El problema de la libertad en el pensamiento de Marx»: Ángel Prior Olmos
Sinopsis
El presente trabajo del filósofo Ángel Prior Olmos postula la existencia de una teoría general de la libertad (de la que pretende ofrecer su reconstrucción) en la obra de Marx, desarrollada por éste en un discurso que integra diversos puntos de vista: antropológico, histórico, político, económico, etc. La libertad no es reducible a simple consideración socio-histórica, ni tampoco a las categorías de la necesidad. Marx propugna como característico de la libertad la autorrealización del hombre en el ejercicio de sus poderes propios, asumiendo a la vez la concepción materialista del control o dominio sobre las condiciones de vida naturales y sociales. Fin (autorrealización) y medios (control, dominio) no son concebidos separadamente.
«Determinismo e historia en Karl Marx»: Juan Domingo Sánchez Estop
Es sino común a las filosofías materialistas el que la transgresión que éstas representan sea sometida a las más variadas operaciones de normalización. Para ser leída y entendida, la palabra materialista ha de ser reconducida a categorías ideológicas que anulan su especificidad. Así ocurrió desde un principio pues de Epicuro a Marx, pasando por Machiavello, Spinoza y tantos otros; la historia de esta corriente subterránea del pensamiento occidental coincide con la de su tergiversación, cuando no de su pura y simple ocultación. El caso que aquí nos interesa es el de Marx y el de la transmutación de la ciencia revolucionaria de las formaciones sociales, ya en un determinismo histórico teleológico, ya en una forma mecanicista de determinismo. Para esta transmutación no dejaron de encontrarse pretendidos fundamentos en las obras de Marx; y, desde luego, no fueron los propios marxistas los menos proclives a explotados. Entre ellos la buena fe militante se alió duraderamente con la supuesta clarividencia de dirigentes obreros que como doctores de los que no faltan a ninguna Iglesia, fundamentaban «científicamente» la esperanza de los simples. No se sabe muy bien (ni importa demasiado saberlo) si fue en terreno marxista o en terreno antimarxista donde se gestaron estas concepciones deterministas sobre la obra de Marx. El hecho patente es que tanto marxistas declarados, de Engels a Stalin y Trotsky, como detractores del marxismo como Popper o el angélico Lévy han contribuido a la constitución de una concepción popular que imputa a Marx un rígido determinismo histórico. Esta imputación se hace a dos niveles expresados por las dos tesis siguientes:
I. El sentido de la historia se halla predeterminado. Lo cual significa colocar el pretendido determinismo marxista dentro de una teleología histórica universal.
II. La acción de los individuos se halla determinada por la producción material de su existencia. Lo cual equivale a establecer como tesis marxista, no ya un determinismo teleológico sino un determinismo de la causa eficiente de carácter mecanicista.
Todo ello sin que se pueda olvidar que los dos niveles aquí citados son susceptibles de articulación, dando lugar a modos de determinismo naturalista y muy en concreto, de evolucionismo economicista, abundantemente ilustrados por la II, la III y aun la IV Internacionales.
Nuestro cometido será aquí el analizar cada una de estas dos tesis, atendiendo sobre todo a la legitimidad de su imputación a la obra de Karl Marx. Para ello será necesario comprobar su coherencia o su discrepancia con las tesis fundamentales de ésta.
«Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva»: Silvia Federici
- Introducción (21)
1. El mundo entero necesita una sacudida. Los movimientos sociales y la crisis política en la Europa medieval (33)
- Introducción (33)
- La servidumbre como relación de clase (36)
- La lucha por lo común (41)
- Libertad y división social (46)
- Los movimientos milenaristas y heréticos (51)
- La politización de la sexualidad (62)
- Las mujeres y la herejía (64)
- Luchas urbanas (68)
- La Peste Negra y la crisis del trabajo (73)
- La política sexual, el surgimiento del Estado y la contrarrevolución (78)
«Reconstructing Marxism Review»: Duncan Foley
Reconstructing Marxism, by Erik Olin Wright, Andrew Levine, and Elliot Sober. Verso: London and New York. 202 + xii pp. 1992.
These essays communicate a careful and sober rethinking of Marxist method in the social sciences by three well-informed Marxist scholars. They believe that the «crisis of Marxism» is a moment of renewal for Marxist theory, an opportunity to rid Marxism of excess doctrinal baggage it has accumulated over years of polarized political polemics, and to rediscover the «rational core» of Marxist social thought. Their foils are «analytical Marxism», particularly the work of Jon Elster and G. A. Cohen, which seeks to apply the techniques and dogmas of analytical philosophy to Marxist discourse, and the work of Anthony Giddens on the relation between economic evolution and political change, with some nods in the direction of the Althusserian school.
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«Viet Cong Philosophy: Tran Duc Thao»: Silvia Federici
In discussing ideologies, Gramsci pointed out that, “according to Marxism, ideologies are all but arbitrary; they are historical facts that must be fought and unveiled in their character of instruments of domination, not because of ethical reasons, etc., but precisely for reasons of political struggle: in order to render those who are dominated independent from those that dominate them, in order to destroy a type of hegemony and create another one, as a necessary moment in the overturning of praxis.” News reports in the past five years have made it clear to everyone that for all practical purposes the United States has been militarily defeated in Vietnam. What has remained entirely unknown is that, while General Giap has been unleashing Tet offensives in the battle-fields, Viet Cong philosophers have also: been busy waging an ideological battle on the philosophical level. Modern imperialism finds its ideological justification in the now fashionable linguistic philosophy which either regards all meanings as wholly arbitrary (e.g., Quine, White, Goodman, etc.), or reduces them to the facticity of everyday discourse (e.g., Wittgenstein, Austin, etc.). In this fashion, all meanings are either equally unfounded, or they can be founded only in the domain of the given. In either case, imperialism is implicitly justified, for, in the first case it is regarded as at least as rational a system as any other, thus neutralizing any possible rational arguments for its debunking, or else, in the second case, since all meanings reduce to the given and the given is, in fact, imperialist, imperialism itself becomes the criterion of all meaningfulness.
«La persistencia del marxismo (Entrevista con Adolfo Sánchez Vázquez)»: Gabriel Vargas Lozano
Pregunta. Por medio de diversos ensayos como su Postscriptum político-filosófico conocemos algunos de los principales rasgos de su evolución teórica. Sabemos que una práctica poética y otra política le llevan a usted a adoptar una posición critica y comprometida frente a los dilemas que le planteaba la historia en la década de los treinta. Esta posición fue primero contra el fascismo y a favor de la República en tiempos de la guerra civil; luego, desde el exilio en México por el mantenimiento de la lucha contra la dictadura franquista desde el exterior de España, pero también en la lucha política e ideológica en el interior del Partido Comunista de España. En la década de los cuarenta decide continuar su vocación literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, pero en la década de los cincuenta se decide, finalmente, por la filosofía. A partir de ese momento, observando en forma retrospectiva la propia evolución de su pensamiento ¿cuáles señan, a su juicio, las etapas principales o los rasgos más notables por los que ha atravesado?
Respuesta. Si nos atenemos en la trayectoria de mi pensamiento filosófico a sus manifestaciones en la cátedra o en publicaciones diversas, puedo decirle para comenzar que tanto unas como otras son tardías, en contraste con mis expresiones juveniles, en España, tanto en la poesía como en colaboraciones periódicas antes, durante la Guerra Civil y los primeros años del exilio. La totalidad de mi obra filosófica —tanto en la docencia como en la investigación— se da más tarde, fuera de España, en México, ya bien entrado el exilio hasta nuestros días. Mis primeros ensayos filosóficos (Marxismo y existencialismo. Contribución a la dialéctica de la finalidad y la causalidad e ¡deas estéticas en los «Manuscritos económico-filosóficos» de Marx) datan de los primeros años de la década de los sesenta. Lo que quiere decir que incursiono, por primera vez, en el campo de la filosofía, frisando ya casi los 40 años. Esta tardía incorporación a la investigación filosófica, puede explicarse por las difíciles circunstancias en que tuvo que desenvolverse mi vida personal durante la guerra civil y el exilio en el que la necesidad de atender a trabajos inmediatos para subsistir, no dejaba tiempo para una seria labor de lectura, investigación y redacción.
«Introducción a las notas etnológicas de Marx»: Lawrence Krader
1. Morgan, La sociedad antigua
Sabemos por Engel que Marx había estudiado la obra de Morgan: «… Marx se había propuesto presentar los resultados de las investigaciones de Morgan en relación con sus propias conclusiones -dentro de ciertos límites podría decir nuestras-, derivadas de la investigación materialista de la historia, y esclarecer así su plena significación.» Falta, sin embargo, examinar la naturaleza de la presentación que Marx tenía pensada.
Marx había recibido la obra de Morgan, de M. M. Kovalevsky, que había traído el libro al regresar de un viaje a los Estados Unidos, y es posible que Marx sólo lo haya tenido prestado, pues Engels no lo encontró en la biblioteca de Marx. Marx tomó abundantes notas de la obra de Morgan, agregándola a su estudio de Phear, Sohm, Maine y, algo más tarde, de Lubbock. Los extractos tomados de Morgan, Phear, Maine y Lubbock, constituirían el campo de nuestra investigación, considerando también que la obra de Kovalevsky sobre la propiedad común de la tierra, de la que Marx hizo extractos en 1879, también está relacionada, tanto por su contenido, como por su estrecha conexión cronológica, con los materiales posteriores. Los extractos tomados de Morgan, Phear y Maine, y también los de Money, Sohm y Hospitalier, forman el contenido de un cuaderno (véase la nota 5); los extractos de Lubbock se hallan en otro. Las relaciones entre sí y con las demás obras de Marx se examinarán en las páginas siguientes; al final de esta introducción, se hallará un apéndice especial acerca de la cronología de los cuadernos.
«Praxis y violencia»: Adolfo Sánchez Vázquez
La violencia como atributo humano
Toda praxis es proceso de formación o, más exactamente, de transformación de una materia. El sujeto, por un lado, imprime una forma dada a la materia después de haberla desarticulado o violentado. En el curso de este proceso toma en cuenta la legalidad del objeto de su acción para poder desarticularlo y doblegarlo. Este último, por otro lado, sólo es objeto de la actividad transformadora del sujeto en cuanto que pierde su sustantividad para convertirse en otro. De este modo, es arrancado a su propia legalidad, a la ley que lo rige, para sujetarse a la que establece el sujeto con su actividad. El objeto sufre así la invasión de una ley exterior, y en la medida en que acepta la legalidad extraña que le es impuesta, se transforma. Claro está que esa legalidad que le viene de fuera no puede ser absolutamente exterior, pues de otro modo encontraría una resistencia absoluta, irrebasable en el objeto. Ciertas propiedades de éste, o cierto nivel de su desarrollo, han de ofrecer determinadas condiciones de posibilidad para su transformación, pues, en caso contrario, la actividad del sujeto sería nula, ya que la materia al imponer un límite irrebasable haría imposible su transformación en la dirección deseada.
«Meditaciones anti-cartesianas: sobre el origen del anti-discurso filosófico de la Modernidad»: Enrique Dussel
Resumen
Descartes pasa por ser el primer filósofo moderno. Si se interpreta la Modernidad tal como lo hace el pensamiento decolonial o la filosofía de la liberación habría que resituar el siglo XVI, y los filósofos de ese siglo, como el origen de la filosofía moderna y no a Descartes. Además, Descartes fue alumno de los filósofos hispanos del siglo XVI contra los que se opina. El antidiscurso de la Modernidad no surge en la Ilustración sino al inicio del proceso de la conquista. Hay entonces que replantear completamente la historia filosófica de la Modernidad. Por último, la crítica de la Modernidad más radical debe buscarse en aquellos que la sufrieron como Guamán Poma de Ayala en el Perú.
Palabras clave: Descartes, antidiscurso de la Modernidad, Guamán Poma de Ayala, filosofía moderna, descolonización.
«Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo»: Josep Fontana
Hoy es un día importante para hacerse preguntas. ¿Por qué los derechos de los trabajadores se han quedado en ascuas en los últimos cuatro años? ¿Qué ha pasado en los últimos 50 años en el mundo? ¿Dónde ha quedado el reparto equitativo o la cohesión social? ¿Es esta crisis económica un hecho aislado o es la consecuencia de una actitud voraz sin freno ni reglas? ¿Cómo han conquistado la soberanía los más ricos? Es un día oportuno para lanzarle todas las cuestiones a la Historia, a la espera de un rebote de lucidez.
Es fácil confiar en las capacidades de la Historia para aclarar el presente, si quien ilumina es Josep Fontana (Barcelona, 1931). Desde la primera página de Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945 (que acaba de publicar la editorial Pasado y Presente) su autor reconoce que la obra, a la que se ha dedicado en los últimos 15 años, tiene su origen en la frustración de no haber alcanzado un mundo mejor, en las falsas promesas que a sus 14 años, con la II Guerra Mundial finalizada, les habían lanzado. «Nos garantizaban, entre otras cosas, a todos los hombres de todos los países una existencia libre, sin miedo ni pobreza. Cuando se han cumplido ya 70 años de aquellas promesas, la frustración no puede ser mayor», advierte este historiador maestro de historiadores, referencia esencial para entender el siglo XIX y, ahora, el XX.
«Introducción a la filosofía de la praxis»: Antonio Gramsci
Primera Parte
Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico
Capítulo 1
Algunos puntos preliminares de referencia
Hay que destruir el prejuicio, muy difundido, de que la filosofía es algo muy difícil por el hecho de ser la actividad intelectual propia de una determinada categoría de científicos especialistas o de filósofos profesionales y sistemáticos. Por consiguiente, hay que empezar demostrando que todos los hombres son “filósofos” definiendo los límites y las características de esta «filosofía espontánea», propia de «todo el mundo», es decir, de la filosofía contenida: a) en el lenguaje mismo, que es un conjunto de nociones y de conceptos determinados y no sólo de palabras gramaticalmente vacías de contenido; b) en el sentido común y en el buen sentido; c) en la religión popular y, por consiguiente, en todo el sistema de creencias, de supersticiones, de opiniones, de modos de ver y de actuar que se incluyen en lo que se llama en general «folklore».
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«El método dialéctico en El capital» K. Korsch
Las explicaciones dadas por Karl Marx en el Epílogo a la segunda edición de 1872-73 acerca de la significación de la dialéctica hegeliana para la estructuración y presentación de El capital han sido mal comprendidas algunas veces con buena o mala intención. Se ha pensado que realmente se trataba sólo de un agradecimiento exterior de Marx, investigador materialista de la realidad, quien ya 30 años antes se había manifestado como agudísimo crítico de la filosofía idealista de Hegel, a quien entonces los portavoces de la Alemania ilustrada trataban indebidamente de «perro muerto», y ello por añadidura a causa de una cierta semejanza exterior en la expresión, que habría que atribuir a la circunstancia de que Marx, según cuenta él mismo «coqueteó alguna que otra vez con su forma peculiar de expresión en el capítulo sobre la teoría del valor». «Los propios Marx y Engels no entendían bajo el método dialéctico —a diferencia del metafísico— otra cosa que el método científico de la sociología, consistente en considerar a la sociedad como un organismo vivo, en constante evolución, cuyo estudio requiere un análisis objetivo de las relaciones de producción que encarnan una formación social determinada, y la investigación de las leyes de su funcionamiento y su desarrollo».
«La actualidad de Marx y de Lenin. El alcance de la teoría en el presente del movimiento»: João Vasco Fagundes
Dice Marx en la undécima de las “Tesis sobre Feuerbach”, escritas en 1845, que “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” .
Escoger, para introducir una intervención sobre el alcance de la teoría, este filosofema acerca de la centralidad de la praxis, no deja de sonar a los oídos más propensos al pensamiento formal abstracto, como una contradicción insoportable, como un retorcido absurdo, como pura sofística; en fin, como un pretencioso lance retórico de una eficacia decididamente abocada al fracaso. Y sin embargo… es la misma realidad, desarrollándose a partir y a través de contradicciones, la que se encarga de exigirnos un abordaje concreto, dialéctico, de los problemas.
























