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«The Nicos Poulantzas I knew»: Michael Löwy
On the weekend of the international conference on Nicos Poulantzas’s work held at the Sorbonne on 16–17 January, Contretemps published this interview with Michael Löwy, who was for seven years the late Greek-French thinker’s assistant at the Université de Paris 8-Vincennes.
Can you tell us about how you met Nicos Poulantzas?
In the 1960s my Brazilian friend Emir Sader – who to this day remains one of the most important Latin American Marxists – was living in exile in France.[1] After my own move to France in 1969 I met with Emir one day and he said to me: ‘I have to leave for Chile’ (this was a few months before Salvador Allende’s Unidad Popular came to power, in 1970), ‘can you take my place as Nicos Poulantzas’s assistant at Vincennes university’? I said ‘yes, of course…’ That was when he introduced me to Nicos, who also agreed to this.
At that time, Nicos knew nothing of my own theoretical and political pedigree. He had no reason to worry about that, since Emir had vouched for me. But we belonged to very different tribes of Marxists: he was an Althusserian whereas I was a Lukácsian, he was semi-Maoist and then a Eurocommunist, whereas I was a Trotskyist. And yet we got along marvellously well. Over the years we organised courses on the Third International, the national question, state theory, Lenin, Gramsci… And at the outset we had decided to do the courses together. The students loved this, because they heard two different points of view on each of these themes. Our little duo lasted for some years… Leer más…
«Moral y política»: Adolfo Sánchez Vázquez
Adolfo Sánchez Vázquez. Moral y política, 21/10/2003.
Repositorio de la Facultad de Filosofía y Letras. UNAM.
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Leer más…
«The Re-encounter of Indianismo and Marxism in the Work of Álvaro García Linera»: Irina Alexandra Feldman
In his important article about the history of Marxism and Indianismo in Bolivia, Álvaro García Linera tells the story of the “missed encounter of the two revolutionary reasons.”1 He presents the post-colonial Bolivian context as a space of complex engagements for the Marxist tradition. One must contend, for instance, with the explicit rejection of Marxism in the case of Fausto Reinaga, founder of a forceful and radical current of “Indianismo,” which has inspired the Indianista political parties and social movements since the 1970s. Reinaga claimed that Marxism, espoused by the Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) and the Bolivian National Revolution of 1952 (in which he had participated), did nothing for the emancipation of Indians, either theoretically or practically. He proposed Indianismo as the ideology that would supplant what he came to regard as a useless, “foreign” theory. This “native” proposal, historically tested on the Andean soil, would instead put the Indian at the center of history as its subject and actor, emphasize the racial and cultural roots of oppression in the Bolivian society, and call for Indian Revolution as the way out of this predicament. Leer más…
«Georg Lukács y el estalinismo»: Nicolas Tertulian
Pocos son hoy en día los que evocando la lucha de los intelectuales contra los regímenes totalitarios del Este, hagan referencia a alguna otra forma de oposición que no sea la de los disidentes. El mérito de estos hombres de gran coraje, que de Andrei Sajarov a Vaclav Havel y de Leszek Kolakowski a Alexandre Solshenitsin, han adquirido una legítima audiencia, no debe sin embargo, hacer olvidar por un reflejo anticomunista, comprensible pero no obstante simplificador, el hecho de que la contestación comenzó en el interior mismo del sistema, y que intelectuales marxistas como Bertold Brecht, Ernst Bloch o Georg Lukács han denunciado con vigor las prácticas stalinianas y el “socialismo de cuartel”. El contenido y la finalidad de sus críticas eran evidentemente diferentes de las de los disidentes: deseaban la reforma radical de esas sociedades, su reconstrucción sobre bases auténticamente socialistas y no la restauración del capitalismo.
En 1958, Ernst Bloch le confiaba amargamente a su amigo Joachim Schumacher, que él mismo y sus discípulos habían sido objeto de una represión brutal en la RDA. En su carta, remitida por prudencia desde Austria, le explicaba a su interlocutor que su crítica contra la “Satrapen-Misswirtschaft” (desastrosa economía de sátrapa) había sido tolerada durante un cierto tiempo y bien que mal aceptada, pero desde la aparición del movimiento contestatario húngaro, -el círculo Petöfi comienza a reunirse en 1956-, la situación cambió completamente. Vejaciones y prohibiciones se sucedieron. Prohibición de enseñar, prohibición de publicar el tercer volumen del libro “Principio Esperanza”. Bloch describía la situación con una fórmula lapidaria: <Man brauchte einen deutschen Lukács…> (“se necesita un Lukács alemán“).
Se tenía necesidad de un Lukács alemán en la RDA de Walter Ulbricht, quien temía la posibilidad de que el espíritu del círculo Petöfi, del cual Lukács había sido uno de los animadores, pudiese propagarse. Y en la buena tradición staliniana, había promovido un sonado proceso, destinado a prevenir cualquier veleidad que pusiera en cuestión los métodos del poder establecido. Los principales inculpados de este proceso habían sido Wolfgang Harich y Walter Janka.
Gracias a las obras publicadas esos últimos años por Walter Janka, viejo comunista, viejo combatiente de la guerra civil española y, en el momento de su arresto en 1956, director de la gran editorial de Berlín, Aufbau-Verlag, podemos hacernos una idea más clara de las repercusiones que el papel jugado por Lukács en el levantamiento húngaro, tuvieron sobre el establishment alemán oriental. Leer más…
«Estado, democracia y socialismo: Una lectura a partir de Poulantzas»: Álvaro García Linera
La obra intelectual de Nicos Poulantzas está marcada por lo que podríamos denominar como una trágica paradoja. Él fue un marxista que pensó su época desde la perspectiva de la revolución, en un momento en el que los procesos revolucionarios se clausuraban o habían derivado en la restauración anómala de un capitalismo estatalizado. Sin duda, fue un marxista heterodoxo brillante y audaz en sus aportes sobre el camino hacia el socialismo, en un tiempo en el que justamente el horizonte socialista se derrumbaba como símbolo y perspectiva movilizadora de los pueblos.
Me gustaría detenerme en dos conceptos claves e interconectados del marxismo poulantziano, que nos permiten pensar y actuar en el presente: el Estado como relación social, y la vía democrática al socialismo.
Estado y principio de incompletitud gödeliana
En relación al primer punto (el Estado como relación social), no cabe duda que uno de los principales aportes del sociólogo marxista francés, es su propuesta de estudiar al Estado como una “condensación material de relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clases” [ii] . Pues claro, ¿acaso no se elige al poder ejecutivo y legislativo con los votos de la mayoría de la población, de las clases dominantes y dominadas? Y aunque, por lo general, los sectores populares eligen por sufragio a representantes de las élites dominantes, ¿acaso los elegidos no adquieren compromisos respecto a sus electores? ¿Acaso no existen tolerancias morales aceptadas por los votantes, que marcan los límites de acción de los gobernantes y cuyas transgresiones generan migraciones hacia otros candidatos o hacia movilizaciones sociales? Leer más…
«Lefebvre on the Situationists: an interview»:
An at times playful conversation with Henri Lefebvre conducted by Kristin Ross. Lefebvre, then in his eighties, discussed his memories of Guy Debord and the Situationist International as well as his attempts to provoke mischievous students around Nanterre University in 1968, where the May uprisings began. Originally published in October 79 (1997).
H.L.: Are you going to ask me questions about the Situationists? Because I have something I’d like to talk about.
K.R.: Fine, go ahead.
H.L.: The Situationists . . . it’s a delicate subject, one I care deeply about. It touches me in some ways very intimately because I knew them very well. I was close friends with them. The friendship lasted from 1957 to 1961 or ’62, which is to say about five years. And then we had a quarrel that got worse and worse in conditions I don’t understand too well myself, but which I could describe to you. In the end, it was a love story that ended badly, very badly. There are love stories that begin well and end badly. And this was one of them. Leer más…
«Vygotskiy como filósofo de la ciencia»: Rene van der Veer, Jaan Valsiner
El psicólogo soviético Liev Vygotskiy (1896-1934) ahora es generalmente aceptado como una figura importante de la historia de la psicología. Algunas de sus obras han sido traducidas a muchas lenguas y sus ideas han inspirado a pensadores como Jerome Bruner (1985), Stephen Toulmin (1978) y Román Yakobsón (1985). Publicó artículos y libros sobre diversos temas como esquizofrenia, pensamiento y lenguaje, pruebas de inteligencia, y niños con deficiencias (Van der Veer, 1985). Es menos sabido, sin embargo, que también fue un metodólogo en el sentido ruso de la palabra, que es alguien que analiza supuestos básicos y conceptos de varias corrientes psicológicas y de la psicología en general. Un metodólogo así debe ser tanto un conocedor de la historia de la psicología como un filósofo de la ciencia. Vygotskiy combinó esas cualidades y estamos convencidos que su importancia para la psicología radica precisamente en su trabajo metodológico. Es la forma como Vygotskiy abordó los viejos problemas de la psicología, tales como el problema natura-nurtura y el problema cuerpo-mente, lo que le convierten en el psicólogo más importante del siglo veinte.
El primer informe más o menos completo de las ideas metodológicas de Vygotskiy puede ser hallado en el ensayo “El sentido histórico de la crisis psicológica» (Vygotsky, 1927/1982). En este artículo Vygotskiy analizó las corrientes psicológicas de su tiempo, rastreó hasta qué punto son compatibles o incompatibles, y trató de hallar material para una futura metodología. A medida que Vygotskiy se ocupa de los problemas de la práctica psicológica, de la historia de las ideas científicas, de problemas epistemológicos y del dualismo en las ciencias sociales; los contornos de su propia postura con respecto a los problemas filosóficos y epistemológicos devienen progresivamente claros. Leer más…
«El fetichismo de la mercancía y su secreto»: Néstor Kohan
«Racionalidad, hegemonía y fetichismo en la teoría crítica»: Néstor Kohan
«Marx ha muerto» repiten con insistencia la Academia, las ONG y la literatura de última moda que se vende en las librerías de shopping. Autoritario, violento, estatista, verticalista, jacobino, determinista, eurocéntrico, patriarcal, brutalmente moderno, desconocedor de los pliegues más profundos de la subjetividad, ciego ante los nuevos movimientos sociales, ignorante ante la diferencia, despectivo frente al medio ambiente. Sí, tiene prestigio, pero no nos sirve para pensar el presente. El facebook lo apuñaló. «¡Doctor! Firme de una buena vez el acta de defunción. No hay remedio. Está muerto».
Curioso cadáver al que hay que comprarle un féretro nuevo cada mes, cada año, cada década. Qué teoría tan rara… necesita ser enterrada periódicamente. ¿No nos estarán engañando las funerarias posmodernas, posestructuralistas, autonomistas y posmarxistas para hacer un buen dinerillo?
En la Argentina de 1976 —fecha emblemática de nuestra cultura política que marca a fuego cualquier debate teórico en nuestro país— se clasifica al revolucionario marxista como «terrorista», «extremista», «delincuente subversivo». Una marca de época.
Más tarde, desde 1983 en adelante, al militante marxista y al simple manifestante se lo rotula como «activista». En los «90, al piquetero o fogonero se lo marca como «infiltrado», al huelguista se lo estigmatiza como «antidemocrático», al que exige lo que le corresponde se lo rechaza por su supuesta «irracionalidad». En las rebeliones del 2001 el marxista es el extremo opuesto de «la gente» y «el vecino». Desde el 2003 hasta la fecha, con ademanes y retórica progresistas, la lucha por el significado está sujeta al conflicto y la disputa, pero el marxismo continúa incomodando. Ni el más progre se lo traga. Marx continúa siendo indigerible para cualquier puesta en escena de la política criolla, ya sea que defienda un modelo extractivo-exportador, ya sea que vaya a remolque de la patria sojera. Situarse en la sociedad argentina a partir de una concepción marxista e intentar vivir cotidianamente a partir de una ética y una escala de valores inspirada en el pensamiento de Marx sigue siendo anormal. Incómodo, maloliente, disparatado. Leer más…
¿Qué es el marxismo?: Jacobo Muñoz
El marxismo de Jacobo Muñoz
Presentación del clásico ¿Qué es el marxismo? (1975)
Mario Espinoza Pino
Con la publicación de Lecturas de Filosofía Contemporánea (Materiales, 1978), Jacobo Muñoz (Valencia, 1942) coronaba una década que le consagraría como figura destacada de una nueva generación de intelectuales españoles. La generación que –además de renovar el panorama filosófico nacional– articuló el proceso de transición institucional entre la academia franquista y la universidad del período democrático. En el caso específico de Muñoz, ésta transición se haría a través de cierta ruptura: no sólo su habitus se hallaba lejos del canon escolástico cultivado por la vieja curia académica, sino que la línea de trabajo por la que sería reconocido era abiertamente opuesta al régimen: el marxismo. Ya desde muy joven, Muñoz fue capaz de forjar un crisol intelectual verdaderamente singular, integrando un conjunto de conocimientos y disposiciones que rebasaban los límites impuestos por el estrecho campo filosófico español. En términos sociológicos, podríamos decir que adquirió un capital cultural alternativo al de las redes filosóficas hegemónicas[1]; si éstas se caracterizaban por practicar una exégesis ahistórica y puramente conceptual de la Filosofía, limitada a los textos sagrados de una no menos sacralizada tradición de pensadores, la formación del filósofo transitaría decididamente por ámbitos ajenos al canon. Así, la Literatura, la Política y la Historia, consideradas por la academia “externas” a lo filosófico, cumplirán un papel central en el desarrollo intelectual de Muñoz, influyendo decisivamente en su acercamiento al marxismo y en su concepción de la Filosofía[2].
Dentro de Lecturas de filosofía contemporánea, el artículo ¿Qué es el marxismo? brilla como apuesta madura y original en el marco del pensamiento crítico de la época. Estamos ante un escrito que –si bien recoge las influencias del magisterio de Manuel Sacristán– promueve un discurso innovador dentro de la constelación de marxismos del período. Para entender adecuadamente el contenido de la obra de Muñoz, y sobre todo el vigor de este texto sobre el marxismo, tenemos que situar su producción intelectual en dos planos diferentes aunque interrelacionados: uno internacional, de carácter histórico más global, y otro nacional. Desde una perspectiva histórica general, el texto de Muñoz se inscribiría temáticamente en las fronteras del marxismo occidental, corriente caracterizada por otorgar centralidad al discurso filosófico y cuya factura provenía –mayoritariamente– del horizonte universitario (alejado, pues, de las tradicionales clases populares del capitalismo industrial)[3]. Las problemáticas vinculadas con la esfera cultural y la epistemología –que tuvieron una importancia esencial desde finales de los 50 hasta bien entrados los 70–, dieron lugar a una producción intelectual replegada hacia cuestiones hermenéuticas y/o filosóficas sobre la obra de Karl Marx. Algo que, por otra parte, resultaba lógico después de 1956 y el proceso de desestalinización de la URSS. El deshielo y el fin de la dogmática del Dia-Mat impulsaron la proliferación de nuevas interpretaciones del legado de Marx. Los intelectuales marxistas se vieron en la necesidad de reinventar –desde su propia realidad social y nacional– un discurso crítico más allá de los fracasos de la URSS. Tenían que re-apropiarse a Marx lejos de los cánones teológicos que había forjado el estalinismo (que, además, procuró invisibilizar con celo gran parte de la obra del filósofo). Leer más…
«Para una historia de la historia marxista»: Josep Fontana
Uno de los mayores problemas que hay para definir qué sea una historia legítimamente marxista es el de que, por principio, debe ser una historia que vaya más allá de las codificaciones más o menos dogmáticas que forman lo que la mayoría entiende por “marxismo”, con el agravante adicional de que, a diferencia de lo que sucede con la política o la economía, no se contaba hasta hace pocos años con textos publicados de Marx que expusieran con claridad sus ideas acerca de la historia, aunque, paradójicamente, éstas constituyesen una de las bases fundamentales de lo que se denominaba materialismo histórico.
El núcleo inicial de estas ideas lo elaboraron Marx y Engels en Bruselas entre el verano de 1845 y el otoño de 1846, y las consignaron en el extenso texto de La ideología alemana, que decidieron no publicar y que no se editó hasta 1932 (y en una edición satisfactoria hasta 1965). Aunque Engels dijera más tarde que el libro reflejaba que sus conocimientos de historia económica eran todavía precarios, la verdad es que contenía planteamientos que hubiera sido útil que se divulgasen con anterioridad como la afirmación de que las abstracciones teóricas, “por ellas mismas y separadas de la historia real, no tienen ningún valor” 1. Leer más…
«Dialéctica y Filosofía en Hegel y Marx»: Stefan Gandler y Félix Hoyo
Debate en torno a la importancia de las filosofía de Hegel y de Marx para la discusión del siglo XX y los problemas presentes de la humanidad. Debaten Stefan Gandler y Félix Hoyo en el marco del 6° Foro México Siglo XX que se llevó a cabo en el Auditorio del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec.
Entrevista a Michael Löwy por Luis Martínez Andrade
El sociólogo mexicano Luis Martínez Andrade conversa con uno de los mayores teóricos sociales de nuestro tiempo, Michael Löwy (1938). Michael Löwy (1938) es uno de los más destacados intelectuales de la izquierda internacionalista. Director de investigación emérito del Centro Nacional de Investigación Científica en Francia, actualmente es uno de los principales pensadores que vienen impulsando el ecosocialismo.
Michael Löwy (1938) es uno de los más destacados intelectuales de la izquierda internacionalista. Director de investigación emérito del Centro Nacional de Investigación Científica en Francia, actualmente es uno de los principales pensadores que vienen impulsando el ecosocialismo. Sus obras han sido publicadas en 24 idiomas. En 1970 publicó una de las obras más respetadas sobre el pensamiento del Che Guevara. Entre sus libros más recientes se encuentran: Guerra de dioses: religión y política en América Latina (Siglo XXI, 1999); La estrella de la mañana: Surrealismo y marxismo (El cielo por asalto, 2006); Franz Kafka: soñador insumiso (Santillana, 2007); Rebelión y melancolía. El romanticismo como contracorriente de la modernidad (Nueva visión, 2008); Walter Benjamin: aviso de incendio (FCE, 2012); Ecosocialismo: La alternativa radical a la catástrofe ecológica (Biblioteca Nueva, 2012).
«Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza»: John Bellamy Foster
El redescubrimiento durante la última década y media de la teoría de la fractura metabólica en Marx ha llevado a muchos izquierdistas a pensar que esta teoría brinda una potente crítica de la relación entre la naturaleza y la sociedad capitalista contemporánea. El resultado ha sido el desarrollo de una perspectiva mundial ecológica más unificada, trascendiendo las divisiones entre la ciencia natural y la ciencia social, que nos permite percibir las formas concretas en las que las contradicciones de la acumulación del capital están generando crisis y catástrofes ecológicas.
Sin embargo, esta recuperación de la discusión ecológica marxiana ha dado lugar a más preguntas y críticas. Su análisis del metabolismo de la naturaleza y la sociedad, ¿cómo se relaciona con la cuestión de la “dialéctica de la naturaleza”, tradicionalmente considerada una línea de falla en la teoría marxista? ¿La teoría de la fractura metabólica viola la lógica dialéctica, y cae presa en un dualismo cartesiano simplista, como han acusado recientemente varios críticos de izquierda?[i] ¿Es realmente concebible, como han preguntado otros, que Marx, escribiendo en el siglo XIX, pudiera haber proporcionado ideas ecológicas que son importantes para nosotros hoy para comprender la relación humana con los ecosistemas y la complejidad ecológica? ¿No es más razonable que sus reflexiones en el siglo XIX sobre el metabolismo de la naturaleza y la sociedad hayan quedado “anticuadas” en nuestra era tecnológica y científicamente más desarrollada?[ii]
En lo que sigue trataremos de responder resumidamente cada una de estas preguntas. En ese proceso también haremos hincapié en lo que consideramos que es la importancia crucial del materialismo ecológico de Marx para ayudarnos a comprender la Gran Fractura que está emergiendo en el sistema terráqueo, y la necesidad resultante de una transformación de época, extremadamente importante, en el metabolismo naturaleza-sociedad.
«La “otra” Escuela de Frankfurt: Hans-Jürgen Krahl, teórico de la Praxis emancipadora (I)»: Nicolás González Varela
Intro: “Estoy totalmente seguro que habría sido un hombre notable” escribía al enterarse de su muerte el alma mater de la Escuela de Frankfurt, Max Horkheimer. En la noche del 14 de febrero de 1970 un automóvil derrapa sobre la fina capa de hielo que recubre la Ruta federal 252 en la localidad de Wrexen, al norte de Hesse. El vehículo, que estaba girando en una curva, queda sin control y choca frontalmente con un camión que se dirigía en sentido inverso. El estudiante Hans-Jürgen Krahl de 27 años, que ocupaba el lugar del acompañante, muere en el acto; el conductor Franz-Josef Bevermeier de 25 años, fallece poco después ya en el hospital; los otros pasajeros, Claudia y Jakob Moneta, se encuentran gravemente heridos. En las columnas del diario Frankfurter Rundschau, el periodista Wolfgang Schütte compara a Krahl con… Robespierre, sus enormes facultades como agitador, “la terrible consecuencia de sus visiones teóricas” así como su papel destacado y dominante junto a Rudi Dutschke en la nueva izquierda alemana. Después de su entierro en el cementerio de Rickling, una centena de militantes de la combativa SDS (Sozialistische Deutsche Studentenbund),[1] provenientes de toda Alemania Federal y de Berlín-Oeste, se reúnen en la Techniche Universität de Hannover y deciden, de manera informal y asamblearia, disolver la asociación estudiantil. Un mes más tarde la disolución será anunciada oficialmente en Frankfurt. El balance era obvio: el audaz itinerario teórico-político que había iniciado Krahl, con su figura única de Teórico-Agitador (agitativsten Theoretiker como lo define Reinicke en su homenaje póstumo)[2] no tendría continuidad entre sus propios camaradas, que jamás volverían a seguir sus huellas, ni sobre el plano intelectual, ni sobre la arena política revolucionaria. Krahl fue un póstumo: no tuvo la oportunidad de publicar nada, en su Nachlass, ordenado por amigos y camaradas del SDS, quedan esbozos y intentos de una nueva configuración de la Teoría Crítica.


























