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Prólogo de Diego Guerrero a “La revolución en el Capital” de Jesús Rodríguez Rojo

la-revolucion-en-el-capitalComo dijo Federico Engels ante la tumba de su amigo, Karl Marx fue, ante todo, un revolucionario. No por otra cosa le encargaron (junto a Engels) redactar el Manifiesto del Partido Comunista, ese «texto formidable» (U. Eco), «el más grande de todos los folletos socialistas» (I. Berlin), cuyo análisis comienza con la vista puesta en «Burgueses y proletarios» para recordar que «nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy y cada vez más abiertamente, toda la sociedad tiende a separarse, en dos grandes grupos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado».

Cuatro años después de estas palabras, le escribe Marx a su amigo J. Wedemeyer para protestar de que se le atribuya injustificadamente el mérito de haber descubierto la existencia de las clases y de la lucha de clases en la sociedad moderna:

Mucho antes que yo —observa Marx—, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases.

Pues bien, estoy seguro de que el autor de este libro comparte la idea de la plena actualidad y contemporaneidad de lo que Marx afirma en el párrafo anterior. Sabe perfectamente que basta con sentir en carne propia, y en el cerebro, la evidente dictadura de la burguesía para desear el advenimiento de la dictadura del proletariado y de la sociedad sin clases. Obviamente, la dictadura de un partido no es lo mismo que la dictadura del proletariado, de todo el proletariado, y por eso hay que condenar simultáneamente la realidad y la idea misma de la dictadura de un partido; pero Marx puso en práctica esa sabiduría durante toda su vida, empezando por el momento en que la I Internacional (la AIT o Asociación Internacional de Trabajadores) le encarga redactar unos Estatutos que empiezan declarando «que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos», y no de nadie que esté por encima de ellos o que los dirija o pretenda dirigirlos.

Jesús Rodríguez Rojo —quien sin duda conoce la tontería con que autores como Laclau y Mouffe pretenden equiparar cualquier lucha social, por importante que sea (por ejemplo, la dirigida a conseguir una nueva parada de autobús en un barrio urbano recién construido), con la lucha de la clase obrera— sabe también que es la clase obrera quien padece de forma especial y universal todos los problemas que dan origen a esas luchas, empezando por el de ser expulsada del centro a la periferia de las ciudades; y ello, por las razones que explica Engels en su Contribución al problema de la vivienda, que no son sino fruto de la ambición de esa clase capitalista (la antagonista de la clase obrera) impulsada por las leyes de la acumulación del capital derivadas de la ley del valor.

Y lo mejor de este libro es que su autor sigue el principio metódico de unir lo social y lo económico arrancando del núcleo del análisis maduro de Marx. Marx comprende que para un análisis científico de la situación social especial, históricamente específica, que vive el asalariado (otro nombre para el obrero-proletario) en nuestros días, en la sociedad moderna, contemporánea, no basta con partir de la necesidad de «reconciliación del pensamiento con el sufrimiento, de la humanidad doliente que piensa y la humanidad pensante oprimida», sino algo más. Marx fue capaz de detectar que la clave del sistema capitalista, de la relación capital / trabajo asalariado, reside en el carácter de mercancía que tiene la fuerza de trabajo. No es otra la razón de que la estructura de su obra fundamental, El capital, comience por el análisis de la mercancía, continúe por el valor y la forma de valor, el plusvalor, etc., siguiendo un camino que, como sabía de antemano, podría parecer un recorrido puramente hegeliano e idealista expresado en forma dialéctica. Él, que había descubierto y denunciado que el materialismo existente había quedado anticuado y rígido, anclado en la idea de «materia» y en el unilateral lado objetivo de las cosas y procesos, sin prestar atención al lado subjetivo y activo, y práctico, de la realidad social; él, que había descubierto la necesidad de arrancar siempre de los hechos y los actos y no de las palabras, de la acción real de los individuos que forman la sociedad y la historia, supo entender que, aunque el punto de partida real fueran el proletario, sus intereses y su explotación, el punto de partida del análisis teórico debía ser el análisis concreto de las categorías implícitas en la realidad de las mercancías, con su valor de uso y su valor, con su sustancia de valor y su forma de valor, y con el desarrollo al completo de toda la teoría del valor.

Y el mayor mérito del libro que tiene el lector en sus manos es la claridad con que ha comprendido su autor la capacidad y profundidad que confiere a cualquier trabajo teórico, desarrollado en la estela de Marx, partir de estas premisas para prescindir de objeciones simplistas y de supuestas «novedades» que presuntamente socavarían la actualidad de estos fundamentos (por ejemplo, de un supuesto «precariado» que vendría a superar, y no a actualizar, el concepto de un proletariado que es, en esencia, precario, precisamente porque es mercancía y sigue la ley del valor)… y otras pequeñas cosas por el estilo.

El autor de este prólogo no puede sino agradecer sinceramente a Jesús Rodríguez Rojo por la calidad y alcance de sus aportaciones, sabiendo que sus lectores harán muy pronto otro tanto.

Diego Guerrero

15 de septiembre de 2019

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EL AUTOR:

Jesús Rodríguez Rojo, sevillano, nacido en 1994, se graduó en sociología y ciencia política por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. En esa misma institución cursó un máster sobre Derechos Humanos, interculturalidad y desarrollo. En la actualidad investiga en el seno del Laboratorio de Ideas y Prácticas Políticas (LIPPO). Entre sus líneas de investigación destacan precisamente las que vertebran este volumen: las clases sociales en la sociedad contemporánea y la profundización de la crítica de la economía política. Aunque estos temas recorren varias de sus publicaciones e intervenciones en eventos (sean científicos o políticos), este es su primer libro, en el que sintetiza su aportación en estas materias.

El libro se puede adquiri en https://elgarajeediciones.com

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