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“Notas sobre Lenin y el arte”: Adolfo Sánchez Vázquez

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Lenin, artífice de la primera revolución socialista y fundador y organizador del primer Estado Socialista, ¿es también el fundador de la estética marxista? Es evidente que en él, como dirigente revolucionario y como el más alto constructor del socialismo después de Octubre, hay una actitud hacia el arte y la literatura que se manifiesta en diversos escritos y, tras de la toma del poder, en la política cultural que él inspira; pero ¿justifica esto hacer de sus afirmaciones y directivas políticas los principios rectores de una estética marxista?

He ahí una pregunta a la que un estudio actual sobre Lenin y el arte ha de responder, no a priori, sino tras de haber reexaminado, siempre en el marco de la situación concreta en que se produjeron sus aportaciones en este dominio.

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La respuesta a esta cuestión debe permitimos, a su vez, responder a esta otra: el empeño de ver el genio de Lenin mentalmente político-revolucionario- proyectándose por igual en todos los campos -en una nueva versión del llamado culto a la personalidad- ¿ no habrá servido, ante todo, en el campo de la estética para arropar con su enorme prestigio teórico-práctico una teoría y praxis del arte; concretamente, la que ha dominado hasta ahora -con la clara excepción de Cuba- en la mayoría de los países socialistas?

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Un estudio sobre Lenin y el arte debe acometer una tarea un tanto delicada y desagradable: pudiéramos decir, deflacionista: presentar a Lenin, en este campo, sin aditamentos extraños.

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Pero otras preguntas previas han de ser también contestadas: ¿por qué y en función de qué se ocupa Lenin, antes y después de la Revolución de Octubre, de cuestiones artísticas y literarias?

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Lenin es, sobre todo: a) creador del primer partido marxista verdaderamente revolucionario; b) organizador de la primera revolución socialista; c) guía e inspirador del complejo, difícil e imprevisible proceso de creación de un nuevo Estado y de las bases de una nueva sociedad, después de la revolución. Es, pues, sobre todo, el gran político práctico-revolucionario. Pero es, también, el gran teórico de la revolución; el gran teórico político. Las exigencias teóricas y prácticas de la revolución lo llevan también al campo de la filosofía (Materialismo y empiricriticismo, Cuadernos filosóficos, etc.).


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Lenin teoriza siempre en función y bajo la presión de la praxis. Cada vez que recurre a la teoría, lo hace por una necesidad práctica. Siempre este ciclo: P-T-P. De la praxis a la teoría, y de ésta, de nuevo, a la praxis. Atribuir a Lenin una revolución teórica, le habría hecho sonreír: cuando existe una revolución real, la teoría calla (recuérdese: párrafo final de El Estado y la revolución, en vísperas de la toma del poder).

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Cuando Lenin se acerca al arte y a la literatura, lo hace como el político revolucionario ante una forma específica de praxis que, en un sentido u otro, se halla vinculada a la praxis política. No se propone hacer una teoría del arte o de la literatura, o sentar las bases de ella, sino enfrentarse, como político, ante fenómenos hacia los cuales no puede permanecer indiferente por la simple razón de que el arte y la literatura no pueden mostrar tampoco una indiferencia hacia la política. La apreciación de Lenin de los fenómenos literarios se halla impuesta, ante todo, por una necesidad práctica política: la función social ideológica que la literatura cumple, y la ayuda que puede prestar al proletariado en la toma de conciencia de su verdadera situación y, por tanto, en el conocimiento de lo real.

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Lenin se acerca a la literatura no como el teórico que aspira a desentraílar su esencia, sino como el político que ve en ella un potencial ideológico. Con estos ojos, se acerca Lenin, ya en la década del 90, a la literatura populista. Las exigencias prácticas de la lucha revolucionaria en una situación concreta -en la Rusia zarista de la década del 90- lo llevan a destacar la funci6n ideológica de la obra de un escritor populista: Uspenski. Pero ya en este trato inicial de los fenómenos literarios encontramos en Lenin, junto a este enfoque ideológico: a) reconocimiento de los límites de la ideología en la obra y, con ello, de su especificidad artística; b) aceptación de que, en virtud de esa especificidad, una obra (populista) puede contribuir, más allá de esos límites, al conocimiento de lo real.

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Como político revolucionario, a Lenin le interesa que el arte sea un medio para elevar la conciencia de la necesidad de transformar lo real. Esta conciencia requiere, a su vez, una representación veraz de la realidad. Por ello, Lenin critica -en los populistas- la idealización de ella. Lenin, realista en política, lo es también en literatura. Como modo realista de relacionarse con lo real, la literatura rusa clásica brinda un legado que Lenin tiene siempre muy presente y al que, a juicio suyo, no hay que renunciar. La inclinación de Lenin por el realismo responde a la necesidad; viene impuesta, en definitiva, por exigencias de la lucha política. Pero esta apreciación de lo real se da a partir de una ideología, y en un nivel específico: el propio de la creación artística.

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La concepción realista del arte, en Lenin, no es una mera trasposición de una concepción del conocimiento (la teoría del reflejo) al terreno de la estética. Deducir el realismo artístico de principios noseológicos, es algo que no puede hacerse apelando a Lenin, pues en la obra en que él expone su teoría del conocimiento (Materialismo y Empiriocriticismo) jamás aborda directamente el problema del reflejo de la realidad en el arte. Si, a partir de sus planteamientos, se establece para el arte la prioridad de la realidad con respecto a la conciencia, la no arbitrariedad de la fantasía del artista, el condicionamiento del arte por la propia vida, su imposibilidad de escapar nunca a cierta relación entre la representación de la realidad y la realidad misma cuando el arte aspira a cumplir una función cognoscitiva, es decir, a proporcionar cierto saber acerca de lo real, de esto no se deduce que el arte sólo pueda ofrecer una forma de relación con lo real En suma, de la teoría leninista del conocimiento no se deduce que el tipo de relación que la ciencia mantiene con lo real sea el único válido para el arte (arte = reflejo de la realidad) y que, por consiguiente, la teoría leninista. del reflejo sea el fundamento teórico de la estética marxista.

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Deducir, en nombre de Lenin, el realismo artístico y literario de su teoría del conocimiento, significa olvidar el lazo estrecho que su concepción del realismo guarda con la praxis, y, particularmente, con la praxis política en las condiciones históricas concretas en que se desarrolla su inclinación en favor de la literatura realista.

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Lenin no se ha propuesto fundar teóricamente la estética marxista; no hay en él una fundamentación filosófica explícita de ella. Tampoco se puede encontrar implícitamente viéndolo en su noseologia. Este fundamento, a nuestro juicio, ya fue puesto por Marx.

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Puesto que Lenin se acerca al arte y a la literatura como un político práctico revolucionario, los problemas artísticos o literarios que aborda son aquellos que, en un momento dado, se vinculan más imperiosamente con la praxis política, pero sin perder de vista nunca que el arte es una actividad específica en la que no pueden introducirse las medidas orgánicas, propias del partido, o administrativas del Estado (aunque se trate de un Estado nuevo como el socialista).

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En las condiciones históricas concretas creadas por una revolución -como la de 1905- que no ha podido ser vencida por el zarismo pero que todavía no puede vencer a éste -como señala Lenin-, y en que se abren posibilidades a una prensa legal, del partido, se hace necesario delimitar las relaciones entre la literatura y el partido, así como entre literatura y sociedad. Y Lenin acomete esta tarea en su artículo La organización del partido y la literatura del partido. Refiriéndose, en primer lugar, a la literatura del partido, es decir, a la literatura política, hecho en los órganos del partido, que tiene como objetivo fundamental defender, propagar y esclarecer sus principios y política, y saliendo al paso de los escritores que, dentro de los órganos del partido a que pertenecen, pretenden sustraerse al control y a la dirección de éste, Lenin afirma: “La literatura debe transformarse en una parte de la causa general del proletariado … en una parte integrante del trabajo organizado, metódico y unificado del partido socialdemócrata”. La literatura del Partido debe estar pues, vinculada a él no sólo ideológica sino orgánicamente en cuanto que es una tarea específica de su actividad. Pero, admitido que este sector de trabajo se halla sujeta como cualquier otro al control y dirección del partido, Lenin reconoce que no puede ser identificado con otros sectores de trabajo: “La literatura se presta menos que otra cosa a una nivelación mecánica, a una dominación de la mayoría sobre la minoría … en este dominio es absolutamente necesario asegurar l111 buen lugar a la iniciativa personal, a las inclinaciones individuales, al pensamiento y a la imaginación, a la forma y al contenido.”

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Pero el artículo de Lenin no sólo se refiere a la literatura que se hace en el órgano del partido, sino a la literatura en general, como forma de creación artística. Con respecto a ella, el partidismo cobra un nuevo sentido: ya no se trata de la vinculación orgánica a la causa general del proletariado a través de su subordinación al Partido, sino de la toma de conciencia de la ideología socialista y de su encarnación en la actividad literaria. Este partidismo, lejos de ser la negación de la libertad de creación, es para Lenin -frente a la hipócrita libertad de creación de que hablan los escritores burgueses- la condición misma de ella. La libertad del escritor o del artista burgués no es más que una. dependencia encubierta respecto del dinero. “Vivir en una sociedad y no depender de ella es imposible” afirma Lenin. La libertad de creación no puede existir en una sociedad en la que impere el poder del dinero. Las ideas de Lenin se enlazan estrechamente con las de Marx (hostilidad del capitalismo al arte).

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La libertad de creación no es para Lenin la libertad en sentido individualista: alejamiento de la vida o “anarquismo de gran señor”; es decir, tendencia a escapar al partidismo. Es, por el contrario: a) liberación de las ilusiones e hipocresía que la burguesía teje en torno a ella; b) toma de conciencia de la ideología socialista, es decir, de la justeza de la causa del proletariado; c) vinculación de la actividad creadora -literaria o artística- a esta ideología y, con ello, a la causa del proletariado. Sólo así podrá hablarse, a juicio de Lenin, de una literatura verdaderamente libre; es decir, no movida por el afán de lucro sino por el afán de servir no a W1a minoría, sino a las masas: a la causa de la emancipación del proletariado.

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Al conjugar dialécticamente partidismo y libertad de creación, conjugación que tiene por base el reconocimiento del contenido social de la libertad, Lenin propone que el artista asuma conscientemente ese partidismo, realizando un arte fecundado por la ideología socialista. Pero esto no autoriza a nadie a imputar a Lenin la tendencia a dirigir, uniformar o regimentar la creación artística. Pues lo que considera válido para el sector literario del trabajo del partido, lo es con mayor razón para la creación literaria en general (“La literatura se presta menos que otra cosa a una nivelación mecánica … “, etc.). Sin embargo, apoyándose en Lenin, se ha pretendido justificar teóricamente la intervención orgánica del Partido, o administrativa del Estado en los asuntos literarios y artísticos (Zdanov, 1934, Y toda la política artística y literaria posterior, inspirada por él y a la que la Cuba socialista ha sabido sustraerse). En esta concepción zdanoviana del partidismo en el arte y la literatura -que lejos de extinguirse, vuelve a reforzarse en algunos países socialistas- se confunden los dos planos que Lenin distingue claramente: el de la literatura del Partido, sometida justamente a su control y dirección, y el de la literatura o el arte en general, fecundados por la ideología socialista, que aseguren la mayor libertad a las formas de expresión, o como decía Lenin, al pensamiento y a la imaginación, a la forma y al contenido. Los textos de Lenin no autorizan a extender lo que dice respecto al sector literario del partido a la creación artística en general, a menos que se borre deliberadamente la distinción entre una forma de actividad y otra.

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Artículos sobre Tolstoy (1908-11). Circunstancias fundamentales que los motivan: su 80º aniversario y su muerte.
Se trata de verdaderos acontecimientos políticos nacionales en la Rusia zarista. Los artículos de Lenin examinan la obra de Tolstoy tomando en cuenta el significado ideológico primordial que adquiere en unas circunstancias históricas concretas.
Lenin no es un critico de Tolstoy; ni busca exponer las razones en que se funda el valor -firmemente reconocido por él- de su obra. Tampoco se acerca a Tolstoy como un teórico de la literatura: para explicarse, por ejemplo, el modo de estar las ideas en la obra. Tampoco pretende hacer un análisis histórico o sociológico para deducir de él cierto juicio estético. Lenin reacciona como un político revolucionario ante un acontecimiento político: la obra de Tolstoy en unas circunstancias históricas concretas. Lenin tiene presente: la proyección de las ideas de Tolstoy (gracias a su genial encarnación artística) en la vida política del país, las tergiversaciones y confusiones en torno a ellas, y trata de esclarecer su verdadero significado ideológico, sus vínculos con la realidad histórica y social, así como la función social que cumplen y pueden cumplir. Como dirigente político revolucionario, se enfrenta a la ideología tolstoyana, plasmada artísticamente, tomando en cuenta ante todo el papel que desempeña en una praxis política viva, actual.

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Lenin empieza por señalar el carácter complejo y contradictorio de la obra de Tolstoy. Subraya que se trata de contradicciones en las ideas, y enumera estas cuatro: a) entre el artista genial y el fanático religioso; b) entre la protesta sincera y el “tolstoyano” que se da golpes de pecho y trata de autoperfeccionarse moralmente; c) entre la crítica implacable de la explotación capitalista y la prédica de la “no violencia”; d) entre el realismo lúcido y desenmascarador y la prédica de la religión y del clericalismo. Pero Lenin advierte igualmente que se trata de contradicciones en las ideas de un artista genial “que no sólo ha producido cuadros incomparables de la vida rusa, sino obras de primer orden en la literatura mundial”. El valor estético o literario se acepta como algo dado, y Lenin no se plantea el oscuro problema de en qué medida ese valor se da “gracias a” o “a pesar de” la ideología.

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El problema que interesa fundamentalmente a Lenin en estos artículos es el de establecer el valor político de la obra de Tolstoy. Lo que determina la posibilidad de varias lecturas políticas de Tolstoy en los años en que Lenin escribe sus artículos es justamente su contenido ideológico, y particularmente el carácter contradictorio de éste. Pero, al fijar su atención en este contenido, Lenin nunca pierde de vista que se trata de ideas encarnadas en su obra, y, además, encarnadas genialmente. El problema de cómo el talento artístico de Tolstoy ha logrado trasfigurar esas ideas, dotadas de un cuerpo, plasmadas en una obra de elevado valor estético, es un problema teórico (de estética o de crítica literaria), de gran importancia. Pero ésa no es la tarea de Lenin en este momento. Su tarea, fundamentalmente política, es establecer el significado verdadero de unas ideas que influyen en W1a praxis política. Pero Lenin no ignora, en modo alguno, que se trata de ideas que han recibido una forma y que, por tanto, no se encuentran en un estado puro o descarnadas, sino como ideología formada. Hay que precisar esto para evitar blancos fáciles.

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Tres tipos de cuestiones encontramos en los artículos de Lenin sobre Tolstoy: a) ¿qué relación existe entre la obra de Tolstoy (y la ideología encarnada en ella), y el proceso histórico que culmina en la revolución de 1905?; b) ¿ cuál es el punto de vista ideológico que Tolstoy asume como artista en su obra?; c) ¿qué aporta la obra de Tolstoy al conocimiento de lo real?

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A estas tres cuestiones, Lenin responde respectivamente : a) la obra de Tolstoy es un espejo de la revolución rusa, pero un espejo complejo y contradictorio; no es por otro lado un reflejo completo y exacto de todos sus aspectos; sin embargo, refleja algunos aspectos esenciales de la revolución (sus debilidades y defectos, el comportamiento y la ideología de las masas campesinas). “Todo gran artista de verdad” -dice Lenin- “ha debido reflejar en sus obras, si no todos, algunos de los aspectos esenciales de la revolución”. b) El punto de vista de Tolstoy es el de un campesino patriarcal e ingenuo. Pero ello, lejos de impedirle reflejar la revolución, le ha permitido -gracias a su talento artístico excepcional- captar algunos de los rasgos esenciales de ella en cuanto revolución burguesa campesina. Tolstoy, por un lado, refleja las condiciones reales que crean cierta ideología (la ideología contradictoria de la aspiración a la lucha y la renuncia a la violencia), pero, al mismo tiempo, se hace el intérprete de ella; es decir, de la ideología creada por esas condiciones. c) Por ser un espejo de la revolución y, además, un espejo contradictorio (contradicciones en las ideas que surgen de contradicciones reales), la obra de Tolstoy. proporciona un conocimiento de lo real. El proletariado “conocerá mejor a sus enemigos, y viendo claro en la doctrina de Tolstoy, todo el pueblo ruso debe comprender en qué consistió su propia debilidad, que no le permitió llevar hasta el fin su liberación”. Lenin se refiere aquí a la revolución de 1905.

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Lenin no separa nunca en Tolstoy al pensador y al escritor, ni tampoco los aspectos positivos y negativos de su ideología contradictoria. Por ello, no trata de poner en relación, unilateralmente, la genialidad artística de Tolstoy con unos u otros aspectos. No es un artista genial gracias a sus ideas positivas, o a pesar’ de sus ideas negativas. Lenin no separa los elementos opuestos de la contradicción y, menos aún, separa las ideas de la obra como si fueran algo exterior a ella.

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Lenin ha consagrado durante largos años (antes de la Revolución de Octubre) una gran atención a Gorki. Gorki era para él, ante todo, el gran escritor que vincula su obra a la causa general del proletariado. Pero era también un militante del partido bolchevique que interviene en disputas ideológicas y políticas que dividen a sus miembros, sumándose a posiciones que Lenin combate. Todo esto imprime un sello peculiar a las relaciones entre Lenin y Gorki, y permite esclarecer -en este ejemplo elocuente- el modo como un gran dirigente político revolucionario se sitúa ante un escritor que ofrece a su vez esta doble dimensión: como artista y como militante político.

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Lenin no deja de subrayar el alto valor que atribuye a la producción literaria de Gorki, así como la función ideológica que cumple en la formación e introducción de la conciencia socialista en las masas obreras. Subraya especialmente la utilidad política de su obra, no sin dejar bien claro que ella se debe, ante todo, a su talento artístico.

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Por ello, no vacila en proclamar la grandreza artística de Gorki, incluso cuando sus divergencias en e! orden político o filosófico (otzovismo, machismo) proporcionan a una fracción del partido el pretexto para ampararse en su prestigio y hacer de él su abanderado ideológico. (Lenin: “En materia de arte proletario, M. Gorki es enormemente positivo pese a su simpatía por el machismo y e! otzovismo. En materia del desarrollo del movimiento proletario socialdemócrata, es negativa una plataforma que… se propone utilizar la obra de una gran personalidad para afirmar y aprovechar precisamente todo aquello que constituye su lado débil, el que configura un valor negativo dentro de la suma de! enorme beneficio que reporta al proletariado”.)

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¿Dos Gorkis para Lenin? Cuando se trata. del Gorki escritor, para Lenin sólo hay uno: el que caracteriza como “el representante más grande del arte proletario”, como” autoridad en materia de arte proletario” y como “enormemente positivo” en esta materia. Cierto es que, como militante, adhiere a una fracción y desarrolla, a juicio suyo, una actividad negativa. Pero nada de esto quebranta el juicio de Lenin sobre los elevados méritos artísticos de Gorki y sobre la utilidad política de su obra. “Pero -se pregunta Lenin- ¿ por qué entonces Gorki se ocupa de política?”

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¿Debemos tomar al pie de la letra esta pregunta -más bien exclamación- de Lenin? ¿ Se trata acaso de separar en Gorki arte y política? En modo alguno. Existe el Gorki que, como escritor, presta enormes servicios artística y políticamente, y existe el que se ocupa de política -como actividad militante que no es útil ni al arte ni a la política. Y ante estos dos Gorkis, Lenin, el político por excelencia, se queda con el primero.

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Y no es que Lenin ignore por principio la actividad militante de Gorki. El mismo quiere incorporada a ella a través de su participación en la prensa del partido. La correspondencia de Lenin con Lunacharski y con el propio Gorki (años1905-10) testimonia este interés. Pero Lenin siempre pone la aportación de Gorki-escritor por encima de su aportación como escritor militante en la prensa del partido (carta a Lunacharski del 13 de febrero de 1905; carta a Gorki, de 16 de febrero de 1905). Siempre para Lenin con respecto a Gorki: prioridad de su actividad creadora sobre su actividad militante (“Sería magnífico que usted pudiera escribir para “Proletari” sin ocasionar un perjuicio a sus trabajos más importantes”, carta a Gorki, del 16 de febrero de 1905).

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Desde comienzos de 1905, Gorki se halla influido por las posiciones filosóficas de Bogdanov, Basárov y Lunacharski (la “construcción de Dios”, intento de aliar socialismo y religión), que Lenin considera que vienen a minar los fundamentos filosóficos e ideológicos del marxismo. Lenin critica estas posiciones en Materialismo y empiriocriticismo (1909) y, en la medida en que Gorki las comparte, emprende una crítica persuasiva, amistosa pero firme, tendiente a liberarlo de esas influencias y a ayudarlo a superar sus errores (correspondencia de los años 1908-10).
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Lo que preocupa a Lenin no es tanto la influencia de esas posiciones filosóficas en su obra -la cual es nula o casi nula en ella como el hecho de que la autoridad de Gorki como escritor sirva para amparar -sobre la base de su adhesión- cierta plataforma ideológica. Por ello, es importante convencer a Gorki de la falsedad de esas posiciones.

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Las críticas de Lenin nunca apuntan a Gorki como escritor. Lenin sabe que una filosofía no determina de por sí el cauce de la creación. Y no sólo esto. “Considero -afirma- que un artista de la pluma puede hallar muchas cosas útiles en cualquier filosofía. Por último, admito sin ninguna reserva que en cuestiones de creación artística tiene usted todos los triunfos en la mano, y que las concepciones de este género, extraídas tanto de su experiencia artística como de una filosofía aunque sea idealista, pueden permitirle llegar a conclusiones que habrán de reportar enormes beneficios al partido obrero” (Obras completas, Buenos Aires, XIII, p. 460).

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La tesis de Lenin según la cual un artista -cuando verdaderamente lo es- puede obtener conclusiones artísticas útiles para él y para el movimiento, incluso partiendo de una filosofía idealista, concuerda perfectamente con aquella otra enunciada por él con respecto a Tolstoy: todo gran artista -cuando verdaderamente lo es- no puede dejar de captar algún aspecto esencial de la realidad.

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La crítica de Lenin a Gorki, en la medida en que éste comparte las posiciones machistas y otzovistas, se realiza en dos planos: a) el del contenido falso de esas posiciones ideológicas; b) el del modo de vincular la defensa de ellas (por Gorki) con la acción política misma. En la misma carta a Gorki en que reconoce que un artista de la pluma puede encontrar cosas útiles en cualquier filosofía, con lo cual deja bien sentado que no lo ataca por el uso que hace o pudiera hacer como artista de ciertas ideas, Lenin agrega:

Todo esto es cierto. Y, sin embargo, “Proletari” debe mantener una absoluta neutralidad ante nuestras discrepancias filosóficas, no dando el más mínimo motivo para que el lector pueda relacionar a los bolcheviques, como tendencia y como línea táctica de! ala revolucionaria de los socialdemócratas rusos, con el empiriocriticismo o el empiriomonismo (Ibídem).

O sea: una línea táctica (de acción política práctica) no debe ser identificada con una línea filosófica. Se trata de dos niveles distintos, y no se puede pasar directamente de uno a otro. Es lo que advierte Lenin, el político práctico, al escritor, convertido -por obra de sus simpatías machistas y otzovistas- en filósofo y político. Claro está que Lenin plantea esto en una situación concreta (la existencia en el interior del partido y de la lucha revolucionaria) que exige mantener esa distinción.

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Refiriéndose a los dos filósofos que influyen en Gorki, escribe Lenin: “Si se separara a Lunacharski de Bogdanov en cuanto a la estética… ” En esta forma velada encontramos una de las pocas referencias a las concepciones estéticas de los filósofos que más influyeron en Gorki por esos años. La misma escasez de referencias se pone de manifiesto en la obra polémica de ese mismo tiempo Materialismo y empiriocriticismo. Presuponiendo que uno y otro se han ocupado de cuestiones estéticas, Lenin formula el deseo de que, en este dominio, habría que separar a Bogdanov (el futuro teórico del Prolet-Kult) de Lunacharski. Pero, por otro lado, hay que subrayar que Lenin, quien, como hemos visto, jamás pone en tela de juicio el talento artístico de Gorki, y que critica la influencia filosófica de Bogdanov y Lunacharski sobre él, no ve una influencia de sus ideas en su obra (con excepción de su Confesión), pero tampoco reconoce un influjo -pues no hace ninguna referencia a él- de sus concepciones estéticas generales en Gorki.


De Diez años de la revista “Casa de las Américas”, núm. 60. julio 1970, La Habana
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