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“Voces de las mujeres de Panrico… A dos meses de huelga”: Leire Izar Gorri, Cynthia Lub y Verónica Landa

“Hace falta una revolución. ¡A la calle, todos! La revolución tiene que ser desde abajo. Todo lo que se ha conseguido en toda la vida ha sido con huelgas, de pararlo todo…” (Paquita, trabajadora de Panrico) 

Entrevista: en el piquete de la fábrica

Estas conversaciones con las trabajadoras de Panrico no son las primeras ni van a ser las últimas. Ya van dos meses de huelga en los que, junto a ellas, hemos vivido experiencias intensas en los piquetes, en las manis, en la represión, en las charlas, con la caja de resistencia… Y también conociéndonos en esos descansos necesarios como el de la barbacoa de este domingo soleado para recuperar fuerzas y calor, y continuar con todo al día siguiente. Hablamos con Paqui, Sole, Pilar, Isabel, Reme, Marisa y Gertru en su fortín de huelga frente a la fábrica, bajo un orden y limpieza perfectos. Y sobre todo muy acogedor: difícil irse con estas mujeres que transmiten tanta fuerza, generosidad y valentía…

  Contadnos de vuestra vida en la fábrica, de vuestra vida…

Nos respondió Paquita: —Empezamos todas muy jovencitas, porque en aquella época podías trabajar con 14 o 15 años. Era la mentalidad de la época. A los 14 años ya eras mayor y tenías que elegir entre trabajar o estudiar. ¡Pues trabajar! Estaba la fábrica en Barcelona, que en ese entonces no era Panrico, era Donuts. Y bueno, nos conocimos prácticamente desde crías.

Continúa Soledad, siempre la primera en querer hablar y con esa fuerza que la caracteriza: —Antes había estado en otra empresa que trabajaba mi hermana. Pero después trabajé, ¡porque eso era trabajar!, cuidando de mi sobrina, de mis hermanos y les hacía la comida cuando venían de trabajar, mi madre trabajaba. Hasta que entré con 16 años, un día después de mi cumpleaños. Y bueno, toda la vida la he pasado en Panrico —, acaba con lágrimas en los ojos.

Paqui recuerda en qué contexto político comenzaban a entrar en el mundo del trabajo: —Yo entré  cuando hacía cinco meses que se había muerto Franco. Estaba muy contenta de que se había muerto. Continúa Sole, diciendo: —Y yo me lo tomaba como cachondeo. ¡Le decíamos “el abuelo”! ¿Y el abuelo cómo está? Y justo enfrente estaba la Telefónica y estaba todo rodeado por la guardia civil y en caso de que muriera Franco, pues tomarla ¿no?… Realmente estaba todo el mundo deseando que la palmara. Añade Paqui:—Porque… ¡a ver!, nosotras vivimos ese cambio en la empresa, las primeras votaciones, había muchas movidas y nos apuntábamos a todas. Había un chaval de 17 años que era muy revolucionario, así como vosotras. Y ése nos arrastró a nosotras. Teníamos las reuniones clandestinas en la Iglesia de San Andrés. Sole acaba diciendo: —Para nosotras eso era lo máximo, nos estábamos metiendo en política. 

Muchas trabajadoras nos contaban que en esos años las mujeres luchaban por “igual trabajo, igual salario”. ¿Cómo lo habéis vivido vosotras?

 —Los salarios normalmente han sido igual para las mujeres que para los hombres — nos cuenta Reme. Y prosigue: —Lo único que los trabajos más forzosos tenían un plus y normalmente los hacían los hombres. Ahora está todo igual, a menos que tengas un trabajo insalubre, cerca del horno por la temperatura, se cobra un plus. Antes se trabajaba a prima. Yo he hecho muchas horas, a parte de a prima, a destajo, que todavía es peor que a prima. Hacíamos aquí 12 ó 14 horas y, cuando no había horas aquí, se iba a un taller a trabajar otras 7 u 8 horas. La mayor parte la hemos trabajado aquí, pero también fuera, horas extra. Extra, extra, es que yo soy muy extraordinaria— acaba como siempre entre broma y broma Reme.

—Siempre hubo trabajos más destinados a la mujer, —nos dice Paqui—. Por ejemplo, aquí, en algunos trabajos, las mujeres tenemos más habilidad que los hombres. Pero no nos han discriminado. Por lo menos en producción, aunque más arriba tal vez sí. No sufrimos discriminación y se ha ido consiguiendo a base de mucho batallar.   

Los recuerdos de otras huelgas y otras luchas…

 Muchas trabajadoras nos recordaban otras huelgas que habíais protagonizado. ¿Cómo fueron? ¿Cómo las vivisteis?

 —Nosotras vinimos en el 79 desde San Andrés, las primeras que vinimos de Barcelona —respondió rápidamente Sole—. Y al poco tiempo, hubo una huelga y siempre fuimos luchando por tener mejores condiciones.

Reme, ya también nos había contado por la mañana cómo vivía ella las huelgas:          —Cuando eres una cría nada te parece mal, te tomas el trabajo como diversión, sin pensar que a lo mejor se están aprovechando de que eres un crío… Después con el tiempo, si hemos querido conseguir algo hemos tenido que hacer huelga. Mi primera huelga fue hace mucho tiempo, igual unos 30 años, mis niños eran pequeñitos. No teníamos comité (…) estuvimos en la calle pero pocos días, se consiguió lo que se pedía y otra vez para adentro… Antes de la huelga, trabajábamos de lunes a sábado y más horas. Lo que tenemos ahora, la reducción de jornada a ocho horas y cinco días a la semana, se ha conseguido con la huelga.

Isabel se acuerda de una huelga de hace cuatro años y nos cuenta: —Hicimos una semana de huelga en la que salieron también los repartidores. Siempre hemos ido a remolque del comité, lo que decía el comité iba a misa.

Sole añade: —Hasta hace un par de años, con las “mochilas”, los jefes los que las bautizaron así. (…) Todo eso que no se reflejaba en la nómina venía catalogado como “mochila”. Por ejemplo, teníamos catalogado como “mochila” 300 euros, otros 400, 500… Cada uno tenía un dinero, digamos, en “mochila”. Entonces, hace dos años, lo quitaron e hicieron un convenio peor para nosotros. UGT firmó y nosotros ya sabíamos que iban a firmar porque éstos tenían privilegios con la empresa. CC.OO. decía que no, pero el último día… ¡el último día!, cuando empezábamos la huelga en una asamblea en el comedor y nos dicen: ”Esta tarde hemos consultado a la abogada de Comisiones y, si hacemos la huelga, nos van a echar a nosotros, a los del comité. No queréis que nos echen a nosotros, ¿verdad?”. Ahí yo me resistí mucho, me fui al lavabo llorando, bueno, porque no les importaba que a nosotros nos quiten quitaran 500 euros.

Y llegó esta gran huelga de dos meses por el “0-0″

—Esa rabia la hemos tenido contenida todos estos dos años —continúa Sole—. Ahora ha venido esto y nos dicen: ”Ahora te vamos a rebajar el 20% y, a parte, vamos a echar a la mitad de la plantilla”. Qué pasa… ¡estamos asqueados pensando en lo que pasó hace dos años! Para colmo, habéis venido vosotros que nos habéis dado mucha fuerza y sois  críticos con los sindicatos, y pensamos: ¡Hostia, es verdad! ¡Esta vez no nos van a engañar! Y estamos con tanta rabia y entonces…, es que queríamos gritar. ¿Quién va a empujar más? ¿El comité? …Por eso quisimos hacer la huelga. Ellos te dicen que sí, que están de tu parte, que quieren hacer la huelga. Pero no, a la semana siguiente nos dicen: “No, no sé… no se solucionará, hay que volver a trabajar.” ¡Pero pasó hace cuatro años! ¡Volvimos a trabajar! ¡Y no pasó nada! ¿Y otra vez vamos a bajar los brazos?

¿Cómo os estáis organizando para esta gran huelga que ya lleva dos meses?   

—A cada uno le toca una misión —arranca Paqui—. A cada una le toca una faena con diferentes horarios. Dentro de nuestro horario hemos ido a la universidad, por ejemplo. Están organizando bien los turnos de noche y de mañana.

Marisa, una joven trabajadora muy seria en su gran tarea: es una de las responsables de la caja de resistencia, nos cuenta cómo la organiza: —Hacemos un planning de las zonas que pensamos visitar. Después nos presentamos en la fábrica o en la empresa y procuramos hablar con algún miembro del comité. Les contamos qué somos, qué necesitamos… Hemos recibido apoyo de los estibadores de Barcelona, Metro, Coca Cola y Seat, y otras cosas —.

“En la casa lo vivo como si fuera la guerra (…) Yo estoy en huelga y ya sabes lo que hay. Esto es lo primero. Hay que salir de casa, que en la casa ya estuvimos mucho. (…) Ahora mismo la prioridad es esto, ¡es la huelga!” (Paqui) 

La huelga repercute en la vida cotidiana de las trabajadoras de Panrico. Si ya era difícil dentro de la fábrica, durante la huelga se ha visto trastocada: las tareas del hogar están ahora en último orden. Y ha surgido algo nuevo y difícil de darse bajo la explotación en la línea: se empiezan a conocer más profundamente entre ellas…

Como mujeres trabajadoras, ¿cómo estáis viviendo esta huelga? 

 —Lo llevamos bastante bien. Lo llevamos mejor de lo que pensábamos. En casa lo vivo como si fuera la guerra —continúa Paqui—. Digo: ”Me voy, ¡apañaros como podáis!”… O sea, en casa se hace lo mínimo., porque digo: “¡Si tengo una montonera de ropa que planchar! ¡¡…Bah!! ¡Sálvense quién pueda!”. Yo estoy en huelga y ya sabes lo que hay. Esto es lo primero. Hay que salir de casa, que en la casa ya estuvimos mucho. Quizás nos veo un poco diferentes a nosotras. No estamos en el típico rollo de la mujer que se casa y se queda en casa.

—Todas las mujeres tienen una forma de llevar la vida diferente, no todas son iguales —aclara Sole—. Mi madre ha sido una esclava de su marido y de la casa. Yo no quiero ser como mi madre. Lo que no haga ahora que estoy en huelga, pues ya lo haré… ¡cuándo me salga del coño! —Todas irrumpimos a risas mientras Paquita agrega—: Ahora mismo la prioridad es esto, ¡es la huelga!

—Siempre estoy deseando venir aquí para unirme con mis compañeras y estar en la lucha —interviene Pili—.  Yo en mi casa tengo mi familia, pero sinceramente estoy deseando venir aquí para unirme con ellas.

Isabel, siempre sonriendo, empieza a contar cómo cambiaron las relaciones entre ellas: —Ahora mismo estamos mucho más tiempo juntas, estamos más unidas todas y nos conocemos más. Antes de la huelga estábamos en la línea y, aunque estuviera al lado de ellas, no es lo mismo. En la línea estábamos trabajando, era diferente que aquí: estamos todas juntas, nos reímos más, nos estamos conociendo más

Y Sole concluye: —Me está gustando más de lo que pensaba.

 Contadnos, ¿cómo son las condiciones laborales en la fábrica?

—Con el estrés no tienes el tiempo de hablar con tus compañeras, sólo en el lavabo y la comida, sólo nueve minutos —dice Sole—. A lo mejor hacemos una rotación de media hora en la que no podemos tener un trato o una charla como los que tenemos ahora, en la lucha, que estamos conviviendo.

—A mí, de hacer mucho movimiento, de coger tan rápido los donuts, me operaron de las dos manos. La enfermedad típica es en las manos —nos cuenta Isabel con su constante sonrisa—. Y en esta empresa hay muchas bajas por depresión, hay mucho estrés. De las piernas y varices también se ha operado mucha gente. La espalda también, porque date cuenta que estás en una línea y te vienen los donetes con este blister pero que te viene otro seguido… y estás todo el rato así—. Sole concluye, diciendo mientras señala su espalda. —Yo cuando estoy en el donete, a mí me se llega a dormir este lado y no sé si tengo frío o tengo dolor.

“Si la gente se está solidarizando conmigo, yo tengo que tomar el ejemplo de toda esa gente que está solidarizándose con nosotros. O sea, que esto es un ejemplo a seguir”. (Pili)  

“Es que no tengo ningún arma; el único arma que tenemos los trabajadores es la huelga. Es que no tengo cuchillo, mi arma es la huelga”. (Sole) 

 Reflexionar sobre esta huelga es remontarse a muchos recuerdos y, por momentos, dos meses parecen años: la solidaridad, la huelga como arma, el rol de los sindicatos tanto ayer como hoy, la juventud que los apoya, la represión policial…

¿Qué enseñanzas os está dejando esta huelga? 

—Yo quiero decir que todo este movimiento que estamos conociendo con vosotros lo desconocíamos por completo. Lo estoy viviendo y estoy alucinada —contesta Pili—. Si la gente se está solidarizando conmigo, yo tengo que tomar el ejemplo de toda esa gente que está solidarizándose con nosotros,. O sea, que esto es un ejemplo a seguir. A parte de toda la gente, como vosotros, que nos estáis ayudando y asesorando, estamos aprendiendo de vosotros, los jóvenes, los que nos estáis enseñando…

A mí me dais mucha fuerza —agrega Sole. —Se dice que de los mayores se aprende, pero hay que decirlo: que de los jóvenes también…

—¡O como cuando estábamos arrinconados con ocho furgonetas de los Mossos! —recuerda Pili—. Cada vez que hay una huelga te mandan a los Mossos —dice Paqui—, pero como ésta que nos han encerrado, ¡yo no lo he vivido nunca!—. En ese momento, Isabel grita: —¡Cuándo nos mandaron diez furgonetas, teníamos un mosso para cada una!

—Pero bueno —añade Sole—, es que no tengo ningún arma; el único arma que tenemos los trabajadores es la huelga. Es que no tengo cuchillo, (…) mi arma es la huelga.

Mientras se quejan de cómo el comité ha maniobrado para intentar que levanten la huelga, dicen: —Si no fuera por el apoyo de afuera, ya estaríamos trabajando. —Yo me llevé un disgusto enorme, porque estoy afiliada desde que murió Franco a Comisiones. Antes no había sindicatos, estaban los sindicatos verticales — señala Gertru—. Otra trabajadora continúa: —Yo me he borrado tres veces del sindicato porque me han perjudicado. Si no fuese por el apoyo de afuera, y por los compañeros como Antonio, Julián… —. Y Paqui agrega: —Muchos compañeros que se están dejando la piel en esta huelga, son compañeros que están fuera del comité, y se están implicando mucho.

“Tenemos que estar todos los trabajadores unidos, desde la empresa más pequeña a la más grande. Y es la única manera de esto tirarlo abajo, con una revolución desde abajo…” (Paqui)

“Luchad, luchad, que no hay futuro para vosotras, a nosotras nos quitan el presente pero a vosotras el futuro” (Reme) 

¿Qué mensaje daríais a las mujeres trabajadoras, a la juventud que sale a luchar? 

—Que tenemos que estar todos los trabajadores unidos, desde la empresa más pequeña a la más grande. Y es la única manera de esto tirarlo abajo, con una revolución desde abajo —responde Paqui con la firmeza que la caracteriza. —Hace falta una revolución. ¡A la calle, todos! La revolución tiene que ser desde abajo. Todo lo que se ha conseguido en toda la vida ha sido con huelgas, de pararlo todo. Claro que es difícil de conseguirlo pero, bueno, como va la cosa yo creo que esto algún día tiene que reventar por algún sitio. También en Madrid hubo huelgas y manifestaciones, quiere decir que todo el mundo está descontento, también los estudiantes.

—Que no hay que tener miedo, ¡que se puede! —nos dice Isabel con una radiante sonrisa.

—Que la solución es la lucha —sigue Pili—. Que tenemos que estar todos ahí, todos a una, que tenemos la fuerza.

—Lo que nos está pasando a nosotras está pasando en todo el país, quiero que esto se arregle para todo el mundo, no sólo para mí —nos dice Gertru.

—Salid a la calle, ¡que es lo único que podemos hacer, salir a la calle! ¡Por nuestros derechos, los parados, los jubilados, los jóvenes, todos! Todos, si estamos unidos, esto sale adelante —agrega Marisa con decisión.

— Luchad, luchad, que no hay futuro para vosotras, a nosotras nos quitan el presente pero a vosotras el futuro. Si no lucháis, ya me dirás tu a mí… ¡Lo tenéis muy mal! No tenéis futuro de ninguna clase ni de ningún tipo —dice Reme.

Pili llora entremezclándose la emoción por poder hablar de todo con sus compañeras con la rabia por tantas injusticias. —Pero lo pasamos bien, todas unidas, con gente que, en esta huelga, he conocido más que en estos 38 años que he estado trabajando… ¡Como a ella! —le dice a Isabel— que la conozco desde que entré, de niñas. Conozco más a cada una de ellas, ¡y eso no me lo va a quitar ni el Gila ni nadie!— ¡Igualmente! —grita Isabel, y todas gritan y aplauden con la alegría, la fuerza y la valentía que las caracteriza y que nos transmiten a nosotras para continuar luchando junto a ellas, junto a las obreras de Panrico.

Fuente: http://mujerespanyrosas.wordpress.com/

Categorías:Lucha de clases
  1. emilia
    13/01/2014 en 11:39

    Teneis un valor y coraje muy grandes. Teneis que dar más la tabarra en los medios y redes sociales aunque seais cansinos. No sólo para que no se olvide el conflicto, sino para que sea contagia a otros colectivos y cree solidaridad. SOLIDARIDAD Y LUCHA, o LUCHA Y SOLIDARIDAD. Suerte

  2. ELISABET GOMEZ
    14/01/2014 en 20:30

    simplemente emocionante, al leer la entrevista me he estremecido por esa ilusión, esa unión…. Cuando verdaderamente nos demos cuenta de que el poder reside en el pueblo y despertemos del letargo cambiaremos el mundo y vosotras sois un ejemplo de que es posible. SALUD Y FUERZA.
    “El poder está en nuestras manos”

  3. Ernesto
    29/01/2014 en 00:47

    Emocionante! Cuando descubrimos, como la Sole, como a Pili, que nuestro lugar está en la lucha, en compartir la vida, en ir al menos un poco más allá de nosotros mismos, en trascender. “Lo que no haga ahora que estoy en huelga, pues ya lo haré… ¡cuándo me salga del coño!”

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