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“La teoría del capital de Böhm Bawerk y su crítica”: Rolando Astarita

En una nota anterior (aquí) señalé la actualidad que conserva la crítica de Cambridge a la teoría neoclásica del capital. Como se recordará, según los neoclásicos el capital es un “factor de producción” cuya magnitud es independiente de la distribución del ingreso entre salarios y beneficios, y por lo tanto puede utilizarse para calcular la tasa de ganancia (o de interés). Pero Sraffa, Garegnani y otros autores demostraron que es imposible medir el capital sin apelar a las variables distributivas, y que esto afecta el mismo concepto de capital, y a la función de producción. No se trata, además, de un problema “técnico”, sino de las bases teóricas del esquema neoclásico. En última instancia, el problema deriva de una imposibilidad lógica: no se puede apelar a una medida del capital que sirva al mismo tiempo para homogeneizar bienes físicos heterogéneos, con el fin de derivar la ganancia (o el interés del capital) a partir de su productividad; y para medir el valor del capital, que está en manos de los capitalistas, y da lugar a la plusvalía. Ambos cometidos no se pueden cumplir (véase Harcourt y Laing, 1977, p. 8).

En la nota mencionada, de todas formas, me referí a la crítica a la noción del capital como stock de bienes heterogéneos, y a la correspondiente tesis de la tasa de interés igualada a productividad marginal del capital. Constituyen la habitual sustancia de los cursos de microeconomía habituales. En esta entrada amplío el tema con la crítica de Cambridge al intento de superar las dificultades que presenta la medición del capital recurriendo al tiempo medio de producción. Es un aspecto menos conocido de las polémicas sobre el capital. En lo que sigue no tengo ninguna pretensión de originalidad, solo pretendo hacer accesible al estudiante de economía política, o al lector interesado, lo esencial de la crítica y facilitar la lectura de los textos originales. Tomo como referencia a Böhm Bawerk, uno de los padres de la escuela austriaca. También fue el primero en sostener que el sistema teórico de Marx había fracasado porque no podía compatibilizar la teoría del valor trabajo, con el hecho de que las tasas medias de ganancia entre las ramas tienden a igualarse. Empiezo con la explicación de Böhm Bawerk sobre el interés y su noción del capital.

Interés y capital en Böhm Bawerk

Según Böhm Bawerk, el problema teórico del interés es explicar por qué el poseedor de un capital tiene la posibilidad de obtener, con carácter permanente, una renta neta, o interés del capital, que es independiente de cualquier actividad del propietario. ¿De dónde proviene y por qué obtiene el capitalista ese aflujo interminable de bienes, sin esfuerzo de su parte?, se pregunta (1986, p. 27). Su respuesta a esta pregunta (clave en la economía política) está basada en la teoría subjetiva del valor. Esto significa que Böhm Bawerk rechaza de plano la teoría del valor trabajo. En su opinión, el valor nunca puede ser generado en la producción, ni por ningún otro medio. “No puede hablarse de producción de valor, pues el valor ni se produce ni puede producirse”, declara (ídem, p. 156). La producción solo genera bienes, que tiene valor a partir de la valoración de los consumidores, valoración basada a su vez en la utilidad y rareza relativa de esos bienes. Pero por esto mismo, Böhm Bawerk rechaza la idea de que el capital (entendido como los medios de producción) pueda generar valor, o plusvalor. De aquí que también sea crítico de las teorías que explican el interés por la productividad del capital. Una y otra vez insiste, en consecuencia, en que hay que distinguir entre la productividad física y la producción de valor. El argumento lo desarrolla en particular en las críticas que dirige a Say y Roscher, quienes explicaban la renta del capital por su productividad. Böhm Bawerk admite que la utilización de la máquina aumenta la productividad física, pero de aquí no se deriva, necesariamente, que el producto deje “una plusvalía después de cubrir el costo del capital invertido” (p. 159). La productividad del medio de producción tendrá incidencia en la generación de valor, pero hay que dilucidar el mecanismo por el que se genera el interés del capital.

La explicación está en la teoría del interés, contenida en el libro quinto de la Teoría positiva del capital. Según Böhm Bawerk, el interés se origina por tres razones combinadas. La primera, es que existe una preferencia por los bienes presentes por sobre los bienes futuros. Se supone que los individuos esperan que en el futuro sus ingresos sean mayores a los del presente, de manera que la utilidad marginal de un bien en el presente es mayor que en el futuro. La segunda razón es que la gente tiende a subestimar el futuro, por deficiencias de imaginación, limitación de la voluntad e incertidumbre de la vida. Puede verse que estos dos argumentos para la existencia del interés no tienen nada que ver con la producción; están anclados en el mundo de la pura subjetividad, los gustos y preferencias. La tercera, en cambio, se vincula a la producción, y a la tesis de que los bienes presentes tienen una superioridad técnica por sobre los bienes futuros, aunque también encuentra su fundamento último en la teoría subjetiva.

Esa superioridad de los bienes presentes sobre los futuros se explica porque, según Böhm Bawerk (1930), los trabajos aplicados a procesos productivos que requieren tiempo, esto es, que emplean métodos indirectos, son en general más productivos que los trabajos aplicados a la producción inmediata. Por ejemplo, Robinson Crusoe puede alimentarse recolectando frutos y empleando todo el tiempo disponible en la tarea, para estar bien alimentado; pero también puede, una vez asegurada la supervivencia, disponer de una parte del tiempo para fabricar un arco y flechas, con los cuales aumentar la productividad. Para esto, debe ahorrar fuerzas productivas para producir “bienes de capital”, a costa del bienestar presente (se trata de una concepción a-histórica del capital, pero no entramos ahora en esta discusión). Una vez construidos el arco y las flechas, el bueno de Robinson puede aumentar su producción de alimentos.

Más en general, Böhm Bawerk afirma que el producto total aumenta invirtiendo siempre, de manera adecuada, en métodos de producción que consumen más tiempo. Por eso define al capital (como en general, lo hace toda la economía burguesa) como un conjunto de bienes procedentes de una producción anterior, que no están destinados al consumo directo, sino a ser medios para la adquisición de nuevos bienes (1986, p. 32). Pero este “agente de producción” es el resultado del trabajo y la naturaleza, los dos factores productivos independientes, o los dos únicos “factores técnicos” en la producción.

Los métodos indirectos y el interés

Böhm Bawerk asocia entonces los incrementos de productividad con los métodos más indirectos (o más capital intensivos). Los rodeos productivos aumentan el rendimiento, aunque a tasas decrecientes, porque habilitan a incorporar fuerzas de la naturaleza al proceso productivo. Pero siendo el trabajo y la tierra las potencias originarias, la producción se descompone en “capas” o “estratos” de tiempo y trabajo (la tierra se elimina por razones de simplicidad). Así, si tomamos la mercancía A, se considera como si hubiera sido producida con trabajo que empezó la producción sin ningún medio de producción. Por eso, se opera una especie de retroceso en el tiempo, en términos de trabajo aplicado en las sucesivas etapas. De esta forma, se rastrea el proceso mediante el cual los bienes de capital utilizados en la última etapa de la producción de A fueron producidos con trabajo y otros bienes de capital; y luego, se pasa a la etapa anterior, en la cual esos medios de producción fueron producidos a su vez con trabajo y medios de producción. Esto significa que no hay capital fijo; hay que suponer que los seres humanos comienzan en alguna etapa la producción con las manos. Dado que Böhm Bawerk elimina la tierra (y la renta), de hecho presenta una teoría del capital como acumulación de los años-hombre de trabajo que se tienen que añadir a las diversas fases del proceso productivo, hasta que las mercancías estén listas para el consumo.

Pero, ¿cómo surge la plusvalía? Surge en esencia del intercambio de los medios de producción contra bienes de consumo finales y presentes. En la medida en que el trabajo y el uso de la tierra son los medios de producción originales, la formación de sus precios decide la existencia del beneficio sobre el capital. Y en esto el mercado laboral es el más importante. El precio de mercado del trabajo debe ser siempre menor que el valor y el precio del producto terminado del valor, nos dice Böhm Bawerk. ¿Pero cómo es posible? La respuesta es por la situación desventajosa en que se encuentran los trabajadores con respecto a los empresarios. “En las circunstancias de la industria moderna, los trabajadores asalariados escasamente poseen medios suficientes para utilizar su propio trabajo en métodos de producción que se extiendan por años” (1930, p. 314). Notemos cómo Böhm Bawerk reconoce que el punto de partida de la producción capitalista es la desposesión de una clase social de los medios de producción; aunque esta circunstancia está naturalizada.

Sigamos sin embargo con el razonamiento de Böhm Bawerk. Debido a la situación en que se encuentran en la sociedad capitalista, los trabajadores están ante la alternativa de vender su trabajo, o de emplearlo por su cuenta en procesos tan cortos e improductivos como se los permiten sus escasos medios de producción. Los capitalistas, a su vez, quieren comprar la cantidad de trabajo que vale tanto como el producto que saldrá, en el futuro, del proceso de producción. El beneficio surge entonces de la diferencia entre ese bien futuro y lo que pagan en el presente por el trabajo, que contiene un descuento. Esto es posible, insistimos, porque los trabajadores asalariados “no pueden emplear su trabajo remunerativamente trabajando por su cuenta, y por lo tanto están dispuestos, como un conjunto, a vender el futuro producto de su trabajo por un monto considerablemente menor de bienes presentes” (1930, p. 330). Si los bienes presentes y futuros se intercambiaran en el mercado de subsistencia a la par, y los trabajadores obtuvieran como pago por la semana de trabajo, en bienes presentes, todo el valor de su producto futuro, no aparecería el agio ni el interés del capital (véase ídem p. 333). En otras palabras, los bienes presentes deben tener un agio debido a que son más útiles que los bienes futuros: éste es el origen de la plusvalía, según Böhm Bawerk.

La medición del capital y el período medio

Aunque Böhm Bawerk no adhiere a la explicación del interés por la productividad marginal del capital, necesita también establecer el valor del capital. Es que en su esquema la productividad depende del grado en que la producción es indirecta, y para determinar el grado en que la producción es indirecta es preciso asignar un valor al capital, que depende de la longitud del proceso productivo. Téngase presente que la estimación de los bienes futuros se gradúa por el tiempo, de manera que “el valor de los bienes productivos aumenta a medida que se alarga el proceso” (1930, p. 304). Esto significa que para conocer el interés se debe conocer el grado en que la producción es indirecta; y para esto es necesaria una medida del capital que sea independiente de la tasa de interés.

En principio, Böhm Bawerk parece lograrlo, ya que considera que el valor de un bien durable es la suma de todos los servicios materiales inherentes al mismo (ya dijimos que deja de lado la renta de la tierra). Por lo tanto, mide su valor suponiendo que los períodos de inversión en salarios se aplican de manera discreta cada año, pero de manera uniforme a lo largo de los años. Así, calcula el período medio de producción, considerándolo como la media aritmética ponderada de los períodos que deben transcurrir entre el momento en que se inició la producción, y el momento en que la mercancía está lista para la venta. Lo explicamos con un ejemplo numérico, que tomamos de Samuelson (1977).

Supongamos que para la producción de A tenemos el método (1), según el cual A se produce empleando 5 unidades de trabajo durante 2 años, y una unidad de trabajo durante un año. Con el método (2), se aplican 3 unidades de trabajo durante 3 años, 3 unidades durante 2 años, y 3 unidades durante el último año. Y con el método (3) se aplican 2 unidades durante 4 años, 2 unidades durante 3 años, 2 unidades durante 2 años y 2 unidades durante 1 año. Supongamos que el salario es igual a 1, igual a la unidad de trabajo (dejamos asentado que estamos dando por válido el supuesto, “heroico”, de que en el primer año de cada proceso los trabajadores solo emplean las manos para producir los medios de producción).

Si llamamos TA al período medio, LA al trabajo total y Li (i = 1, 2, 3…) a los trabajos en los años sucesivos, TA será (L1 + 2L2 + 3L3 +….)/LA. Así, en el proceso (1) TA es (5 × 2 + 5)/10 = 1,5 períodos. En el proceso (2) TA es (3 × 3 + 3 × 2 + 3 × 1)/9 = 2 períodos; y haciendo el cálculo para el proceso (3), resulta TA = 2,5 períodos. Se ve entonces que el método (3) es más indirecto que el (2), y el (2) más que el (1).

En base al supuesto de la ganancia simple (o del interés simple), se puede establecer entonces el valor de A, VA, a partir de la suma de los salarios y las ganancias (Garegnani); tenemos entonces:
VA = L1 (1 + r) + L2 (1 + 2r) + L3 (1 + 3r) + …. . Que se puede resumir en:
VA = LA (1 + r TA) (*)
Si calculamos con (*) el valor de A, suponiendo una tasa de ganancia (interés) del 10%, tendremos que con el método (1) valdrá 11,5; aplicando el método (2) 10,8 y con el método (3) 10. Se puede ver también que a tasas de interés altas, el método más indirecto no es el más productivo. Por ejemplo, si la tasa de interés es del 60%, VA con (1) es 19, aplicando (2) es 19,8 y con (3) es 20. Por eso, a medida que baja la tasa de interés, el método de producción es más indirecto (esto es, más intensivo en capital) y el sistema no puede regresar jamás al método (1), una vez que lo ha dejado atrás.

La conclusión entonces es que cuanto mayor sea el tiempo insumido en la producción, menor será la cantidad de trabajo que se necesitará. Con tasas de interés más elevadas, son más baratas las técnicas que emplean en total más trabajo pero menos tiempo; a tasas de ganancia más bajas, serán más rentables los métodos que emplean más tiempo. Hay que observar también que nunca se analiza el proceso por el cual la acumulación puede llevar a una caída de la tasa de ganancia (o interés), ya que siempre se comparan situaciones de equilibrio. De esta manera, Böhm Bawerk parece superar el problema de la heterogeneidad de los bienes de capital existentes, ya que el capital se reduce a un fondo que es avanzado por los capitalistas para pagar los salarios de los trabajadores.

La introducción del interés compuesto

Sin embargo, y como ya había señalado Wicksell, la medición del capital de Böhm Bawerk adolece de una falla crucial, que es el supuesto de que los bienes de capital acumulados durante la producción son remunerados según una tasa de interés (o de ganancias) simple. Pero esto es inaceptable. Es que si las ganancias se distribuyen entre los capitalistas de acuerdo con la regla de la tasa de ganancia simple (o el interés simple), ello significa que “las ganancias generadas, pero aún no percibidas, no deben dar origen a otras ganancias, como sucedería con la tasa compuesta” (Garegnani, 1982, p. 36).

Para explicarlo con el ejemplo de Garegnani, supongamos que hay dos mercancías, A y B, que requieren la misma cantidad de trabajo para su producción, pero que A está lista después de un años, y B después de 2 años. Si el salario requerido por el trabajo es 100, y la tasa de ganancia (simple) es 20%, el precio de A será 120 y el de B 140. Pero en este caso conviene invertir en A, ya que los capitalistas en el segundo año obtendrán un beneficio del 20% sobre el beneficio de 20 realizado en el primer año; o sea, obtendrán al final del segundo año 144, en lugar de 140 (de hecho, es el problema con que se enfrentó Ricardo). En este respecto, es llamativo que con su supuesto de la tasa de interés simple Böhm Bawerk estuviera pasando por alto el mismo problema en el que se había trabado Ricardo (el famoso ejemplo del vino estacionado), y que en última instancia criticara en Marx.

La realidad entonces es que los capitales son remunerados según una tasa de interés compuesta. Pero su introducción socava la concepción de capital como “período medio de producción”. “La concepción del capital como período de producción… debe modificarse sustancialmente una vez que se reconozca la inaceptabilidad de la tasa de ganancia simple” (Garegnani, 1982, p. 49).

El problema central es que ahora el período medio de producción variará al modificarse la tasa de ganancia (o de interés). En términos matemáticos, es
VA = L1 (1 +r) + L2 (1+r)2 + L3 (1+r)3…..
Relación que se puede reducir (sigo a Garegnani) a la forma:
VA = LA (1 + r)TA (**)
Pero aquí aparece un problema: el período medio, TA, que se puede determinar con (**) ya no coincide con el período medio establecido en (*). Más en general, TA variará al variar r. Lo ilustramos con los ejemplos anteriores.
Tomemos el método (1) de producción de A. Suponiendo que la tasa de interés es del 20%, y de acuerdo al criterio de la tasa de interés simple, es:
VA = 5 (1 + 0,2 × 2) + 5 (1 + 0,2) = 10 (1 + rTA)
Si despejamos, obtenemos que TA = 1,5 períodos. Este resultado se mantiene, cualquiera sea el valor de r.
Veamos ahora qué sucede ahora si introducimos el interés compuesto. Suponiendo de nuevo que la tasa de interés es del 20%, tenemos:
VA = 5 (1 + 0,2)2 + 5 (1 + 0,2) = 10 (1 + 0,2)TA
Despejamos TA, tomamos logaritmos y obtenemos que TA = (log 13,2 – log 10) / log 1,2. El resultado es TA = 1,522 períodos, y no 1,5. De la misma manera, podemos comprobar que si r = 10%, TA = 1,51; si r = 40%, TA = 1,54; si r = 60%, TA = 1,558. Algo similar ocurre con los otros métodos. Por ejemplo, con (2), si r = 20%, TA = 2,06, y no 2; si r = 40%, TA = 2,11; y si r = 60%, TA = 2,15. El período medio calculado aplicando el interés compuesto es distinto del obtenido mediante el interés simple. Escribe Garegnani: “cuando se usa la tasa de ganancia compuesta, el valor en unidades salario de A ya no puede expresarse como función de la tasa de ganancia y, además únicamente de las cantidades totales de trabajo LA y de un período único de tiempo cualquiera que cumpla con el requisito de independencia con respecto al nivel de la tasa de ganancia, requisito esencial para una medición no circular del capital” (p. 52). Y un poco más abajo, luego de señalar que TA variará al variar r, observa: Este “período medio”, que después de todo es el sugerido por muchos autores, no podría constituir evidentemente el dato que necesitamos para determinar la tasa de ganancia. (…) Antes de saber qué período medio corresponde a una cierta técnica de producción, deberíamos conocer la tasa de ganancia, que es precisamente lo que tenemos que determinar” (ídem).

Sobre valor y cantidades de trabajo fechado

Existe otra manera de demostrar la imposibilidad de medir el valor del capital, y en general, de cualquier mercancía, con independencia de las variables distributivas, reduciéndolo a cantidades de trabajo “fechadas”. Para lo que sigue utilizamos las matrices de insumo – producto, y algunas propiedades del álgebra vectorial; sigo a Pasinetti, (1984; el lector que no desee seguir complicarse con el álgebra, puede pasar al siguiente apartado, sin pérdida de generalidad).

Suponemos un sistema económico que produce cada año la misma cantidad de mercancías; cada industria produce una sola mercancías, mediante el empleo de trabajo y mercancías; no hay capital fijo (acorde con la hipótesis de Böhm Bawerk). Los distintos métodos de producción vienen representados por una matriz de coeficientes interindustriales A, n × n; la entrada aij significa la cantidad de insumo i-ésimo necesario para producir una unidad del bien j-ésimo. Sea ao el vector fila de coeficientes de trabajo directo (matrices y vectores van en negrita). Suponemos que A es productiva. Esto significa que las características técnicas del sistema son tales que permiten la producción de por lo menos una mercancía que supera las necesidades de reemplazamiento del sistema productivo (si no se cumpliera, el sistema sería inviable). Por otra parte, sea p el vector fila precios, con n componentes; w el salario y r el beneficio; se toma un bien cualquiera como numerario. Siguiendo el criterio de Sraffa, el salario participa del excedente (este supuesto no altera la validez de la demostración que sigue, referida al problema planteado por la medición de capital de Böhm Bawerk).
En base a lo anterior, el sistema de precios puede escribirse:
pA (1 + r) + a0w = p
Despejando p, obtenemos: p = ao [I – (1 + r)A]-1 w
La matriz [I – (1 + r)A]-1 puede ser desarrollada en una serie de potencias de A, con la única condición de que (1 + r) sea mayor que la inversa del autovalor de módulo máximo de A, que coincide con la tasa (R + 1), siendo R la tasa máxima de beneficio (cuando w = 0). Dado que (1 + r) es menor que (R + 1), se cumple la condición. Por lo tanto, podemos escribir:
p = ao [I – (1 + r) A + (1 + 2)2 A2 + (1 + r)3 A3 + ….] w (***)
De manera que p = a0 w + (1 + r)aoA w + (1 + r)2 a0A2 w + (1 + r)3 a0A3 w + …
En la serie de potencias I, A, A2, A3… las columnas de cada matriz representan las cantidades de mercancías necesarias en cada etapa del proceso productivo para obtener una unidad de producto final -es la idea contenida en la inversa de Leontiev, (I A)-1 -, de manera que la premultiplicación de esas matrices por el vector de coeficientes de trabajo directo nos da los vectores que representan los requisitos de trabajo en las sucesivas fases del proceso productivo. Dado que la matriz As es convergente (tiende a cero) a medida que crece s, las necesidades de trabajo se hacen siempre menores, hasta desaparecer. Se puede demostrar que si el beneficio es cero, los precios son directamente proporcionales a los tiempos de trabajo invertidos en la producción (si w se hiciera numerario, los precios resultarían incluso iguales a las cantidades físicas de trabajo; Pasinetti, p. 101).

Lo importante de la ecuación (***) es que cada variación de la distribución (o sea, cambios del salario y el beneficio), produce en cada sumando dos cambios en sentido opuesto, de manera que el resultado neto de estos dos efectos será distinto en cada sumando. Esto significa que cuando retrocedemos en el tiempo, cada estrato de salarios y beneficios dependerá de las condiciones particulares en que haya proporciones de trabajo y medios de producción, dando como resultado diferentes estructuras de precios al variar las distribuciones (ver Pasinetti, p. 117-9). En palabras de Sraffa: “A medida que el tipo de beneficio se eleva, el valor de cada uno de los términos de trabajo recibe un tirón en direcciones opuestas del tipo de beneficio y salario, y se mueve hacia arriba o hacia abajo según prevalezca el uno o el otro. El peso relativo de estos factores varía, por supuesto, a diferentes niveles de distribución; y, además, varía de modo diferente en el caso de términos de “fecha” diferente…” (1966, pp, 58-9).

Pero esto significa, una vez más, que el capital no se puede reducir a “trabajo fechado” con independencia de las variables distributivas, esto es, sin conocer la tasa de beneficio y el salario. Agrega Sraffa: “La reducción a términos de trabajo fechados tiene algún alcance en relación con los intentos que se han hecho de encontrar en el “período de producción” una medida independiente de la cantidad de capital que pudiera ser utilizada sin incurrir en un argumento circular para determinar los precios y las participaciones en la distribución”. Luego de señalar que el análisis parece demostrar “la imposibilidad de agregar los “períodos” correspondientes a las diferentes cantidades de trabajo en una sola magnitud que pudiera ser considerada como representativa de la cantidad de capital”, concluye que los movimientos de los precios relativos, frente a los métodos no variados de la producción, “no pueden ser reconciliados con ninguna noción de capital como una cantidad mensurable que sea independiente de la distribución y de los precios” (pp. 62-3)

El retorno de las técnicas

Como ya hemos señalado, una de las conclusiones fundamentales que se desprenden de la teoría de Böhm Bawerk del capital es que a medida que baja la tasa de interés, los métodos de producción empleados son más indirectos, esto es, más capital intensivos. Tiene un claro paralelo con lo que se deriva de la función de producción neoclásica tradicional; a medida que baja la tasa de interés, aumenta la relación capital producto y la relación capital/trabajo. La idea de una curva de demanda de bienes de capital de pendiente negativa, está asociada a estas relaciones. Aunque se trata de un tópico de los cursos de microeconomía, Sraffa, Garegnani y otros autores de Cambridge demostraron que esto no es necesariamente así. A tasas altas de interés puede emplearse una técnica α más intensiva en mano de obra; a tasas intermedias es más rentable una técnica β, más intensiva en capital; y a una tasa aún más baja, la técnica α vuelve a ser más rentable (véase, por ejemplo, Pasinetti, 1984, para una exposición sencilla).

Durante un tiempo los defensores de la teoría neoclásica intentaron negar la existencia del fenómeno del “retorno de las técnicas”. Sin embargo, en el artículo de 1966, que ya hemos citado, Paul Samuelson admitió que el fenómeno existe, aunque provocara un dolor de cabeza a la teoría (escribió: “Si todo esto causa dolores de cabeza a quienes suspiran por las viejas parábolas de la teoría neoclásica, deberemos recordarles que los académicos no han nacido para llevar una existencia fácil. Debemos respetar, y evaluar, los hechos de la vida”, p. 247). En su nota, también demostró, con un ejemplo simple, que el retorno de la técnica es extensible al esquema teórico basado en la noción de capital como “período de producción”.

Suponemos para esto que una mercancía B se puede producir con dos métodos alternativos. En el primero, se emplean 7 unidades de trabajo durante dos períodos de tiempo, y en el segundo método se utilizan 2 unidades de trabajo durante 3 períodos de tiempo, y 6 por un período. ¿Cuál de los dos métodos es más indirecto? Es claro que a primera vista no hay forma de determinarlo; hay que introducir la tasa de interés. Veamos entonces qué pasa a diferentes tasas de interés compuesto.

Empezamos suponiendo que r = 20%. A esa tasa de interés, (suponiendo el salario = 1), con la tecnología (1) B vale 10,08 y con la tecnología (2), B vale 10,656; se impone entonces (1). Luego, si r = 50%, con ambos métodos B tiene el mismo valor, 15,75. Si después suponemos que r está entre 50% y 100%, se impone el método (2). Pero al llegar al 100%, los dos métodos vuelven a ser indiferentes; B vale 28 con ambos. Por último, por encima de 100%, la tecnología (1) vuelve a prevalecer; por ejemplo, si r = 150%, B vale 43,75 si se aplica (1), y 46,25 con el método (2). Todo depende entonces del peso que da el interés a las unidades invertidas en trabajo; así, por ejemplo, a una tasa superior al 100% las 2 unidades de trabajo aplicadas durante 3 períodos de tiempo, del método (2), adquieren un peso tan grande, que vuelven a hacer rentable el método (1).

En definitiva, la teoría del capital de Böhm Bawerk, basada en el período medio de producción, no puede superar las dificultades encerradas en el problema de homogeneizar el “factor capital” con independencia de las variables distributivas. Böhm Bawerk necesita una medida del capital que sea independiente de la tasa de interés (esto es, de la plusvalía) para fundar teóricamente la tasa de interés. Pero es imposible calcular el valor de los “servicios originarios”, que componen el valor del capital, sin recurrir a la tasa de interés, ya que el período medio varía al modificarse la tasa de interés. Asimismo, el fenómeno del retorno de la técnica pone en evidencia que no se puede asociar de manera monotónica la baja de la tasa de interés con las tecnologías más intensivas de capital. Con esto se evidencia también que la teoría austriaca de las crisis -que dice que las mismas se producen porque una baja tasa de interés provoca la sobre inversión en las industrias productoras de bienes de producción- carece de fundamento teórico.

Textos citados:
Böhm Bawerk, E. von (1986): Capital e interés. Historia y crítica de las teorías sobre el interés, México, FCE.
Böhm Bawerk, E. von (1930): The Positive Theory of Capital, New York, Stechert.
Garegnani, P. (1982): El capital en la teoría de la distribución, Barcelona, Oikos.
Harcourt, G. C. y N. F. Laing, (comps.) (1977): “Introducción” a Capital y crecimiento, México, FCE, pp. 7-47.
Pasinetti, L. (1984): Lecciones de teoría de la producción, México, FCE.
Samuelson, P. A. (1977): “Resumen”, en C. G. Harcourt y N. F. Laing, (comps.) pp. 231-248).
Sraffa, P. (1966): Producción de mercancías por medio de mercancías, Barcelona, Oikos.

 

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La teoría del capital de Böhm Bawerk y su crítica

Fuente: http://rolandoastarita.wordpress.com/

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