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“Entre la academia y el mercado. Las Universidades en el contexto del capitalismo basado en el conocimiento”: Montserrat Galceran Huguet

Resumen

En el presente texto exploro la crítica a la Universidad- Academia contenida en los análisis de los sociólogos Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron, así como los análisis, también críticos de la Universidad-Empresa formulados por Stanley Aronowitz y los investigadores del llamado capitalismo académico. Pongo en relación estas críticas con los movimientos estudiantiles y profesionales de los años 70. Asimismo las utilizo para problematizar el actual proceso de transformación de la Universidad europea, conocido como Proceso Bolonia.

Entre la Academia y el mercado de la formación la institución universitaria se encuentra en los últimos decenios en un agudo proceso de transformación, tanto en Europa dado el avance en el proceso de reforma comúnmente conocido como Proceso Bolonia, como en otras partes del mundo, especialmente en América Latina y Africa, donde los sectores neoliberales presionan para que la escasa financiación se centre en la formación primaria y secundaria, dejando al margen la Universidad.

Estos procesos están encontrando fuertes resistencias en los movimientos estudiantiles y en las asociaciones de profesores e investigadores, que diagnostican con claridad los objetivos de las reformasy los peligros que comportan pero no siempre aciertan al presentar alternativas creíbles, más allá de la exigencia de una moratoria que permita analizar en profundidad los citados cambios y sus consecuencias.

En España al inicio de la segunda década del siglo nos encontramos con que el proceso de homologación europea todavía no ha concluido. Atrás quedan los años de movilización más aguda cuando el proceso todavía estaba en fase de implementación. En pleno cambio carecemos de informaciones fiables sobre sus efectos tanto en la formación de los estudiantes cuanto en la
transformación de los curricula y de la figura del profesor. Sin embargo vemos dibujarse ya algunas tendencias: atrás queda la Universidad moderna definida por su arraigo nacional y la autonomía de su status, por delante la imbricación de la Universidad en las estructuras del capitalismo contemporáneo.

Esa posición intermedia llena de tensiones es el centro de reflexión de este trabajo.

La crítica de la Academia

Entre algunas de las voces críticas de los profesores e investigadores en las recientes movilizaciones se atisbaba un sentimiento de pérdida de los valores de la Academia. En algunos casos esta reivindicación era explícita; en otras más velada. Pero parecería que habían quedado en el olvido aquellas críticas de finales de los sesenta cuando se puso de manifiesto el carácter elitista y clasista de la Universidad tradicional, por no remontarnos al sarcasmo todavía más antiguo contra los paniaguados de la Academia, como muestra el texto de Ramón María del Valle Inclán reproducido al inicio.

En los últimos decenios del siglo pasado la crítica a la Academia tuvo su epicentro en el movimiento estudiantil y de los profesionales, especialmente en el 68 y los años siguientes. Esta crítica se dirigía a la incapacidad de la Universidad para responder a las demandas formativas de los ciudadanos al estar atravesada por profundas desigualdades y ocupar un lugar de poder que el discurso academicista sistemáticamente oculta. Como consecuencia de ello la función de la Universidad como dispositivo de selección de las elites queda invariablemente oculto bajo su pretendida actividad de formación para todos, con lo que lograría, al menos en parte, neutralizar las desigualdades sociales.

El discurso academicista sostiene que la Universidad en tanto que “templo del saber” está colocado extramuros de las desigualdades y conflictos de la sociedad. En tanto que lugar en donde prima la conservación y transmisión de un “saber universal” se supone que está organizada según un principio meritocrático por el que quienes entran en ella son aquellos más capaces intelectualmente, sin que esa capacidad esté marcada, al menos en principio, por los orígenes o las condiciones sociales.

Por la misma razón se da por bueno que el conocimiento que ahí se adquiere, se transmite o se elabora de nuevo (se descubre) no tiene marca “de clase”, ni “de género”, ni “de raza” sino que es un saber universal, abierto a todos aquellos que se dediquen a él y caracterizado únicamente por su impronta “racional” —inmunizado frente a los prejuicios “culturales”—. Esa especial forma de proceder se atestigua por el valor dado a una pretendida “comunidad de iguales” en la que cada quien presenta su producción ante los otros en un espacio libre de dominación y sólo atento al valor intelectual intrínseco.

Artículo Completo

Fuente: http://psicologiasocial.uab.es/

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