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“Una vez más, la izquierda como problema”: Joaquín Miras y Joan Tafalla

Los partidos nacen y se constituyen en organización para dirigir la situación en momentos histórica- mente vitales para su clase; pero no siempre saben adaptarse a las nuevas tareas y a las nuevas épocas, no siempre saben desarrollarse según se van desarrollando las relaciones totales de fuerza (y por lo tanto la posición relativa de sus clases) en el país determinado o en el campo internacional… La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora más peligrosa; si ésta acaba por constituir un grupo solidario, que se apoya en sí mismo y se siente independiente de la masa, el partido acaba por volverse anacrónico, y en los momentos de crisis aguda queda vacío de su contenido social y queda como apoyado en el aire”. Antonio Gramsci

La situación política española está marcada, como sabemos, por la conjunción en el tiempo de dos fenómenos históricos: la así llamada crisis económica y la crisis del conjunto de formas de dominación y dirección creadas durante la así llamada Transición.

La conjunción de ambos elementos produce fenómenos complejos ante los cuales es difícil orientarse. Sobre todo, y ese es el objeto principal de esta reflexión, si la autoproclamada izquierda se empeña en enfrentarse a ellos desde un pensamiento débil. Extremadamente débil.

Primero: los mecanismos de desposesión y expropiación que llaman crisis.

La llamada crisis económica ha sido producida por el sector financiero del capitalismo, lanzado a una fase de acumulación de capital basada en la desposesión de la mayoría de la población. Esta ofensiva de los expropiadores incluye diversos aspectos:

a.- En el territorio comprendido dentro de la Unión europea, el capital financiero e industrial alemán, tras una larga marcha, ha conquistado el espacio vital (Lebesraum) que la geopolítica alemana de los años veinte del siglo pasado consideraba imprescindible para darle un rol hegemónico en Eurasia.Unaconquista de evidentes características neo-colonizadoras de los territorios periféricos de la Unión Europea.

Los autores de este material venimos denunciando desde los años ochenta del siglo pasado el carácter imperialista de la llamada construcción europea: nos opusimos a la entrada de España en el Mercado Común, nos opusimos al tratado de Maastricht, nos opusimos al Tratado constitucional de la Unión, nos opusimos al euro, nos opusimos al fraudulento cambio de la constitución española en 2011. Teníamos sólidas razones para hacerlo y la realidad ha venido a demostrarlas. Desde esta perspectiva consideramos que reconocer analíticamente lasituación actual y, proponer, como hace la izquierda, sea el PSOE o todo lo que se halla a su izquierda, políticas supuestamente favorables al pueblo trabajador sin poner en cuestión el proceso europeo, es pura demagogia.

La destrucción de estados y de soberanías por parte de la UE, mediante una larga (casi cuarenta años) ofensiva institucionalizadora de nuevos mecanismos políticos, jurídicos y económicos ha hecho entrar en barrena los escasos instrumentos políticos democráticos existentes que se habían institucionalizado tras la derrota del fascismo y del nazismo en 1945. Como consecuencia de esa ofensiva, en el conjunto de Europa toda una civilización se está hundiendo. Las conquistas acumuladas por las luchas más que centenarias del movimiento obrero, por la ofensiva frente populista y antifascista y de la Resistencia antifascista, pero también por la llegada del Ejército Rojo al río Elba, y por la presencia de fuertes partidos comunistas de masas y de fuertes sindicatos de clase están en cuestión. La entrada de España en la UE condenó a nuestro país a un papel periférico para siempre más en la dinámica de desarrollo libre del capitalismo en el área de la UE. La industria competitiva se desmanteló2, se entró en la permanente subasta a la baja de los costes laborales. Las centrales sindicales mayoritarias mostraron a los trabajadores que la resignación y la sumisión era única vía para poder trabajar. Ello sin que las minoritarias o las sucesivas y localizadas escisiones de CCOO pudieran o supieran revertir este proceso. Las condiciones laborales eran cada vez más similares a la esclavitud a tiempo parcial. Mientras, los sucesivos gobiernos presentaban como muestra de su sagacidad política y de su utilidad para los trabajadores la concesión de ingentes incentivos fiscales e incluso urbanísticos (mediante recalificaciones o cesiones gratuitas de suelo industrial) para que las multinacionales del automóvil o de otros sectores de la producción decidieran localizar en España la producción de unos de sus modelos3.

Este proceso de recolocación de España en una lugar periférico dentro de la UE fue encubierta por la cortina de humo de los ingentes fondos europeos ( cuyo carácter corruptor masivo de las conciencias debe ser tenido muy en cuenta), que mantuvo el espejismo de una mejora de las condiciones de vida para toda una generación. Pan para hoy, hambre para mañana. O actualizando el dicho: pan para ayer, hambre para hoy.

Los instrumentos para la destrucción de las conquistas sociales fueron y son amplios y variados. Además de la actual creación del espacio ultraliberal entre Lisboa y Rusia que es la UE, el capital industrial europeo, ya tras la crisis de 1973, había iniciado la implementación de una Nueva División Internacional, cuyo objetivo principal era la destrucción de las conquistas del movimiento sindical1. Este segundo instrumento, tuvo una importancia quizás mayor porque cambió la estructura productiva, y liquidó las anteriores culturas del trabajo que construían y a la vez daban autoconsciencia a un sujeto subalterno autónomo; le permitían autocomprenderse en sus expectativas, en sus metas diferenciadas – dignidad del trabajo, reivindicación de su rol en la sociedad, etc-.

Desaparecidas las causas eficientes del llamado estado del bienestar, el capitalismo ya desembridado se lanza a la ofensiva final contra unas conquistas que propiciaron avances ya no sólo salariales y en los derechos sociales, sino que, incluso, habían generado nuevas perspectivas de ascenso social como producto del acceso de sectores de los hijos de la clase obrera a la universidad.Toda una entera civilización y cultura está en trance de desaparecer.

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