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«La actividad como un concepto clave para la psicología cultural»: Carl Ratner

Presentación y traducción: Efraín Aguilar

Además de ser uno de los pioneros de la neuropsicología y de la patopsicología (ciencias privilegio de los psicólogos, la segunda no aprovechada todavía) Vygotski ha generado mediante su teoría histórico-cultural ideas muy esclarecedoras para comprender “al otro” desde lo antropológico así como desde lo psicológico. Basado en esa teoría y con la idea de actividad como herramienta conceptual, en este artículo Ratner busca transmitir a los psicólogos culturalistas, sobre todo a los inscritos en el idealismo, el concepto de actividad como práctica sociocultural organizada y el cómo ésta regulariza las funciones psicológicas, y a la inversa en un proceso de interacción dialéctica. El interés de Ratner por Vygotski se refleja en su prólogo al tomo V de los Collected Works, a más de variados artículos entre los que figura uno publicado en español (Psicología y Ciencia Social, 1: 55-61, 1997) titulado Vygotski, el Einstein de la psicología parafraseando –desde lo cognitivo- al filósofo Stephen Toulmin quien hace más de veinte años bautizara –desde lo afectivo- a Liev Semiónovich como “el Mozart de la psicología”.

LA ACTIVIDAD COMO UN CONCEPTO CLAVE PARA LA PSICOLOGÍA CULTURAL
Carl Ratner

Activity as A Key Concept for Cultural Psychology

Culture & Psychology, 1996, 2, 407-434.

Resumen. Este trabajo articula un concepto de cultura como actividad humana práctica, socialmente organizada. La cultura no sólo consiste de entendimientos conceptuales compartidos, como creen muchos psicólogos culturales. Se explora en detalle la manera como la actividad cultural organiza las funciones psicológicas. También se describe la influencia recíproca de las funciones psicológicas con la cultura.

Palabras clave: psicología cultural, actividad, dialéctica, praxis, estructura social

Una buena cantidad de eruditos de la psicología cultural construye la cultura como conceptos y entendimientos de las cosas compartidos. Estos conceptos sociales son vistos como procesos psicológicos moldeadores. Desde esta perspectiva, tanto la cultura como los procesos psicológicos son mentales. La relación entre cultura y psicología es una interacción de procesos mentales. Este punto de vista domina en los trabajos de psicología cultural como los de Harre (1986), Kleinman & Good (1985), Lutz (1988), Shweder (1990), Shweder & LeVine (1984), Shweder & Sullivan (1993).

Por ejemplo, en su artículo definitorio «Psicología Cultural á-á ¿Qué es eso?», Shweder (1990) coloca la búsqueda del significado -o «intencionalidad»– en el corazón de la cultura. Dice que «Un medio sociocultural es un mundo intencional» (pp. 2, 25, 26). La cultura es esencialmente un mundo de significados que los humanos otorgan a las cosas. Este punto de vista simbólico de la cultura es paralelo a la idea de Moscovici (1984, 1988) de las representaciones sociales que a su vez deriva de la idea de Durkheim (1915/1995) de las representaciones colectivas.

Los psicólogos culturales arriba citados arguyen que los conceptos/significados culturales formados colectivamente son la base de las funciones psicológicas. Por ejemplo se dice que la vía por la que conceptualizamos o entendemos un evento determina nuestra reacción emocional hacia él. Nos enfurecemos porque interpretamos la acción de alguien como intención deliberadamente dañina. El concepto interpretativo «intención deliberada de dañar» es un constructo social. En la sociedad occidental es popularmente aceptado como una vía para entender la conducta. Sin embargo algunas sociedades carecen de este concepto social. Ellas interpretan una acción dañina como reflejo del destino o deseo de los dioses. En estas sociedades la acción dañina no se relaciona con la falla del perpetrador y no genera furia (cf. Evans-Pritchard, 1937/1977 para un ejemplo de tal sociedad).

Los psicólogos culturales explican típicamente la percepción en términos similares: la percepción de distancia, tamaño, peso, color y movimiento dependen de ideas cuyo significado es construido socialmente. Las culturas que tienen un diferente entendimiento de las ideas tienen experiencias perceptivas diferentes. Por ejemplo, Luria (1976) halló que los campesinos de Uzbekistán percibían ciertos colores como diferentes (no clasificables juntos) mientras los administradores y profesores percibían esos colores como similares. La explicación de Luria fue que los dos grupos tenían una concepción diferente de color. Los campesinos relacionaban el color como intrínsecamente vinculado a los objetos mientras los profesores relacionaban el color como una propiedad abstracta. Los campesinos percibieron el color «estiércol de cerdo» diferente del color «estiércol de vaca» porque los dos objetos a los que el color era inherente a su vez eran diferentes. Los profesores hicieron abstracción del color café a partir de los objetos y categorizaron los dos matices de café juntos.

Shweder & Bourne (1984) sostienen que los conceptos culturales determinan la manera como la gente percibe la personalidad de un individuo. Los Oriyas de la India describen la personalidad en términos concretos como «él grita insultos a sus vecinos», mientras los occidentales usan rasgos independientes del contexto como «ella es agresiva». «La diferencia», concluyen Shweder & Bourne «poco tiene que ver con la educación, instrucción, nivel socioeconómico o lenguaje. Parece ser un fenómeno cultural, y es quizá como un fenómeno cultural que deberíamos entenderlo» (p. 187). El fenómeno cultural que explica la diferencia en la atribución de personalidad entre Oriyas y occidentales son las metáforas que la gente usa para pensar en las cosas (p. 189). Los Oriyas se suscriben a una metáfora holística, orgánica, que construye la gente como algo ligado a un contexto definido. Por esto perciben los atributos de personalidad como atados al contexto – «insultar a un vecino». Por contraste, los occidentales se suscriben a una metáfora individualista que se refiere a la gente como mónadas apartadas de un contexto. Para ellos, la personalidad es un atributo general del individuo. Es algo que trasciende los contextos. Por eso un occidental puede referirse a alguien como generalmente agresivo sin mayor especificación.

Adicionalmente los psicólogos culturales sostienen que la memoria de un evento pasado está estructurada por el significado social que tiene tal evento. Las definiciones sociales de los eventos forman plantillas que estructuran nuestro acervo. Las disfunciones psicológicas están organizadas similarmente por los conceptos sociales. Los trastornos dependen del entendimiento popular del infortunio, de sus expectativas acerca del apoyo recibido y de cómo resolver el infortunio, de su sentido del sí mismo y de la imagen corporal, y de sus ideas de cómo lidiar con el estrés. Todos esos componentes de la disfunción están estructurados por conceptos sociales (Ratner, 1991, pp. 264-278; Sass, 1992, pp. 355-373). También los sueños, de acuerdo con Lakoff (1993), incorporan valores culturales.

Este abordaje mentalista de la psicología cultural ha sido vitalmente importante para explicar el impacto formativo de los conceptos culturales acerca de los fenómenos psicológicos. Sin embargo, la visión mentalista desdeña otros importantes aspectos de la cultura que se sostienen sobre los fenómenos psicológicos. Los psicólogos culturales generalmente no discuten sobre las estructuras sociales concretas en las que se forman los significados. Estos autores pueden creer que las estructuras sociales condicionan los conceptos pero ellos rara vez articulan este hecho. En el campo de la psicología cultural es muy raro hallar una discusión concreta de cultura que describa los principios de propiedad, producción y distribución de recursos; la estructura de clases; división del trabajo; o los principios que gobiernan la acción en instituciones sociales específicas. Es aún menos usual encontrar psicólogos culturales que conecten esas características de un sistema social de manera significativa a un fenómeno psicológico (cf. Ratner, 1993 para ejemplos de esta falla). Conceptos y fenómenos psicológicos por lo tanto parecen divorciados de los asuntos prácticos. Parecen no estar condicionados por las relaciones sociales, por las dinámicas sociales y por los recursos materiales, tecnológicos e intelectuales.

 Artículo Completo

Fuente: http://vygotski-traducido.blogspot.com.es/

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