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“Reflexiones sobre la crisis”: Rémy Herrera

I. Introducción

Uno de los errores más frecuentes en las habituales interpretaciones de la actual crisis es que se trataría de una crisis financiera que contaminaría la esfera real de la economía. En realidad se trata de una crisis del capital, en la que uno de los fenómenos más visibles y mediatizados ha surgido en la esfera financiera en razón de la extrema financiarización del capitalismo contemporáneo. Nos las vemos con una crisis sistémica -que toca al corazón mismo del sistema capitalista, el centro de poder de las altas finanzas, que controla la acumulación desde hace más de tres décadas. No es un fenómeno coyuntural, sino estructural. La serie de repetidas crisis monetario-financieras que han golpeado sucesivamente a diferentes economías desde hace treinta años forma parte de la misma crisis -desde el «golpe de Estado financiero» de los Estados Unidos en 1979: México en 1982, crisis de la deuda en los años 80, Estados Unidos en 1987, Unión Europea -Gran Bretaña incluida- en el 1992-1993, México en 1994, Japón en 1995, la, así llamada, Asia «emergente» en 1997-1998, Rusia y Brasil en 1998-1999, así como Costa de Marfil en ese mismo momento, de nuevo Estados Unidos en 2000 con la explosión de la burbuja de la «nueva economía», después Argentina y Turquía en 2000-2001… Crisis que se ha agravado recientemente, sobre todo desde 2006-2007, a partir del centro hegemónico del sistema, y que se ha generalizado como una crisis multidimensional; a la vez socioeconómica, política, energética, climática, alimentaria, humanitaria incluso y, por supuesto, también financiera: en Islandia, en Grecia, en Irlanda, en Portugal… No es el «beginning of the end of crisis» percibido por los consejeros del presidente Barack H. Obama. No es una crisis de crédito normal y corriente, ni tampoco una crisis de liquidez pasajera, mediante la cual el sistema encontraría el modo de recomponerse, se reforzaría y volvería a comenzar «normalmente» -con un nuevo auge de las fuerzas productivas y en el cuadro de las relaciones sociales modernizadas. Todo esto parece más grave, verdaderamente mucho más grave…

II. Primera parte: la referencia a Marx

A. Comenzaría diciendo que, para analizar esta crisis capitalista en particular, así como las crisis capitalistas en general, la referencia a Marx sigue siendo, hoy, totalmente fundamental.

1. porque el marxismo, o los marxismos (incluidas ciertas mezclas marxistizantes), nos proporcionan para este análisis, herramientas, conceptos, métodos, teorías, así como salidas políticas muy potentes -y ello a pesar de las dificultades e incertidumbres. Es el cuadro teórico más potente y más útil para comprender y para analizar la crisis, y sobre todo para aprehender las transformaciones actuales del capitalismo e intentar explicar las transiciones poscapitalistas que se abren e inician -por las razones y en las condiciones que aquí diré.

2. Para aquellas y aquellos que -en un seminario tal- tuvieran la desfachatez de no estar convencidos y tuvieran, asimismo, a los marxismos por poca cosa, añadiría que poca cosa es mejor que nada; pues el hecho (increíble) es que no existe teoría de la crisis en la corriente actualmente dominante en economía, a saber: el mainstream neoclásico. O peor: para él, la crisis no existe en el elemento de la teoría. Es tan cierto como que la mayor parte de las grandes enciclopedias «ortodoxas» no tienen ni capítulo ni entrada para «crisis». En la teoría (para la economía estándar: la formalización matemática) o en la empiria (para esta misma economía estándar: la econometría), el tema de la crisis interesa poco: se le han dedicado muy pocos trabajos académicos de la corriente neoclásica -comprendidas sus fronteras (internas) «neokeynesianas».

Para el mainstream, la moneda no está integrada en el circuito, ni en la dinámica, de reproducción del capital: valor igual a precio; tasa de ganancia igual a tipo de interés; en microeconomía, no existe la moneda en el equilibrio general versión Arrow-Debreu; en macroeconomía, la moneda en general es considerada como neutra, de tal modo que el equilibrio es automático y la crisis se halla prohibida por construcción. Es importante, pues, retener en el espíritu, y desde el principio, que la ideología científica del capitalismo no toma a la crisis por objeto de estudio y, por consiguiente, no puede comprender las crisis del capitalismo realmente existente. Eso no quiere decir que, sobre tal o cual punto, ciertos análisis neoclásicos no sean, por desgracia, mejores que los marxistas, pues, sobre estos puntos, los ortodoxos pueden comprender mejor lo que pasa (por ejemplo: en cuanto a las transmisiones de los efectos de la esfera financiera a la esfera real, o incluso en finanzas [finanzas matemáticas] donde los marxistas están muy poco presentes).

Por tanto, hay que leer a Marx para no descolgarse pero, igualmente, hay que leer la literatura de nuestros enemigos, incluida la prensa del establishment; y más aun cuando las fracciones de clase dominantes discuten entre ellas como si los pueblos no estuvieran ahí o no comprendieran nada y cuando, al contrario que la mayor parte de las direcciones partisanas y sindicales «de izquierda», no han abandonado la defensa de sus posiciones de clase, ni una cierta solidaridad internacional (digamos, más bien, interimperialista).

Pero como la crisis es un hecho muy difícil de negar en la práctica, aquellos de entre los neoclásicos que se interesan en ella la analizan a partir de factores exteriores a los mercados y perturbadores de los mecanismos automáticos de corrección por los precios: las intervenciones del Estado, los «bugs» informáticos (puesto que la mayoría de las órdenes de transacciones financieras pasan por ordenadores, con tiempos de reacción medidos en milmillonésimas de segundo [en nanosegundos, en 10-9], o los excesos de comportamiento de ciertos agentes (los fraudes Ponzi à la Madoff o el agujero del señor Kerviel).

Artículo Completo en PDF

Rémy Herrera es investigador en el CNRS, UMR 8174 Centre d’Economie de la Sorbonne Université de Paris 1 Panthéon-Sorbonne, en Francia. Estas reflexiones fueron presentadas originalmente en el seminario “Marx au XXIe siècle» organizado por Jean Salem en la Sorbonne. La traducción y establecimiento al español es de Alejandro Arozamena.

Fuente: http://laberinto.uma.es/

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