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“Interrumpiendo la huelga de hambre para seguir combatiendo con nuevas energías y el coraje de siempre”: Salvador López Arnal

Para Lauren y sus compañeros de lucha. En agradecimiento de su hermosa e infrecuente lección de amor y dignidad

Estaban en su vigésimo tercer día de huelga de hambre. Los cuatro trabajadores de Telefónica de Barcelona que seguían en ella (Josep Bel tuvo que dejarlo el pasado jueves 21 de noviembre por prescripción médica), interrumpieron la huelga en la tarde-noche del 27 de noviembre. Los y las médicos que –generosa y fraternalmente- les han acompañado a lo largo de estos días, Josep Maria Sans es uno de ellos, les advirtieron del enorme riesgo que para su salud suponía prolongarla. La cosa iba en serio, siempre fue muy en serio. Todos ellos habían perdido entre 10 y 12 kilos de media. Empezaban a tener problemas de cetonuria (acetona) y de acidez. Estaban ya consumiendo su propio cuerpo.

Por la mañana en rueda de prensa, varias organizaciones sindicales, CCOO y UGT entre ellas, junto a partidos políticos como EUiA, ICV, ERC, CUP y el PSC (según parece, ¡su representante optó finalmente por no salir en las fotos!), apoyaron un manifiesto en el que se exige a la multinacional de Alierta y Urdangarin [1] que readmita a los trabajadores despedidos tras bajas justificadas por enfermedades igualmente justificadas. Fue el caso de Marcos Andrés Armenteros, uno de los trabajadores en huelga de hambre, la causa desencadenante de esta admirable, dignísima y exitosa protesta obrera.

El manifiesto, amparándose en las sentencias judiciales que en dos ocasiones dieron razón al trabajador despedido con sentencias de despido nulo y despido improcedente, denuncia la vulneración del artículo 9.3 de la Constitución por parte de Telefónica. ¿Qué vulneración? Tomen asiento: la aplicación de una ley con carácter retroactivo. ¿No saben los directivos y responsables de Telefónica que una acción representa un regreso al pasado más oscuro y humano? Lo saben, claro que lo saben, por supuesto que lo saben.

El documento denuncia también, como no podía ser de otra forma, los efectos perversos de las reformas laborales (es decir, de las contrarreformas laborales), y no ya la última grossen infamia, la del PP, la de febrero de 2012, sino la agresión anterior del gobierno PSOE, de septiembre u octubre de 2010. Fue en esta “(contra)reforma” en la que se apoyó la desalmada dirección de Telefónica para expulsar a dos de sus trabajadores, a Mari Cruz y Marcos.

El manifiesta solicita igualmente que en los casos de despido improcedente sea el trabajador o trabajadora, y no la empresa, quien opte por la indemnización o por la readmisión. A los oídos de directivos y responsables de recursos humanos de toda clase y condición, se está pidiendo la luna. ¡Qué exceso, qué se habrán creído! ¡Qué hybris! ¿Sueñan acaso en ser tratados como seres humanos? ¿Están locos? ¿No se dan cuentan que, en última instancia, sólo son recursos y, además, no rentables cuando pasan los años?

Cambio un poco de tercio. No se trata de agitar ni desasosegar la casa de las izquierdas pero algunos nudos merecen comentarse. Suavemente, muy suavemente.

El representante de UGT en el encuentro, Camil Ros, apuntó que “es hora de que recojamos el testigo y exijamos a Telefónica una reunión urgente para reconducir este caso”. ¿El día 27 era hora de ello? ¿No se podía haber recogido el testigo días antes? Las reuniones urgentes han sido solicitadas por los trabajadores en huelga de hambre y por sindicatos como CoBAS y CGT quince veces por día sin ningún resultado. El resto siempre ha sido silencio. El máximo representante de Telefónica en Catalunya, Kim Faura, que vive en el pis(az)o donde vivían anteriormente doña Cristina de Borbón y su cónyuge inculpado, ni se ha dignado a responderles. El no trata ni conversa con escoria obrera.

Item más: algún portavoz, algún secretario general o afín de CC.OO, al ser entrevistado sobre la huelga del 14N, ¿no podía haber comentado algo sobre la existencia e importancia de una huelga de hambre obrera en Barcelona? ¿Era imposible?

¿No deberían haber señalado las fuerzas de izquierda –incluso, por qué no, las de centro o de derecha no ultramontana- en debates y mítines, insistentemente, día tras día, que cinco trabajadores de la ciudad de Montseny y Salvat Papasseit se la estaban jugando por derechos básicos, esenciales, elementales, que nos concernían a todos y todas?

¿El presidente del país no debería haber comentado algo sobre un asunto de esta naturaleza? ¿Ningún asesor le pasó el apunte? ¿El dret a decidir no incluye la decencia ni la oposición al maltrato? ¿Y el conseller de Treball o Ocupació? ¿No pasaba por allí y lo pudo resistir sin problemas de consciencia?

Eso sí, Víctor Ríos, del Front Cívic de Catalunya, con la consistencia de siempre, con la lucidez política que le caracteriza, habiendo apoyado la lucha desde el primer día y agitando por ella en la manifestación del 14N cuando otras voces permanecían en perfecto estado de revista y silencio, señaló en la tarde del 27 de noviembre, como buen y enrojecido Zenon, una de las aporías sangrantes de todo el proceso: “¡Qué paradoja que el derecho a la salud tenga que ser defendido con una acción que pone en riesgo la salud de las personas que la llevan a cabo, pero así estamos. Tenemos que rebelarnos ante este estado de las cosas”. ¡Es la rebelión cívica que con tanta insistencia, razón y organización defiende y propaga!

Uno de los trabajadores en huelga de hambre, Carlos Ballena, con extrema debilidad física pero con mente lúcida, apuntó cosas esenciales sobre la situación: “Nosotros nos vemos aún con fuerza para seguir porque esto está funcionando. Aunque sea una desgracia tener que llegar a esto para que la gente entienda que es ilógico que a uno lo despidan porque está enfermo”. Marcos, el trabajador despedido, apostilló: “Entre todos hemos permitido una sociedad que da más derechos al capital que a las personas. Tenemos que pensar qué tipo de sociedad queremos construir y poner a las personas, excluidas hoy por las leyes, en el centro”.

¿Se ha conseguido su readmisión? No. ¿Se ha fracasado? Por supuesto que no. ¿Los huelguistas se han arriesgado inútilmente, enloquecieron por momentos? En absoluto. ¿Entonces?

Los trabajadores en huelga de hambre, todos ellos, al igual que sus compañeros y compañeras, nos han dado a todos una auténtica lección de lucha, de vida, de cómo ubicarse en el mundo sin vivir de rodillas y qué finalidades son razonables perseguir. Además, lo han dejado claro: no abandonan, no se van a casa a hacer sodokus y cantar la traviata. Cogen fuerzas, deben juntar nuevas energías, y dentro de muy poco, más pronto que tarde (como dijera su admirado Salvador Allende), como siempre ha sido, estarán con muchos otros por las calles de Barcelona (y de todo el país) combatiendo por los derechos de todos, por derechos que los amos y descreadores del mundo quieren arrojar a la cuneta de la Historia. ¡Lo quieren todo de forma irresponsable y suicida! ¡Se han demenciado! Pero, de nuevo, ¡no pasarán!, ¡no pueden pasar!

Una hija de Marx, Laura si mi memoria ha acuñado bien esta entrada, le preguntó una vez al autor de Das Kapital y de la Crítica al programa de Gotha por sus héroes preferidos. Espartaco y Kepler fue la (significativa) respuesta del gran amor de Jenny Marx. Si me lo preguntaran a mí en estos momentos, no tendría ninguna duda: los trabajadores de Telefónica y los numerosos compañeros y compañeras que les han apoyado desde el primer momento (entre ellos, mi compañera Mercedes Iglesias Serrano) nos han dado a todos una auténtica lección de dignidad y solidaridad. Ellos son nuestros héroes, personas de las que apenas se habla, gentes que nunca cuentan en cuentas de balances, seres que no se olvidan, que no podemos olvidar. “A la buena gente se la conoce / en que resulta mejor cuando se la conoce”, nos enseñó Brecht.

Nota:

[1] Y de hecho, claro está, de todas las empresas del país.

Fuente: http://www.rebelion.org/

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