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“Revolución, emancipación, sujeto revolucionario”: Guillermo Almeyra

RESUMEN

Este trabajo intenta recorrer someramente los principales problemas que en mundo actual, a la vez ponen en el orden del día y dificultan la revolución social y la diferencia que existe entre la revolución y la emancipación. Igualmente busca analizar las características de los movimientos sociales, como el zapatismo mexicano o los de Argentina, que piensan poder evitarse el trauma revolucionario logrando una transformación gradual de las conciencias que eroda el poder del capital. También plantea la necesidad, para el marxismo en América Latina, de discutir algunos problemas teóricos fundamentales del mundo contemporáneo para escapar de una visión anquilosada del marxismo.

1. La larga guerra por etapas sucesivas en la que el capitalismo en general y, en particular, el gobierno imperialista de Estados Unidos, han hundido a la Humanidad se apoya en la utilización, con todos los medios, de una campaña de inteligencia, de desinformación e intoxicación de la opinión pública mundial, de imposición de elementos de fatalismo, de resignación, de desmoralización. Estos son los instrumentos esenciales para la hegemonía política y cultural de los representantes políticos y administradores de los intereses del capital financiero mundial.

2. Dado que las resistencias nacen de la moral y la dignidad, de la conciencia sobre las afrentas sufridas durante siglos pero también de la esperanza, destruir la conciencia histórica, borrar el pasado, equivale a destruir la experiencia de las luchas que conformaron las identidades para poder desarmar así toda idea de cambio social y borrar el concepto mismo de que “todo lo sólido se disuelve en el aire” y de que el futuro existe, no es una mera prolongación del presente, y puede ser construido por los seres humanos. El “pensamiento único” (I. Ramonet)1 acompaña de este modo la peregrina idea del fin de la historia (F.Fukuyama)2 para construir una subjetividad pasiva, propia de esclavos sin esperanza. Porque si el sistema actual fuese el único posible, si no existiesen alternativas para el mismo, si el futuro ya estuviera escrito por las 200 empresas que dominan el mundo y por sus agentes políticos ¿qué sentido tendría entonces resistir la destrucción de las soberanías y el apoderamiento de los recursos que pertenecen a los pueblos de los países dependientes?

3. En los medios académicos de todos los países capitalistas, incluso en los dependientes, esa campaña ha logrado resultados. La enseñanza de la historia pierde posiciones o se transforma en mera cronología o en el estudio de casos mucho más adecuados a la etnografía o la antropología con el argumento de que habría que escapar de los “metarelatos”, de la “ideología”, de la pretensión de analizar y comprender procesos, devenires.3 Y el marxismo, en muchas países y en general, es dejado de lado, es considerado una antigualla.

4. De ahí el abandono teórico del conflicto entre las clases, que el marxismo retomó de los historiadores clásicos franceses y, por consiguiente, la eliminación ideológica de la posibilidad de revoluciones, la reducción del campo de la política y de los estudios políticos a las recetas para comprender algunos elementos sociológicos y etnográficos que permitan perpetuar la dominación (como los estudios de los comportamientos electorales o de la formación de liderazgos). Parte de este mismo proceso está constituida por el revisionismo histórico de historiadores formados en el stalinismo y que siguen confundiendo a éste con el comunismo, y por historiadores conservadores (Furet,4 Nolte,5 por ejemplo). El mismo pone en el mismo plano el nazifascismo y los intentos revolucionarios de cambiar la sociedad y elimina las filiaciones históricas y saca de su contexto al primero, escondiendo que es hijo legítimo del liberalismo y niega además que los segundos sean un desarrollo de las corrientes democráticas del liberalismo y del humanismo.

5. Existe también un neorevisionismo que proviene en cambio de las filas del marxismo heterodoxo (Toni Negri,6 John Holloway7 son algunos de sus representantes más conspicuos). El mismo tiene distintas matrices teóricas (Foucault, Derrida, Baudrillard en el primer caso, un curioso Marx filosófico mezclado con el anarquismo, en el otro) pero coincide en prescindir del análisis de la lucha de clases y en suprimir, por consiguiente, la idea misma de revolución. Esta tendencia general (pues aunque coinciden en ideas fundamentales sus representantes tienen grandes diferencias entre sí) se lanza por la brecha abierta por los anteriores adioses al proletariado (Gorz)8 , por la teorización sobre los “nuevos sujetos” (Touraine) y por la idea de que el trabajo9 no es ya un elemento esencial para la existencia del capitalismo (y que, por lo tanto, la ley del valor no explicaría nada, como sostienen Negri y Hardt).10

6. Los análisis de esos autores y de esas posiciones desbordan con mucho el limitado marco de una ponencia. Por eso me limitaré a anotar que ellos son, antes que nada, el fruto del repudio a una versión dogmática, eclesiástica, del marxismo, en el plano teórico, y del horror ante el totalitarismo de la casta burocrática soviética que compartía los valores fundamentales del capitalismo pero presentaba como “socialismo real”, como “comunismo” un régimen que cerraba el camino a la emancipación humana y, en escala mundial, era una potente fuerza antisocialista. Una vez más hay gatos escaldados que huyen del agua fría y, en su retirada, se mezclan con quienes encuentran una buena oportunidad para retornar al hogar intelectual conservador del cual, en la anterior relación mundial de fuerzas, habían comenzado a alejarse. Como en el caso de algunos de ellos -Holloway, por ejemplo- es evidente la seriedad y la honestidad de su intento de encontrar nuevas vías que ahorren la siempre peligrosa revolución, es muy grande el eco de sus posiciones entre quienes quieren un cambio social profundo pero jamás han sido marxistas y siempre han rechazado la pobreza cultural, el dogmatismo y los graves errores políticos de quienes se presentaban como ejemplos del marxismo ortodoxo. El amplio apoyo recibido por el Imperio de Negri- Hardt en Estados Unidos o el logrado por el reciente libro de Holloway en importantes sectores de la pequeñoburguesía movilizada en la Argentina son un ejemplo de esto.

7. Por consiguiente, se debe responder a algunas preguntas esenciales que se formulan millones de personas en todo el mundo: 1)¿el capital se ha independizado del trabajo?, 2)¿las transformaciones sociales y económicas introducidas por la mundialización dirigida por el capital financiero han modificado irreversiblemente el papel del trabajo y al propio proletariado?, 3)¿hacen imposibles las revoluciones?, 4)¿ son posibles cambios sociales profundos que erosionen el poder y construyan simultáneamente un poder no capitalista hasta cambiar el régimen sin ruptura revolucionaria?, 5) si la alienación permea cada actitud de los dominados y explotados y los valores capitalistas forman parte del habitus 11 ¿es posible evitar la perpetuación y la reproducción de éstos y aquéllos mediante un cambio político revolucionario?, 6) ¿la revolución lleva acaso inevitablemente a la dominación de un grupo social o de una casta contrarrevolucionaria y conservadora e impide, por lo tanto, la emancipación?,12 7) ¿la revolución política da como resultado sólo regímenes que constituyen en realidad una modernización capitalista mediante la dictadura del aparato estatal como sucedió con las revoluciones coloniales?, 8) ¿ cómo combinar la lucha por la liberación nacional con la lucha por la igualdad, contra los privilegios de los sectores revolucionarios nacionales, por la destrucción del Estado existente y la creación de otro tipode Estado de transición hacia la abolición de las relaciones estatales mismas?, 9) ¿el “socialismo realizado” burocrático y totalitario resultante del fin de la Revolución Rusa es el “modelo” para el régimen postcapitalista?,10) ¿o el desarrollo de la ciencia, la cultura, los medios de comunicación y de información, las nuevas tecnologías permiten construir las bases del internacionalismo y de una ciudadanía universal rebasando los nacionalismos, los localismos, las identidades falsas y excluyentes y oponer a la modernización y la modernidad capitalistas otra modernidad?.

8. Por supuesto, para dar siquiera una respuesta parcial a estas cuestiones se necesita un vasto y largo trabajo de equipo y, por lo tanto, me limitaré aquí a dar algunas opiniones muy generales, a escribir algunas notas al respecto dejando el trabajo teórico e histórico más profundo para una elaboración posterior mía y de quienes se aboquen a esta tarea tan necesaria.

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