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“El fetichismo de la mercancía bajo su forma de «teoría de la crisis del trabajo abstracto»”: Juan Iñigo Carrera

CICP
La convocatoria al presente coloquio se realiza bajo la invocación de «la crisis del trabajo abstracto». De modo que la discusión debería partir de contestar una pregunta elemental: ¿qué es el trabajo abstracto? Por supuesto, todo podría reducirse a una cuestión de definición, de la enunciación de un concepto, de una categoría. Pero, en el método dialéctico, las definiciones, los conceptos no constituyen el punto de partida.1 Al contrario, constituyen el punto en que cabe sintetizar bajo un nombre al desarrollo de las determinaciones realizadas en el concreto en cuestión.

Arranquemos, pues, tomando como nuestro concreto más simple al proceso de vida humano.

La unidad del proceso de metabolismo social establecida por la forma de valor, o sea, la mercancía como relación social general de los individuos libres

Como toda existencia viva, la vida humana es un proceso de metabolismo en el cual el sujeto gasta una porción de su propio cuerpo para apropiarse de su medio, reproduciéndose así como tal sujeto vivo. En la generalidad de las especies animales, el gasto de energía que realiza el sujeto a expensas de su cuerpo para apropiarse de su medio resulta comúnmente en la reproducción del cuerpo mismo del sujeto. El trabajo que éste realiza, en el sentido más genérico de gasto de energía dirigido a un fin, arroja de manera inmediata la apropiación del medio de vida. De manera que el animal sólo puede realizar esta apropiación de sus medios de vida si los encuentra a su alcance en la naturaleza. El modo general que tiene de ampliar este alcance es la mutación de su propio cuerpo, de manera de multiplicar las potencialidades de éste respecto de las de su medio natural. De ahí que la necesidad inherente a todo ser vivo de expandir su capacidad para apropiarse del medio sólo se ponga abiertamente de manifiesto frente a cambios críticos en éste, bajo la apariencia de tratarse de una necesidad que sólo puede ser puesta en marcha respondiendo a un estímulo exterior, o sea, como la necesidad de adaptarse al medio.

Como expresión de la necesidad de multiplicar la capacidad del gasto del cuerpo para reproducirlo, el proceso de metabolismo animal cobra una forma compleja. El sujeto comienza gastando una porción limitada de su cuerpo para apropiarse de la potencialidad que tiene su acción respecto de la potencialidad del medio, y sólo si este gasto limitado reconoce en su propio medio un medio apto para la reproducción del cuerpo en su unidad, se desencadena el proceso de apropiarse de manera plena del medio. La acción de apropiarse del medio se desarrolla así a lo largo de dos momentos: arranca con el conocimiento de la potencialidad de la propia acción respecto de la del medio, para culminar con la apropiación efectiva del medio. El primer momento, la acción de apropiarse virtualmente del medio, o sea, la acción de conocerse como sujeto respecto del medio, no es sino la acción de organizar la acción de apropiarse efectivamente de éste. El proceso de conocimiento es la acción de organizar la propia acción.

Esto es lo que realiza la ameba cuando extiende un seudópodo. Gasta sólo una porción de su cuerpo tocando un medio que, si destruye esa porción, la hace retroceder. En cambio, si el medio le permite reproducir su porción de cuerpo, lanza todo éste para incorporárselo. Por supuesto, el proceso de organizar la acción avanza en la complejidad de sus formas y en el desarrollo de las porciones del cuerpo que se especializan en él, tanto como se desarrolla el alcance que tiene la potencialidad del sujeto vivo respecto de su medio.

El ser humano se diferencia genéricamente de las especies animales por la potencialidad que tiene para expandir la apropiación de su medio, no ya mutando su propio cuerpo, sino expandiendo su capacidad para actuar sobre los objetos naturales a fin de transformar a éstos en medios para esta misma acción y, con esta acción sostenida en ellos, producir medios para la reproducción de la vida humana. En pocas palabras, el ser humano se diferencia como género de las especies animales por su capacidad para apropiarse de su medio a través del trabajo productivo de valores de uso.

Esta forma peculiar que tiene el momento del proceso de metabolismo en que se gasta el cuerpo para transformar al medio en un medio para sí, da una forma también peculiar a la porción de dicho gasto aplicado a organizar la unidad de la acción. En un principio, el proceso de vida humano apenas se diferencia del de los mamíferos superiores. Pero el desarrollo de la capacidad humana para transformar el medio en un medio para sí va tomando forma en la creciente separación instrumental, espacial, temporal y personal entre la acción que abre un ciclo de metabolismo y el resultado que lo cierra reproduciendo al sujeto humano. Llega así un punto en que el conocimiento de la propia potencialidad respecto de la potencialidad del medio sólo puede realizarse como un proceso que se conoce a sí mismo en su propia potencialidad. Esto es, como un proceso de conocimiento que se reconoce a sí mismo como tal, como un proceso cuyo sujeto se sabe a sí mismo un individuo que conoce. El proceso de gasto productivo de una porción del cuerpo para organizar el trabajo que abre el metabolismo humano toma así una forma que le es genéricamente propia: el conocer consciente, o sea, la conciencia. Y la conciencia desencadena el gasto productivo pleno del cuerpo porque sabe el fin de esta acción, esto es, tomando la forma de voluntad. A partir de ese momento, el trabajo humano se convierte en una acción consciente y voluntaria, en una acción que conoce su propia necesidad, sus determinaciones, y que se desencadena porque conoce cuál es el fin que va a lograr con ello.

El fetichismo de la mercancía bajo su forma de «teoría de la crisis del trabajo abstracto»

∗ Este texto reúne de manera sintética los desarrollos elaborados en los libros EL capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2003 y Conocer el capital hoy – Usar críticamente «El Capital», Volumen I, La mercancía o la conciencia libre como forma de la conciencia enajenada, Imago Mundi, Buenos Aires, 2007.

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