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“Cuestiones polémicas en torno a la teoría marxista del trabajo productivo”: Diego Guerrero

El número 30 de la revista francesa Issues (primer trimestre de 1988) recoge un interesante debate entre los autores del libro, Les enjeux de la société de services (Jean- Claude Delaunay y Jean Gadrey, 1987) y varios de los colaboradores habituales de la revista: Paul Boccara, Jean Lojkine y Claude Quin. Podría resumirse el debate diciendo que estos últimos reprochan a Delaunay y Gadrey haber abandonado el criterio que tradicionalmente defendieron (un criterio más estricto, ligado a la «materialidad» de la producción), en favor de otro criterio más amplio, que Boccara, Lojkine y Quin consideran que se desvía de las directrices proporcionadas por el propio Marx. Nosotros vamos a defender en este articulo que, en realidad, la posición de Delaunay y Gadrey se encuentra mucho más cerca de la del propio Marx que la de sus oponentes.

Delaunay y Gadrey (1987) comienzan por reconocer su cambio de posición ~, señalando que
la interpretación tradicional —según la cual «los servicios serían, todos, improductivos de valor y de plusvalía, aunque son, en algunos casos, productivos de beneficios>— es la interpretación que «los autores de esta obra han compartido en trabajos anteriores»; pero que, en el momento actual, esta concepción «no parece correcta, tanto en la globalidad de su enunciado (todos los servicios son improductivos) como en el argumento subyacente (la supuesta inmaterialidad de los servicíos)» (p. 46). Los autores del libro se esfuerzan por explicar el absoluto predominio de esta interpretación tradicional, o «materialista-tangible ». que ellos consideran ahora equivocada, atribuyendo parte de la responsabilidad de la difusión del error a la oscuridad del propio Marx, en la medida en que, por una parte, cuando Man «estudia la producción mercantil no trata los servicios, y cuando estudia cienos servicios en particular los define como improductivos» (p. 58); y, por otra parte, por cuanto, sobre todo, es «la manera cómo (Marx) concibe la materialidad económica lo que más ha contribuido a cristalizar la opinión según la cual los servicios serían, para él, fundamentalmente improductivos» (ibídem). Es cierto que a lo largo de la obra de Marx puede encontrarse un cierto número de expresiones difíciles u oscuras, incluso aparentemente contradictorias entre sí, en torno a la cuestión, pero también es verdad que sise profundiza en el conjunto de la aportación original de Marx se descubre sin ninguna duda una teoría coherente y única del trabajo productivo e improductivo, cuya comprensión pasa por la aceptación de los siguientes presupuestos: 1) Dicha teoría constituye uno de los ejemplos más nítidos de aplicación del principio metodológico marxiano de la necesaria distinción entre, por una parte, el análisis de las «formas sociales», y. por otra, el de los «contenidos materiales» a través de los cuales se expresan dichas formas. 2) La teoría del trabajo productivo de plusvalía forma parte orgánica de la teoría marxista del capitalismo —es decir, está desarrollada para el ámbito especifico del modo de producción capitalista, y exclusivamente en relación con el proceso de formación del valor y de la plusvalía—, y, en consecuencia, no debe confundirse con otra teoría, queaparece frecuentemente entrelazada con ella, pero que es de ambito diferente: la teoría de la reproducción social de los modos de producción en general (a partir del trabajo y de la creación de riqueza), en relación con el valor de uso social de los diferentes trabajos concretos que sostienen materialmente dicha reproducción. Esta segunda teoría trasciende el ámbito panicular del modo capitalista de producción, constituyendo una herramienta fundamental en el análisis histórico comparativo.

En Guerrero (1989), hemos hecho notar que este segundo punto no parece evidente para Jean Bidet (1985), autor que, sin embargo, ha desarrollado muy correctamente las implicaciones del primer punto y que, por otra parte, parece inspirar el cambio de posición de Delaunay y Gadrey 2 Pero antes de analizar las diferencias que separan a las dos teorías mencionadas en el punto 2 (a lo que dedicaremos el epígrafe 3 de este artículo), nos detendremos a considerar la principal consecuencia que deriva del principio metodológico citado en el punto 1, a saber, que la primacía del criterioformal en la definición marxista
del trabajo productivo nos lleva a una doble y opuesta caracterización del trabajo materializado en servicios (epígrafe 1) como trabajo productivo, frente al trabajo  desempeñado en el ámbito de la circulación del capital (epígrafe 2) como trabajo improductivo.

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Política y sociedad nº 5 (1990). Madrid  pp. 119— 30

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