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“La ‘forma natural’ de la reproducción social”: Bolivar Echevarría

Las únicas formas reales de las mercancías son sus figu-ras en el uso, sus formas
naturales.
…el proceso entero de trabajo en cuanto tal, en la interacción viva de sus elementos
objetivos y subjetivos, se presenta como la figura total del valor de uso…
Karl Marx

El proceso de reproducción social posee una estructura esencial, trans-histórica, supra-étnica, cuya presencia sólo es real en la medida en que se encuentra actualizada o dotada de forma dentro de un sinnúmero de conjuntos particulares de condiciones étnicas e históricas. Cada una de las formas en las que se ha actualizado esa estructura constituye la identidad o figura concreta de una sociedad. Para Marx, el modo en que esta actualización tiene lugar en la situación capitalista difiere radicalmente del modo en que acontecía en épocas anteriores de la historia y debería diferir también del modo que podrá tener en un futuro deseable. Mientras en las situaciones precapitalistas la formación de la estructura era simple, en la época capitalista ella es doble y por tanto compleja: no obedece únicamente al condicionamiento “natural” a partir de lo étnico y lo histórico, sino que se somete también a un condicionamiento “pseudonatural”, que proviene de la organización económica constituida en una “segunda naturaleza”.

Según Marx, el proceso de reproducción social incluye, como función característica de la
existencia humana concreta, una organización particular del conjunto de relaciones
interindividuales de convivencia. Es decir, implica una clasificación de los individuos sociales según su intervención tanto en la actividad laboral como en la de disfrute; implica por tanto una definición de las relaciones de propiedad, una distribución del objeto de la riqueza social —medios de producción y bienes para el disfrute— entre los distintos miembros del sujeto social global. Lo que distingue al modo de reproducción social capitalista es el hecho de que sólo en él esta organización de las relaciones de convivencia deja de ser un orden puesto por la formación “natural” de la estructura y se establece como una fuente autónoma de determinación —de sobredeterminación— de la figura concreta de la sociedad. Las  relaciones de producción/consumo aparecen aquí como una entidad realmente exterior al sujeto, dotada de capacidad formadora. Enajenándose de la vida en que se constituye la “forma natural” de la sociedad, se vuelven sobre ella y la obligan a deformar su actualización de la estructura del proceso de reproducción social.

Para Marx, el modo de reproducción capitalista determina de manera dual la concreción de
la vida social: como donación de forma primaria, de orden “social-natural”, y como donación de forma secundaria, carente de necesidad “social-natural”, en torno a lo que él llama el “proceso autonomizado de formación y valorización del valor”. Determinación dual y por ello compleja, pues según él la figura concreta de las sociedades capitalistas es el resultado de un conflicto y un compromiso entre estas dos tendencias formadoras que son contradictorias entre sí. La primera, propia de la constitución social “natural”, tiene su meta en una imagen ideal de la sociedad como totalidad cualitativa; la segunda, en cambio, impuesta por las relaciones de producción/consumo cosificadas como “dinámica abstracta del valor valorizándose”, tiene por meta justamente la acumulación del capital. La meta de la primera, la única que interesa al sujeto social en cuanto tal, sólo puede ser perseguida en el capitalismo en la medida, en que, al ser traducida a los términos que impone la consecución de la segunda, es traicionada en su esencia.

Como puede verse, el concepto, de “forma natural” ocupa un lugar central en el discurso de
Marx. Tanto la crítica particular del comportamiento y el discurso económico de la época
capitalista como aquella otra, general, la crítica de la totalidad de la vida social moderna,
resultan impensables sin este concepto de contraste que permite al discurso teórico precisar el sentido de su trabajo crítico. Sin embargo, aunque omnipresente en el texto de El Capital, el concepto de “forma natural” queda como un esbozo y una indicación; es en esta calidad como se hace manifiesto en sus efectos teóricos particulares. Su contenido es más una incógnita que una solución implícita. Las notas que siguen pretenden reunir en una primera aproximación una serie de ideas, casi todas de uso corriente en la discusión marxista contemporánea, que pueden ayudar a su formulación adecuada. Son ideas que se agrupan en referencia a una distinción entre lo que sería propiamente la forma social-natural del proceso de vida humano, como realidad que —incluso en su permanencia trans-histórica y supra-étnica— implica necesariamente un grado elemental de concreción, y lo que sería la estructura fundamental de dicho proceso, como esencia necesariamente abstracta que sólo se vuelve efectiva a través de una concretización, cuyo paso inicial está justamente en la forma social-natural. Por lo demás, todas ellas son ideas que se entienden como variaciones sobre un solo tema: la libertad como hecho característico de la vida humana.

La ‘forma natural’ de la reproducción social

Cuadernos Políticos, número 41, México, D. F., editorial Era, julio-diciembre de 1984, pp. 33-46

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