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“Marx, entre el trabajo y el empleo”: Carlos Alberto Castillo y Jorge García López

RESUMEN: Marx es hoy remitido al “viejo” concepto de “trabajo”. Es el “nuevo” concepto de “empleo” el que se autopresenta como en condiciones de rearmar teóricamente las miradas sociológicas “críticas” sobre el mundo de las relaciones industriales. La discusión directa con la obra marxiana se presenta como obsoleta a partir de su identificación con el “marxismo” que caracterizó a buena parte de la sociología del trabajo europea en la década de los años setenta del pasado siglo (Braverman, Freyssenet, Coriat, etc.). No obstante, el “trabajo” de estos autores, el trabajo en el taller (o el trabajo “concreto”) nunca fue, propiamente hablando, el trabajo criticado por Marx: este no era otro que el trabajo asalariado en tanto relación social. Nuestra reflexión partirá de ésta última conceptualización como vía de ruptura con las fijaciones del “trabajo” y el “empleo” en lo que vamos a llamar “modelo producción”: el trabajo como un proceso de formación en el transcurso de cual la especie se constituye en su relación con la naturaleza pero también como sujeto social. Desarrollaremos, en primer lugar, las líneas centrales de otro posible modelo de lectura de Marx, el “modelo subsunción”, desde el cual el trabajo abstracto ya no puede concebirse como causa o sujeto, sino como momento del proceso de socialización, que abarca al trabajo humano pero al mismo tiempo lo supera y lo reformula. A partir de este modelo de lectura de la obra marxiana trazaremos, en segundo lugar, los contornos de un programa de investigación sociológico que tomase como objeto el análisis del trabajo en las sociedades contemporáneas como “relaciones salariales”. Por último, acometeremos un examen crítico de las formas particulares que, en la sociología del trabajo “marxista” y en la sociología del empleo, se derivan de los postulados arrastrados desde el “modelo producción”.

0. INTRODUCCIÓN

El “trabajo” analizado por las ciencias sociales se nos presenta como una realidad dual. Por un lado, como una “situación de trabajo” particular, en la cual el encadenamiento entre el operador y sus actividades en torno al puesto de trabajo constituye el punto de partida del análisis (sociología del trabajo, sociología de las organizaciones, ergonomía, etc.). Por el otro, como una “situación de mercado”, definida por una sucesión ordenada de posiciones productivas probables, deseadas o perdidas, esto es, de “trayectorias”, relacionadas con la estructura del tiempo completo de la vida de individuos agrupados en diferentes colectividades socio-institucionalmente configuradas (economía institucionalista del trabajo, sociología del empleo, sociología de las profesiones, etc.).

En el primer caso nos colocamos en el “instante” (el individuo en su “puesto de trabajo”) encontrando como objetos la “actividad” y la “organización” en la que aquella se define. En el segundo caso proyectamos nuestra mirada sobre la “duración” (sucesión de puestos a lo largo de la vida del individuo) concentrando el análisis en el empleo y el colectivo (social, profesional, etc.) desde el que aquel encuentra sus coherencias contribuyendo, por su parte, a configurar los grupos sociales como tales.

El tiempo y los espacios en los que se despliegan las actividades productivas (ligadas a la organización, la tecnología, el control empresarial y las resistencias obreras en las situaciones de trabajo) y el tiempo y los espacios en los que se despliegan las trayectorias profesionales (ligadas a la reproducción, la socialización, la habilitación formal de los individuos, agrupados así en torno a diferentes colectividades según sus condiciones diferenciales de existencia) constituyen dos realidades heterogéneas. De esta manera, de la imposibilidad de establecer una relación directa de correspondencia entre ambos órdenes [cf. Rolle, 1993] se deriva la dualidad actual entre, por un lado, el “trabajo” y su sociología y, por el otro, el “empleo” y la suya.

Una interpretación se impone actualmente en relación con esta dualidad: el trabajo comprendido como “actividad”, el análisis centrado en las situaciones y las condiciones de trabajo, habría resultado pertinente en el período de “casi pleno empleo” de las sociedades industrializadas de la posguerra, mientras que el avance del desempleo y la desregulación mercantil de las relaciones laborales impondrían hoy su relevo por el “empleo” definido como “norma social”, por un análisis centrado en las trayectorias ocupacionales, los mercados de trabajo y los procesos de socialización diferenciales regulados por las instituciones y los agentes que están determinado las formas y contenidos de aquel [cf. Miguelez/Prieto, 1999].

Según este relato, junto con la transformación que la realidad misma impondría a la mirada del analista se produciría la necesidad de un relevo en los referentes teóricos clásicos aplicados al estudio del trabajo. “Actividad”, “condiciones de trabajo”, “control en la producción” habrían resultado tan deudores de la obra marxiana, como “empleo”, “norma social” y “procesos de movilización” lo serían ahora de los planteamientos de, por ejemplo, Durkheim. Si la realidad presente impone desechar el trabajo en tanto que actividad, como categoría central del análisis, de ello se derivaría consecuentemente que ya no es necesario considerar la obra de Marx como punto de paso obligado para una teorización del “trabajo” en las sociedades capitalistas avanzadas.

Las operaciones que aquí vamos a apuntar parten de dos premisas radicalmente opuestas a las anteriores. En primer lugar, la teorización marxiana sobre la realidad del trabajo en las sociedades capitalistas puede ser leída en ruptura radical con los supuestos naturalistas y antropológicos ligados al trabajo entendido como “actividad”. En segundo lugar, no ha sido una mutación en el proceso histórico la que habría revelado y vuelto obligatoria hoy la consideración del mercado, de las trayectorias de empleo, de las socializaciones y de las condiciones de existencia, para el análisis del trabajo, sino más bien una ceguera teórica estructural, trabada en torno a una lectura “productivista” de la obra marxiana, la que durante mucho tiempo ha tenido un efecto de invisibilización del carácter siempre central de las dimensiones aludidas

Marx, entre el trabajo y el empleo

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