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“Vygotsky y la construcción social del pensamiento”: Jorge Mendoza García

El presente trabajo argumenta, desde una perspectiva vygotskyana, la construcción social del conocimiento, específicamente en el ámbito de la educación. Vygotsky desarrolló propuestas que, desde lo que denominó mental, posibilitan el abordaje de la edificación del saber en distintos ámbitos de la vida social. Desde la casa hasta la escuela, pasando por la comunidad. En dicha edificación, la noción de signo ayudará en demasía. Los procesos psicológicos superiores, como la percepción social, el pensamiento, el razonamiento lógico, la memoria, entre otros, están atravesados por la actividad signica. El conocimiento que de estos procesos deriva, en conjunto, está mediado por una acción en pos del signo. El lenguaje, como sistema de signos, en este caso, posibilita el desarrollo y la complejidad de tales procesos. El aterrizaje de todo esto, signo, lenguaje, procesos psicológicos superiores, bien puede desembocar en un ámbito: la educación.

Palabras clave: signo, lenguaje, conocimiento, escuela

1. la construcción del conocimiento

La perspectiva sociohistórica, como se conoce la escuela que Lev S. Vygotsky inauguró, plantea que los procesos psicológicos superiores, como la percepción, el razonamiento lógico, el pensamiento y la memoria, se encuentran mediados por herramientas, instrumentos, que son de creación social y como productos de la actividad humana a lo largo de su historia (Vygotsky, 1932; 1934). Dicha actividad se despliega en la esfera social, es decir entre la gente, en comunidades, grupos o díadas, de ahí que se denomine intermental a dicha acción (Wertsch, 1991; 1997). Vygotsky habló de actividades que se desarrollan primero en el ámbito social para después actuar en la esfera de lo personal: “en el desarrollo
cultural del niño, toda función aparece dos veces: primero, a nivel social, y más tarde, a nivel individual; primero entre personas (interpsicológica), y después, en el interior del propio niño (intrapsicológica)” (Vygotsky, 1932: 94). Al hablar de “toda función” está haciendo referencia a lo que él denomina “procesos psicológicos superiores”. Estas funciones psicológicas superiores, señala el autor, tienen su origen en la cultura y no en las personas, como comúnmente se cree.

Para explicar esto, echaré mano de nociones como herramienta que conecta la actividad entre las personas. Un alumno de Vygotsky, Leontiev, dirá: “la herramienta media la acción y por consiguiente conecta a los humanos no sólo con el mundo de los objetos. Sino también con otras personas; a causa de ello, la actividad de los seres humanos asimila la experiencia de la humanidad” (en Wertsch, 1997: 184). Es decir, al usar una herramienta, como un martillo, no sólo se hace uso del martillo sino de una larga historia de actividades que al martillo se le endosan, por ejemplo que sirva como arma mortal o como fuente de amenaza o apoyo para otra acción. Lo mismo ocurre con e lenguaje, al usar una palabra hay toda una carga cultural inscrita en ella. Piénsese en la palabra “psicología”, todo lo que representa, como todo signo, no sólo designa un objeto, va más allá, pues transmite un contenido cultural. De ahí parte Wertsch para argumentar la historicidad de ciertos contenidos para que un grupo ponga atención en ciertas formas de conocimiento y lenguaje y no en otras; que límite sus posibilidades a ciertos espacios, o que elija una entre tantas formas para comunicar un acontecimiento. Esto es, por qué elegimos ciertas palabras y no otras; por qué para hablar con nuestros familiares lo hacemos con ciertas palabras y no con otras. Por ejemplo, en una discusión científica no solemos hablar con frases de sentido común.

Wertsch propone los denominados “textos verbales complejos”, es decir, “descripciones y explicaciones de sucesos que evolucionaron sociohistóricamente”, y que llevan a realizar ciertas narrativas de una forma y no de otra. Ahí pueden incluirse desde los reportes científicos o la manera como se escribe una ponencia o un libro; los reportes policiales y las formas como se presentan las notas informativas, por citar algunos casos. Todos estos “textos”, aunque de distintos géneros, tienen “prescripciones estrictas” para narrar y que resulte verosímil lo que intentan exponer, describir o explicar. Así, hay ciertos contenidos y referencias que deben tener los libros, como la bibliografía o las notas a pie, y otros distintos los policiales, como los testimonios; de la misma manera, se omiten algunas cuestiones en los reportes científicos y en los noticiarios. Éstas son reglas de juego para las distintas formas narrativas. Hay formas de decir y de presentar; en el caso de los reportes policiales y los noticiarios pueden fincarse en rumores o imágenes; y en el de los libros o los reportes científicos, en las hipótesis o en la argumentación lógica.

En todo este entramado, Wertsch (1991) retoma las nociones de herramienta y de signo. Partiendo de que la primera está orientada externamente, y la segunda internamente, ambas constituyen una actividad mediadora, sea sobre el mundo externo, dirigido hacia ciertos cosas u objeto, para dominar el mundo social o natural; o bien dirigidas hacia el mundo interno: “un medio de actividad interna que aspira a dominarse a sí mismo” (Vygotsky, 1932: 91), porque el “signo actúa como un instrumento de actividad psicológica”, por ejemplo como pensamiento, y sabedor de que la combinación de herramientas y signos posibilita la actividad psicológica superior, Wertsch (1997) amplia tales nociones aduciendo los juegos de herramientas para afirmar una relación entre procesos psicológicos y lo sociohistórico y la cultura, lo que posibilita ampliar el conjunto de opciones a las que las personas y grupos pueden acudir para enfrentar ciertas situaciones, como la manera de comunicarse en determinada situación, o de moverse en ciertos escenarios: esto es, saber qué decir en un congreso y qué en la casa, y comportarse de una manera en el primero y de otra en la segunda.

Vygotsky y la construcción social del pensamiento

Boletín Electrónico de Investigación de la Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. Volumen 6. Número 1. 2010. Pág. 159-164

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