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«La democracia no se justifica si no asegura la vida» Entrevista a Enrique Dussel

Entrevista realizada por
Israel Covarrubias

En algunos debates recientes se insiste mucho sobre la necesidad de tener una izquierda “moderna” y “liberal”. Sin embargo, pareciera que con ello, en realidad estaríamos hablando de una trampa semántica en el sentido de que si una formación política de izquierda fuera liberal la volvería, por el simple hecho de ser liberal, también democrática. Más aún, parece que la trampa se revela con más agudeza cuando se cree que ser liberal es que el Estado no meta las narices donde supuestamente no lo llaman, y de este modo tener la posibilidad de desarrolar “las libertades” en un lugar distinto al del orden estatal. ¿Cómo salir de esta trampa?

—Garantizar libertades sería la política perfecta, pero si fuéramos nosotros perfectos, lo cual supondría que seríamos dioses prácticamente y eso es imposible. Igual que el reino de la libertad, está el reino de la economía. La economía perfecta sería tiempo de trabajo cero, pero sería un principio de imposibilidad, ya que lo perfecto es lo que no puede superarse. La economía perfecta sería tiempo cero, en el reino de la libertad, no trabajaríamos más. Estaríamos dedicados a la cultura, al arte, a todo. Pero como es imposible, nos dice Marx, nos acercamos disminuyendo la jornada de trabajo. Entonces, en vez de ocho horas, seis horas, cinco horas, cuatro horas… Cada vez tenemos más tiempo para otras cosas, pero al tiempo cero nunca llegaremos. Es decir, siempre será el reino de la necesidad —lo dice en el Tomo III de El Capital—. Entonces, hay cuestiones, en efecto, fundamentales en el debate sobre la política como lo es el tema del Estado, y es en esas cuestiones donde están contenidos los mayores equívocos acerca de la libertad, como lo fue en su momento la creencia en la existencia del comunismo y la transición. Ésta última es un postulado y una estupidez, ya que el postulado es imposible, pues no se transita a…, lo que hay son sistemas más justos, que son criticados desde un ideal perfecto, y eso cambia toda la política.

Por consiguiente, ¿estaríamos hablando de una falta de teoría y la necesidad de hacer precisamente una nueva teoría política que esté vinculada con la cuestión del Estado? De hecho, el Estado parece ser un tema olvidado, incluso el pensamiento liberal se ubica como antiestatal…

—Cuando llegamos a Nozik, llegamos a un anarquismo de derecha, el “Estado mínimo”. En el fondo es casi lo que quiere Bakunin, pues ambos —uno de izquierda y otro de derecha— tienen problemas con el Estado. Hoy, ¿qué decir? Hay toda una izquierda (Negri, Hardt, Holloway, el zapatismo), que dicen que el Estado es intrínsecamente dominación. Ahora bien, si es intrínsecamente dominación, ¿qué hace Evo Morales? Por ello, no lo pueden aplaudir, llegamos a un punto crítico: no se puede ejercer la política, por lo cual la izquierda en la política es hacer un nuevo Estado. Cuidado, no es tomar el Estado liberal, hay que hacerlo nuevo, hacer nuevas instituciones, y hay que vivirlas con otra definición de institución. Yo di una conferencia en Chiapas en diciembre de 1998, y el subcomandante Marcos estaba a 70 cm. de mí, y la intitulé “Poder político e instituciones”; le dije bien claro las cosas, y bueno, los zapatistas se enojaron mucho, me borraron del mapa, pero  gradualmente me tendrán que incorporar nuevamente en la base, ya que la gente se da cuenta de que no puede ser. La cuestión es: la institución es necesaria, ya que sin ésta no es posible la afirmación de la vida. Es el principio material más puro.

Sin embargo, hay que señalar que las instituciones son ambiguas, pueden cerrarse y llegamos al fetichismo. Este último es para mí un tema fundamental de la política que no ha trabajado la izquierda. Por ejemplo, nunca habló del fetichismo de las instituciones en tanto que es la perversidad política. ¿Qué quiere decir? Que estoy aplicando la economía a la política, pero sin confundir economía con política. Lo que hizo siempre la izquierda fue el análisis económico del campo político, sin crear las categorías políticas. Marx planteaba: se trata de hacer la crítica a todo el sistema de las categorías de la economía política burguesa. En política, nadie lo hizo: ni Marx, ni Engels ni nadie. Es decir, no se creó el
sistema de categorías críticas de la filosofía política burguesa, desde Hobbes hasta Habermas, incluyendo a Laclau, que quería, en algún momento, mejorar el liberalismo, lo cual significa que no entendió el problema.

Entonces, mi pregunta es: ¿cómo hizo Marx el sistema crítico de la economía? Eso yo lo sé —y no por vanagloriarme, pero soy uno de los únicos de la tierra que lo sabe—, ya que soy el que ha hecho el único comentario de las cuatro redacciones de El Capital y por ello le llamé a mi libro El último Marx, que acaba de salir en su edición italiana ahora en 2010. Este libro es el comienzo para leer a Marx de nuevo. Cuando hice el comentario a las cuatro redacciones, estuve en Ámsterdam, donde leí inéditos de Marx, que apenas se están editando en Alemania. Entonces, yo trabajo un Marx definitivo, un Marx para el siglo XXI, que no existía antes, porque el tomo II y III de El Capital, es de Engels; yo lo que comento es el tomo II y III de Marx, que los escribe antes, en los años de 1863-1865.

La pregunta es: ¿cómo hizo Marx la descripción de las categorías? Comienza con el trabajo vivo, que se objetiva como trabajo objetivado, que es por una parte valor de uso (trabajo concreto) y por otra valor de cambio (trabajo abstracto).

Y de ahí, empieza todo el desarrollo. Es lo que posibilita las injusticias y racionalidades de los sistemas económicos. Ahora bien, ¿cómo empezar el sistema de las categorías de la política? Esa es mi política, es decir, hacer lo que Marx hizo en la economía, hacerlo en la política. El decirlo es un atrevimiento. Algunos dirán, ¿acaso Luckás, Gramsci, Althusser, Engels no lo hicieron? Yo les diría: compañeros, muéstrenme dónde está hecho, yo no lo conozco. Es mi pretensión, puede ser falsa, hay que rebatirla pero hay que tomarla.

Así como en la economía hay una corporalidad viviente como trabajo, en la política tenemos una corporalidad viviente como voluntad, que es la esencia del poder. Y eso es Hegel, es Kant… Hegel empieza su Filosofía del Derecho diciendo “una voluntad libre”, que no significa “libre” en su sentido “liberal”, significa indeterminada. Es una voluntad no determinada. Es el ser en lo indeterminado. Para Hegel la primera determinación es cuando la voluntad toma algo como posesión. Luego, eso poseído, que es una cosa, se refiere subjetivamente al sujeto, y ahora digo que es mía.

Entonces, para él, la primera determinación de la voluntad es la propiedad, que cree que es universal. Pobre Hegel, ¡ya hizo la primera determinación burguesa de la voluntad! En política lo cognitivo, la razón práctica, no es lo primero, viene después. La esencia del poder es la voluntad. Si en la economía el trabajo y la producción son lo esencial, ya que hay mercancías que se compran y se venden, en la política lo esencial es el enfrentamiento de voluntades. Por lo tanto, en primer lugar hay que ver cómo funciona la voluntad. Yo empiezo diciendo: la voluntad es la esencia del poder, porque éste es lo que va a teñir a todo el campo político, así como el trabajo y la producción tiñen al campo económico. No son los mismos campos, hay que trabajar uno y otro para después observar sus mutuas determinaciones. El marxismo no está habituado a eso. Hace de la economía toda la clase como sujeto político cuando no es sujeto político, y desde ahí determina rápidamente al Estado, desde la economía.

Entrevista Completa

Fuente:http://www.omegalfa.es/

 

  1. 16/04/2012 a las 18:47

    Gran entrevista. Fluyen las buenas preguntas y comentarios del entrevistador y las respuestas de Dussel me sacuden y alegran a la vez. Ojalá la lean muchas personas del pueblo y de las academias en estos días de confusión, búsqueda y participación. Gracias a ambos y a ustedes, los que hacen posible que estos diálogos le lleguen a la gente. Imagino que crece la audiencia y la reflexión que conduce a mejorar la acción personal y colectiva.

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