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“La gran divergencia”: audio de la conferencia de Josep Fontana i Lázaro

Viernes 3 de febrero a las 18:00h. Dentro de las IV Jornadas de debate sobre la crisis.
La situación actual produce una especie de hipnosis en torno a la crisis, que tiene el grave inconveniente de limitar nuestra perspectiva a lo ocurrido a partir del año 2008 y, a la vez, de engendrar la ilusión de que, una vez superada la crisis, todo volverá a ser igual que antes. La realidad es que la propia crisis no es más que una consecuencia de una evolución a largo plazo que se inició a mediados de los años setenta del siglo pasado, cuando se interrumpió una tendencia iniciada en la crisis de los treinta, y potenciada después de la Segunda guerra mundial, que había permitido mejorar los niveles de vida del conjunto de la población, mediante un reparto controlado de los beneficios obtenidos con los aumentos de productividad, y había hecho posible consolidar el estado de bienestar. Desde mediados de los setenta, en cambio, se inicia un proceso distinto, que da lugar a lo que Krugman ha llamado “la gran divergencia”, en que aumentan los beneficios de los empresarios y disminuyen los salarios reales, engendrando una desigualdad creciente. Entender la naturaleza de este proceso es necesario para comprender la realidad de la crisis y tratar de encontrar modos de enfrentarnos a ella.
Audios de la charla y del debate posterior

Descargar audio de la conferencia y el debate.

Texto de la conferencia:

MAS ALLÁ DE LA CRISIS. J. Fontana 3 de febr. 2012

  1. Alfonso Martinez
    14/02/2012 en 13:29
    Las raices están mucho antes. Os traslado íntegro un capítulo de un libro de nekane jurado. Independencia: de reivindicación histórica a necesidad económica (escrito en 2009, Editorial Txalaparta)¿POR QUÉ RAZONES Y A PESAR DE QUÉ CONTRADICCIONES PODEMOS SEGUIR HABLANDO HOY DE CLASE OBRERA Y LUCHAS DE CLASE? Nekane Jurado Un trabajador, un proletario no acude al mercado “como propietario de una mercancía (que sería su fuerza de trabajo), sino como una mercancía sin propietario”. Javier Alvarado ¿Existe o no existe en nuestro entorno clase obrera? La primera respuesta que encontramos para afirmar fehacientemente que existe Clase Obrera es que existe una clase dominante, imbuida fuertemente de la ideología acumulativa capitalista que diseña su modelo económico, sociológico e ideológico en el ámbito mundial, y lo diseña teniendo en cuenta la existencia de la “otra clase” a la que explotan para aumentar sus plusvalías, esa otra clase es lo que en terminología marxista ampliada se le ha venido denominando clase obrera. Objetivamente hablando la Clase Obrera existe y tiene mayor peso que nunca a niveles cuantitativos. Otra cosa diferente es el nivel subjetivo que cada persona desarrolla para percibirse parte de esa clase o no. Es decir a nivel objetivo la clase obrera existe, y es más numerosa que nunca a nivel mundial, aunque a nivel subjetivo el capitalismo está desarrollando muchos instrumentos en todos los ordenes de la superestructura social (legislativo, ideológico, de paradigma filosófico, científico, artístico) para transformar la percepción subjetiva de las personas y desvincularlas del sentimiento de pertenencia a la clase obrera. Por tanto el problema no radica tanto en dilucidar si existe o no existe clase obrera, sino en plantearnos si las personas que la componemos tenemos verdaderamente conciencia de la existencia de clases perfectamente diseñadas desde la superestructura del poder y cual es nuestro verdadero lugar dentro de dicha estratificación. Es decir si nuestro nivel de subjetividad no distorsiona nuestra capacidad para ver el hecho real de que existe la lucha de clases y de cual es nuestro papel dentro de dicha lucha. Y reiteramos, la lucha de clases no solamente existe sino que tiene un alto nivel de activación en la dirección de arriba hacia abajo, esto es en la beligerancia radical del capitalismo contra todo el planeta (contra la clase trabajadora industrial y de servicios, contra el campesinado, contra la madre tierra, ect), y este nivel de activación se puede analizar objetivamente analizando el diseño socio-económico-ideológico, que nos imponen. Analizar un solo momento en la historia, no nos permite conocer la trayectoria de los hechos, el avance o retroceso de las luchas entre clases, por ello aunque solo sea muy brevemente hay que comprender que el momento actual se fundamenta en las fuertes luchas de clases que apoyadas en la base teórica de Marx y Engels se inician con fuerza en el último cuarto del S. XIX, empujadas por la primera Gran Crisis del Capitalismo en la década de 1870 . Siendo para ello imprescindible recorrer el camino de la economía, como la gran diseñadora y beneficiaria de la estructura de clases. 1 Los logros de las primeras luchas de clases articuladas, en la Europa moderna: Las bases políticas del Estado del Bienestar. La segunda revolución industrial (a partir de 1850) conllevó un cambio profundo tanto en la estructura demográfica –desarrollo de las grandes urbes–, como en la estructura de clases: tras las reformas de la propiedad de la tierra, que con mayor o menor intensidad se dieron en todos los países industrializados de la época, la mayor parte de la población no poseía otro recurso para sobrevivir que su fuerza de trabajo. La primera gran crisis económica de 1875 dejó al descubierto la crudeza de este nuevo modelo que se estaba desarrollando. Las teorías de Marx y Engels, la fuerte conciencia de clase y las condiciones sociales y laborales de miseria fueron los detonantes de una larga lucha por la consecución de la garantía pública del derecho a rentas sustitutorias de las rentas de trabajo (pensiones, incapacidad laboral, seguro de desempleo…), al acceso a una vivienda (parques públicos de viviendas sociales en alquiler), así como a la sanidad y a la educación, entre otros. El primer seguro social (de la época moderna, ya que también los había habido en Babilonia y Egipto) se estableció en Alemania en 1883, bajo el mandato de Bismark, tras una larga huelga general. Este seguro estaba ligado a la condición de ser trabajador activo. Siguiendo el ejemplo alemán, el desarrollo de los seguros sociales en otros países industriales fue muy acelerado. En 1919, tras el Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial, nació la Organización Internacional del Trabajo (OIT), uno de cuyos objetivos era la coordinación y desarrollo de los derechos sociales. La década de 1930 se inició con la Gran Depresión económica desatada a finales de 1929. Las tasas de paro llegaron al 30%, las revueltas sociales y obreras eran constantes, reivindicando unos ingresos mínimos para las situaciones de necesidad (seguro de desempleo y otros) cubiertos por el Estado. Los movimientos socialistas estaban en auge, propiciado tanto por la situación económica como por el desarrollo de la Revolución en la URSS. Incluso los movimientos fascistas de Alemania e Italia enmascaraban sus verdaderas intenciones con promesas de «pleno empleo» y «seguridad social para todos». En este contexto de concienciación política y lucha de clases, la Segunda Guerra Mundial marcó un hito en el desarrollo del Estado del Bienestar. El ejército de la URSS, al penetrar en el territorio alemán, iba extendiendo su propio poder. Ante este avance inexorable de la URSS, los poderes fácticos europeos percibieron como única salida para frenarlo, en una Europa cuyos trabajadores se inclinaban por el socialismo, pactar el sistema de seguridad social y desarrollo de lo que luego se llamaría el Estado del Bienestar. El propio presidente estadounidense Truman reconocía en un discurso de 1947 que «el expansionismo comunista, como principal peligro y enemigo de los EEUU y del mundo occidental […] obliga a las negociaciones sociales». Prestigiosos historiadores como Howard Zinn, entre otros, han afirmado que la amenaza militar que la Unión Soviética hizo pesar sobre Europa occidental pudo quizá sobreestimarse. Aunque así fuera, en aquel momento el modelo económico y político soviético no estaba desacreditado; lejos de ello constituyó el desafío sin el cual posiblemente no se hubiese desarrollado el Estado del Bienestar europeo tal como lo hemos conocido, llevando a los gobernantes de Europa Occidental a aceptar un pacto social y de rentas sin precedentes. Pero ese pacto no se dió en los países sometidos a dictaduras militares de tipo fascista como era el caso de España, Portugal y Grecia, en los que sólo se establecieron seguros parciales e inconexos. En ese pacto social, y en lo referente a la gestión global de la economía, el Estado sustituyó al mercado, dado que éste no podría nunca solucionar de forma automática el problema del pleno empleo que constituía el primer pilar del pacto. El segundo pilar fue la asunción por ese mismo Estado, con todas sus consecuencias, de lo que hasta entonces se había abandonado al mundo de los valores: la protección social. La asistencia y la protección de los individuos excluidos pasó a ser obligación del Estado y no de la caridad solidaria. El tercer pilar fue la profundización en la democracia activa. Con todo ello y en palabras de David Anisi «… El Estado Asistencial dio paso al Estado del Bienestar, un Estado de trabajadores donde su derecho a la participación del producto social no se deriva de la buena intención de los que tienen, ni de la del Estado que garantiza la provisión de sus necesidades mínimas, sino de la contribución de los trabajadores a la riqueza colectiva. Así el derecho a la participación social se convierte en un derecho al trabajo; y como nadie puede estar excluido de la participación nadie puede estar excluido de la participación en un trabajo socialmente reconocido». El Pacto Social tuvo como principales hitos los siguientes hechos: · Conferencia Internacional de Filadelfia (1944) patrocinada por Churchill y Rooselvelt. Determina un prototipo de modelo internacional de Seguridad Social · En 1949 la Unión Europea Occidental adopta un convenio de Seguridad Social para armonizar los tratados bilaterales de los países miembros. · En 1957 se crea el Mercado Común Europeo a partir del Tratado de Roma, que recogía las bases de los derechos sociales europeos, aun sin crear instrumento coercitivo alguno para conseguir la armonización entre todos los países miembros. · En 1964 el Consejo de Europa inicia su labor de Armonización con la OIT, estableciendo sensibles avances (Convenio nº 102). Hasta aquí hemos perfilado las bases políticas sobre las que se desarrolló el Estado del Bienestar europeo, pero para entender el momento actual conviene analizar las bases económicas que lo hicieron posible. 2 Las bases económicas del Estado del Bienestar. La Segunda Guerra Mundial no sólo generó una importante transformación de las relaciones socio-políticas, sino también de la estructura socioeconómica: 1º La guerra destruyó el viejo aparato productivo europeo, lo que a la vez permitió e impuso la adopción de nuevas tecnologías que de otro modo habrían tardado mucho más en generalizarse. 2º La guerra constituyó un inmenso campo de experimentación de ingenios tecnológicos aplicados a fines militares que más tarde se aplicarían en la producción civil, sirviendo así de trampolín para la fulgurante carrera tecnológica de las décadas posteriores que supuso grandes reducciones de costes, ampliación de la escala de la producción, fuerte aumento de la productividad, y por ende de los beneficios empresariales. Además, debido al espionaje de guerra (que siguió desarrollándose en época de paz), las tecnologías punta no fueron patrimonio exclusivo de un sector o país, sino que Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, EEUU y Japón, pudieron empezar a aplicarlas casi simultáneamente, dando inicio a una competitividad antes desconocida. 3º Se aplicaron las teorías económicas de Keynes que, aun dentro del modelo económico capitalista imperante, se alejaban notablemente de las teorías clásicas y de las neoliberales hoy imperantes. Keynes defendía que el Estado debía hacerse cargo del mantenimiento de un nivel adecuado de demanda interna, de forma que si descienden las posibilidades de gasto de los ciudadanos (debido al desempleo o a otras causas), el Estado debe gastar por ellos en educación, sanidad, infraestructuras sociales, etc. Además transferirá directamente a los ciudadanos los recursos monetarios necesarios para garantizar la paz social (pensiones, prestaciones de desempleo, rentas básicas garantizadas…). Con esa política económica se pretendía mantener un nivel de demanda adecuado para que la producción de las empresas pueda ser absorbida y sigan produciendo (retroalimentación del ciclo económico). En definitiva, la política keynesiana se basaba en la aspiración al pleno empleo y en la demanda como motor económico. Para poder comprar se entendía como condición necesaria que las familias tuvieran una renta mínima garantizada, comprometiéndose el Estado a mantener la demanda de los llamados bienes públicos. Keynes participó como delegado británico en la Conferencia de Bretton Woods de 1944, en la que se crearon el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), y en ella se opuso rotundamente a las pretensiones de EEUU, que quería imponer a Europa una estrecha dependencia financiera, una especie de «protectorado». Curiosamente, lo que quería imponer EEUU no distaba mucho de lo que más tarde se recogería en el Tratado de Maastricht. Keynes logró imponerse a las pretensiones estadounidenses, por un lado porque la dominación económica americana era todavía incipiente y por otro por la citada amenaza, real o supuesta, que significaba la URSS. Aunque el modelo europeo diseñado resultaba difícilmente aceptable para EEUU, cuyo ideal siempre ha sido el laissez-faire económico y la mínima intervención pública, tuvo que contener sus pretensiones hasta la caída de la URSS Durante el periodo que siguió a la Segunda Guerra Mundial, y hasta 1973, todas las variables económicas tuvieron en los países industrializados incrementos muy superiores a los obtenidos en cualquier periodo anterior; la productividad, por ejemplo, creció como media, a lo largo del período 1950-1970, un 4,5% anual acumulativo. Este incremento de productividad permitió absorber sin grandes fricciones los costes que suponía la implantación del Estado del Bienestar. Con la crisis económica iniciada hacia 1973 el capital empezó a poner en cuestión el pacto social del Estado del Bienestar, pretendiendo descargar sobre las espaldas de los trabajadores el peso de la crisis. El hundimiento de la URSS y la desaparición del «campo socialista» en Europa propiciaron que el Tratado de Maastricht sentara las bases para la abolición del Estado del Bienestar. 3 Los primeros ataques estructurados contra la organización de clase: EEUU el diseño de las deslocalizaciones industriales. En EEUU las luchas de clase fructificaron en un cuerpo de protección social y laboral que se desarrolló a lo largo de la década de 1930 conocido como New Deal. Este modelo comenzó a ser atacado en la década de los años 50, aprovechando la lucha contra el comunismo, y la impunidad jurídica y cobertura mediática y social de dicha lucha, que en realidad solo fue pura lucha de clases donde la clase obrera americana acabó perdiendo la mayoría de los derechos socio-económicos conquistados a los largo del siglo XX. Este periodo reviste una gran importancia por la utilización de sus diseños, reactualizados en la Europa actual, aunque aquí solo vamos a exponer someramente el diseño de la deslocalización industrial. Dentro de la persecución del comunismo se diseñó una reorganización de la estructura productiva, incluida la deslocalización de fábricas hacia regiones con menor activismo sindical . Por tanto el fenómeno de la deslocalización ha estado presente en el discurso político de los Estados Unidos de forma intermitente desde los años setenta, donde para hacer frente, sobre todo en época electoral, a la clase obrera que pedía medidas antideslocalización, se diseñaron políticas que se en la prestación de servicios sociales y de reinserción laboral (formación profesional) a los trabajadores afectados por las deslocalizaciones y la creación de zonas francas (ventajas fiscales y de infraestructuras) para atraer nuevas inversiones. A más de treinta años vista del desarrollo de estas políticas de parcheo los análisis demuestran que no han funcionado para rehabilitar las zonas afectadas, pero curiosamente, estas medidas y recetas han sido aplicadas durante estos últimos treinta años tanto por las autoridades regionales aquitanas como por los gobiernos autonómicos de UPN, PSOE y PNV, con todos sus socios, en Euskal Herria. Los mismos análisis demuestran lo importante y exitosa que fue esta experiencia para el capital, y lo fortalecido que salió en esta batalla de clase. Ha sido precisamente este éxito el que las multinacionales han exportado a Europa a partir de los años noventa. Los resultados de la estrategia, y por orden cronológico podemos resumirlos como siguen: 1 En el ámbito sindical. Como ya hemos comentado el primer objetivo perseguido fue el debilitamiento de las estructuras sindicales, y para ello hubo una reorganización de las estructuras productivas, incluida la deslocalización de fábricas hacia regiones con menor activismo sindical. En estas nuevas zonas se puso en práctica el diseño para romper el modelo de relaciones laborales que se había establecido entre trabajadores y empresarios en los años 30 (New Deal) cuyo máximo exponente fue el modelo fondista. El nuevo modelo, revestido de una nueva teoría económica que sacraliza los términos productividad, competitividad y mercado, comenzó a implantar nuevas técnicas organizativas y productivas, como la erosión y la segmentación de los mercados de trabajo, nuevas formas salariales, desligadas de la negociación colectiva o aceptadas por esta) basadas en los niveles de cualificación y productividad y la subordinación de la estabilidad en el trabajo a la voluntad de los trabajadores de aceptar estas nuevas condiciones, la introducción de mayor participación de una élite de trabajadores en el ámbito de la dirección de la empresa con remuneraciones ligadas a dicha participación etc, en definitiva lo que se llaman “métodos de acumulación flexible”. El resultado ha sido la quiebra de los dispositivos institucionales y legales y del modelo anterior de relaciones entre trabajadores y empresarios. Esta quiebra se vio favorecida por errores estratégicos de los sindicatos, que en Euskal Herria no deberíamos perderlos de vista para no repetirlos. Dichos errores se sustentaron en seguir centrando la política sindical en el sector industrial y descuidaron el sector servicios grandemente atomizado y con escasa capacidad negociadora, así como a los grupos con poca presencia en los sindicatos, como las mujeres y los inmigrantes. A estos errores se unieron las políticas antisindicales llevadas a cabo en los años ochenta por el gobierno de Ronald Reagan, quien favoreció la purga de los líderes sindicales más experimentados y a que las propias empresas, apoyadas por una administración cómplice, empezaron a aplicar medidas antisindicales, tales como el despido de los sindicalistas más activos, las amenazas de cierre de las explotaciones si no había “paz social”, las reducciones salariales decididas unilateralmente, el uso de métodos de seguimiento electrónico de los dirigentes sindicales durante sus campañas de organización y la contratación de consultores expertos en medidas antisindicales . 2 En el ámbito de la protección social y la distribución de la renta. Todo este arsenal empresarial de medidas antisindicales incrementó la capacidad negociadora de las empresas y pudo lograr (partir de los años ochenta) una importante reversión de las ventajas obtenidas en salarios, subsidios, pensiones, antigüedad…, logradas en las décadas anteriores. Todo ello ha repercutido en la distribución de la riqueza de forma muy negativa, ya que ha existido una gran concentración de la renta, aumentando las disparidades no solamente entre espacios geográficos sino entre los diferentes grupos sociales, 3 Fortalecimiento de las multinacionales. Esta acumulación de riqueza ha permitido el fortalecimiento de las empresas, y la acumulación necesaria que las ha transformado en potentes multinacionales El poder de estas empresas ha llegado a superar en muchas ocasiones al de los estados. Cientos de poderosas multinacionales mueven los hilos políticos y económicos del siglo XXI. Este poder en la sombra permanece invisible para la mayoría de los ciudadanos, pero ya ha sido aceptado por los políticos. Cuando un puñado de empresarios lidera las políticas mundiales, la repercusión en los derechos humanos y el medio ambiente puede ser catastrófica. El planeta y los más pobres tiemblan bajo el poder de las cifras económicas. El modelo Walt-Mart, se está estudiando en las más selectas universidades americanas de economía como nuevo prototipo a seguir, marca escuela y su funcionamiento comienza a ser imitado por otras empresas de todo el mundo. Wal-Mart es el mayor vendedor al por menor del mundo vende al año productos por valor que ya supera los 300.000 millones de dólares, con más de 20 millones de clientes diarios. Si fuera un país independiente, sería el octavo socio comercial de China. El tema es muy grave porque con ella ya no se habla de multinacionales, sino de las nuevas empresas-nación,. Tiene sus propias políticas económicas, sociales y laborales. Tiene una política exterior y de relaciones diplomáticas con otros países. Ha desarrollado su propia cultura, su identidad, una forma de pensar y unos valores propios al margen de cualquier estado. 4 El Capital Europeo toma la iniciativa en una nueva etapa de lucha de clases a partir de la Crisis de 1973. Ya hemos señalado que hacia 1973 se desató una larga crisis económica cuyas principales manifestaciones fueron la subida de los costes energéticos y el estancamiento del desarrollo tecnológico en los que se basó la expansión de 1945-1972. Los empresarios trataron de transferir sus costes a la masa salarial directa e indirecta (cotizaciones sociales), atentando contra los pilares del pacto social. Todo hace presumir que uno de los factores principales de la crisis fue la revolución electrónica y su enorme capacidad para incrementar la productividad, especialmente la de los países de la OCDE y sus áreas de influencia. Las recetas económicas aplicadas en la fase expansiva del estado del bienestar ya no servían, dado que no podía recuperarse la tasa de beneficio del capital del periodo anterior y por otra parte, el alza de la inflación socavaba el sistema. Para salir de dicha crisis el capital necesitaba de otra política económica. Es en este contexto donde aparece el neoliberalismo y se consolida en la mayoría de los países. La exaltación del mercado como único mecanismo regulador e insustituible de la economía es la clave de la ideología neoliberal, teniendo como objetivo la recuperación de la tasa de rentabilidad del capital. Por ello, a principio de los años 80, un grupo de economistas asesores del presidente Reagan consideró que la política económica estaba demasiado orientada hacia la demanda agregada (consumo más inversión), es decir, demasiado influida por las directrices keynesianas del estado del bienestar. En su opinión, convenía volver a los principios liberales para aumentar la rentabilidad económica, reduciendo la intervención del Estado, lo que se plasmó en tres ideas básicas: 1.- el abandono de las ideas keynesianas, 2.- el énfasis en las variaciones de la oferta agregada, que se materializaron en el incremento de las ayudas a los empresarios, y 3.- la defensa de grandes reducciones fiscales. Esto es lo que se denomina “la economía del lado de la oferta”. La política de reducción de impuestos adoptada por la Administración Reagan genera un fuerte incremento de la demanda que, al no ir acompañado de una reducción del gasto público (los gastos en armamento del Pentágono son astronómicos), produce un importante déficit público y crea tensiones inflacionistas en la economía americana. Sólo hay una forma de recuperar el equilibrio: la implantación de una política monetaria restrictiva, que derivará en un fuerte incremento del tipo de interés y del paro. Y es aquí donde los postulados del Nóbel Milton Friedman entran en acción. En su opinión, es inútil forzar las reglas de juego de la economía. Es el propio Friedman el que desarrolla la idea de la tasa natural de desempleo, que significa que la “existencia de un considerable desempleo es el resultado normal de los procesos del mercado y puede ser una situación aceptable”, para el reajuste de salarios. La lucha contra la inflación, se convierte en el objetivo principal de la doctrina neoliberal, para que el capital acumulado mantenga su poder adquisitivo. Abandonando el modelo keynesiano en beneficio del neoliberalismo, se atribuyó la crisis a los obstáculos para el libre juego de las fuerzas del mercado, achacando al Estado del Bienestar una supuesta rigidez que dificultaba el crecimiento económico. Para los ideólogos neoliberales la salida de la crisis requería aumentar la tasa de utilización (explotación) de los recursos productivos (mano de obra y materias primas) y con ella la «productividad». A falta de nuevas tecnologías esto se conseguiría reduciendo los salarios reales, las cotizaciones sociales y cualquier tipo de impuestos sobre los beneficios empresariales. Para que la estabilidad sea total, el recetario neoliberal aconseja controlar los costes de producción: mano de obra y materias primas. Por consiguiente son objetivos prioritarios aumentar la flexibilidad del mercado laboral (despido lo más libre posible), la moderación salarial, y buscar recursos cada vez más baratos, a costa de dominar y explotar a los pueblos productores de los mismos. Este es el camino que postulan para ser competitivos en una economía cada vez más internacionalizada, más globalizada, y para hacer frente a los nuevos países industrializados, especialmente los asiáticos, que disfrutan de una ventaja comparativa motivada por sus bajos costes laborales y de protección social. Por tanto, en torno al aumento de la tasa de rentabilidad, se articulan las diversas piezas de la política neoliberal, el ataque a los salarios, el retroceso de las prestaciones y servicios sociales, la contrarreforma fiscal, la desregulación del mercado de trabajo, las privatizaciones y la política económica basada en el monetarismo. Este modelo, que tomo cuerpo teórico global en el Acuerdo de Washington de 1990, es el que se impone a los países miembros de la UE en el Tratado de Maastricht (TM; 1992), tras el derrumbe de la URSS, y del desarme ideológico que supuso para muchos sectores. Como consecuencia de todo lo anterior en el periodo iniciado en 1980, se pasó a la expansión en profundidad del capitalismo. Para multiplicar los ámbitos de negocio se han ido convirtiendo en mera mercancía, todos los aspectos de la vida. Así este periodo se caracterizó por las reconversiones industriales y el inicio de las privatizaciones del sector público, el desempleo estructural –con millones de parados en Europa–, la disminución continua de la participación salarial en el total de la renta nacional y una primera reforma de las pensiones. Así, en la actualidad, se puede comercializar con todo, incluso las cosas que hasta habían estado fuera de la lógica del mercado y de la mercantilización: pensiones, guarderías, la sanidad, la educación, las comunicaciones, la energía, el transporte, el ocio, la oferta cultural, etc. Es en este contexto donde debemos situar la privatización de la Seguridad Social, de los servicios sociales y de los servicios públicos, la debilitación del sector público, e incluso la creación continua de nuevas “necesidades” que tienen como objetivo multiplicar el consumismo. Destacando la mercantilización de valores humanos como la solidaridad, la afectividad etc. (las ONGs, o las adopciones internacionales de niños, son solo dos ejemplos de nueva mercantilización) En definitiva, en este periodo se puso en marcha una ofensiva decidida contra el Estado del Bienestar argumentada con razones pseudo económicas de ingeniería más ideológica que técnica, cuyos frutos más tempranos han sido la crisis actual. Este cambio de paradigma económico se vió acompañado por una acción conjunta de los aparatos militar y de inteligencia occidentales para corromper y destruir el modelo socialista. 5 El Tratado de Maastricht: El comienzo planificado del desmantelamiento del Estado de Bienestar europeo. Tras la desaparición del bloque del este la globalización se ha convertido en un concepto casi mítico que supera al propio término. Se utiliza como sinónimo de post-modernidad, de mundialización de la economía, empleando el término “aldea global” como algo equivalente a un mundo sin fronteras, un mundo considerado como único mercado, donde la estandarización y las economías de escala permiten, especialmente a las multinacionales, realizar excelentes negocios. Frente a ese concepto grandioso, el planteamiento de Pueblo-Nación-Estado resultaría casi mezquino. El avance del neoliberalismo y de la internacionalización de las economías son dos rasgos de la evolución del capitalismo relacionados estrechamente. La desregulación total en todos los sectores que practican los gobiernos sumisos al nuevo diseño impuesto por los organismos internacionales (FMI, BM, OCM, UE,…), propicia la fusión de grandes empresas en los sectores estratégicos (en el sector químico, en el de telecomunicaciones, en el aeronáutico, en el informático, en el financiero, en el energético, etc). El proceso de fusión continúa crea grupos de poder oligárquicos con la consiguiente destrucción de empleo, monopolio de precios, e imposiciones sociales, viéndose las pequeñas y medianas empresas abocadas, en muchos casos, a desempeñar un papel secundario, el de meras comparsas subcontratadas de las multinacionales. No es casual que la URSS desapareciera en agosto de 1991 y en diciembre del mismo año se reuniesen en Maastricht los jefes de Estado de la Unión Europea para ratificar con su firma el modelo que desde las sedes del capital multinacional y financiero y la OTAN se había diseñado para «la nueva Europa». El Tratado de Maastricht (TM, 1991) se basaba en el obligado cumplimiento de unas estrictas condiciones monetarias para acceder al club de la moneda única, entre ellas la reducción de la Deuda Pública, la limitación del déficit público al 3%, el control de la inflación y de los tipos de interés. Estas condiciones, aunadas a la reforma de los sistemas fiscales (haciéndolos menos progresivos y bajando los impuestos a las empresas y rentas más altas) han ido debilitando paulatinamente el sector público, que con menos impuestos y sin poder endeudarse (aunque Alemania y Francia antes de la crisis de 2007 habian roto reiteradamente el pacto de estabilidad) ha optado por una reducción drástica de las coberturas sociales. ¿Por qué se mostraba el TM tan preocupado por el «déficit excesivo» y se mantiene como dogma económico esta preocupación? De hecho, el «Consenso de Washington» de 1990 la elevó a «principio económico máximo», vinculándolo con «el tamaño excesivo del gobierno».. Como los creadores de la «Reaganomía», los artífices del TM pretendían reducir el déficit público mediante recortes en el gasto y no mediante una política fiscal progresiva. Asimismo, para reducir el montante global de la deuda pública (amortizándola) impulsaron la privatización, vendiendo las empresas públicas más rentables. Se planteaba la racionalidad, eficacia y eficiencia del gasto público en términos meramente economicistas, obviando que el sector público produce bienes sociales cuya lógica debe escapar a la del mercado. Para la sociedad, los gastos en educación o en sanidad no pueden estar regidos por la lógica del beneficio que es la que determina la distribución de las inversiones privadas. Pero el TM no suponía únicamente esos compromisos en política económica, sino también un refuerzo de la seguridad y del espacio de defensa común europeo. Evidentemente, la política diseñada en Maastricht, claramente antisocial, necesitaba de todo el aparato ideológico y represivo de los Estados miembros de la UE. Podemos así afirmar que el TM no es más que la punta del iceberg de la integración de la Europa Occidental y el refuerzo de la OTAN, latente desde mediados de la década de 1980 y propiciada por el hundimiento del «campo socialista» en 1991. Debido a las muy diferentes trayectorias estatales, la tendencia al desmantelamiento del Estado del Bienestar ha sido más acusada en algunos países, destacando el neoliberalismo del Reino Unido (thatcherismo) y de los países del sur de Europa con escasa tradición democrática (Estado español, Grecia y Portugal). En lo que nos afecta más directamente, desde 1993 la media del gasto social sobre el PIB ha descendido 1,5 puntos en la Unión Europea y 6 puntos en Hego Euskalherria, aun cuando partíamos de una protección social muy inferior a la media europea; así, mientras que en la UE-15 el total de gasto social en 2005 ascendía al 27,6% del PIB, y en el Estado francés al 30%, en HEH no alcanza el 19% del PIB. 6 Segunda fase del desmantelamiento del Estado del Bienestar: la Estrategia de Lisboa Cumplidos los objetivos del TM, y recién inaugurada la moneda única, los jefes de Estado de la UE se reunieron en Lisboa en marzo de 2000 para diseñar la estrategia económica de la nueva década (2000-2010), profundizando en las líneas de Maastricht pero con un mensaje más edulcorado. Aun así, resulta significativo que en los documentos aprobados se dejara de hablar del Estado del Bienestar para sustituirlo por «la sociedad del Bienestar», con lo que se atribuye a la sociedad la responsabilidad de su propia seguridad económica, de su salud, etc., reduciendo la intervención estatal a los casos extremos, con una cobertura pública mínima (privatizaciones y asistencialismo). Es clave conocer las bases de la «Estrategia de Lisboa» y su posterior desarrollo en cumbres sucesivas, entre cuyas elaboraciones se halla el Tratado «constitucional» europeo. En la década de 1990, tras la desaparición del «campo socialista» en Europa, EEUU comercializó todo el sistema de las nuevas tecnologías que hasta ese momento se habían desarrollado y utilizado en el espionaje y la defensa. La comercialización mundial de las nuevas tecnologías supone por una parte una «robotización» del sistema productivo, con fuertes aumentos de la productividad unidos al desempleo y la precarización del mercado laboral, y por otra parte la capitalización del propio sector tecnológico con el inicio de una nueva fase de «nuevas-nuevas tecnologías» (se pasa de la automatización y del robot-cuerpo al robot-mente), que es la que actualmente está desarrollando EEUU. Europa había perdido terreno en ese campo, no solamente por factores de investigación y desarrollo (I+D), sino por la menor presencia política de los lobbys de la guerra (motores en el desarrollo de las nuevas tecnologías), que son quienes dirigen el presupuesto estadounidense. La propia Comisión Europea, explicando el por qué de la Estrategia de Lisboa, afirma que Europa se haya entre dos fuegos, dos desafíos externos: EEUU y Asia (especialmente China). Pero si bien en ese momento el análisis proyectado hacia la ciudadanía destaca el aspecto meramente económico sobre el militar, cabe detectar como trasfondo la presión del lobby militar y de las corporaciones empresariales que lo abastecen en favor de una mayor inversión en I+D. Tras el 11 de Septiembre de 2001 y el inicio de una nueva ofensiva imperialista por parte de EEUU –donde la guerra se ramifica contra el euro y las posibles ambiciones expansionistas europeas en la estrategia de globalización y neoliberalismo– Europa va dejando ver, en las sucesivas cumbres, esta situación de «nueva guerra fría». Por otra parte, el desarrollo económico de China –India está siguiendo sus pasos–, y su intrusión en mercados copados tradicionalmente por los países desarrollados, estaba haciendo perder expectativas de beneficio a las grandes corporaciones europeas. A este respecto cabe señalar que China está siguiendo un modelo propio, al margen de las imposiciones y diseños estandarizados del FMI y BM, lo que le ha permitido un desarrollo más endógeno sin supeditarse totalmente al sistema financiero internacional. Ante este doble desafío, el capital europeo, fortalecido por las políticas públicas de los 90 (TM), diseñó el modelo 2000-2010 que hicieron suyo en Lisboa los jefes de Estado y de gobierno de la UE, inspirándose directamente en el ejemplo estadounidense, como ya lo hicieran con el TM. En Estados Unidos están radicadas el 74% de las 300 primeras empresas del sector de la tecnología de la información (clave para el desarrollo del robot-mente), de las que 130 monopolizan más de la mitad de todos los recursos de I+D, y en Lisboa se apostó por este tipo de desarrollo tecnológico descartando otras áreas en las que se podría desarrollar la investigación, como medio ambiente, nuevas fuentes de energía, garantizar una calidad de vida digna a todos los habitantes del planeta, etc. Se apostó pues por la bio-genética y el estudio de los procesos mentales (elaboración y transmisión de información) como instrumentos de control social y para el desarrollo de nuevas armas (las llamadas armas-bio, armas inteligentes, etc.). El Consejo Europeo de marzo de 2000, constatando que la Unión Europea se hallaba ante «un enorme cambio fruto de la mundialización y de los imperativos que plantea una nueva economía basada en el conocimiento», adoptó un objetivo estratégico importante: antes de que concluyera 2010 la UE tenía que «convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo». De esta forma se pretendía reorganizar el sistema público para responder al lobby militarista europeo, articulando lo que éste demandaba: recursos públicos, desarrollo de la demanda doméstica –necesaria para amortizar la fase tecnológica ya obsoleta para Interior y Defensa y los costes que supusieron en I+D, al tiempo que se generan y acumulan beneficios para la nueva fase tecnológica en la que han entrado, y que tardará años en ser socializada– e infraestructuras de redes de I+D, financiadas con dinero público, a la vez que se liberalizan los controles y la fiscalidad. Los recursos públicos y la protección estratégica de los gobiernos pasan al nuevo sector de las llamadas tecnologías de la comunicación (sector del capital), transfiriéndose desde los sectores tradicionales de la economía, cuya parte civil (clase obrera) queda abandonada por el sector público. En el caso vasco, las empresas que dedican proporcionalmente mayores gastos a I+D son GAMESA e ITP, dos empresas de armamento militar, siendo las únicas empresas vascas situadas en el ranking de las 500 principales empresas de la UE en cuanto a gasto en I+D. Este diseño militarista, ya desarrollado en EEUU y cuyos resultados son de sobra conocidos, implicaba una mayor desconexión social, o dicho en términos de clase, una mayor brecha entre clase obrera y la burguesía, de ahí el hincapié puesto en los Tratados de Ámsterdam y Niza (2001) en la importancia de la «cohesión social», tratando de encubrir con una fraseología hueca unas propuestas reales totalmente opuestas. Así, presentando como una catástrofe el envejecimiento de la población europea (no se contempla abrir las puertas a la inmigración), se pide a los Estados miembros de la Unión que alarguen la vida activa de los trabajadores, retrasando la edad de jubilación, y que agilicen las medidas para la privatización de las pensiones. Se pide asimismo que se profundice la «flexibilización del mercado laboral», y que se dé más cabida al sector privado en áreas como educación o sanidad. En definitiva se pide al sector público que aligere su participación en la economía (rebajando los impuestos y disminuyendo su gasto social) para que el capital que se está concentrando disponga de un mayor terreno de juego, a la vez que se desmantelan todos los derechos laborales y sociales que puedan obstaculizar la generalización de los contratos-basura. Con la aportación de estos tratados la Estrategia de Lisboa pasó a enunciarse como la intención de convertir la UE antes de 2010 en «la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, con más y mejores empleos y mayor cohesión social». Pero ante la creciente concienciación social por los problemas medioambientales y por la presión de los países escandinavos la Estrategia de Lisboa se complementó con un tercer pilar medioambiental tras la adopción de la Estrategia de Desarrollo Sostenible de la UE en el Consejo Europeo de Gotemburgo en 2001, tras el que se presenta la enunciación definitiva según la cual la UE tenía que «convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social». A este respecto cabe decir que el «tema medioambiental» ha entrado de lleno en el mercado, no solamente como un elemento de estética del discurso y para envolver medidas económicas antisociales, sino, lo que es más grave, como una fuente de beneficio y objeto de transacciones comerciales. Así, al limitar las emisiones de gases con efecto invernadero marcando unas cuotas por países, se ha permitido a los países y empresas con menores niveles de contaminación «vender sus derechos a contaminar» a otros países u empresas, con lo que estas pueden incluso aumentar su nivel de contaminación. En la prensa económica (13-12-2004) se podía leer: « El mercado europeo de derechos de emisión de gases con efecto invernadero generará un volumen de negocio de 20.000 millones de € al año, a través de las 15.000 empresas que participarán en él a partir del 2005. Sólo el mercado de futuros en derechos de emisión de dióxido de carbono mueve ya un volumen cercano al millón de toneladas por semana». Tenemos que mirar más allá de las palabras y así podremos comprobar cómo detrás del «reconocimiento» de ciertos derechos y de pretendidos objetivos de cohesión social, lo que realmente se está promoviendo es el neoliberalismo salvaje cuyo máximo exponente es EEUU, sacrificándose, en aras de la «competitividad», los logros sociales del último siglo. Pero las dificultades para apropiarse de la inteligencia acumulada de la humanidad, de su riqueza abstracta, de la creatividad colectiva, de su capacidad de cooperación es cada vez mayor. El poder afirma una y otra vez el mercado como nueva trascendencia, pero algo falla. Los poderes recuperan la crítica social, y atajan las líneas de fuga con mayor rapidez, pero al mismo se multiplican y hacen cada vez más imprevisibles los intentos de resistencia y lucha, las posibilidades de producir acontecimiento. Al final del camino del plan de Lisboa (en 2009), vemos como resultados el paro, la pobreza, la deslocalización empresarial y el deterioro del medio ambiente en Europa. Cualquiera de los indicadores económicos que miden esas variables han empeorado ostensiblemente desde el año 2000. Como muestra citaremos la pobreza. El objetivo más “vendible” de la estrategia de Lisboa era el de erradicar la pobreza en la UE para 2010 (en el 2000 no alcanzaba los 50 millones), pero en el encuentro de la UE celebrado en Estocolmo y frente a los 79 millones de residentes de la UE que viven en la pobreza, en la Comisión ya no se habla de erradicar la pobreza, sino de trabajar en una propuesta mas “realista” con resultados para 2020, asumiendo que va a aparecer una nueva clase social marcada por la penuria de los efectos de la crisis económica y que se nutrirá de “los trabajadores pobres” , término acuñado por la propia Comisión Europea en referencia a esos ciudadanos a los que tener un trabajo no les libra de la miseria, en la UE existe un 8% de trabajadores en esa condición, la cifra supera el 20% en EH donde el SMI es casi un 40% inferior al SMI medio de la UE. En el año 2010 el SMI anual del Estado español, y por ende de Hego Euskal Herria asciende a 8.806 € anuales, casi la mitad del de Iparralde que se sitúa en los 15.852€ . Frente a esta realidad, sigue aumentando el desempleo, la flexibilidad laboral y las subcontrataciones, las medidas de reforma de las pensiones siguen en marcha, las grandes multinacionales como Mercedes-Chrysler u otras reducen salarios y aumentan la jornada laboral, y se nos bombardea con la insostenibilidad del sistema de protección pública que conocemos mientras la banca obtiene todos los recursos que solicita y se nos empuja hacia un aumento del endeudamiento en una política de satisfacción individual de las necesidades dentro del mercado privado, insolidario con los excluidos. Esta insolidaridad se potencia repitiendo una y otra vez que la pobreza es un problema individual de personas que no quieren, no saben o no pueden aprovecharse de los beneficios que esta sociedad ofrece a todas las personas por igual. No se abren cátedras ni medios de comunicación para los análisis más complejos que siguen demostrando que la pobreza es un problema estructural (no individual) y complejo (no unifactorial), causado por la acumulación de la riqueza en pocas manos. Acumulación que entre nosotras se realiza por medio de la desestructuración del mercado laboral, propiciando la explotación y acumulación de beneficios; por la apropiación del desarrollo tecnológico y su orientación hacia el control y dominación social; o por la explotación de derechos como es el acceso a la vivienda, entre otros. Ante esta ofensiva de clase, el Capital se va dotando de elementos de represión que puedan ser activados cuando todos los elementos propagandísticos de manipulación de la percepción subjetiva de clase puedan fallar. Siendo el Tratado de la Haya el último y más importante en vigor. 7º El espacio de libertad, seguridad y justicia: el programa de la Haya. El «Programa de La Haya» se basa en seguir articulando y perfeccionando los medios para aumentar la represión y el control social, para que ni los pueblos, ni las organizaciones políticas o sindicales ni los movimientos sociales, en definitiva nadie con conciencia de clase explotada, puedan interferir en el desarrollo de la nueva Europa. En primer lugar cabe remarcar el nombre que se da en el programa de La Haya a su contenido: «Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia», para definir el aumento de la represión y el control. Lo primero que nos viene al pensamiento es que las compañías aseguradoras, desde hace más de un siglo, llaman «seguro de VIDA» al que cubre el riesgo de muerte, siendo por tanto un «seguro de MUERTE». Ayer como hoy se juega con las palabras enmascarando lo real y obvio por su antónimo. La cuestión de la «Seguridad» de la Unión Europea ha quedado recogida en prácticamente todos los tratados europeos. La Unión Europea ha jugado un papel cada vez más activo en el establecimiento de un espacio policial, aduanero y judicial común, con la puesta en práctica de una política coordinada en materia de asilo, de inmigración y de fronteras exteriores. Esta coordinación se consolida en el Tratado «constitucional» firmado en Roma el 29 de octubre de 2004, que como los que le han precedido (Maastricht, Amsterdam y Niza) pone el acento en la necesidad de un marco jurídico común en el dominio judicial, policial y de control interior, tratando de asegurar la integración de estos temas en un texto inapelable que se nos vende como «Constitución Europea». El Consejo Europeo de Tampere, en 1999, acordó un programa general para este desarrollo. La estrategia de Lisboa también incidía en la «Seguridad», toda vez que suponía una decisión unilateral de un diseño económico que afecta a conquistas sociales básicas (pensiones, regulación laboral, etc.), pero es a partir del 11-S de 2001 cuando se profundiza en la «Seguridad» y para darle mayor relieve se diseña el Tratado «constitucional». El refuerzo del diseño de Defensa que acompaña al reordenamiento judicial y represivo europeo en el programa de la Haya, de fuerte contenido imperialista, no tiene como fin responder al «terrorismo» por el atentado contra las Torres Gemelas, sino precisamente a su utilización por EEUU para demostrar todo su nuevo potencial tecnológico, intimidar a sus eventuales competidores y proyectarse en solitario como única súper potencia mundial, avisando a Europa de que no va a aceptar estrategias que potencien la sustitución del dólar por el euro como moneda de reserva y medio de pago en las transacciones internacionales. Con la invasión de Irak EEUU tomaba posiciones en un área clave de la geoestrategia mundial, tanto por sus recursos naturales básicos (petróleo y acuíferos), como para controlar militarmente a las incipientes economías asiáticas. La guerra, fabricada en la nube del beneficio capitalista, se nos promete como global y permanente para las próximas décadas La amplia estrategia de defensa y represión diseñada para Europa exigía la reforma de la propia Unión Europea, lo que al final quedó materializado en el Tratado «constitucional» lo que al final ha quedado materializado en el Tratado «constitucional» ratificado por los Estados miembros. En 2004, cinco años después de la reunión de Tampere, y una vez firmado ese Tratado, la Comisión Europea decidió «hacer frente a los nuevos desafíos que en materia de Seguridad se ciernen sobre Europa. Con ese fin, el Consejo de Europa adoptó el llamado “programa de la Haya”. Este programa sienta las ambiciones enunciadas en la Constitución para Europa, y contribuye a preparar la Unión a la entrada en vigor de este texto (el Tratado «constitucional») […] El objetivo del programa de la Haya es el de mejorar las capacidades comunes de la Unión y de sus Estados miembros […] regular los flujos migratorios, controlar las fronteras exteriores, luchar contra el crimen organizado transfronterizo, reprimir las amenazas terroristas, desarrollar el potencial de la Europol y la Eurojusticia, hacer progresar el reconocimiento mutuo de las decisiones y certificaciones judiciales en materia tanto civil como penal […] Un elemento esencial a corto plazo será la prevención y supresión del terrorismo». En definitiva, el programa de la Haya aborda todos los aspectos relativos a lo que llaman el «espacio de libertad, seguridad y justicia», tanto a nivel interno como en materia de política exterior, y concretamente los derechos fundamentales de los ciudadanos, el derecho de asilo y la inmigración, la gestión de las fronteras, la lucha «contra el terrorismo y el crimen organizado», la cooperación judicial y policial, así como partes del propio derecho civil, a la que se le suma la estrategia antidroga de la Unión (2005-2012). Leer el programa de la Haya nos produce una sensación de déjà vu y nos hace recordar lo que ha sucedido en el ámbito de las libertades en EEUU, bajo el manto de la «lucha contra el terrorismo». Por copiar, se han copiado hasta la idea de «defensa preventiva» que tanto habían criticado países como Francia o Alemania, y se alienta la política de «seguridad preventiva». 8º La llamada “crisis de las subprime” como acelerador del proceso de acumulación capitalista (reposicionamiento de clase) El mercado estrella en la “era de la globalización” ha sido el mercado financiero. La gran acumulación de capital aunado a la globalización financiera, ha posibilitado que el flujo de los movimientos de capital haya adquirido enormes proporciones. La alta velocidad de las comunicaciones ha hecho de multiplicador de las transacciones financieras, con lo que antes de la crisis financiera el flujo de los movimientos de capital había adquirido enormes proporciones. Diariamente se cambiaban en los mercados de divisas (transacciones spot, activos financieros en el mercado de futuros y opciones) cantidades superiores a los 3 billones de dólares de los que menos de un 8% correspondía a pagos de productos alimenticios e industriales. El resto era especulativo y formaba lo que se ha llamado “la burbuja financiera”, que estalla en 2007, demostrando lo que ya habíamos adelantado una y otra vez en los diferentes análisis realizados desde la izquierda en los últimos diez años: la economía financiera, llamada “nueva economía”, en vez de estar vinculada con la economía real campa a sus anchas, estimulando la especulación y provocando estragos en el nivel de vida de las capas populares, ya que la especulación financiera obtiene sus beneficios aprovechándose de la economía productiva, a través de los intereses obtenidos con respecto al trasvase de rentas salariales a cambio de vivienda y de los capitales productivos y los derivados de la deuda pública La actual crisis económica comienza a gestarse en 2001, tras el pinchazo de “la burbuja tecnológica” de Internet y las “nuevas tecnologías”, con fuertes caídas de la bolsa. La respuesta política es la bajada del precio del dinero, para inyectar gran masa monetaria al sistema, así en EEUU, en dos años el precio del dinero bajo del 6,5% al 1%, y en la Zona Euro cayo a niveles del 2%, abriendo una nueva vía ala acumulación del capital a través de la “inversión en ladrillo”. Se diseña desde el sector financiero un nuevo nicho de negocio, creando este sector líneas propias en las que acumulan el suelo, participan en el capital de las grandes constructoras, y ofertan dinero barato a los compradores-inversionistas de vivienda (en esos momentos por cada 100€ prestados les revertían 170€). Esto dopó al mercado inmobiliario y en 10 años el precio real de las viviendas se multiplicó por 2 en EE.UU., por 3 en España, y casi por 4 en Euskal Herria. Con una revalorización tan alta, los bancos han dado créditos por encima del valor de la vivienda, y las familias se han endeudado muy por encima de sus posibilidades reales. En esta situación, salta en 2007 la crisis de las “sub-prime”, o hipotecas basura. Para entenderla hay que recordar que la banca, según las Normas de Basilea, tiene que guardar una relación entre su capital y sus activos (depósitos y créditos concedidos). Cuando los créditos son muy altos llega un momento que se supera esta relación mínima exigida y no pueden dar mas créditos sino aumentan su capital propio. Para burlar esta norma se deshicieron de los créditos-hipotecas, a través de bancos de inversión creados por ellos mismos, vendiéndolas como derivados financieros-paquetes de inversión a ahorradores de todo el mundo que no sabían que producto compraban, así los inversores en Fondos de inversión, FIAM, FIM, Fondos de Pensiones etc., lo que han estado comprando en ultima instancia han sido estas hipotecas. Curiosamente esta “crisis” se da con beneficios actuales de la banca, y con acumulaciones de capital en su seno de magnitudes astronómicas. El crecimiento de los Beneficios de las entidades financieras españolas entre 2004-2008 ha sido del 79%, a pesar de que la crisis del sistema financiero estalló en 2007. Los beneficios de la banca en este periodo suponían mucho más de la mitad del crecimiento anual del PIB. Si se tiene en cuenta que la otra mitad se debía al aumento de “valor” en la construcción se corrobora que el crecimiento económico desatado tras la llamada “crisis de las nuevas tecnologías” estaba sustentado en su totalidad en la especulación económica. Beneficios de las Entidades Financieras del Estado Español: 2004-2008 AÑO MILLONES € % Crecimiento anual %s/ PIB español 2004 13.362 1,6 2005 19.268 44,2 2,1 2006 25.717 33,6 2,6 2007 30.640 19,3 2,9 2008 23.936 -21,7 2,2 Acumulado 2004-2008 112.923 79,0 Fuente: Banco España, “Informe de Estabilidad Financiera” Mayo 2009 La crisis de las sub-prime se basa en una crisis de la economía real, es la descomposición del capitalismo, que se manifiesta primero dentro de EE.UU, por ser el país que primero abrazó el neoliberalismo (1981, Reegan). Este país lleva muchos años con un gran desequilibrio entre lo que produce y consume sustentado en un endeudamiento masivo financiado por el resto del mundo. Su sector productivo real ha sido cada vez mas deslocalizado, y a pesar de tratar de reactivarse con la economía de guerra, esta beneficia solo a una pequeña elite, con una concentración de riqueza nunca vista, con lo que las clases medias se han ido empobreciendo paulatinamente y las populares se hunden. El desempleo se ha disparado, los impagados bancarios aumentan y las viviendas han salido masivamente al mercado con lo que ha bajado su valor, muy por debajo de los créditos que soportan. La banca no puede recuperar lo prestado, sus paquetes de inversión se vacían de valor y los inversores que los compraron ven como cae su patrimonio, con lo que todos se lanzan a deshacerse de estos paquetes financieros: conclusión bajada de la bolsa, falta de liquidez de los bancos que poseen estos paquetes. Pero como ningún banco sabe quien y cuantos paquetes intoxicados tienen, ninguno quiere dejar dinero a otro banco (crédito interbancario) para hacer frente a las necesidades de liquidez diarias de la propia banca. Y aquí interviene el Sector Publico, rompiendo su filosofía del “laissez faire”, a darles barato todo el dinero que necesiten, pagado con los impuestos de los contribuyentes , para que nos presten y sigamos endeudándonos, y manteniendo un modelo (el constructor y el del automóvil), depredador de suelo y energía, insostenible e insolidario con las generaciones futuras y con los pueblos que viven un empobrecimiento progresivo para alimentar esa maquinaria. Y todo ello dicen hacerlo para nuestro beneficio. Para nuestro beneficio se está reajustando el gasto publico, quitando del gasto social para salvar los beneficios de los banqueros y especuladores; en nuestro beneficio se están conteniendo los salarios y se están aprobando amplias regulaciones de empleo, EREs. Así tras “la crisis financiera” solo existe una nueva fase de acumulación de beneficios basada en la profundización de la explotación de la mano de obra y las materias primas. Esto es patente al analizar la evolución de los dividendos repartidos por las empresas del IBEX-35, mostrándose la tendencia ascendente del beneficio, donde la comparación con 2008, año de máxima especulación, solo hace distorsionar los datos hablando de pérdidas, cuando la realidad de la serie muestra una tendencia constante de crecimiento, donde 2008 sería un pico de serie excepcional. Curiosamente de entre los principales índices bursátiles europeos el IBEX ha sido el más rentable por dividendo en 2009 con un 4,4% y doblando en rentabilidad a los índices americanos, todo ello a costa de mayor destrucción de empleo y aumento de la precariedad que en cualquiera de estas zonas, lo que pone en evidencia una correlación directa entre precariedad sociolaboral y aumento de los beneficios de las grandes corporaciones económicas. EVOLUCIÓN DE LOS DIVIDENDOS EN EL IBEX Con cargo a los resultados del ejercicio correspondiente. Cifras en millones € Fuente Factset. Valores liquidados 2002-2008 y estimados para 2009-2011 Junto a la escalada de beneficios hay que añadir que según el último informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (presentado en febrero 2010) el 69% de las empresas del IBEX-35 tiene negocios en paraísos fiscales, destacando precisamente las empresas vascas Iberdrola, Iberdrola Renovables y BBVA , por ejemplo este último tenía depósitos en las islas Caimán por valor de 12.628 millones €. A este respecto la intoxicación ideológica no se refiere solo a las virtudes del mercado, sino también a la política necesaria para salir de la crisis. Se oculta la crisis del capitalismo como sistema global hablando de desaceleración y de malos años y se exige continuamente al sector publico que permita con nuevas legislaciones mayores cotas de explotación de los recursos humanos, naturales y medio ambientales, y que además trasvase mas dinero publico a sus negocios privados, a la vez que les libere de impuestos y cargas sociales. Ya en el 2008 habíamos afirmado, y queda de manifiesto en 2010, que la globalización no es mas que la globocolonización provocadora de enorme desigualdad socioeconómica no solo entre la población mundial sino dentro de la UE y de Euskal Herria. La crisis que ha generado no es solamente económica, es ecológica, alimentaria, de salud físico-psíquica, en definitiva esta en crisis el propio paradigma de civilización, no estamos en una época de cambios sino que hemos cruzado el umbral de lo que se perfila como un profundo cambio de época Lo cual nos lleva al quid de la cuestión: la variable política. ¿Porque este sistema en crisis recurrente se sigue reproduciendo? Y la respuesta es que hay clases sociales e intereses económicos que se benefician de esta situación: porque existen clases y lucha de clases. El que hoy sea políticamente incorrecto hablar de clase y poder de clase ejercido a través de la política y los medios de comunicación, lleva a no entender la realidad que nos rodea. Los procesos de desregulación social y deslocalización que se van a ir agudizando como demanda del capital para salir de la crisis, van a marcar la recomposición social con un numero cada vez mayor de excluidos. Se está combinando la explotación con la exclusión, la población oprimida que trabaja cada vez mas por menos, con la que está de sobra y no tiene trabajo, ni protección social, ni solidaridad de clase. Las transformaciones del capitalismo en crisis, agudizan el carácter clasista. La forma en que se está produciendo este proceso y el nuevo contenido que adquieren pretenden la opacidad entre las nuevas relaciones de clase que conllevan. Los defensores del capitalismo, niegan estas relaciones de clase. Para ellos, solo el capitalismo ha sido capaz de crear posibilidades ilimitadas para el bienestar humano, a tal punto, que las diferencias entre las personas y regiones no son creadas por el propio modelo económico, sino por la incapacidad de los individuos o de los pueblos de aprovechar esas ventajas. Ellos concluyen que no solo las luchas, sino también las clases han desaparecido del horizonte histórico a partir de la sociedad capitalista globalizada. Por tanto, postulan que no tiene sentido hablar de un vinculo (de clase) con algo inexistente (la propia división de clases) o simplemente débil y agonizante. La lucha es la forma más universal de existencia de todo lo real, y es a través de intereses contrarios donde la lucha se presenta y adopta las más diferentes manifestaciones. No es posible demonizar y mucho menos criminalizar el término lucha, este término solo se refiere al reconocimiento de una acción que conduce inevitablemente a cambios de diferentes tipos, y que en las relaciones sociales adquiere su peculiaridad. La mitología del neoliberalismo pretende obviar u ocultar el nuevo contenido y formas de las contradicciones capital-trabajo, para así borrar la significación y significado de lo clasista. Y por otra parte el reconocimiento de luchas sociales, tampoco conduce por si mismo automáticamente a asumir la existencia de las clases sociales. Entre los que dicen no defender el sistema capitalista, encontramos una diversidad de interpretaciones, cuyo balance generalizado tiende a minimizar en algunos casos y a olvidar en otros el papel de las clases sociales, intentando asignar este lugar a los movimientos sociales. Pero los llamados nuevos movimientos sociales proyectan un modo de hacer política que aún no esta construido teóricamente . Nacidos casi siempre de la espontaneidad de necesidades sociales inmediatas, muestran una naturaleza selectiva y fragmentada de los enfoques y reivindicaciones, así como un rechazo explicito a las “ideológicas”. Pero negando la ideología no superan la propia ideología en la que implícitamente están inmersos, y no significa que sean tan apolíticos como les gustaría ser, ya que mientras el pluralismo es una forma consciente de enfrentar la dominación, el apoliticismo es una forma promovida y valorada por la dominación, que busca impedir que el movimiento luche de forma eficaz por resolver los problemas que afectan a sus miembros y, mucho más, que luche por el poder político 9º La “gobernabilidad” del sistema. En julio de 2009 tras la constitución del Parlamento Europeo y la nueva presidencia de la Unión Europea, se reunían los ministros de interior de todo los paises miembros, de la UE. No conocemos sus verdaderas agendas, pero desde marzo de 2000, la UE esta centrada en lo que ella llama la “gobernanza”, y que no es más de como actuar políticamente para mantener el diseño de la superestructura socioeconómica emanada de Maastricht-Lisboa-La Haya . Desde las obras clásicas sobre el ejercicio del poder y su mantenimiento , la gobernabilidad del sistema es el elemento clave. En términos de organización política y social la “gobernabilidad” es el control, en oposición al descontrol. Para cumplir sus objetivos el sistema capitalista utiliza (y ha utilizado históricamente) dos formas de gobernabilidad o dominio: por la fuerza (gobiernos militares) o por modelos de partidos políticos (gobiernos controlados por el sistema económico que realizan su cometido utilizando “la persua
  2. Alfonso Martinez
    14/02/2012 en 13:32

    Continuación del escrito trasladado anteriormente:

    9º La “gobernabilidad” del sistema.

    En julio de 2009 tras la constitución del Parlamento Europeo y la nueva presidencia de la Unión Europea, se reunían los ministros de interior de todo los paises miembros, de la UE. No conocemos sus verdaderas agendas, pero desde marzo de 2000, la UE esta centrada en lo que ella llama la “gobernanza”, y que no es más de como actuar políticamente para mantener el diseño de la superestructura socioeconómica emanada de Maastricht-Lisboa-La Haya .

    Desde las obras clásicas sobre el ejercicio del poder y su mantenimiento , la gobernabilidad del sistema es el elemento clave. En términos de organización política y social la “gobernabilidad” es el control, en oposición al descontrol.

    Para cumplir sus objetivos el s sistema capitalista utiliza (y ha utilizado históricamente) dos formas de gobernabilidad o dominio: por la fuerza (gobiernos militares) o por modelos de partidos políticos (gobiernos controlados por el sistema económico que realizan su cometido utilizando “la persuasión” ) Estos dos tipos de gobierno son lo que se conocen como dictaduras o democracias. Toda la historia del capitalismo está escrita sobre esta dinámica de ejercicio de la “gobernabilidad” o ejercicio del poder, que se van complementando. Aunque la forma más acorde con la persuasión es la llamada democracia, cada vez que utilizando las propias reglas de juego del sistema han conseguido mayoría parlamentaria grupos que han puesto en peligro el status quo del capitalismo, bien haya sido transnacional o el ejercido por las burguesías nacionales, un golpe de estado ha puesto fin a dichos gobiernos, volviendo a la “democracia” después de que la limpieza tanto de personas como de ideas (no dudando en la eliminación física de toda oposición) garantizaba de nuevo el control del poder por parte del capital.

    Las “dictaduras” y los Golpes de Estado siempre llegan para restaurar la “gobernabilidad” (el control amenazado por el descontrol) y las “democracias” siempre llegan cuando el “orden” está controlado y se han generado nuevos espacios sociales para hacer factible el gobernar por la persuasión. Las largas dictaduras de la Europa mediterránea (España, Portugal y Grecia) y las posteriores de América Latina son paradigmas de como se habilitaron las “democracias”.

    En el campo de la economía la evidencia histórica más cercana en el espacio la tenemos en España, con un golpe de estado dado por el capital y la iglesia contra las profundas reformas económicas y sociales iniciadas por la II República exterminando toda disidencia al gobierno del regimen militar, primero durante una larga guerra de tres años, y después por una dictadura de 40 años, sobre la que se “transaccionó” un nuevo regimen político manteniendose el poder económico y de control social en las mismas manos que estaban .

    El caso más cercano en el tiempo y analizable porque ha cerrado el ciclo, es el caso chileno. El golpe de estado de 1973 no solo trajo consigo el derrocamiento de la Unidad Popular, de clara tendencia socialista, y la persecución a muerte de los miembros activos de los movimientos de izquierdas (incluso la actividad ciudadana y sus movimientos sociales se convirtieron en un delito), sino que se constituyó el experimento neoliberal más puro. Chile se convirtió en el escaparate de la ideología neoliberal por excelencia, cuyos resultados eran referencia obligada de los avezados estrategas del capitalismo. . El Chile de Pinochet comenzó la implantación de los programas neoliberales de manera total y dura (sin periodos de transición): desregularización, desempleo masivo, represión sindical, predistribución de renta en favor de los ricos, privatización global de bienes y servicios públicos. Este liberalismo, bien entendido como laboratorio de la teoría integral desarrollada por Friedman, presuponía la abolición total de la democracia y la instalación de una de las más crueles dictaduras de los últimos 30 años. Pero la democracia en sí misma, como explica incansablemente Hayek, jamás ha sido un valor central del neoliberalismo, la libertad y la democracia pueden tornarse fácilmente incompatibles si la mayoría democrática decidiese interferir en los “derechos incondicionales” de los agentes económicos del status quo capitalista. En este sentido los economistas neoliberales, sin sentir ninguna inconsistencia intelectual o compromiso de principios, vieron con admiración “la experiencia económica chilena”, mucho más cuanto que a diferencia de las economías capitalistas avanzadas de los años de 1980, la economía chilena mantuvo elevadas tasas de crecimiento .

    El sistema capitalista necesita tener control político y social (ya sea por medio de la fuerza o por medio de la persuasión) como condición prioritaria para desarrollar su modelo económico de explotación salvaje de unos seres humanos por otros seres humanos, y su dinámica de apoderamiento y concentración de esa explotación social en muy pocas manos. La gobernabilidad (el control dominante) es la condición esencial que el capitalismo necesita para que el sistema no estalle (y los negocios continúen “en paz”). Y el sistema corre riesgos de estallar cuando la crisis, superando el marco económico, sea percibida por la población como crisis social (entendida como hundimiento del consumo popular con despidos masivos de trabajadores a escala global)

    Tras la caída de la URSS, y la etapa de acumulación capitalista iniciada en la UE con el Tratado de Maastricht, el sueño neoliberal del dominio del sector financiero y las multinacionales sin rebelión social (es decir preservando la gobernabilidad) comenzó a cumplirse. Y se ha cumplido con la aceptación pasiva por parte de la gran mayoría social de que el sistema capitalista es “la única alternativa”.

    Este objetivo se ha conseguido con la asimilación y dominación del aparato sindical y de la izquierda (salvo honrosas excepciones en ambos) en las coordenadas de la defensa del “sistema democrático”, de la “paz social” y de la vigencia plena del respeto al “orden constitucional” capitalista y patriarcal establecido casi como una religión.

    Con ello la izquierda, enterrada su vocación de cambiar el sistema como algo pueril y caduco, se volvió “políticamente correcta” para conformar una “alternativa de gobierno” a la “derecha neoliberal” dentro de las coordenadas de poder implantadas por las multinacionales y el capital financiero que controlan el planeta. Con lo cual se denominen de izquierda o derechas, solo cabe una política económica posible, que niega su propia responsabilidad política, al actuar en cumplimiento de unos tratados internacionales se firmen dentro de la UE, el G-8 o el G-20, u otros ámbitos. A la vez que la población se vuelve más escéptica ante las posibilidades reales de cambio y no ve mucha diferencia entre dar su voto a izquierdas o derechas, otorgándolo en el que en un momento dado sepa utilizar resortes psicológicos más profundos, con lo cual la extrema derecha económica, utilizando el miedo al inmigrante o resortes identitarios, esta ganado terreno político en toda Europa, como ha quedado en evidencia en las elecciones de junio de 2009 al Parlamento Europeo.

    Esta claro que detrás de esta aceptación está la labor del proceso de ideologización que ya hemos expuesto modelando masivamente cerebros y voluntades a través de las grandes corporaciones mediáticas, gurús en la orientación de la conducta social. Así desde inicios de los años 90 se han verificado tres hechos de forma simultanea:

    1 Ausencia de huelgas generales y de conflictos sociales por reivindicaciones generales de la sociedad (solo existen conflictos atomizados por reivindicaciones de empresa, o en el mejor de los casos de sectores parciales). Criminalizando la lucha fuera de “las mesas de negociación”, diseñadas y dirigidas desde las Confederaciones empresariales. Dentro de este esquema de atomización de las huelgas y protestas (legalizadas y toleradas porque solo reivindican lo personal de una empresa, sin una estrategia de reivindicación social colectiva) el sistema mantiene un control férreo sobre todo el espectro de la actividad operativa de los conflictos sociales y sindicales.

    2 Crecimiento constante, y astronómico, de los beneficios del sector financiero y de las empresas transnacionales del sector de la energía, la alimentación y la biotecnología (farmacéuticas, de manipulación genética, etc,), con acumulación desmesurada de activos empresariales (fusiones y absorciones) y fortunas personales.

    3 Crecimiento paralelo, sostenido y sin interrupción de la llamada “pobreza estructural” (falta de trabajo estable, vivienda y subsistencia digna) que ya afecta a más de la población mundial y supera el 20% en la UE (79 millones de residentes), y un tercio de la población vasca (900.000 personas). Con la mayoría de la población más vulnerable económicamente (personas mayores, jóvenes, mujeres, inmigrantes) sometidas a precariedad laboral y políticas “asistenciales”.

    Se trata de una situación retroalimentada: la ausencia de huelgas y conflictos sociales posibilitó (como nunca) la concentración de riqueza en pocas manos, y la concentración de la riqueza alimenta el miedo y la sumisión. Mientras, la “gobernabilidad” sigue controlando la situación para que se mantenga la pasividad en la respuesta, que permita nuevos y más duros ajustes, con la continuación de la concentración de riqueza y extensión de la pobreza, en un bucle sin fin si la lucha real de clase no lo corta.

    Esta situación, es “la paz del dominador”, es el quid de la “gobernanza” europea, que combinando políticas legislativas con las de represión directa, y la de manipulación informativa creando una “realidad virtual” tiene preparadas para confrontar los primeros atisbos de respuesta realmente alternativa que se pretenda dar desde las bases de la sociedad.

    Pero la “gobernanza” europea ha dejado ver sus puntos más débiles, en los conflictos surgidos en Francia o Grecia, donde no había interlocutores con los que “negociar”. En otras palabras lo que la UE teme son las protestas violentas con lideres espontáneos sin ideología ni metodología convencionales, que encabecen en forma inorgánica las revueltas, obligando a una represión militar abierta (que no dudarían en realizar), que dejaría en evidencia que el “sistema democrático” pierde efectividad y debe de implementar controles de represión militar para mantener “el orden” y la “paz social” que vuelva a permitir “la gobernabilidad” del sistema.

    Y la propia represión masiva podría ser un catalizador de una crisis que amenaza con ser La Crisis, el punto de quiebra de un modelo de civilización depredador.

    El capital analiza todas las variables, esta preparándose en todos los frentes, mientras con su máscara mediática nos habla de confianza, y del resurgir de la primavera capitalista llena de brotes verdes.

    10º Conclusiones sobre la ofensiva de clase (ofensiva de arriba-abajo)

    El «modelo imperialista» y opresor de clases y pueblos de EEUU está entrando a grandes pasos en Europa, en la que se ha abierto una fase de reorganización militar, ya se llame defensa, servicios de inteligencia o seguridad interior. En estas fases, la historia lo confirma, se da un trasvase de recursos desde los servicios sociales (sanidad, educación, vivienda, prestaciones) hacia el sector de las altas tecnologías y la guerra, del que el primer gran accionista es el sistema financiero. Es decir, vivimos una sobreexplotación de las clases obreras en toda su extensión para seguir aumentando la extracción de plusvalía que se destina a un mayor control de clase y a seguir profundizando en la explotación, en un circulo vicioso que no encontrará el final sin una respuesta articulada de clase.

    Estamos frente al diseño imperialista de la clase capitalista de dos grandes potencias, la europea y la estadounidense, y ante las eventuales consecuencias del desarrollo de ese imperialismo y la respuesta de la clase obrera, la Unión Europea se está dotando de instrumentos jurídicos de calado; es decir está fortaleciendo la superestructura sobre la que se sustenta la explotación.

    Frente a ese diseño, y bajo la aceptación de la base ideológica que asociaban progreso con desarrollo de las fuerzas productivas, la izquierda política y sindical europea se ha opuesto (en nombre del citado desarrollo de las fuerzas productivas) a los movimientos reales de emancipación (y en particular a sus formas nuevas) que casi siempre centran su objetivo en la transformación de las relaciones de dominación. El problema de toda la izquierda europea es que en aras del «desarrollo económico, competitividad y bienestar» con el que se encubre la acumulación de beneficios en cada vez menos manos, se nos viene desviando de las raíces en que se sustenta el verdadero progreso humano, a la vez que se profundiza en la manipulación de la percepción subjetiva de pertenencia de clase.

    Se han marginado la conciencia de género, la ecologista, la lingüística, la cultural, la inmigrante, ect.

    Se ha negado la humanidad específica del explotado/a al que solo se ha visto como sujeto de clase (en su concepción más reducida) carente de identidad propia, y generacional.

    Y la realidad es que existen sujetos que se sienten subclase dentro de la amalgama de la clase explotada. Este sentimiento y la enmascaración muchas veces del verdadero sujeto explotador, ha permitido que se tomará como explotador o clase contra la que dirigir la lucha a una fracción de la propia clase obrera ( sin olvidar que a veces distintas fracciones de clase obrera han colaborado, consciente o inconscientemente con el capital, para propiciar este hecho).

    Dentro de esta realidad nos encontramos las mujeres, ya que como trabajadoras somos explotadas por el sistema capitalista, pero además como mujeres padecemos, dentro de este sistema patriarcal, una mayor explotación laboral ( menor remuneración salarial, menor promoción laboral, contratos de mayor precariedad con menor tiempo de trabajo remunerado) y una mayor explotación social, ya que se nos presiona para asumir el grueso del trabajo socialmente necesario y no remunerado (trabajo de producción-reproducción doméstica, cuidado de las personas dependientes, etc.), con lo cual somos una subclase dentro de la clase obrera, que habiendo estado históricamente dirigida por hombres (cuadros sindicales masculinos, métodos de trabajo y organización masculinos, etc.) o ha obviado nuestras necesidades específicas de emancipación o las han utilizado, como traición de clase, para garantizarse, como hombres, unas mejores condiciones laborales, y también de calidad de vida a través de usurpar parte de la riqueza real que genera el trabajo doméstico (prohibición del trabajo a la mujer casada, preferencia del despido femenino frente al masculino, etc.).

    Pero también están dentro de esta realidad los inmigrantes, e incluso las inmigrantes son una subclase de la subclase que son los inmigrantes en general y también una subclase dentro de la subclase que somos las mujeres. Y podríamos hablar de los/las desempleados/as, de los/las subocupados, de las pensionistas de la pobreza, etc.

    Lo que constatamos es que unas conciencias de clase se pueden diluir en otras. Y el movimiento obrero clásico, y la izquierda clásica en su análisis de lucha de clases, hablaba siempre de la lucha capital-trabajo, de elementos de producción, entendida como transformación de materiales y del valor añadido en esa transformación que pasa a ser apropiado en una parte muy considerable por el capital. Resumiendo, se ha centrado en la distribución del plusvalor, y cuando ese plusvalor se ha obtenido fuera del sistema clásico de producción no se ha considerado, y por tanto la izquierda, masculinizada, ha actuado como si dicho valor no existiera, siendo cómplice de la apropiación de ese plusvalor real por los distintos estamentos de la estructura social (Sector Público, empresas, familia), y la no-inclusión directa de las personas que producen estos valores como clase explotada. (se le podía clasificar como clase trabajadora, por el papel de su compañero, padre, o de la persona a través de la cual recibe la consideración de estatus, pero no por su propia función en el mantenimiento de la superestructura del capital)

    Por tanto urge que se reconozcan las especificidades de las diferentes subclases, desligando el concepto de clase trabajadora del ya estrecho marco de la producción de mercado. Y deberemos de enfrentar a todos los sujetos al reconocimiento de su realidad objetiva, asumiendo nuestro lugar específico en la lucha de clases, tanto como sujetos explotados, como elementos transmisores de explotación a otras subclases, consciente o inconscientemente, por acción o por omisión.

    Debemos redefinir el concepto de clase, y analizar las estrategias del capital para su encubrimiento. Frente al pensamiento único que presenta como realidades incuestionables la deslocalización empresarial y la explotación de la clase trabajadora allá donde esté más desprotegida de derechos, ensalzando la estrategia de mercado tendente a maximizar la productividad y la rentabilidad, debemos desarrollar un nuevo pensamiento social y de clase que nos permita avanzar hacia el socialismo del siglo XXI, EL SOCIALISMO IDENTITARIO VASCO

  3. JUAN
    12/03/2013 en 07:25

    Análisis aceptable, que creo debiera ser sometido a un contraste de contenidos, entre personas interesadas, pero con competencia de conocimiento y para hacerlo operativo y accesible a la mayoria de las personas, habria que sintetizar y resumir su contenido, aplicando criterios de marketing de comunicación social con ideas fuerzas, y la global. Si un día LA IDEA GLOBAL fué ” El proletarios del mundo unios….,” que ´sirvió para concienciar y movilizar a grandes contingentes de personas (obreros) afectados por lo que ocurria, hoy concienciar y movilizar a la gran mayoria de las personas( hombres y mujeres, cuya actividad es por cuenta ajena, o simples autoempleados) la idea fuerza para atraerlos al debte y al conocimiento, debiera ser: ” CAPITALISTAS DEL MUNDO PREOCUPAOS, EL FANTASMA DEL “NO AL LUCRO” RECORRE EL MUNDO.”

  1. 26/03/2012 en 14:51
  2. 31/12/2012 en 12:03
  3. 12/03/2013 en 01:25

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