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«Sobre Objetos con mente: reflexiones para un debate»: Ángel Rivière

La mente es nuestro objeto. Los objetos con mente en tanto que la tienen. En los últimos años, la psicologia ha renovado su ancestral interés por esos sucesos arcanos, por esos asuntos evanescentes a los que llamamos <funciones mentales>.

Después de una época en que amplios sectores de la psicologia habian entregado su entusiasmo y su paciencia al ideal conductista de depuración conceptual de cualquier clase de residuos mentalistas, el vocabulario de los psicólogos ha vuelto a saturarse de térninos que emanan el inequivoco aroma de lo mental: imágenes y esquemas, planes y proposiciones, modelos mentales y redes conceptuales, lázaros resucitados de la mano de la psicología cognitiva. Nociones que, revestidas del prestigio de la ciencia cognitiva, han permitido un asedio a lo mental mucho mas riguroso y efectivo que el logrado en muchos siglos de pensamiento sobre la mente. Como ha señalado acertadamente Manuel de Vega (1984, p. 23), en su ya clasica Introducción a la psicologia cognitiva, <nunca se habia dispuesto de tal cantidad de datos relevantes sobre los procesos mentales ni se habia progresado tanto en su comprension teorica> como en los últimos treinta años de desarrollo de la psicologia cognitiva.

El cometido obvio y comúnmente aceptado de la psicologia cognitiva es, si, construir una ciencia objetiva de la mente, concebida como sistema de conocimiento. ¿Una ciencia objetiva y a la vez de la mente? Sin duda, es ésta una tarea difícil, desmesurada, llena de trampas y laberintos conceptuales de dificil solución. En Objetos con mente (1991) he querido reflexionar sobre los fundamentos de la psicologia cognitiva. A sabiendas, me he aventurado por esos laberintos y, sin quererlo, he tropezado quizas en muchas de sus trampas (eso ya tendran ocasión de ilustrarlo, mas lúcida y distanciadamente que yo, los seis críticos que participan en este número y otros lectores).

Me propongo, en estas paginas, abrir el debate sobre Objetos con mente, presentando un resumen de las reflexiones que se contienen en el libro. Creo que hay en él un doble eje, que puede servir para articular esta síntesis: la mente concebida como artefacto natural para la interacción y la mente como sistema de cómputo. Por una parte, esta la mente como un sistema con el que entendernos a nosotros mismos y entender a los demás en nuestras relaciones cotidianas. Es decir, tenida (con independencia de todo compromiso ontológico acerca de lo que sea además de eso) como algo que se dice y se piensa de uno mismo y de los otros: como una estructura conceptual universal de la que nos servimos los humanos para sabernos mutuamente, para entendernos unos con otros. Esa mente de la que hablamos implicitamente cuando, en nuestra inevitable calidad de <psicólogos naturales>, decimos que alguien (o nosotros mismos) hizo tal o cual cosa porque creia que <x>, deseaba que <y>, recordaba que <z> o pensaba que <n>. Es por asi decirlo, <la mente de la calle>, la que usamos para andar por casa, para manejarnos en los nichos comunes de los hombres. La que nos permite atribuir razón, emoción y también responsabilidad moral a las acciones propias y ajenas. La que se refleja en el uso ordinari0 de verbos como creer, recordar, desear o pensar. Todos los lenguajes naturales contienen un amplisimo arsenal de verbos mentales como éstos, aunque incluyan distinciones semanticas diversas en la codificación léxica de lo mental (por ejemplo, en lengua hopi se emplean afijos verbales diferentes para marcar si alguien sabe algo porque lo ha visto, porque lo cree como verdad general, o porque supone que ha sucedido; una distinción que no marca la morfologia del castellano).

Si: cada vez que se explicita, a través de esos verbos, el sistema conceptual de lo que los filósofos llaman <actitudes proposicionales> -es decir, relaciones intencionales con proposiciones- se predica mente, de forma tacita, de los objetos a que se atribuyen tales actitudes. En Objetos con mente, se denomina <psicologia natural> al sistema conceptual, o si se quiere a la competencia, que subyace a ese modo ineludible de ver la acción humana (y buena parte de la acción animal). A esa compulsiva tendencia de nuestro sistema cognitivo a explicar la conducta en términos de creencias y deseos.

Sobre objetos con mente

Anuario de Psicologia
1993, no 56, 49-144
Facultat de Psicologia
Universitat de Barcelona

  1. silvia grassi
    12/07/2015 a las 00:23

    Reblogueó esto en Psicologia Educacional ISFA.

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