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“Las multitudes de la mente”: Ángel Rivière

Si, debo reconocerlo. Esa solitaria mente, abstracta y descarnada, que computa simbolos en algun reducto invisible, esta tan lejos de esta otra que siento vivir en mi, mientras escribo estas páginas … tan incomensurablemene lejos (sospecho que me diria Carles Riba), que existe una aparente distancia infinita entre una y otra. Entre esta subjetividad, matizada de emoción y que se expresa en un dialogo con sentido con compañeros a l0s que admiro, y el frio transcurs0 de los cómputos que, según los defensores de l0s modelos cognitivos clásicos, permiten que esa expresión se realice. No me reconozco yo, como primera persona de singular, como sujeto que en este momento trata de reflejarse a través de la tarea intersubjetiva de acordar ideas … no me encuentro, ni l0s encuentro a ellos, en esa otra mente indiferente, pálida, formalista y formalita; en esa mente, independiente funcionalmente del cuerpo, que, exenta de emociones y motivos, computa inexorablemente l0s simbolos ocultos de mi lenguaje del pensamiento. No. No me Veo, de primeras, en esa fodoriana mente de la que me habla el señor Fodor.
Pero se me plantea una duda: ¿por que habria de poder identificar intuitivamente la mente objetivada de la ciencia con esta otra mente genitiva, fenoménica para mi y a la vez oculta a otros?, ¿con esa mente a la que llamo mia, como sujeto que soy de pensamiento y de creencias, de pasiones y deseos? ¿Por que no renunciar a ese espejo de l0 subjetivo? No parece que sea un requisito indispensable de la ciencia ese de ser intuitiva. Mas bien, l0s modelos cientificos sueIen ir perdiendo sus anclajes intuitivos, y se alejan por el océano de lo abstracto impersonal (o de lo suprapersonal), a medida que son mas poderosos y explicativos, mas autónomos de la percepción inmediata, sea esta ((interna)) o ((externa)), si es que cabe tal distinción. La pregnante e inevitable, la pegajosa presencia de ese yo de la ((mirada interna), bien pudiera ser uno de l0s obstaculos más difíciles con que se encuentra cualquier intento de una ciencia objetiva de la mente.

Creo obligado empezar por hablar, sin embargo, de esa mente rebelde a
la objetivación, de la mente subjetiva, de la mia. Y l0 primer0 que quiero hacer, con respecto a ella, es una pregunta sorprendente, pero fundamental: Les realmente sól0 mia? Creo que una buena manera -una forma alternativa- de comprenderla es la que consiste en cuestionar, cuando menos en forma de metafora, esc axioma de la mente como monada tan entrañado en las intuiciones psicológicas de nuestra cultura, ese supuesto de la pertenencia singular, o, por decirlo más políticamente, de la soledad esencial de la mente. En este aspecto, la psicologia cognitiva clásica no representa, de hecho, ninguna ruptura: propende a concebir también una mente “monológica”, solipsista, una mente-monja encerrada en su claustro.

Las multitudes de la mente

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