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“Sobre la ocultación del origen de la plusvalía”: Reinaldo A. Carcanholo

El capitalista individual (o también la totalidad de los capitalistas en cada esfera particular de la producción), cuya visión es limitada, cree con razón que su ganancia no sólo proviene del trabajo que él o su ramo ocupan. Esto es totalmente correcto en lo que respecta a su ganancia media. Hasta dónde esa ganancia está mediada por la explotación global del trabajo por parte de todo el capital, es decir por todos sus colegas capitalistas, es una conexión que constituye un misterio total para él, tanto más por cuanto hasta los teóricos burgueses, los economistas políticos, no lo develaron hasta el momento.“. Marx (p. 214)

1. Introducción

La teoría del valor-trabajo de Marx ha sido sometida a una intensa y sistemática crítica prácticamente desde su formulación hace ya más de un siglo. Todo el esfuerzo dirigido a mostrar sus supuestos equívocos o inconsistencias tienen, sin duda alguna, una elevada motivación ideológica. Y no es para menos. Como es obvio, lo que está detrás de toda la discusión y de todo el entusiasmo que sustenta tal esfuerzo, no es una preocupación técnica sobre cómo se determinan los precios, sino la explicación del origen de la ganancia en una sociedad capitalista.

De hecho, al contrario de las teorías de Smith y Ricardo, la teoría marxista del valor tiene como consecuencia necesaria la conclusión de que el excedente económico capitalista, y particularmente la ganancia, es fruto de la explotación, del trabajo no pagado. No es posible aceptar integralmente la perspectiva de Marx sobre la riqueza y sobre el valor, sin concluir que la propia naturaleza íntima del capital implica una contradicción antagónica entre clases y que significa una violencia contra la naturaleza humana. En esta perspectiva, el capital es la negación misma del Hombre y la teoría de Marx es, en sí misma, radicalmente anticapitalista.

No es fácil aceptar estas implicaciones y, con mucha mayor razón, por aquellos sectores de la sociedad actual que, de alguna manera, se benefician de los privilegios de que disfrutan. Pero eso no es todo. La misma realidad capitalista, directamente observada, muestra, de modo indiscutible, que el origen de la ganancia empresarial no está en el trabajo y mucho menos en su explotación. Nuestros ojos no pueden negar que su origen es distinto al mencionado: capacidad empresarial, tecnología, grandes cantidades de capital comprometidas, entre otros. Tal vez se pudiera aceptar que su explicación está en el conjunto de esos factores y de otros adicionales. En nuestros días, con el predominio del capital especulativo, hasta se pudiera pensar que la ganancia tiene su origen en alguna propiedad inmanente y mágica del mismo capital. El hecho de que este último concepto, el de capital, no sea muy comprensible, no importa. Así hasta resulta más fácil pensar que tiene propiedades mágicas.

Aunque lo anterior tenga alguna dosis de exageración, una cosa es cierta: la observación de la realidad permite concluir que, muchas veces, el empresario no es un explotador.

¿Cómo se puede aceptar la teoría del valor de Marx con esas conclusiones sacadas directamente de la realidad? ¿Al final, implica o no la relación capitalista la explotación? ¿Es o no la ganancia fruto del trabajo no pagado? Lamentablemente la respuesta no es trivial. El capital consiste, de hecho, en una relación social que es y no es, al mismo tiempo, explotadora y eso en la misma teoría de Marx. En apariencia, la relación salarial es, por su propia naturaleza, una relación entre iguales o, como mínimo, una relación entre dos individuos autónomos y capaces de establecer entre ellos, libremente, un contrato comercial legítimo. Por otro lado, y al mismo tiempo, la relación salarial, en esencia, implica explotación; ausencia de libertad de una de las dos partes; apropiación por la otra de trabajo no pagado. Y eso es dialéctica, nada fácil de entender, incluso cuando existe buena voluntad.

Dos características importantes deben ser consideradas aquí sobre la apariencia en la sociedad capitalista. La primera es que ella no es el resultado de un error o un engaño del observador. Se trata de una de las dos dimensiones de la realidad, tan real como su opuesta, la esencia. El error no está en la apariencia, ni siquiera en la interpretación que sugiere, sino en la creencia de que la realidad tiene una sola dimensión. El equívoco sobre el capitalismo consiste en pensar que la realidad es unidimensional, o mejor, en no conocer de su bidimensionalidad.

Artículo Completo

Traducción del portugués:

José Mª Fernández Criado

Servicios de traducción de Red Roja

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