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“El ingreso de la gran mayoría (igm): Una nueva medida de la desigualdad global entre países”: Anwar Shaikh y Amr Ragab

Resumen

Este artículo hace una reflexión crítica sobre la pertinencia de emplear indicadores económicos, como el pib por habitante y el índice de desarrollo humano, para realizar mediciones comparativas de desarrollo entre países. Los autores proponen un nuevo indicador: el ingreso de la gran mayoría (igm), que combina ingreso con desigualdad a partir de un ejercicio empírico de análisis de desarrollo comparativo entre países. Los resultados obtenidos a partir de este indicador contrastan con aquellos obtenidos con el ingreso nacional neto por habitante (innph). Se comprueba que las medidas de ingreso promedio no constituyen buenas aproximaciones de los ingresos de las grandes mayorías.

Se formulan asimismo propuestas de política y señalan algunos de los aspectos de este tema que forman parte de la agenda de investigaciones futuras.

Palabras clave: análisis de desarrollo comparativo, mediciones entre países, ingreso de la gran mayoría (igm).

I. Las medidas de ingreso y desigualdad en el ámbito mundial Introducción

El pib por habitante es la medida más popular de los niveles internacionales de desarrollo. Es muy clara y ampliamente disponible entre países y en el tiempo (Frumkin, 2000). También es aceptado que esta medida es un indicador indirecto imperfecto para factores importantes tales como salud, educación y el bienestar en general (Cowen, 2007). En consecuencia, una alternativa ha sido construir un índice compuesto, como el índice de desarrollo humano (idh) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (undp, por sus siglas en inglés), a que combina el ingreso por habitante con la esperanza de vida y la escolaridad, (1990). Este índice, sin embargo, es difícil de compilar y está disponible únicamente para años recientes, además de que, por su naturaleza de índice, no puede expresar el estándar de vida de la población subyacente; lo único que puede ofrecer son las posiciones relativas de las naciones en cada momento y los cambios correspondientes en el tiempo. En todo caso, resulta que el ranking mediante el ingreso por habitante y el idh están sumamente correlacionados (Kelley, 1991).

Puesto que el pib por habitante sí ofrece una medida absoluta del ingreso, es razonable que siga manteniendo su popularidad. Pero, tanto el pib por habitante como el índice de desarrollo humano padecen el que “son promedios que esconden amplias disparidades entre la población” (Kelley, 1991). En consecuencia, se torna necesario complementar estas medidas, por un lado, con información sobre la desigualdad distributiva (como el coeficiente Gini) y, por el otro ajustar directamente la medida de ingreso por habitante y otras variables por las variaciones distributivas.

II. El ingreso de la gra n mayoría: combinando ingreso con desigualdad

Si bien el pib por habitante tiene la gran virtud de ser una medida absoluta del ingreso nacional promedio, el hecho de que la distribución del ingreso y del consumo pueda presentar grandes sesgos al interior de los países hace que no se le pueda interpretar como el ingreso de la gran mayoría de la población. Esto es en especial verdadero en el mundo en desarrollo, donde un aumento en el ingreso por habitante puede acompañarse de un empeoramiento en la distribución del ingreso, de manera que el nivel de vida de la gran mayoría de la población puede declinar a pesar del alza en el ingreso por habitante.

Considérese un ejemplo en el cual hay cinco personas con ingresos de 5, 10, 15, 20 y 50 dólares respectivamente. El ingreso por habitante de la gran mayoría (es decir, del primer 80% de la población) es el promedio de los primeros cuatro ingresos, el cual asciende a 12.5 dólares por persona. En contraste, el promedio global es de 20. Su relación es de 0.625 (=12.5/20), lo que nos revela que, con la información actual, el ingreso por habitante será un indicador indirecto deficiente del ingreso de la gran mayoría (igm). Además, si dicha relación varía en el tiempo, la tendencia del ingreso por habitante también será una guía poco confiable del progreso del igm.

Lo que se necesita, por tanto, es una medida directa del nivel de vida de la gran mayoría. En el trabajo que sirve de base para esta nota desarrollamos una nueva medida que llamamos el ingreso de la gran mayoría, la cual representa el promedio de ingreso de 80% de la población con ingresos más bajos. La información disponible sobre la distribución del ingreso nos permite calcular directamente la relación del igm con el promedio. Al multiplicar este cociente por una medida de ingreso promedio por habitante se obtiene el nivel del igm.

El ingreso de la gran mayoría (igm) una nueva medida de la desigualdad global entre países

Economía: 120 teoría y práctica • Nueva Época, número 31, julio-diciembre 2009

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