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“Cooperativismo socialista y emancipación humana”: Iñaki Gil de San Vicente

1. AUTOGÉNESIS HUMANA Y COOPERACION SOCIAL

2. COOPERATIVISMO BOLCHEVIQUE

3. UTOPIAS E IMAGINARIO ANTIIMPERIALISTA

4. OCUPACIÓN, COOPERACIÓN Y PODER DE CLASE

5. AUTOGESTIÓN, PODER Y SOCIALISMO

6. AUTOGESTIÓN, DETERMINISMO Y COMUNISMO

7. ALIENACION, MIEDO Y ANTICIPACION COMUNISTA

8. REVOLUCIÓN CULTURAL Y RELACIONES COMUNISTAS

¿Por qué Lenin optó por el cooperativismo desde el inicio de su vida revolucionaria y fortaleció esta convicción desde el inicio de la revolución bolchevique e insistió cada vez más en este sistema como una de las soluciones definitivas para avanzar al socialismo? Por dos razones estrechamente unidas. La primera, porque asumía la teoría marxista sobre el cooperativismo de producción y de consumo como uno de los métodos de avance al socialismo, método opuesto a la opción reformista del cooperativismo solamente de consumo, o solamente de producción, y siempre dentro de la dictadura del mercado burgués.

Para Marx y Engels la autogénesis humana, o sea, que nuestra especie se crease a sí misma mediante el trabajo social, era una de las bases del materialismo histórico desde sus inicios, aunque advirtieron que esa autoconstrucción estaba rota internamente por el surgimiento de la propiedad privada. Bien pronto avisaron de que la escisión social abría la posibilidad de la autodestrucción de las clases en lucha de no triunfar la revolución, aviso que entonces produciría risa pero que ahora está al borde de ser una tragedia.

La deriva de la autogénesis a la autodestrucción responde al irracionalismo de la propiedad privada que destroza lo esencial de la especie, la cooperación entre productores asociados que recorre la historia humana, al rebajarla a simple disciplina militar burguesa. La acumulación originaria de capital lleva el saqueo y expolio de la propiedad comunal y colectiva a sus expresiones más terroristas, originando resistencias desesperadas de los pueblos precapitalistas basada en la solidez de sus relaciones comunales, y que Marx definió “sistemas nacionales de producción precapitalista”. Su admiración hacia estas luchas no le impedía admirar a las de los trabajadores occidentales, y a sus experiencias cooperativistas vistas como “primera brecha” en el sistema de explotación a pesar de sus limitaciones muy comprensibles.

En la Comuna de París de 1871 Marx confirma la dialéctica entre cooperación, poder comunal, cooperativismo y comunismo: “Los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta que la imposibilidad de que el actual sistema continúe —y no son pocos— se ha erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que comunismo, comunismo «realizable»?”. Engels hace en esta época tres aportaciones decisivas: Una, propone a Bebel utilizar las expresiones “Comunidad”, “Gemeinwesen” y “Commune” en vez de Estado, porque reflejan mejor el ideal socialista. Dos, plantea a Lavrov una cuestión vital para el cooperativismo que ha sido deliberadamente marginada por un marxismo mecanicista: la producción de placeres no sólo como medios de existencia sino también como medios de desarrollo humano “producidos socialmente”.

A partir de un determinado momento, la sociedad puede dar el salto de la producción para las necesidades a la producción para los placeres, aunque sean en principio para la minoría dominante. Luego, la lucha por la producción de placeres liberadores azuza la lucha revolucionaria. Esta concepción es de una actualidad innegable donde el “placer” burgués es una poderosa arma reaccionaria. Y tres, describe el papel del trabajo social, en cooperación, de la “ayuda mutua”, de la “actividad conjunta” en un contexto de “transformación del mono en hombre” indicando cómo la “cooperación de la mano, de los órganos del lenguaje y del cerebro” y la “acción planificada” permiten avanzar en un primer momento, pero bajo la propiedad privada generan efectos negativos, incontrolables y desastrosos, y demuestra cómo la búsqueda del beneficio individual burgués “al privar de toda propiedad a la inmensa mayoría”, al destruir la propiedad común, acelera la ruptura con la naturaleza y la “venganza” de ésta contra la especie humana.

2. COOPERATIVISMO BOLCHEVIQUE

La segunda razón es que el cooperativismo socialista debía servir de puente de unión a las diferentes fracciones de las clases trabajadoras, desde el campesinado hasta los obreros de las grandes fábricas, pasando por los trabajadores de las pequeñas empresas arruinadas, y debían a la vez racionalizar, ahorrar, evitar costos y tiempos muertos, y llevar los productos vitales directamente de la producción al mercado. Para que esto se lograse era necesario que el cooperativismo socialista estuviera hegemonizado por los comunistas más formados teórica y políticamente. Al inicio de la revolución Lenin habla de las “comunas de consumo” que han de integrar a las de producción, y al final de 1918 asume la necesidad de recuperar la cooperación rota por la disciplina laboral burguesa y por su división del trabajo: “Todos convenimos en que las cooperativas son una conquista del socialismo. Por eso cuesta tanto lograr las conquistas socialistas. Por eso es tan difícil triunfar. El capitalismo dividió intencionadamente a los sectores de la población. Esta división tiene que desaparecer definitiva e irrevocablemente, y toda la sociedad ha de convertirse en una sola cooperativa de trabajadores”. Nota : esta ponencia ha sido publicada en el libro “Cooperativas y socialismo. Una mirada desde Cuba”, compilado por Camila Piñeiro Harnecker.

cooperativismo_y_emancipacion

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