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“El fetichismo de la mercancía en el pensamiento económico. Desde la economía vulgar al dogma del crecimiento”: Antonio Romero Reyes

Introducción

La historia que vamos a contar aquí versa acerca de la relación entre la economía y su objeto, como una cadena de procesos mentales e intelectuales, y por cierto históricos, donde las deformaciones y la distancia con la realidad se fueron más bien agrandando. Para nosotros constituye una de las causas principales de los actuales extravíos, desvaríos, deformaciones e inconsistencias por las que atraviesa la economía, como ciencia o ejercicio profesional, a pesar de toda la formalización y sofisticación con la que los economistas suelen expresarse sobre los asuntos de interés público y de actualidad.

Posiblemente, entre los muchos temas que hoy cubre este campo del conocimiento social, la expresión más cabal o fidedigna de lo señalado anteriormente sea el del crecimiento económico. De un tiempo a esta parte, la persecución de ese crecimiento ha sido convertida en el sanctasanctórum (lo más sagrado) del pensamiento económico y político, así como de las actividad práctica de los hacedores y tomadores de decisiones. En este sentido, ha sido convertido en un fundamentalismo al que se adhieren y comprometen en distintos grados los neoliberales, (pos) keynesianos, neodesarrollistas, socialdemócratas, nacionalistas o estatistas, y la gente que enarbola discursos de izquierda.

Los organismos internacionales lo pregonan todo el tiempo como el principio supremo de toda economía y gestión económica “responsable”; los neoliberales y expertos económicos la ofrecen y recomiendan como receta mágica para el desarrollo en los países del Sur; los medios de comunicación son el eco que reproduce y masifica todo ese cacareo; se ha vuelto un acto de fe de todo gobernante (como el actual presidente peruano, Alan García) que cree ciegamente que esa fe puede “mover montañas” y convencer en si, ante si y para si, a los escépticos y a las mayorías emprendedoras que quieren surgir; es la obsesión de cualquier político incluso de oposición que aspire al poder del Estado, buscando granjearse la confianza de los inversionistas, grandes empresarios y el favor de las masas. Y estas últimas aun creen en lo que le dicen sobre el “chorreo” del crecimiento. En suma, el crecimiento per se no está en cuestión.

La obsesión por el crecimiento per se ha producido la alienación de las mentalidades, justamente porque se lo separa de cualquier otra consideración (política, social, ambiental, cultural, ética) y de su respectivo condicionamiento histórico. Asimismo, dicha obsesión se ha incrustado profundamente en las maneras de pensar y conocer, dando lugar al discurso ideologizado que incluso se disimula con el lenguaje de los economistas. En este trabajo buscamos mostrar que detrás de la fiebre por el crecimiento (y al interior de esa afiebrada mentalidad), hay un corpus teórico alejado de la realidad –y este es el sentido más general e la alienación que utilizamos— porque sus premisas científicas son falsas e ideologizadas, convenientemente ocultadas tras un discurso seudocientífico en base a modelos.

Para evidenciar la irrealidad de lo que en la academia se conoce como teoría neoclásica del crecimiento económico, mostraremos la relación de continuidad de esa teoría con las escuelas antecesoras y, por tanto, con los mismos problemas y vicios, las incoherencias y debilidades que hereda. En otro lugar hemos caracterizado a este proceso como alienación de la teoría económica (Romero 2008a) y en este trabajo desarrollamos más el tema. Nuestro «hilo conductor» es la crítica al fetichismo de la mercancía realizada por Marx en El Capital. Así como este advertía a sus lectores desde el comienzo de lo que iban a leer –más aun si fueran trabajadores— nosotros nos dirigimos aquí a los colegas economistas con la misma advertencia: «De te fabula narratur! [¡A ti se refiere la historia!]».

El fetichismo de la mercancía en el pensamiento económico

Globalización

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